Archivo para 23 enero 2011

23
Ene
11

SOCIEDADES MOSCA O SOCIEDADES ABEJAS

http://esencia21.files.wordpress.com/2009/10/abeja.jpg?w=497&h=331

 

 

Lic. Amelia M. Doval

dovalamela@yahoo.com

El conocimiento no es cultura, no es un parámetro para medir la educación de un pueblo pues esta es el resultado de mantener un equilibrio entre ambos. La educación es una simbiosis producto del desarrollo adecuado de un aprendizaje moral y un entendimiento de las ciencias y las letras. Una correcta educación permite instruir, aleccionar, encauzar, incluso domar(¿por qué no?) con el objetivo de forjar sociedades saludables.

El exceso de cualquiera de las dos caras provoca un declibe en el buen funcionamiento de la sociedad y los ejemplos son evidentemente claros. El dominio de las computadoras, de las nuevas técnicas, los logros avanzados en la ciencia han dejado en el baúl de los recuerdos las imprescindibles reglas de comportamiento. El compromiso social con el resto de los seres humanos se ha visto soslayado por una carrera veloz hacía la obtención de los últimos avances del mercado.

Un sistema educativo que menosprecie el valor de la vida para sobreponer los inalcanzables proyectos monetarios, deja en evidencia que las nuevas generaciones tendrán marcadas carencias morales. Una sociedad que permita la corrupción a grandes escalas, siendo del conocimiento público los incumplimientos de la ley que son exonerados en personas con altos mandos del poder, hace posible que la delincuencia y la corrupción se propaguen como epidemia.

En la pizarra de mensajes de Prasanthi Nilayam, del blog de Sai Baba, mencionan la necesidad de educar a los pueblos en el entendimiento para que su actitud no sea similar al comportamiento de las moscas. Estos animales, aparentemente inofensivos, se posan en una bombonera con la misma disposición que en un carro de basura. Las mentes que se desarrollan con pensamiento de mosca no delimitan las prioridades, ni valoran la embergadura de sus actos negativos, como consecuencia son trasmisoras de enfermedades.

Las abejas, por el contrario siempre van en busca de la belleza, del dulzor de las flores, del néctar y el resultado de su trabajo constante es la miel. Si nos fijamos en la naturaleza, los ejemplos sobre la vida están al alcance de la mano. Construir sociedades sanas es una tarea difícil porque se necesita la cooperación de todos.

Se necesita combinar el rigor de los estudios con un verdadero matiz de futuro. Cerrar la visión de nuestros jóvenes les permitiría llegar a proyectarse mentalmente con vistas a sus objetivos. Si existen dudas probemos a hacer un sondeo, como estudio sociológico sería de gran utilidad conocer el porciento de jóvenes que a la edad de 16 años tienen una visión clara de sus metas. El exceso de derechos y libertades ha provocado un defecto en la manera de actuar, no es tarde para ocupar el verdadero papel de padres.

Miami, Fl

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23
Ene
11

UTOPÍAS

La Isla Utopía.

 

París, 22 de enero de 2011.

Recordada Ofelia,

El Área de Publicaciones del Círculo de Bellas Artes de Madrid inaugura una nueva colección: Utopías. Este nuevo apartado del ya extenso catálogo de libros del CBA estará integrado por 12 obras dedicadas a la exploración de otras sociedades posibles. Los títulos han sido seleccionados por Juan Calatrava, director de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada. El año pasado, Calatrava comisarió para el CBA la exposición Arquitectura Escrita y coordinó el congreso Horizonte utópico y discurso político.

Vivimos tiempos de desilusión y falta de proyectos colectivos para muchos, en los que sólo parece posible resignarse ante las demandas sacrificiales del molino en que se ha convertido, más que nunca, el sistema económico de la sociedad occidental. Por eso, tal vez sea más necesario que nunca pararnos a rebuscar entre las ruinas de la civilización presente y las civilizaciones pasadas indicios que permitan imaginar y pergeñar otras posibles formas de organización social, como afirmaba Walter Benjamin.

Entre esas ruinas civilizatorias se encuentran numerosos ejemplos de pensamiento utópico. Libros olvidados, abandonados o relegados en favor de los agresivos y decididos profetas de la modernidad, la posmodernidad, el fin de la historia o el choque de civilizaciones. Libros que la nueva colección del Área de Publicaciones del CBA aspira a rescatar del olvido y volver a poner sobre la mesa.

Hay una razón poderosa para ello: el horizonte utópico es un elemento central en la construcción de la cultura occidental moderna. La reflexión acerca de la utopía excede (o debería hacerlo) los ámbitos historiográficos o académicos y constituye (o debería hacerlo) un elemento esencial del actual debate político, ideológico, cultural y económico-social.

Así, el lanzamiento de esta colección cerrada de doce textos utópicos de gran relevancia (algunos de ellos inéditos o poco conocidos), con prólogos a cargo de reconocidos especialistas en la materia forma parte del conjunto de actividades que el Círculo de Bellas Artes lleva organizando desde hace año y medio bajo el lema general Utopía-Contra-Utopía. Su objetivo es, como decimos, poner a disposición del lector un elenco de materiales conceptuales de gran interés histórico pero también cruciales para un adecuado diagnóstico del presente.

En esta primera esta primera entrega de la colección, los títulos que se pondrán en circulación son:

Utopía, de Tomás Moro . Traducción y notas de Ramón Esquerra; prólogo de Raymond Trousson. Recuperamos la traducción de Ramón Esquerra de un clásico del humanismo renacentista, el libro que fundó todo un género y creo el concepto mismo de utopía, el no-lugar que nos da la medida de nuestros sueños de perfección, su espejismo inabordable, su rostro ambivalente.

Sinapia (anónimo). Edición, notas y planos de Miguel Avilés Fernández; prólogo de Pedro Galera Andreu. Una utopía española del Siglo de las Luces, publicada por vez primera desde 1976, fecha de su edición original. Descubierta entre los papeles del Conde de Campomanes, Sinapia (anagrama de Hispania) sigue siendo una de las muestras más singulares y menos conocidas hasta la fecha del pensamiento ilustrado español.

Una República Poética (extracto del prólogo a Anatomía de la Melancolía), de Robert Burton. Traducción de Ana Sáez Hidalgo; prólogo de Fernando R. de la Flor.

El sueño utópico de Robert Burton (1577-1640), el desmedido autor de Anatomía de la melancolía, maestro de la prosa barroca inglesa y uno de los raros por excelencia de la literatura europea.

De la reorganización de la sociedad europea, de Claude-Henri de Saint-Simon Traducción de Blanca Navarro, prólogo de Patxi Lanceros. Subtitulada Sobre la necesidad y sobre los medios de unir los pueblos de Europa en un solo cuerpo político, ésta obra de Saint-Simon, uno de los autores clásicos del socialismo utópico, es una reflexión pionera sobre la construcción europea, además de uno de los primeros ensayos utópicos surgidos en respuesta a la herida liberadora de la Revolución Francesa.

A estos títulos y autores se les unirán, a lo largo de los próximos meses: La isla de los esclavos, de Marivaux; Panóptico, de Jeremy Bentham; París en sueños, de Jacques Fabien; Higeia, de Benjamin Ward Richardson; Ciudades Jardín del mañana, de Ebenezer Howard; Entrevista de un europeo con un insular, de Stanislas Leczinsky; Historia de Aline y Valcour o la novela filosófica, del Marqués de Sade, y Mecanópolis+Granada la Bella, de Miguel de Unamuno y Ángel Ganivet.

Juan Calatrava, el compilador de la colección es director de profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada, en la que imparte la asignatura de Historia de la Arquitectura. Sus investigaciones se centran en la Teoría e Historiografía de la Arquitectura, con obras como Las Carceri de G. B. Piranesi (1986), La teoría de la Arquitectura y las Bellas Artes en la Encyclopédie de Diderot y d’Alambert (1992), Arquitectura y cultura en el Siglo de las Luces (1999) y Estudios sobre Historiografía de la Arquitectura (2005). Colaborador habitual del Círculo de Bellas Artes, en los últimos años ha sido comisario de la exposición Arquitectura Escrita y coordinador del congreso Horizonte utópico y discurso político, que iniciaron un conjunto de actividades que el CBA está dedicando al concepto de utopía.

Un gran abrazo desde estas lejanas tierras allende los mares, con gran cariño,

Félix José Hernández.

09
Ene
11

CUBA: LA LIBERTAD INTERIOR COMO FUENTE DE LA LIBERTAD POLITICA

Foucault versus Fidel

Por Roger Vilar

México

A Verónica Ortega Loyo,

una mujer con libertad de conciencia.

DE LA FALSA GLORIA AL CRUEL OLVIDO

Todo el tiempo, de manera obsesiva, tengo bajo mis párpados cerrados la visión de ciudades polvorientas, en ruinas, donde cada segundo una casa y un  hogar fenecen a la par que multitud de conciencias pierden las últimas gotas de esperanza de una vida mejor.

Son millones de seres humanos bajo el absolutismo. Un absolutismo, con más de medio siglo,  que al estilo de viejas monarquías europeas ha querido mostrar a su déspota al mundo como un ilustrado que no sólo tiene en la mano la solución para su pueblo, sino también para toda Ibero América, y si se quiere, aun para EE-UU, la Unión Europea y cuanto país tenga en su territorio algún defecto por mínimo que este sea.

No hace falta ser muy sesudo para darnos cuenta que la descripción corresponde a la dictadura cubana.  Al presente, incluso aquellos latinoamericanos que marcharon en las calles de sus respectivas capitales para defender el castrismo, otrora Revolución Cubana, faro de todos los pueblos oprimidos, hoy admiten con facilidad que Cuba vive bajo una dictadura que no desean para sus patrias. Del Norte o del Sur, en las cumbres del Himalaya o en la tórrida Cuernavaca, cualquier persona honesta, milite en la ideología que milite, izquierda, centro, o derecha, o como se llame, cedería ante la poderosa razón de que hace más de medio siglo el archipiélago está gobernado por un solo apellido: Castro. Primero Fidel, ahora Raúl.

Dudo que en una reunión de intelectuales o de asiduos visitantes de tabernas, cafés, y cantinas sea interesante, o siquiera terquedad de borrachos, discutir si Cuba vive o no bajo una tiranía.  Sería como una polémica acerca de si los árboles tienen hojas verdes, o el mar refleja los turquesas y azules del cielo, o enojarse por la desmesurada cantidad de brillantes de la Corona Británica.

Ha sido siempre así,  o al menos en el “siempre” que nuestra corta memoria puede ponderar. Y de tanto tiempo que dura ya el totalitarismo cubano, se nos empieza a olvidar Cuba. Es un problema demasiado viejo, ya da aburrimiento hablar de este. Surgen fenómenos más acuciantes: el calentamiento global, nuevos países intentan ensayar armas atómicas, y ante la emergencia de un cambio energético mundial o morir cuando el petróleo se acabe “los viejitos” Castro,  suenan semejantes al trique que tenemos en el rincón y ya casi ni le echamos una ojeada.

Sin embargo, aunque en el presente habite en un sitio periférico de las preocupaciones planetarias, es más de medio siglo lo que ha estado en el poder el clan guerrillero-militar de los castro. Es como si Adolfo López Mateos, quien era presidente de México en 1959, año en que sube al poder Fidel Castro, en lugar de abandonar su mandato en 1964, hubiera gobernado ocho sexenios y medio, aduciendo ser el único hombre capaz de llevar a México al éxito y con ello, tachando, sin palabras, de manera tácita, de ineptos, a Miguel de la Madrid, Ernesto Zedillo Ponce de León, o Vicente Fox Quesada, y negándoles siquiera el derecho humano a acertar o equivocarse a la hora de dirigir.

Creo que los mexicanos hubieran puesto el grito en el cielo, y junto con ellos el mundo entero, ante lo que hubiera sido una dictadura imposible de disfrazar. Sin embargo, ante el caso cubano, después de muchas décadas en que gran parte de las personas que gozaban de las democracias en sus respectivos países aclamaron el totalitarismo dentro de nuestro archipiélago, ahora, esos mismos, ya maduros e incluso viejos, ahora que ya saben que Cuba no es el paraíso sino su antítesis, y que el comunismo torturó y masacró a millones de seres humanos,  en el mundo, en este momento, precisamente cuando más se necesitaban sus voces, han callado.

Ya nadie marcha por la libertad de las más de 3 mil 500 islas y cayos que en medio del Mar Caribe constituyen mi país. En cuanto a los que tienen 25 años o menos, muchas veces me preguntan qué cosa es el comunismo. Qué bueno que esa palabra fatídica empieza a ser olvidada. ¿Hay alguna inquietud que unifique las mentes de las viejas y nuevas generaciones de latinoamericanos hacia Cuba? Sí. Hay una, y es formulada con mucha frecuencia.

LA PREGUNTA Y EL MIEDO COMO RESPUESTA

¿Por qué el clan militar de los Castro se mantiene en el poder? Ya hemos comprendido que ustedes, cubanos, no vivían ni viven en el paraíso, sino en medio de terribles penurias espirituales, políticas y económicas, por las cuales se lanzan al mar aunque sepan que pueden ser devorados por tiburones o traficados por bandas de polleros con todo el peligro que esto conlleva. ¿Entonces por qué no se liberan? ¿Por qué no resuelven los problemas económicos y políticos de  de su país en lugar de lanzarse a las tinieblas y a los escualos de los mares en las noches de desesperación? La pregunta es acertada y simple. La respuesta, en cambio, es muy compleja. Un miedo irracional, rayano en el pavor que se siente ante los abismos de un dios desconocido y con fama de caníbal, encadena cada neurona, cada sentimiento, cada emoción, cada pensamiento e idea de los cubanos. Es un miedo interior. Es un miedo fuera de lo natural. No es el error que puede inspirarnos el peligro real de andar en el bosque a media noche y que de pronto nos rodee una manada de lobos hambrientos. Es un miedo esculpido con cincel en lo más profundo, en lo más esencial de nuestras mentes, en ese lugar donde se producen las mociones más básicas e instintivas de un ser humano, y que aprisiona nuestras mentes, detiene los pensamientos, petrifica las ideas y destruye toda posibilidad de libertad interior, y al no poseer la libertad de pensar sin miedo no podemos ejecutar acciones que generen en nuestro entorno, en nuestro país, la libertad política.

Este miedo no es privativo de un grupo de cubanos, de un estamento en particular, sino de todos. Quienes vivimos en el exilio tememos actuar en contra del régimen de los Castro por miedo a que nuestros familiares que viven dentro paguen las consecuencias. ¿Qué sucedería si a mi padre y a mi madre les impiden cobrar el dinero que les envío cada mes? Morirían de hambre. Pues mi padre tiene una ridícula y ofensiva pensión que llevada a dólares americanos suma la cantidad de seis al mes. Con 600 centavos americanos no se puede vivir en ningún lugar del mundo, y pensar en la caridad pública es imposible en una tierra donde todos han pasado a ser limosneros y el mendigo no tiene nada que darle al otro mendigo.

No es la única represalia contra los exiliados. Los que nunca han expresado opiniones públicas contra La Habana, aunque no vivir, pueden viajar a su país de origen y tener el consuelo de ver la patria por unas semanas. Algunos hasta piensan en que un cambio de leyes les permita ser enterrados allí, pues para noticia curiosa, si en Cuba no se puede vivir, tampoco es posible morir para nosotros los opositores de la comunidad en el extranjero.

¿Pero el miedo paraliza sólo a los que vivimos fuera de Cuba? No. Veamos a los obreros. Quienes trabajan en una fábrica de ron, por ejemplo, roban la sustancia alcohólica para venderla y subsistir; los empleados de una carnicería saquean la empresa, pues es estatal, como todas, y no tendrán pérdidas en el hurto, sino ganancias, y así cada obrero en su centro de trabajo repite la misma ilegal sustracción para mantener a su familia, pues el promedio de sus salarios nunca supera los diez dólares americanos mensuales. ¿Qué pasaría si como Lech Walessa intentaran formar una especie de Sindicato Solidaridad? El gobierno, que conoce sus actividades ilícitas, inmediatamente los acusaría de un delito común y los mandaría a la cárcel, presentándolos ante el mundo como vulgares delincuentes y nunca como luchadores por la libertad. En caso de que tengan, como ya es usual entre los paupérrimos entre la mayoría de pobres de Cuba, una hija prostituta, “jinetera”, que los mantiene a través del comercio carnal con turistas, la chica iría a dar tras las rejas también por inmoral.

No se salvan del terror la clase media cubana -el nuevo nombre de la pobreza en ese país-, no señor, no, los médicos, maestros, doctores en historia, o gerentes de empresas, en caso de rebelarse perderían los cuarenta o cincuenta dólares americanos que ganan al mes, además tendrían un expediente negro que les impediría allegar a cualquier otro trabajo. Pero pueden lanzarse a la iniciativa privada, diría un neófito. No. La iniciativa privada en Cuba es un delito, y los que se mantienen vendiendo cualquier tipo de mercancía, incluso comida, son tolerados por cierto tiempo, y cuando se sublevan contra la tiranía van a la cárcel por pertenecer al “mercado negro”.

Es una cadena diabólica. Haber pasado por el presidio coarta una de las pocas esperanzas del cubano: emigrar de forma legal, pues para esto el Ministerio del Interior exige un historial policiaco sin mancha.

¿Y las elites del poder? Son las más aterrorizadas. Después de los juicios públicos en la década de los ochenta a los generales Arnaldo Ochoa, Abrantes, al Coronel Antonio de la Guardia, y a otros altos mandos castrenses y su posterior fusilamiento, los demás generales, aunque quizás bullan de rabia, se callan y ponen las barbas en remojo, pues las del vecino ya ardieron demasiado. Arnaldo Ochoa y cohorte fueron acusados de narcotráfico e inmoralidad, la cual iba desde tener amantes, adulterio, y cierta sugerencia de sodomía, como para decirnos, con un lenguaje lleno de metáforas sangrientas, no lo olviden, aquí es la Edad Media, nosotros somos la Inquisición.

Al recordar a Arnaldo Ochoa, cinco veces Héroe de la Patria, bañado de gloria en las guerras de África, los cubanos lo hacen con gran confusión. Nunca se supo a ciencia cierta si él era narcotraficante o en realidad tuvo que autoacusarse, muchos siguen suponiendo que planeaba un golpe de estado a Fidel Castro para sacar a Cuba del pantano económico y social en el que ya se encontraba a finales de la década de los ochenta. Pero aún si hubiera sido así, los golpes de estado nunca son la mejor solución.

Nunca hemos sabido la verdad, todos ignoramos si Ochoa y su grupo eran vulgares narcotraficantes o albergaban alguna intención de cambio político, lo que sí quedó claro es que el “Monarca” de las luengas barbas y corona de sangre no perdona, y está siempre dispuesto a aplicar la pena capital en un país donde no existe el Estado de Derecho, y sus caprichos y ahora los de su hermano Raúl devienen en ley.

Pudiera haber una última pregunta ingenua. ¿Y si la mayoría de los generales, ministros y funcionarios se aliaran contra los hermanos Castro para lograr un cambio a la democracia? No pueden. Un Estado de Derecho los aterroriza. La mayoría de ellos, incluidos artistas como Silvio Rodríguez, han tenido que firmar innumerables sentencias de muerte contra personas inocentes. Fidel Castro los obligó a hacerlo para mantenerlos en un permanente chantaje. No sólo son los cómplices del verdugo, los convirtieron también en manipuladores de la guillotina, el fuego y el garrote vil.

Un Estado de Derecho podría optar por el indulto, pero también, con sobradas razones, los llevaría al banquillo de los acusados. El ejemplo de Augusto Pinochet y el Juez Garzón es demasiado ilustrador, pues aunque escapen de Cuba nunca faltará un magistrado con dignidad en algún país libre que intente castigarlos.

Como hemos visto ningún estamento de la sociedad cubana, ni dentro del país ni afuera de éste, ni los oprimidos ni los opresores,           están libres de un miedo paralizante.

EL ORIGEN DEL MIEDO IRRACIONAL: UNA BREVE CONVERSACION CON NIETZSCHE

¿Cuando surgió este pavor que paraliza la mente de los cubanos y les impide liberarse? ¿Fuimos así siempre? No. La Historia lo desmiente. Tres guerras de independencia contra España, una lucha diplomática para sacar a Estados Unidos de América de nuestro territorio en los albores del siglo XX; además, rebeldías sucesivas, en la década de los treinta una revolución que acabó con la tiranía de Gerardo Machado, “el asno con garras”, y, más acá, a principios de los años cincuenta, otra revolución, la verdadera, en la que murieron torturados Abel Santamaría, Armando Mestre, decenas de compañeros de armas, la misma por la que aceptó el martirio José Antonio Echeverría y muchos otros, unidos en un sí rotundo a la libertad y para restaurar la democracia que el golpista general Fulgencio Batista había decapitado. Participó como uno de los líderes de esta revolución Fidel Castro, para luego traicionarla y volverla dictadura comunista.

Ese pasado de luchas por la libertad habla de un prototipo, de un paradigma de pueblo cubano que hoy ya casi no existe. ¿Cómo logró erradicarlo el barbudo Comandante en Jefe? ¿Con un acto de prestidigitación usando como sombrero de mago su gorra verde y como varitas mágicas la hoz y el martillo? No. Para nada. Fueron técnicas muy bien meditadas y aplicadas. Un proceso social y psicológico que Nietzsche nos podría aclarar un poco.

Siempre fuera de moda para las mentes pasivas y sumisas, el germánico,  buzo ciego en las cloacas de nuestro espíritu, sacó  las suciedades que nadie quiere ver, pero necesarias para el pensar. En muchos de sus libros enuncia lo que él llamó “la mala conciencia”: concepto complejo que afecta al SER mismo, nuevo avatar lingüístico del ONTOS, no nos dedicaremos a elucidarlo, a desplegarlo en su totalidad, sino que usaremos algunas de sus características, de sus bases gnoseológicas, para apoyarnos en la comprensión de ese terror paralizante que después de más de cincuenta  años de dictadura habita en la conciencia de la mayoría de los cubanos.

Dice Nietzsche en “Genealogía de la Moral”,  que: “…el hecho de que la inserción de una población, no sujeta hasta entonces a formas ni a inhibiciones en una forma rigurosa, iniciada con un acto de violencia, fue llevada hasta su final exclusivamente con puros actos de violencia, -que el Estado más antiguo apareció, en consecuencia, como una horrible tiranía, como una máquina trituradora y desconsiderada, y continuó trabajando de ese modo hasta que aquella materia bruta hecha de pueblo y semianimal no sólo acabó por quedar bien amasada y maleable, sino por tener una forma. He utilizado la palabra Estado: ya se entiende a qué me refiero -una horda cualquiera de animales de presa, una raza de conquistadores y de señores, que organizados para la guerra y dotados de la fuerza de organizar, coloca sin escrúpulo alguno sus terribles zarpas sobre una población tal vez tremendamente superior en número, pero todavía informe, todavía errabunda. Así es como se inicia en la tierra el Estado”.

Cierto que Nietzsche está hablando de una época que por pretérita es ya prehistórica, años tribales, todavía sin ciudades o acaso con agrupaciones de chozas donde quizás la del jefe era la más alta y la más espaciosa, y en ciertas gens, como los celtas, tenía colgadas en la puerta un buen número de calaveras humanas para demostrar la fuerza y ferocidad del caudillo, ese adalid y sus allegados, tan brutales como él,  actuaron, como decía Nietzsche, sobre “una población no sujeta hasta entonces a formas ni a inhibiciones en una forma rigurosa”.

Hagamos un traslado en tiempo y espacio a la población cubana de enero de 1959. Por supuesto que no era tribal y estaba acostumbrada a una disciplina de trabajo, de negocios, de empresas, y de producción moderna; mas, adaptando las palabras de Nietzsche, “no estaba sujeta a las muy, muy rigurosas inhibiciones comunistas”. Era un pueblo que después de sus horas de trabajo no era fiscalizado en modo alguno, y salía a los innumerables bares de La Habana a bailar, a tomar ron, a disfrutar del amor y el erotismo en sus más variadas formas; o también, ¿a quién le importaba la vida ajena?,  a “divertirse” en la mística de las veladoras a la Caridad del Cobre, La Virgen de Regla, en rezos y jaculatorias que sólo ocupaban el ámbito íntimo y privado, candorosamente oscuro y no escudriñado por ninguna policía, espacio en el que también se desarrollaban, sin inhibición alguna las religiones afrocubanas, o el protestantismo introducido por misioneros americanos.

Metodistas y presbiterianos predicaban en la mismas calles en los que homosexuales “fleteaban”, termino cubano para definir el coqueteo y el ligue, vínculos, sendas también abiertas a cafés y tabernas, antros subterráneos, La Zorra y el Cuervo, en las que los intelectuales intercambiaban libremente ideas.

Nunca había pasado por la mente de los cubanos que ni la religión, la preferencia sexual, la diversión y el baile, las ideas, o el mero chisme podían ser objeto de una rigurosa inspección. Eran estas actividades que se desarrollaban al azar, según su propio rumbo, como se le ocurriera a la gente. Es en ese sentido de amalgama erótico-cultural-religiosa en el que la población cubana era “todavía informe, todavía errabunda”. Y aún más las áreas campestres, donde junto a una vida en las vegas de tabaco, plantaciones de caña de azúcar, o en las montañas se mezclaban creencias ancestrales, estas si algo tribales, sincretismo de ideas traídas de las zonas más pobres y atrasadas de España (Galicia, Islas Canarias, por ejemplo), con tradiciones provenientes de las selvas africanas, y aún, las pocas que habían quedado de los aborigenes cubanos, después de los genocidios a que fueron sometidos por el conquistador español Diego Velázquez en el siglo XVI.

Sobre esta población cubana “todavía algo informe” en el sentido  que acabo de explicar, clavó sus garras “una horda cualquiera” (Fidel Castro y secuaces), para sembrar con una violencia inolvidable el miedo a quebrantar las nuevas reglas. El castigo feroz marcó en las conciencias de los cubanos que las veinticuatro horas de su vida estarían reglamentadas de ahora en adelante por el caudillo de la tribu, quien estaba dispuesto a grabar en las mentes con un cincel de sangre que una orden de él  era semejante a una orden de Dios. Y así, lo que en otros países son naderías, cosas superfluas que a nadie le interesan, pasaron a ser propiedad del dictador. Aludo, digamos, a la simple separación. Hundieron al comandante Huber Matos, otrora pilar de la guerrilla, en la prisión por muchísimos años, tan sólo por el hecho de decir que renunciaba al ejército. Ni siquiera se sublevó. A la Revolución, compañero, nadie puede renunciar. Compañero, la fidelidad a Castro es absoluta. Esas eran las consignas no dichas que soportaban toda la masacre.

Se desataron en los primeros años de la década del sesenta los juicios sumarios y los fusilamientos masivos; y así también devinieron los campos de concentración llamados UMAP (Unidad Militar de Ayuda a la Producción), donde fueron a parar la mayoría de los homosexuales, pero no sólo ellos, también los heterosexuales que se atrevían a ser católicos, Testigos de Jehová, protestantes, brujos o santeros, fueron  al trabajo forzado de la UMAP, pues ahora había un sólo dios, Fidel Castro, y su Iglesia, el Partido Comunista, no admitía herejías, ya fueran de religión, o de ideas, pues cualquier intelectual que se atreviera a cuestionar el marxismo-leninismo era echado a la hoguera dentro de aquellas alambradas que vieron pasar los horrores y las vergüenzas más grandes que se han cometido en Cuba en toda su historia.

Según el novelista Félix Luis Viera, quien estuvo allí encerrado porque usaba el pelo estilo los Beatles y frecuentaba demasiado los bares, se enterraban a las personas (por ejemplo a los Testigos de Jehová que se negaban a saludar la bandera), en la tierra, hasta el cuello, para hacerlos abjurar de su fe, y a los que no lo hacían los dejaban morir lentamente cocinados por el calor infernal de la tierra cubana, además, había una serie interminable de torturas, que Viera narra en su novela “Un Ciervo Herido”.

Aquellos harapientos, lacerados, con llagas en la piel y en el alma, pronto entendieron que no eran libres de nada, y los que se salvaron, salieron a las calles a murmurar entre dientes, en jerga habanera o camagüeyana, con variantes de profundidad, quizás no tan concisos como Nietzsche, a murmurar, digo, la mala nueva, la terrible noticia:  ” …el hecho de que la inserción de una población no sujeta hasta entonces a formas ni a inhibiciones en una forma rigurosa, iniciada con un acto de violencia, fue llevada hasta su final exclusivamente con puros actos de violencia, -que el Estado más antiguo apareció, en consecuencia, como una horrible tiranía, como una máquina trituradora y desconsiderada, y continuó trabajando de ese modo hasta que aquella materia bruta hecha de pueblo y semianimal no sólo acabó por quedar bien amasada y maleable, sino por tener una forma. He utilizado la palabra Estado: ya se entiende a qué me refiero -una horda cualquiera de animales de presa, una raza de conquistadores y de señores, que organizados para la guerra y dotados de la fuerza de organizar, coloca sin escrúpulo alguno sus terribles zarpas sobre una población tal vez tremendamente superior en número, pero todavía informe, todavía errabunda. Así es como se inicia en la tierra el Estado”. Y así se inició en la tierra cubana el Estado Socialista, llevando el miedo hasta la última neurona, la más escondida, de cada poblador. Comenzamos a estar hechos de miedo y no del barro primigenio que amasó Dios en el Génesis, del humus, íbamos dejando de ser humanos.

Nadie podía expresarse so pena de largos años de cárcel o incluso la muerte, terminando todo en una enfermedad de la mente, del espíritu, y otra vez, en “Genealogía de la Moral”, Nietzsche nos podría decir algo. El filósofo que padeció hambre en Turín sabía demasiado de nuestra mísera condición. Escuchemos otra vez sus palabras. “Todos los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro -esto es lo que yo llamo la interiorización del hombre: únicamente con esto se desarrolla en él lo que más tarde se denomina su ‘alma’. Todo el mundo interior originariamente delgado, como encerrado entre dos pieles, fue separándose y creciendo, fue adquiriendo profundidad, anchura, altura, en la medida en que el desahogo del hombre hacia fuera fue quedando inhibido. Aquellos terribles bastiones con que la organización estatal se protegía contra los viejos instintos de la libertad -las penas sobre todo cuentan entre tales bastiones- hicieron que todos aquellos instintos del hombre salvaje, libre, vagabundo, diesen vuelta atrás, se volviesen contra el hombre mismo. La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en la agresividad, en el cambio, en la destrucción -todo esto vuelto contra el poseedor de tales instintos: ése es el origen de la “mala conciencia”. La Mala Conciencia. La maldición de los comienzos, pero ahora potenciada a dimensiones nunca antes vistas, empezó a cabalgar sobre la nación cubana.

No sólo se temió con pavor a Fidel Castro, sino que ocurrió algo peor. Empezaron los cubanos a sentirse deudores. Todo lo bueno, según la propaganda del Partido Comunista Cubano, provenía del comandante y su revolución. Cualquiera que se sublevara o protestara podía no sólo estar en situación de riesgo, sino que comprometía su conciencia en la culpa,  en la vaga idea de que estaba actuando contra una verdad por encima de él.

DEL ASALTO AL CUARTEL MONCADA AL ASALTO DE LA IDEA DE LA VERDAD.  APROPIACION DE LA IDEA DE DIOS Y LO ABSOLUTO POR PARTE DE FIDEL CASTRO.

¿Actuar contra la verdad? “¿Qué es la verdad?“, preguntó Poncio Pilatos, entre la sorna y el asombro. “Yo soy la Verdad y la Vida“, le respondería con egolatría El Comandante en Jefe desde el siglo XX y XXI. El hombre de la barba y la perenne perorata, verborrea torturante, había usurpado el lugar de Dios. De Lo Absoluto. Fue una lucha ardua, comenzó con el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 por parte de 135 jóvenes dirigidos por Fidel Castro. Fueron derrotados, el encarcelado líder advirtió en su alegato de defensa  “La Historia me Absolverá“, que todo lo había hecho para devolver la justicia y la democracia a Cuba.

Tras un breve tiempo en prisión los revolucionarios, bajo indulto, son deportados a México, donde se reorganizan, se arman, reclutan a nuevos discípulos, y salen otra vez hacia Cuba, ahora, en la mente de Fidel, no para asaltar ningún cuartel, sino a los mismísimos bastiones de la Verdad Absoluta y la Idea y Legitimidad de Dios. El concepto y la dinámica del Todo.

Él y su mesnada se darían años después  el derecho de hacer a los cubanos a su imagen y semejanza, de moldear espíritus y macerar carnes que se negaran a la obra escultural. Se habían auto pensado a sí mismos un “Nuevo Cielo”, un “Nuevo Absoluto”, pretendían crear, en palabras de Ernesto Guevara de la Serna, “al hombre nuevo“.  Quien piensa en tales términos se siente la Causa No Causada de Todas Las Causas, Motor Primero, va a originar al mundo, y  no necesitaban por eso un Contrato Social, no tenían que contar con la libertad de expresión del pueblo.

Oigamos otra vez a Nietzsche, pues podríamos imaginar que al escribir  “La Genealogía de la Moral“, no recordaba la prehistoria sino que visualizaba su experimento futuro en un archipiélago llamado Cuba:  ”Yo  pienso (se refiere al Estado) que así queda refutada aquella fantasía que le hacía comenzar con un ‘contrato’. Quien puede mandar, quien por naturaleza, es ‘señor’, quien aparece despótico en obras y gestos -¡qué tiene él que ver con contratos! Con tales seres no se cuenta, llegan igual que el destino, sin motivo, razón, consideración, pretexto, existen como existe el rayo, demasiado terribles, demasiado súbitos, demasiado convincentes, demasiado ‘distintos’ para ser siquiera odiados. Su obra es un instintivo crear-formas, son los artistas más involuntarios; más inconscientes que existen: -en poco tiempo surge, allí donde ellos aparecen, algo nuevo, una concreción de dominio dotada de vida, en la que partes y funciones han sido delimitadas y puestas en conexión, en la que no tiene sitio absolutamente nada a lo cual no se le haya dado antes un ‘sentido’ en orden al todo.” El TODO. La palabra clave. El concepto en nombre del cual pensó y obró Fidel Castro y su más alta camarilla para dictar su única ley.

¿Cuál era la fuente de su derecho a legislar e imponer sin contar con la voluntad del pueblo? Era muy parecido al modo de pensar de las monarquías medievales, pues el Estado Territorial del continente europeo fue originariamente absolutista. El príncipe era considerado como la fuente de todo derecho: podía dictarlo, reformarlo, derogarlo, también violarlo. Dominaba “legibus absolutos”, con independencia del derecho. No estaba bajo, sino sobre el derecho. Podía, por ejemplo, según su propia voluntad, conceder tolerancia religiosa, o, como en Francia en 1685, abolirla.

El príncipe o el rey, se pensaba, recibían esta fuerza de legislar directamente de Dios, el cual había elegido a su dinastía, dígase Plantagenet, Capetos o Trastamaras, para llevar por siempre el destino de sus pueblos. La iglesia de la época legitimaba esta creencia y la confirmaba e inculcaba ante el pueblo.

Fidel Castro, hijo de Ramón, un simple soldado gallego a las órdenes del Almirante Cervera, para dominar “legibus absolutos” no pudo, invocar ningún derecho dinástico, pero si copió el esquema medieval haciendo un sencillo cambio de nombres. Dios se constituyó a través de la Non Santísima Trinidad Marx-Engels-Lenìn,  fuente de toda verdad, Verdad Misma, de los cuales recibía el poder de reinar. Su Iglesia fue el Partido Comunista, encargado de predicar al Nuevo Mesías, institución que pronto proclamó a sus propios mártires. El conocido “Che”, que de haber sido mexicano hoy sería Ernesto “El Cuate” Guevara; Camilo Cienfuegos, Frank País, Josué País, y una larga lista que va desde el más heroico hasta el más insignificante vendedor de churros del pueblo de Maracabuya que murió atragantado después de gritar “Viva Fidel”. Todo ellos, héroes verdaderos o no, comparten una característica común. Se sospecha, aunque no se ha podido probar, que él propio Fidel Castro y su hermano Raúl los mandaron a matar o los pusieron en una situación de muerte. Caso de Ernesto Guevara en la Quebrada del Yuro, en Bolivia, verdadero callejón sin salida. Pero Ernesto Guevara, convertido en mito, mucho le ha servido a Fidel para que lo adoren todos los pueblos y engañar a cuanto ingenuo ande por estas tierras de América y también de Europa.

Esta estructura eclesiástico religiosa de Única Verdad sobre la que basó su poder El Comandante en Jefe, explica ahora fácilmente porque combatió con tanta crueldad a la Iglesia Católica Cubana y a otras religiones. Si la Verdad es una sola, no puede permitir junto a sí a otros que digan que Dios es Jesucristo, Olorun, Buda, o quien sea, pues le quitan su condición de Verdad Absoluta al castrismo, la cual es su fuente de poder político para poder gobernar sin la voluntad ni el ejercicio del pueblo cubano.

El esquema eclesiástico medieval en que se estructura el despotismo de Fidel y Raúl explica, ahora, también muy fácilmente, la condena a homosexuales y lesbianas, y su sometimiento en los campos de concentración UMAP. Necesitaban una ruda moral, un ordenamiento de las normas éticas que fuera incriminatorio, y emisor de culpas y castigos, lo cual ayuda a propagar el terror. Siempre serán buenas para los regímenes totalitarios las quemas de brujas en público.

Si los gays fueron las brujas y brujos, los intelectuales disidentes devinieron en herejes. Reinaldo Arenas, (“pecador” doble pues también era homosexual),  José Lezama Lima, Antonio Benítez Rojo, Dulce María Loynaz, Guillermo Cabrera Infante, Félix Luis Viera y muchísimos otros sufrieron el ostracismo, el campo de concentración, el hambre, la cárcel o el exilio sin fin.

Sin embargo, un gran misterio queda sin resolver en el caso del hijo de Ramón. El retoño de Mongo, como se apodan a los Ramones en Cuba, no perdió el poder cuando se vino abajo el campo socialista en 1990, y en consecuencia pierde legitimidad la Non Santísima Trinidad Marx-Engels-Lenìn. ¿Cuál sería la explicación?

DE PRINCIPE MEDIEVAL A REY DIOS: EL PASO DEL ESQUEMA CONCEPTUAL MONARQUICO EUROPEO AL TEOCRATICO EGIPCIO.

Si Fidel hubiera sido simplemente el elegido por el DIOS COMUNISMO para gobernar Cuba, hubiera caído junto con el resto del bloque socialista.

La propaganda ideológica del Partido Comunista Cubano desplazó, poco a poco, el funcionamiento del poder en base a las estructuras monárquicas medievales europeas a formas y conceptos más parecidos a los gobiernos teocráticos faraónicos del Antiguo Egipto. En aquellos el Faraón no recibía tanto el poder de Amón Ra, como que él mismo era un dios en la tierra y sacerdote de sí mismo.

Al hacer esta comparación (como todas las que he hecho) busco más bien establecer la estructura conceptual del poder de los hermanos Castro, pues en realidad jamás se habló del Medioevo ni de Egipto, y lo más seguro es que los ideólogos del PCC no tuvieran en cuenta nunca los modos estatales de Egipto ni de Europa Medieval.  Más bien, en su afán por agradar la infinita egolatría del Comandante en Jefe, fueron, de adulación en adulación, desplazando la idea sustentadora del poder. Era una degradación de la de por sí abyecta propaganda comunista proveniente de la Unión Soviética, en cuyo camino cubano las consignas fueron dejando de alabar la teoría marxista para centrarse en Fidel. “Fidel te seré fiel”, “Contigo hasta el final”, “Fidel, tú eres la revolución”, “Fidel pichea que los yanquis no batean”.

Este tipo de consignas, gritadas hasta el cansancio, pusieron al mayor de los Castro en el lugar conceptual de Dios y no como monarca elegido por Dios.

Ya no se hablaba del marxismo, se hablaba de Fidel. No se estudiaban textos de Afanasiev, sino discursos del Comandante en Jefe, como mismo se estudia la Torá en una Sinagoga o los Evangelios en una Iglesia. Se considera en el mundo de los devotos que la fuente primaria de estos textos es Dios, mientras que la fuente de los textos que debían regir la vida de los cubanos era Fidel, situándose éste, imperceptiblemente en el lugar de Dios, y gobernando a partir de la caída del bloque socialista como auto legitimador de su propio poder y verdad, Dios en la tierra, al estilo de los antiguos faraones.

De todas maneras esto es una estructura religiosa, y necesita vigilar la fidelidad absoluta de los “feligreses-súbditos”. Para ello no se utilizaron métodos de hace cuatro mil años, sino la trasportación psicológica y social de una estructura arquitectónica ideada a finales del siglo XVIII por el terrible y estólido jurista británico Jeremìas Bentham: EL PANOPTICO.

LA FUERZA DEL MONSTRUO DE LOS MIL OJOS. UNA BREVE CONVERSACIÔN CON MICHEL FOUCAULT.

En la Biblia aparece un monstruo apocalíptico que tiene mil ojos, de hecho su piel está hecha de lóbulos oculares, y nada en la tierra y en el cielo, en lo físico o en lo espiritual, escapa a su vigilancia. Esta máquina atroz, fundada en quien sabe que terror prehistórico del ser humano, fue llevada a la práctica en el Panóptico. Su raíz griega pan, significaba todo, o sea que era un artilugio con el cual se podía ver y vigilar toda actividad humana. Una bomba de neurosis colectiva contra la vida privada.

Jeremías Bentham, desde el lejano siglo XVIII, con una inteligencia patológica que supera a la del famoso Dr. Anibal Lecter, personaje inolvidable de Hollywood, es capaz de imaginar  el mundo infernal que después enfermó a millones y millones de espíritus, traumatizó a legiones de mentes infantiles e inocentes, provocó torturas en masas, y convirtió a países enteros en cárceles.

Jeremías Bentham, con el ánimo de modernizar las prisiones de su época,  mazmorras en los sótanos de castillos o fortalezas,  saca a la luz un engendro llamado “Panóptico”. Es necesaria una breve descripción de esta arquitectura sádica para entender sus posteriores consecuencias en la historia del mundo. Michel Foucault nos la proporciona en su libro “Vigilar y castigar”.

“Una estructura semicircular, con habitaciones que estén abiertas hacia el interior de un patio y cerradas hacia afuera. En el patio, en el medio del diámetro encontramos una torre, de la misma se ve hacia las habitaciones que dan al patio. En la torre se sitúa el vigilante que mirará constantemente, o al menos esa será la idea que tendrán las personas que estén en las habitaciones.

La idea de quitar los espacios oscuros en las prisiones, en los hospitales, en la sociedad en lo general iba acompañada de la intención de poner límites al rey; si todos podían ser vistos, si nada quedaba oculto, la poderosa mano de la corona ya no podría actuar en las sombras para dar a unos el privilegio de la suavidad y los indultos y a otros los más crueles castigos, según caprichos personales ajenos a la ley”.

De acuerdo a Michel Foucault en “Vigilar y castigar” el poder monárquico identificaba el derecho a castigar con el poder personal del soberano. Era algo muy personal. En Cuba ocurrió una simbiosis, Fidel Castro se adjudica “los derechos monárquicos y personales” de castigar hasta a los que le cayeran mal, pero los hace funcionar con la estructura ideológica del Panóptico: todo claro y vigilado, pero no para que se aplique la ley por igual, (Cómo lo había pensado Bentham) sino para que él, última aberración de los poderes totalitarios pudiera escoger a las víctimas, cual insectos de laboratorio, y hundirlos en la hoguera.

El filósofo francés nos explica que el Panóptico era la concreción del pensamiento iluminista, que la luz estuviera en todas partes y pudiera surcar todos los cuerpos; con el objetivo de salvarlos de las arbitrariedades del poder absoluto y que sólo estuvieran bajo las convenciones de lo que ya se empezaba a gestar como un Estado de Derecho. Castro, invirtió el uso de esta idea, aprovechó la luz de la vigilancia para que las sombras, la única oscuridad del gobernante, pudiera actuar impunemente.

En el Panóptico, dice Foucault, no sólo tenemos una mirada omnipresente sino que también el vigilante será controlado para la buena consecución del fin. Porque esta facilidad para contemplar a las personas de las habitaciones y a su vez la presunción que crearía el sentirse vigilado harían más económico este sistema por sobre los otros.

Bentham no sólo lo propone como modelo de prisión sino que lo postula para ser hospital, escuela, lugar de trabajo, etc. Para cualquier situación en que es necesario que la gente esté en un mismo lugar y que desarrolle su actividad será posible y ventajoso disponer de esta construcción. Tal vez sea imposible para el vigilante mantener la constancia de la mirada, pero el vigilado la presume y ha interiorizado la idea de que ninguno de sus actos escapa al escrutinio del poder.

En “Vigilar y castigar” encontramos el modo de funcionamiento en las propias palabras de Jeremías Bentham.

“…Por lo que se refiere a las horas de estudio no hay, creo, más que un deseo unánime: que se empleen en el estudio. Apenas es necesario especificar que claraboyas, barrotes, cerrojos y todos los demás detalles que confieren a una casa de inspección su carácter terrorífico no tienen lugar aquí. Cualquier diversión, cualquier charla (en una palabra, cualquier distracción) están eficazmente impedidas por la situación central y resguardadas del maestro, con el refuerzo de tabiques o pantallas, tan ligeras como se quiera, separando a los alumnos…”

Según Foucault, para la economía del poder sería más rentable y más eficaz  vigilar que castigar. Eso se puede observar fácilmente si tomamos el panoptismo como ejemplo.  Es mucho más barato vigilar a las personas para que éstas no infrinjan las leyes que castigarlas posteriormente, pues en el castigo habrá que gastar mucho dinero para que la persona que infringió la ley sea resocializada (reeducada).

Además, con el sistema panóptico la vigilancia resulta aún más fácil, ya que es posible vigilar varias personas al mismo tiempo. Mientras que el castigo, para alcanzar el mismo objetivo, tiene que ser aplicado de manera individual, pues cada uno tiene una manera diferente de ser reeducado y resocializado.

Las estructuras arquitectónicas cubanas no fueron convertidas por Fidel Castro en panópticos, sino que utilizó el espacio mental para desarrollar la estructura de vigilancia total. Desde cada cuadra y cada barrio empiezan a funcionar los Comités de Defensa de la Revolución, con un presidente/a, y un encargado de la propaganda ideológica. Debían reunirse una vez a la semana todos los vecinos para escuchar la exposición de los panfletos de Castro por parte de los líderes y asentir como borregos con aplausos.

Era deber, no sólo del presidente y del encargado de la difusión ideológica, sino de cada vecino vigilar y denunciar cualquier actividad de sus propios vecinos o amigos que contraviniera las disposiciones o ideas de Fidel Castro. Incluso las conversaciones podían ser objeto de castigo.

Lo utilizado aquí fue la más esencial idea del Panóptico: aunque no me estén vigilando, yo, cubano, presumo que constantemente me escudriñan, interiorizo esa idea, y me convierto en carcelero de mi propia conciencia.

Esta conclusión es la matriz del título de este trabajo, si no hay una liberación interior, un desafío al verdugo y guardián personal, al censor de conciencia que cada cubano lleva adentro, no podrá haber liberación política. Por eso, desde el principio enuncio: “la libertad interior como fuente de la libertad política”.

Además del CDR (Comité de Defensa de la Revolución) se creó el Partido Comunista de Cuba, la Unión de Jóvenes Comunistas, la Federación de Mujeres Cubanas, un sindicato único que funciona en cada centro de trabajo, y otras organizaciones. Todas operan con la misma estructura de vigilancia y delación anteriormente descrita.

Si el primer paso para la libertad política es liberarnos del miedo interno y empezar a expresarnos, a hablar, aunque cueste la vida, ¿qué hacemos para curarnos del pánico acumulado durante más de medio siglo de dictadura?

JACQUES LACAN: ALGO IMPORTANTE ACERCA DE LA CURA DEL ENFERMO DE MIEDO

El psicoanalista francés Jacques Lacan, habló sobre el miedo muy claramente. Lo relacionaba con las enfermedades mentales.  Según el  psiquiatra, ya fallecido, el miedo es una característica de la neurosis histérica y de la neurosis obsesiva, enfermedades clasificadas por Jacques.

Para Jacques Lacan, cuando alguien llegaba a su consultorio para analizarse, la causa principal era el miedo. El miedo del paciente. Cuando a éste le suceden cosas, que incluso, él mismo quiere, pero no comprende. El hombre tiene miedo. Sufre por no comprender y poco a poco cae en un estado de pánico. Eso es la neurosis, según la comprendía Lacan. En la neurosis histérica, término lacaniano, el cuerpo se enferma del miedo de estar enfermo, sin estarlo realmente. El miedo mete en la cabeza cosas extrañas, pensamientos que no podemos controlar, fobias en las cuales las formas y los objetos adquieren significaciones diversas y que dan miedo.

Si nos atenemos a las ideas de Lacan, la sociedad cubana entera padece de neurosis. Está enferma. Para el psicoanalista francés la neurosis es una enfermedad que se cura con la palabra, y ante todo, con la del paciente. Debe hablar, contar, explicarse él mismo.

Traspasando esto a un lenguaje político,  teniendo en cuenta que el paciente se llamaría “pueblo cubano”, Lacan nos está diciendo que lo que necesita el enfermo para curarse es “libertad de expresión”, lo que precisamente no permite el actual gobierno cubano de Raúl Castro.

El caso más aberrante de la condena a la libertad de expresión en Cuba fue el encarcelamiento del afrocubano Pánfilo, hace unos meses, por decir que tenía hambre. El hombre no expresó ninguna idea que según las convenciones internacionales comunes pueda considerarse política. Simplemente se metió ante la cámara de un reportero que hacía una entrevista sobre música popular y dijo “Aquí lo que hace falta es jama (comida)” La reacción internacional contra tal infamia fue enorme, y Pánfilo fue liberado. Sin embargo el hecho da la dimensión de que cualquier palabra puede ser interpretada como agresión y delito por parte de un gobierno que se ha apropiado de la idea de Verdad, y si ellos dicen que en Cuba todo está bien, que sí hay comida, las palabras del pobre Pánfilo, miserable más bien, paupérrimo en su escasez de recursos, da la idea en qué medida se considera sacro el poder de estructura mental teocrática faraónica instalado en Cuba.

Ahora bien, el “enfermo” Cuba, ya empezó su proceso de curación. Ya empezó a hablar. Los periodistas independientes, desde cárceles o desde sus casas, usando correos electrónicos prestados, o dictando sus notas por teléfono transmiten al mundo la realidad atroz del país en que viven.

Las damas de blanco, a pesar de los golpes y las amenazas se manifiestan en las calles, pidiendo la libertad de sus maridos e hijos presos políticos.

Otros cubanos, libres ya de conciencia, con el carcelero interior derrotado, han preferido la muerte antes que seguir enfermos de miedo.

Es el caso de Orlando Zapata Tamayo. Zapata, de 42 años, se declaró en huelga de hambre el pasado tres de diciembre en el penal de Kilo 8, en la provincia de Camagüey. Exigía un incremento de sus derechos como preso, y murió este pasado martes 23 de febrero en un hospital de La Habana.

La organización Directorio Democrático Cubano lamentó la muerte de este valiente defensor de la libertad, que considera asesinado por el régimen comunista.

En un comunicado, sostiene que el Gobierno cubano “se negó a garantizarle sus derechos básicos”, lo que ha terminado por convertirle en una víctima del “terrorismo de estado”, según la secretaria nacional adjunta del Directorio, Janisset Rivero.

La organización denunció que el pasado mes de octubre Zapata sufrió una paliza por parte de militares que le custodiaban en la prisión provincial de Holguín. Estos golpes, prosigue la nota, le provocaron al recluso una hemorragia intracraneal que derivó en una operación quirúrgica. El Directorio explica que desde que Zapata inició su huelga de hambre y “durante 18 días” el director de la prisión de Kilo 8 le retiró la ingesta de agua, lo que terminó por inducirle un fallo renal.

A mediados de enero de este 2010 el preso fue trasladado a un hospital de Camagüey en el que contrajo una neumonía debido al aire acondicionado y a que se encontraba “casi desnudo”, agrega el comunicado. “A pesar de su crítico estado de salud, el régimen lo trasladó la semana pasada al hospital de la Prisión Combinado del Este en La Habana, donde no existían condiciones para tratarlo”, denunció el Directorio.

Amnistía Internacional había incluido a Zapata en su lista de presos de conciencia. Pese a que en un primer momento fue condenado a tres años de prisión tras participar en una huelga de hambre, el ahora fallecido vio cómo se ampliaba la sentencia hasta 25 años de cárcel al sumarse delitos como “desacato”, “desorden público” o “resistencia”, según la ONG. Esto fue lo que comunicó el Directorio.

Zapata murió porque la horda salvaje que gobierna Cuba decidió que su derecho a la libertad de expresión era un delito.

¿Y AMÉRICA LATINA QUÉ?

De la atrocidad que acabo de narrar no está a salvo el resto de América Latina. La ola de populismo que invade al continente ya clavó sus garras en Venezuela. Hugo Chávez, versión torpe de Fidel Castro, ya le quitó a los venezolanos el derecho a la libertad de expresión, baste ver que las principales empresas nacionalizadas son precisamente televisoras, periódicos y radiodifusoras.

Otros mandatarios del continente lo imitan con menos dureza, pero con el mismo lenguaje podrido y anticuado, que le echa la culpa a Estados Unidos de América  de los desmanes que los propios presidentes hispanos cometen en sus países, de sus tontas políticas económicas y de sus lamentables errores sociales.

Tampoco México está a salvo de que cada mexicano que abra la boca para expresarse le den una paliza y lo dejen después morir de hambre. En las elecciones de 2006 se vio cuan fuerte es el populismo, como instituciones de prestigio como el IFE, por ejemplo, fueron atacadas en la misma fuente de su legitimidad: la voluntad del pueblo que a través de diputados creó las leyes que hacen funcionar al Instituto Federal Electoral.

El IFE es, precisamente, una institución que pudo surgir gracias a la evolución histórica de México hacia el Estado de Derecho.

EL ESTADO DE DERECHO COMO UNICA SOLUCION A LOS CRIMENES CONTRA EL PUEBLO CUBANO

Para que Orlando Zapata Tamayo no hubiera muerto se hubieran necesitado en Cuba instituciones capaces de escucharlo. Si volvemos al aparato conceptual de Jacques Lacan el enfermo necesita hablar, pero allí, frente a él, debe de haber un médico, un psiquiatra capaz de escuchar, meditar y dar soluciones. Ese “médico”, ese receptor que necesita el pueblo cubano se llama Estado de Derecho.

En la tradición europea de la Filosofía del Estado, se han formado esencialmente tres diferentes concepciones: 1) la concepción holística y teleológica, vinculada con los nombres de Aristóteles y Tomás de Aquino, de una societas perfecta et completa que confiere plenitud a la persona en su esencia; 2) la concepción crítica del estado surgida de la Ilustración a través del idealismo de, por ejemplo, Schelling, de un estado de la razón, necesario, meramente mecanicista que en tanto societas defecta, deberá ser superado por la perfección ética de las personas; 3) la concepción del Estado de Derecho con división de poderes, basado en el principio de la autolimitación legal de la libertad y, con ello, en la separación del Estado y la sociedad que en tanto, societas imperfecta et incompleta, es la condición necesaria de libre autodesarrollo cultural de sus miembros.

No es por ello casual que en la época moderna, la concepción kantiana, que recoge los principios de Hobbes y Rousseau en el sentido de un  Estado de Derecho liberal no basado en la verdad, sino en la libertad de las personas, se haya impuesto y a través de las grandes revoluciones, se haya hecho realidad política,  en Europa, América, y parte de Asia y África, como moderno estado constitucional.

Esta es, por así decirlo, la esquemática reconstrucción mental de la fundamentación de un poder estatal que asegura la paz entre las personas en la medida en que está en condiciones de imponer lo conjuntamente acordado, el derecho. El estado es, pues, en primer lugar, un instrumento necesario para el aseguramiento de la paz interna y externa; un instrumento a través del cual el desarrollo creador de los individuos es limitado por un derecho que debe ser observado conjuntamente, pero que también sobre el terreno de este derecho reconocido es libre para desenvolverse.

Formulado en el lenguaje de Kant, el concepto del derecho tiene en mira exclusivamente la relación externa del arbitrio libre con otro arbitrio libre y, consecuentemente, se define como el concepto de las condiciones bajo las cuales el arbitrio del uno puede ser reunido con el arbitrio del otro de acuerdo con una ley general de la libertad.

Este derecho originario de la persona como un ser actuante y que persigue fines se refiere sólo a la relación entre arbitrio y arbitrio bajo una ley. No “otorga naturalezas dadas” a las personas, no las clasifica según adhesiones religiosas, militancias políticas, preferencias sexuales, o, ¡el colmo del ridículo cubano!, el gusto por alguna moda en especial. En el Estado de Derecho para que una persona entre en relación de igual a igual con otra persona o institución, sólo se pide precisamente eso, que sea persona, nada más, y que actúe en el mismo marco jurídico que democráticamente ha sido aceptado por la sociedad.

En la forma más desarrollada y diferenciada del estado democrático y del socialmente orientado estado constitucional, esta forma no cambia, también está edificado bajo la idea de la libertad bajo leyes autoimpuestas para posibilitar la paz con el objeto del libre desarrollo de los individuos. Esta es la paz garantizada que necesita, por ejemplo, un joven católico cubano, para estudiar la carrera diplomática sin tener que mentir en el formato de solicitud, diciendo que es ateo, pues el gobierno sólo quiere marxistas en su futuro cuerpo diplomático.

Si hubiera en Cuba leyes que posibilitaran el libre desarrollo de los individuos los periodistas independientes, tan perseguidos y golpeados, no tendrían que dictar sus notas con pánico y publicarlas en el extranjero, sino en su propio país, y trabajarían en periódicos, radiodifusoras o empresas televisivas cubanas, en manos de la iniciativa privada, para que así no tuvieran que responder a la estúpida Verdad Absoluta inventada y apropiada por el actual gobierno cubano, sino dedicarse a publicar noticias, crónicas y análisis periodísticos.

Cuba debería, para que ya no haya más crímenes, funcionar bajo leyes autoimpuestas, pero en este AUTO, que siempre ha sido coto privado del Estado Comunista, ¿comunista u oportunista?, debe ser incluido el pueblo, teniendo como concepto de pueblo no a aquellos que han sido clasificados como tal por el gobierno “los revolucionarios fidelistas”, sino que pueblo cubano incluye a todo aquel que haya nacido en tierra cubana, y quizás, debido a nuestra inmensa diáspora, podrían serlo también los hijos de los exiliados.

Militando en cualquier ideología, en cualquier partido, tendría el pueblo cubano que acudir a las urnas y no sólo votar por un presidente, sino también por una asamblea legislativa, que cree, con leyes justas, la paz social como condición del desarrollo de la persona; paz que permitiría la libre realización de los seres humanos, en la cual Guillermo Fariñas, por ejemplo, un negro cubano con la valentía de aquellos generales de color de las guerras de independencia, podría ser diputado o congresista, expresar libremente su oposición al gobierno de turno y no estar, como estuvo, en el momento en que escribía yo estas líneas, muriendo en una huelga de hambre por el sólo hecho de que pide justicia para nuestra patria.

Cada día, como Zapata y Fariñas, el pueblo cubano se subleva más contra el carcelero interior, y desea actuar sin ser reprimido. Para ello necesita de leyes que le garanticen un contexto social de paz y libertad.

Se podría expresar, como si fuera una fórmula, la conexión entre libertad, derecho y estado: la libertad es la condición del derecho, el derecho es una condición de su desarrollo; el derecho es garantizado a través del monopolio de la violencia por parte del estado, pero el estado está simultáneamente sujeto al derecho de manera tal que en ello se muestra como condición necesaria de la libertad; la libertad, es, a su vez, criterio para la conformación del estado.

En el caso cubano, lo que sucede con el estado encabezado por Raúl Castro es que no está bajo derecho, sino por encima del derecho. Raúl, títere de un Fidel revitalizado, actúa como senescal del rey, se niega a que el pueblo elija sus leyes, se las dicta, las deroga, las vuelve a poner, hace lo que le viene en gana; se niega a reconocer Raül y sus allegados el derecho del pueblo cubano al ejercicio de la autodeterminación sobre el terreno de las leyes: libertad electoral y de decisión, libertad de conformación de la propia vida a fin de realizar el propio afán de felicidad y sentido.

¿Qué sentido puede haber en la vida del cubano si no es libre? ¿Si no puede darle a su país las leyes mediante el voto? ¿Si tampoco puede elegir sus “leyes personales”? La autonomía es el principio fundamental de un ser libre, el principio fundamental de la persona. Signa no sólo la esfera político-estatal, sino también de la moralidad en tanto autodeterminación como  ley moral dada a uno mismo, es decir, a través de la razón.

La razón nos hace seres humanos. Qué terrible que todavía, después de más de medio siglo de dictadura, millones de cubanos tengan que vivir una doble moral, cuidándose de lo que diga de él la vieja achacosa o el panzón envidioso que en ese momento sea el presidente del CDR, en lugar de actuar según le dicte su propia análisis de la realidad. ¿Renunciar a la razón no es acaso renunciar a la condición humana? ¿Nos ha inyectado a todos una fuerte dosis de animalidad y bajeza, la dictadura castrista? Si, y el regreso a ser personas nos está costando la muerte y el martirio, como el caso de Orlando Zapata, y como casi le sucede a Guillermo Fariñas, especie de Mahatma Gandhi cubano.

El estado cubano no debe de proteger sus mezquinos intereses, su propiedad de la mayoría de las empresas de nuestra patria, su poder ilimitado; sino que la protección del estado, según emanó de la Revolución Francesa y de la Independencia de los Estados Unidos de América,  se refiere a un ser que posee dignidad: la autonomía es la base de la dignidad de la persona. El concepto de dignidad, en el sentido kantiano, puede esbozarse brevemente de la siguiente manera: lo que tiene dignidad no tiene precio, no existe para él ningún equivalente. Posee más bien un valor absolutamente incomparable, y que hasta el momento, en la historia de la humanidad, sólo se ha podido garantizar en aquellos países que han alcanzado el Estado de Derecho.

Quisiera imaginar un verdadero Estado de Derecho en Cuba. Para ello haría un vuelo fantasioso sobre la extinta UMAP y sobre las actuales pocilgas-cárceles, y tomaría a cada disidente, a cada marginado, a cada discriminado insultado y maltratado, y lo sentaría en un nuevo órgano legislativo. Una asamblea donde debería  estar representada la voluntad general. De esta manera los derechos humanos, la división de poderes y la representación democrática se convertirían en una unidad institucional que constituye el núcleo del estado democrático constitucional.

Podemos decir, por ejemplo, que en Cuba ya no hay campos de concentración para religiosos y disidentes, pero esto es tan solo “la tolerancia de la monarquía castrista”, no es un Estado de Derecho que garantice los derechos humanos.

Contrario a la tolerancia, el derecho humano, en cambio, pretende convertirse en un derecho jurídico de vigencia plena que se corresponde con el deber de respetarlo por parte de quien detenta el poder. Si es conferido jurídicamente, su vigencia no depende de consideraciones políticas de oportunidad, rige permanente y confiablemente. Allí donde sólo se otorgan tolerancias a la persona, se tiene que tomar siempre en cuenta la posibilidad de que sean derogadas o limitadas, VIVE EN UNA SITUACIÒN DE TEMOR.

Sólo allí donde en lugar de la tolerancia aparece la situación jurídica en la que los derechos humanos están institucionalmente garantizados, la persona puede caminar erguida y goza de la seguridad de que el detentador del poder no puede ni podrá doblegarlo en el ejercicio de estos derechos.

Muchos pobres de América Latina, (y también ricos) engañados por los populistas, han aceptado un gobierno como el de Castro o Chávez, en detrimento de sus derechos humanos y del Estado de Derecho. Quizás el individuo pueda explicar esta aceptación del absolutismo con todo tipo de razones. Por ejemplo que el gobernante lucha contra enemigos que también son los suyos, o que es un líder genial que sabe lo que está haciendo, o que se avanza social o económicamente.

Sin embargo lo que se expresa en la renuncia a la autodeterminación democrática no es la naturaleza racional de la persona, sino la irrupción de la naturaleza animal y la renuncia a la dignidad de caminar erguido.

El cubano Orlando Zapata Tamayo se libero del miedo interno, no renunció a su racionalidad y a su derecho a caminar erguido, y convirtió su valor en política.

Quería la democracia para Cuba, ahora ya muerto, no podrán acusarlo de estar al servicio de ningún imperio Yanqui, ni de ser de la tan cacareada “mafia cubana de Miami”, engendro inexistente, que la gerontocracia de la Isla ha creado para justificar los crímenes que comete dentro de nuestro país.

Orlando fue un hombre pobre, sin otra arma que una conciencia liberada y la voluntad de caminar y morir con la frente en alto  ante la horda de asesinos que lo torturaron y lo condujeron a la muerte.

Cuba necesita transitar al Estado de Derecho, el pueblo necesita ser escuchado y darse a si mismo las leyes. Los primeros que tienen que propiciarlo son quienes ahora se encuentran en el poder, y, por su parte, la oposición deberá considerar los indultos y la reconciliación, como se hizo en Chile, para que los que ahora determinan desde el gobierno la marcha del país puedan emprender las reformas necesarias sin miedo alguno.

06
Ene
11

CAMBIOS EN CUBA: POCOS, LIMITADOS Y TARDIOS (PARTE XXII)

Antiguo Taller de Maquinas de un central desarticulado en Cuba. Foto: Alberto Hernández

 

¨Un sistema opresor no puede ser reformado. Debe ser totalmente abandonado¨
Nelson Mandela

La política industrial y energética es tratada en el Capítulo VIII del proyecto de Lineamientos, en los Puntos del 197 al 221 el primer aspecto y del 222 al 234 el segundo. Precisamente en la industria se refleja con mayor fuerza el proceso de descapitalización generalizado en Cuba desde principios de la década de 1990. Por ello se requiere con urgencia su modernización y reequipamiento para poder detener la tendencia al actual atraso tecnológico, e incluso la paralización del sector.
Según los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), el Índice del Volumen Físico de la industria por el origen de los productos muestra que tomando el año 1989=100 se alcanzó en 2009 una producción correspondiente al 44,9% del año base, incluida la industria azucarera. Si se excluyera esta industria, el indicador sería del 50,6%. Prácticamente todas las producciones, con excepción de las farmacéutica, muebles y bebida, están distantes de los niveles de 1989. La fabricación de textiles representa el 7,8% y la de prendas de vestir el 23,2% de lo obtenido entonces.
En la elaboración de productos alimenticios se llegó 67,1%, mientras en la industria de materiales de construcción sólo se obtuvo el 26,8% del volumen de 1989. El cemento producido ese año alcanzó 3,8 millones de toneladas, pero en 2009 únicamente 1,6 millón de toneladas. Similar panorama se aprecia en insumos esenciales para la construcción como ladrillos de barro, bloques de hormigón, baldosas de terrazo, cabillas corrugadas y otros. Situación que está afectando seriamente el sector de la construcción y el mantenimiento de las edificaciones y obras de infraestructura en todo el país. Lógicamente un análisis que contemplara la producción industrial por habitante entre 1989 -2009 daría indicadores mucho peores.
En cuanto a la industria azucarera, la zafra 2008-2009 fue de 1,38 millón de toneladas, base 96 grados de polarización, mientras la zafra 1989-1990 había alcanzado a 8,04 millones. La zafra 2009-2010 ha sido la peor en 100 años, realidad reconocida por el gobierno, y aunque no se han dado las cifras oficiales, se estima que difícilmente haya sobrepasado el 1,1 millón de toneladas. El gobierno anunció que la producción de azúcar de la zafra 2010-2011 será aún peor, debido a la carencia de caña.
La desastrosa situación imperante en el sector industrial determina que muchos productos que se podrían elaborar en Cuba, se tengan que importar. Por ello se elevan las enormes tensiones existentes en el sector externo de la economía. Paralelamente, al carecerse de poder de compra suficiente, escasean grandemente los insumos requeridos por la industria, al tiempo de que no hay recursos financieros para realizar las urgentes inversiones necesarias a fin de detener el continuado proceso de descapitalización, creándose un asfixiante círculo vicioso que se podría romper mediante cambios radicales que liberen las fuerzas productivas en este sector, así como en el resto de la economía.
Desafortunadamente, los cambios no se avizoran. En el proyecto de Lineamientos sólo se expresan generalidades y aspiraciones al desarrollo industrial, sin brindar las claves de cómo esto pudiera materializarse. Se habla en muchos de los puntos del documento acerca de ejecutar proyectos e inversiones, de potenciar capacidades de diseño y proyección, y fortalecer determinadas capacidades, pero no se define como hacerlo ni como financiarlo.
Paralelamente, a pesar de la gravedad de la situación, se mantienen los viejos esquemas de pensamiento que tanto daño han hecho. Prevalecen las desgastadas tesis de evitar la concentración de propiedad, con lo cual se bloquea a las personas emprendedoras, que con su trabajo esforzado podrían desplegar iniciativas exitosas en beneficio propio y de toda la sociedad mediante el pago de impuestos. Se continúa defendiendo las concepciones estatistas con empresas irrentables e improductivas en su inmensa mayoría, que no son fuente de riqueza para la sociedad, sino vertederos de subvenciones y focos de engaños, corrupción y anarquía.
Ejemplo de esos errados propósitos se encuentra en las palabras de Lina Pedraza, ministra de Finanzas y Precios, persona aparentemente preparada técnicamente, pero victima de caducos conceptos, al señalar en la pasada Sesión de la Asamblea Nacional que “el sistema impositivo debe regular y desestimular la concentración de la propiedad…Hemos propuesto vías financieras para regular que no exista concentración de la propiedad…para que no exista concentración de la riqueza”. Al parecer la señora ministra desea que Cuba continúe empobreciéndose, que falten los recursos hasta para financiar la educación, la salud y otras actividades esenciales para la vida del pueblo, pero que perviva el totalitarismo, los dogmas y la ineficiencia.
Por esa vía lejos de aumentar la confianza en el país y promover la inversión extranjera, se continuará alejándola. Una segura receta para que la economía prosiga hundiéndose en la bancarrota. Es tiempo de realizar cambios radicales y desechar un modelo que ha arruinado Cuba. No se trata en modo alguno de implantar una política neoliberal, sino de crear un equilibrio entre la propiedad pública y la propiedad privada, en un marco regulador, que promueva la laboriosidad y garantice la justicia social y el derecho de los trabajadores a defender sus intereses, mediante organizaciones independientes del tutelaje estatal.
Cuba posee importantes potencialidades para explotar en el sector industrial y en el resto de la economía. No obstante, son indispensables recursos. Lamentablemente el país no pertenece a ningún organismo internacional de crédito, como el FMI, el Banco Mundial, el Banco de Reconstrucción y Fomento. Resulta indispensable resolverlo, así como restaurar la confianza internacional, pero ello sólo podrá lograrse a través de reformas radicales que ofrezcan seguridad a potenciales inversionistas.
Debe existir coraje para implementar medidas de significativa envergadura, como la venta de acciones de empresas nacionales a extranjeros y cubanos residentes en el exterior con las correspondientes garantías. Podría ser una fuente de recursos para la modernización y progreso del sector industrial, que también requerirá una adecuada legislación y la flexibilización de la política exterior cubana. La venta de acciones de empresas e incluso la creación de una bolsa de valores en Cuba no sería una novedad, puesto que hasta en China se ha desarrollado con resultados positivos que ha coadyuvado a la necesaria acumulación de capitales para la reconstrucción de la industria y el resto de la economía. Por supuesto, también los cubanos dentro del archipiélago deberán tener participación preferencial en estas iniciativas.
La situación de la industria cubana es sumamente grave. Necesita decisiones trascendentales y urgentes. La demora puede llevar a un punto sin retorno.
Continuará…
La Habana, 5 de enero de 2011.
Oscar Espinosa Chepe
Economista y Periodista Independiente
http://www.reconciliacioncubana.com

04
Ene
11

Buscando el aire de Cuba

Monte de las banderas, en La Habana. Foto: Alberto Hernández

 

Por Boris González Arenas

Ved, ved cómo desde el suelo

alza magnífica el vuelo

buscando el aire de Cuba.

“A una palma”
Luis R. Nogueras

Con la libertad no se juega. Pensamos toda la vida en el peligro de perderla, de que una vez perdida sea imposible rescatarla. Tantas ideologías vienen en auxilio de las censuras ¡Es tan fácil forrar el crimen con el sentimiento de necesidad!

Pero la libertad es como la palma y hasta los tiranos sin aire se asfixian.

Mi país es un tema de máximo interés. De un lado estamos nosotros, para quienes el interés va de la mano de la urgencia y de otro los extranjeros, que por la razón que sea, padecen con nosotros.

Los análisis sobre Cuba se han precipitado en los últimos años, desde que la dirigencia de Raúl Castro centrara retóricamente lo que hace mucho es corriente en las estrategias vitales del cubano: el cambio.

Entre esos análisis recientes he conocido uno escrito por Guillermo Almeyra. “Cuba: un documento peligroso y contradictorio” es su título y según dice el mismo documento, es la tercera parte de una reflexión sobre el “Proyecto de lineamientos de la política económica y social”, que recientemente ha hecho circular el estado cubano sin que muchos sepamos si es para informar o para confundir. Pero eso ya lo dice el señor Almeyra cuando lo califica de contradictorio.

Sobre la calificación de “peligroso”, el señor Almeyra dedica su artículo a describir porqué lo considera tal. Extremadamente crítico y respetable, el artículo señala la incomprensible comprobación de que cambios estructurales de gran importancia sean hechos por el estado al margen de la sociedad y del partido comunista, delegándoles a los que deberían ser fuente del análisis social, el pobre papel de receptores. El autor utiliza la teoría leninista para recordarnos que el estado responde a intereses de clase a los que debe excesos al margen de la sociedad a la que administra. La sociedad administrada debería estar provista, entonces, de efectivos mecanismos de control que empantanen las exuberancias que le son propios al estado.

Señala también el autor la desvergonzada actitud de tomar distancia de las políticas sociales que tendían a atenuar los desniveles ciudadanos, como si estas fueran errores del pasado. Actitud que ha contribuido a profundizar la desesperanza y la frustración.

Los privilegios infamantes de militares, las gorduras soeces de burócratas, la prepotencia de un Raúl esquizoide y campechano, nada de ello escapa, aunque con otras palabras igualmente duras, a la crítica de Almeyra.

Ahora, cuando una caterva de gobernantes seniles tiene que enfrentar las consecuencias de su autoextinción, es cuando aparecen como imprescindibles medidas extenuantes para una ciudadanía famélica, sin reconocer, sin siquiera esbozar una severa critica hacia sí mismos, aquellos que han dirigido de forma autocrática y cruel la sociedad que padece.

Eso dice Almeyra, con las palabras que sean y con las referencias teóricas que sean y por ello merece todo mi respeto.

Mis discrepancias son en puntos nada principales, pero que quiero sin embargo dejar constancia de ellos.

En su escrito el autor desconoce que en Cuba no se realizan congresos partidistas hace más de diez años, que en ellos la unanimidad fue la norma y que con ellos tejió Fidel el abrigo de muchas traiciones.

Hay cierta intención de encontrar novedosos los procedimientos autoritarios cubanos, o al menos su agravamiento, señala Almeyra que en el documento circulado la palabra trabajador no se menciona. No me parece que al cubano corriente le esté afectando de modo particular esta omisión, ya sea porque tiene cosas mucho más graves en qué pensar o, y es lo que creo, porque la palabra trabajador hace muchas décadas dejó de tener cualquier significación para una ciudadanía acostumbrada a sobrevivir al margen de trabajos mal pagados y desestimulantes.

Hay otros puntos en los que disiento de Almeyra, ya más al margen de mi convergencia con su profunda crítica y que demuestran que el debate ideológico no es una confrontación de fatuidades. Se refiere, al principio de su artículo, a “los enemigos del proceso revolucionario”, tono excesivamente confrontador, que además pretende sostener el viejo antagonismo entre revolucionarios y contrarrevolucionarios, en un país donde lo más urgente es la vida frente a la irresponsabilidad criminal del castrismo. Las alarmantes tasas de decrecimiento demográfico, el deterioro de la dignidad ciudadana, la disposición a la emigración y la falta de compromiso, serán el legado más auténtico de Fidel Castro, principal amenaza para una Cuba cuya extinción nada tiene de simbólica.

Cuando afirma más tarde que en el Mariel terminó de irse la burguesía cubana… en realidad aquí no tengo palabras. Llamar burguesía cubana a las decenas de miles de cubanos que salían desesperados de una década enloquecedora y hambrienta (pues no encuentro muchas más palabras para los setenta en Cuba), acompañados de activistas políticos que fueron convidados a trocar cárceles desesperantes por el exilio, presidiarios comunes que recibieron pases para que aprovecharan y se fueran junto con enfermos psiquiátricos, gays, cubanos y cubanas alternativos, llamar a eso “la burguesía cubana”, hoy que sabemos que ya en esa misma época la élite del castrismo y su ejército disfrutaban de privilegios insospechados es, simplemente y a mi juicio, una irresponsabilidad injustificable.

Magnífica sin embargo esta entrega de Almeyra. Sin todas las izquierdas dispuestas a producir intelectualmente en una Cuba de inminente advenimiento democrático, donde las palmas de la libertad ya alcanzan algo más que el retoño, el terreno podría quedar libre para las acechanzas de perversiones futuras.

Boris González Arenas

20 de diciembre de 2010

Nota: Este artículo es el primero de un ensayo en tres partes en los que Boris polemiza, a partir de tres publicaciones que hurgan el tema cubano, sobre la situación real de la política en Cuba.




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