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CAMBIOS EN CUBA: POCOS, LIMITADOS Y TARDIOS (PARTE XXII)

Antiguo Taller de Maquinas de un central desarticulado en Cuba. Foto: Alberto Hernández

 

¨Un sistema opresor no puede ser reformado. Debe ser totalmente abandonado¨
Nelson Mandela

La política industrial y energética es tratada en el Capítulo VIII del proyecto de Lineamientos, en los Puntos del 197 al 221 el primer aspecto y del 222 al 234 el segundo. Precisamente en la industria se refleja con mayor fuerza el proceso de descapitalización generalizado en Cuba desde principios de la década de 1990. Por ello se requiere con urgencia su modernización y reequipamiento para poder detener la tendencia al actual atraso tecnológico, e incluso la paralización del sector.
Según los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), el Índice del Volumen Físico de la industria por el origen de los productos muestra que tomando el año 1989=100 se alcanzó en 2009 una producción correspondiente al 44,9% del año base, incluida la industria azucarera. Si se excluyera esta industria, el indicador sería del 50,6%. Prácticamente todas las producciones, con excepción de las farmacéutica, muebles y bebida, están distantes de los niveles de 1989. La fabricación de textiles representa el 7,8% y la de prendas de vestir el 23,2% de lo obtenido entonces.
En la elaboración de productos alimenticios se llegó 67,1%, mientras en la industria de materiales de construcción sólo se obtuvo el 26,8% del volumen de 1989. El cemento producido ese año alcanzó 3,8 millones de toneladas, pero en 2009 únicamente 1,6 millón de toneladas. Similar panorama se aprecia en insumos esenciales para la construcción como ladrillos de barro, bloques de hormigón, baldosas de terrazo, cabillas corrugadas y otros. Situación que está afectando seriamente el sector de la construcción y el mantenimiento de las edificaciones y obras de infraestructura en todo el país. Lógicamente un análisis que contemplara la producción industrial por habitante entre 1989 -2009 daría indicadores mucho peores.
En cuanto a la industria azucarera, la zafra 2008-2009 fue de 1,38 millón de toneladas, base 96 grados de polarización, mientras la zafra 1989-1990 había alcanzado a 8,04 millones. La zafra 2009-2010 ha sido la peor en 100 años, realidad reconocida por el gobierno, y aunque no se han dado las cifras oficiales, se estima que difícilmente haya sobrepasado el 1,1 millón de toneladas. El gobierno anunció que la producción de azúcar de la zafra 2010-2011 será aún peor, debido a la carencia de caña.
La desastrosa situación imperante en el sector industrial determina que muchos productos que se podrían elaborar en Cuba, se tengan que importar. Por ello se elevan las enormes tensiones existentes en el sector externo de la economía. Paralelamente, al carecerse de poder de compra suficiente, escasean grandemente los insumos requeridos por la industria, al tiempo de que no hay recursos financieros para realizar las urgentes inversiones necesarias a fin de detener el continuado proceso de descapitalización, creándose un asfixiante círculo vicioso que se podría romper mediante cambios radicales que liberen las fuerzas productivas en este sector, así como en el resto de la economía.
Desafortunadamente, los cambios no se avizoran. En el proyecto de Lineamientos sólo se expresan generalidades y aspiraciones al desarrollo industrial, sin brindar las claves de cómo esto pudiera materializarse. Se habla en muchos de los puntos del documento acerca de ejecutar proyectos e inversiones, de potenciar capacidades de diseño y proyección, y fortalecer determinadas capacidades, pero no se define como hacerlo ni como financiarlo.
Paralelamente, a pesar de la gravedad de la situación, se mantienen los viejos esquemas de pensamiento que tanto daño han hecho. Prevalecen las desgastadas tesis de evitar la concentración de propiedad, con lo cual se bloquea a las personas emprendedoras, que con su trabajo esforzado podrían desplegar iniciativas exitosas en beneficio propio y de toda la sociedad mediante el pago de impuestos. Se continúa defendiendo las concepciones estatistas con empresas irrentables e improductivas en su inmensa mayoría, que no son fuente de riqueza para la sociedad, sino vertederos de subvenciones y focos de engaños, corrupción y anarquía.
Ejemplo de esos errados propósitos se encuentra en las palabras de Lina Pedraza, ministra de Finanzas y Precios, persona aparentemente preparada técnicamente, pero victima de caducos conceptos, al señalar en la pasada Sesión de la Asamblea Nacional que “el sistema impositivo debe regular y desestimular la concentración de la propiedad…Hemos propuesto vías financieras para regular que no exista concentración de la propiedad…para que no exista concentración de la riqueza”. Al parecer la señora ministra desea que Cuba continúe empobreciéndose, que falten los recursos hasta para financiar la educación, la salud y otras actividades esenciales para la vida del pueblo, pero que perviva el totalitarismo, los dogmas y la ineficiencia.
Por esa vía lejos de aumentar la confianza en el país y promover la inversión extranjera, se continuará alejándola. Una segura receta para que la economía prosiga hundiéndose en la bancarrota. Es tiempo de realizar cambios radicales y desechar un modelo que ha arruinado Cuba. No se trata en modo alguno de implantar una política neoliberal, sino de crear un equilibrio entre la propiedad pública y la propiedad privada, en un marco regulador, que promueva la laboriosidad y garantice la justicia social y el derecho de los trabajadores a defender sus intereses, mediante organizaciones independientes del tutelaje estatal.
Cuba posee importantes potencialidades para explotar en el sector industrial y en el resto de la economía. No obstante, son indispensables recursos. Lamentablemente el país no pertenece a ningún organismo internacional de crédito, como el FMI, el Banco Mundial, el Banco de Reconstrucción y Fomento. Resulta indispensable resolverlo, así como restaurar la confianza internacional, pero ello sólo podrá lograrse a través de reformas radicales que ofrezcan seguridad a potenciales inversionistas.
Debe existir coraje para implementar medidas de significativa envergadura, como la venta de acciones de empresas nacionales a extranjeros y cubanos residentes en el exterior con las correspondientes garantías. Podría ser una fuente de recursos para la modernización y progreso del sector industrial, que también requerirá una adecuada legislación y la flexibilización de la política exterior cubana. La venta de acciones de empresas e incluso la creación de una bolsa de valores en Cuba no sería una novedad, puesto que hasta en China se ha desarrollado con resultados positivos que ha coadyuvado a la necesaria acumulación de capitales para la reconstrucción de la industria y el resto de la economía. Por supuesto, también los cubanos dentro del archipiélago deberán tener participación preferencial en estas iniciativas.
La situación de la industria cubana es sumamente grave. Necesita decisiones trascendentales y urgentes. La demora puede llevar a un punto sin retorno.
Continuará…
La Habana, 5 de enero de 2011.
Oscar Espinosa Chepe
Economista y Periodista Independiente
http://www.reconciliacioncubana.com

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