
Capitalismo-piramidal.Foto: Juanky Pamies Alcubilla
En la postguerra y en plena expansión del capitalismo que conocimos el economista heterodoxo Shigeto Tsuru –en los 60- se preguntaba “si el capitalismo había experimentado una evolución suficiente para inmunizarse de las graves depresiones como la de 1929/1933” contradiciendo el optimismo de los teóricos neoliberales de entonces, llegando a la conclusión de que la economía capitalista no estaba inmunizada en el futuro por los altibajos de la actividad económica.
Los altibajos de la actividad económica son esencialmente el resultado de contradicciones inherentes al sistema, o sea que es muy difícil mantener el pleno empleo sin un elevado beneficio, que a su vez una economía de fuertes beneficios implica altas inversiones y, que por fin, la producción obtenida con esas inversiones tiende constantemente a superar la capacidad de consumo generada por el sistema, a menos que se recurra a la institucionalización del despilfarro.
Las crisis son inevitables por las desigualdades crecientes que el capitalismo genera con su propia dinámica, específicamente, que el grueso de los excedentes va siempre a un pequeño grupo de ricos accionistas y de empresas gigantes, cuyos niveles de consumo e inversión no pueden absorberlos individual o conjuntamente, llevando este proceso un camino inverso a la misma tendencia capitalista de acumulación. Estas circunstancias, generan la depresión crónica siendo condición permanente del capitalismo y provocando ineludiblemente una desocupación creciente e inevitable.
La impresionante crisis de los 70 del siglo XX, en términos monetarios –dólar en crisis- como en los suministros para la producción –crisis del petróleo y elevación del precio- pusieron un freno al crecimiento económico produciendo el proceso de “estanflación” –estancamiento con inflación- que no era otra cosa que el reflejo al mismo tiempo de la baja de las tasas de ganancia, y de los niveles de producción y consumo en los países industrializados; manteniéndose la crisis larvada por casi 40 años y girando alrededor del mundo sucesivamente y por turno en diferentes economías desarrolladas y periféricas, hasta terminar estallando en 2007.
Aquella crisis de los 70 del siglo pasado se transformó en 2007 poco a poco en lo que se está viviendo “una nueva y gran depresión” volviendo a suceder lo mismo que con la depresión de 1929/1933 cuando la ilusión de muchos economistas y políticos del progreso indefinido terminó de una manera brutal y predecible. Contra lo sucedido en los 60, ahora son el propio establishment económico internacional quienes en un artículo del Financial Times definen “Capitalism in Crisis” donde dudan sobre la perdurabilidad del propio sistema y de su legitimidad política, argumentando que “el capitalismo ha perdido aceptación popular en los países anglosajones –lo que es decir en EEUU, Inglaterra y Alemania- por una buena razón: la creciente desigualdad social que comenzó en los 70”.
Aquello que Baran –Paul- explicaba en los 60 se estaba cumpliendo, pues se creó una elite de “súper ricos”, con la cual los mercados financieros jugaron un rol decisivo como vía de canalizar los recursos existentes en esa dirección, mientras la enorme mayoría de la población sufrían el estancamiento de sus ingresos reales, debiendo recurrir al endeudamiento, tal como muchos Estados tomaron imprudentemente inmensas deudas soberanas, que sirvieron en parte para solventar los bajos niveles de consumo y recaudación; un informe OCDE denuncia que el decil más rico de los estadounidenses y británicos recibieron el grueso de la riqueza generada en sus países durante las últimas tres décadas.
Entre 1980 y 2008 la parte de los ingresos nacionales del decil más pudiente de EEUU creció del 8% al 18% y en la Gran Bretaña, entre 1970 y 2005 esto mismo sucedió creciendo del 7% al 14%; por lo cual es muy cierto lo que enfatiza el Financial Times cuando dice que el capitalismo actual remite a dos grandes paradojas: una el otro lado de la revolución industrial, y los preanuncios de una nueva Gran Depresión, aunque existen hoy una gran diferencia con las épocas pasadas y esta radica en el rol de las finanzas, cuya utilidad social ha perdido relevancia para la enorme mayoría de los seres humanos, existiendo por el contrario, una generalizada convicción de que banqueros y financistas constituyen una elite protegida que recibe un súper plus que no se corresponde con su función social y mucho menos con sus performances, convirtiéndose en las “nuevas oligarquías del siglo XXI”.
“Convertir al empresario o al hombre de negocios en un rentista es como darle un fuerte golpe al sistema mismo… el hombre de negocios es sólo tolerable mientras sus ganancias mantengan cierta relación con la contribución de sus actividades a la sociedad” explicaba Keynes exigiendo para la supervivencia del capitalismo la “eutanasia” del rentista, esto se ratifica en lo que explica Pendler “lo incuestionablemente novedoso es la ferocidad con la cual el empresariado despoja a sus empleados de ingresos que les deberían corresponder”. El trabajador para estos empresarios es un mero costo –igual que durante el siglo XIX-, a lo que además debemos agregarles la especulación con los fondos de pensión, cuyo hundimiento termina por afectar gravemente el futuro mismo de los trabajadores, o la estafa de los subprime.
El capitalismo, indudablemente, ha traspasado sus propios límites de reproducción, y mientras no parecen existir momentáneamente otras alternativas Mancur Olson en “The Rise and Declive of Nations” sostenía ya en los 80 del siglo XX, que la declinación de los países está concordantemente originada en el poder de las grandes corporaciones o grupos de interés “cuya creciente influencia llevan la economía a la ineficiencia y a la desigualdad” planteando, en el fondo, un mayor problema aún, la legitimidad misma de los sistemas seudo democráticos, o de democracias ficticias, basados esencialmente en la desigualdad económica, el clientelismo y el populismo berretizado. ¡Vemos algún parecido con algo!
Ni el modo de acumulación capitalista actual puede seguir existiendo mucho tiempo más sin recaer en profundísimas crisis, ni estos esquemas políticos enormemente cuestionados pueden aguantar por mucho más tiempo semejantes cimbronazos; si lo lograron hasta hoy es porque el mundo desarrollado –hoy sumido en una profundísima crisis (EEUU , Europa y hasta Japón)- tiene mecanismos que su riqueza anterior creó en el marco de las muertas “economías de bienestar”, manteniéndose –aunque no se sabe por cuanto tiempo- lejos del extremo empobrecimiento de los países más atrasados y periféricos, aunque ya algunos síntomas se vivan en países como Grecia, Portugal, España e Italia en menor medida.
De continuar con las actuales medidas de “ajuste” esta circunstancia llegará inexorablemente, aún para aquellos que las imponen al resto de los países, de darse esta situación ni los desarrollados podrán esquivar el terremoto, ni los emergentes podrán salir indemnes de la catástrofe que inevitablemente sucederá, ¿lo entenderán los líderes mundiales y nuestros gobernantes tan soberbios y engreídos?.
Buenos Aires, 19 de Enero de 2012.
Arq. José M. García Rozado.
MPJIRucci – LIGA FEDERAL –