Archivo para 31 agosto 2011

31
Ago
11

EL SENTIMIENTO DE CULPA

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El sentimiento de culpa es una pesada carga que mortifica a muchas personas por sucesos pasados que las hace sentir tristes, molestas y abatidas por algo que hicieron o se dejaron de hacer o por algo que dijeron y no se deberían haber dicho.

Todos los seres humanos con uso de razón, han experimentado en mayor o menor grado, sentimientos de culpabilidad los cuales muchas veces, se guardan dentro del corazón porque un falso orgullo que esclaviza, impide admitirlos. Lo mejor que se puede hacer para quitar la angustia que agobia, es buscar a la persona ofendida, admitir el error y pedirle perdón. Es algo muy difícil que requiere valor y humildad, pero efectivo.

Cada persona es un universo individual, pero nadie es igual a otro, ni siquiera dos hermanos gemelos que se criaron en el mismo medio ambiente son idénticos, algunas veces, ni siquiera parecidos. Por lo tanto, no todos sienten con igual intensidad la culpabilidad de determinada acción.

Ciertas veces, el sentirse culpable se manifiesta con el arrepentimiento, un sentimiento que a veces es tan fuerte, que puede conducir hasta al suicidio.

Si no se puede remediar un mal, lo mejor es no castigarse a sí mismo pensando en el error y no volverlo a cometer.
Don Ramón de Campoamor dijo: “No se echa atrás un río ni vuelve a ser presente lo pasado”.

No es justo vivir atormentado por asuntos que quedaron sepultados en el pasado.

La regla de oro para evitar sufrir en el futuro el sentimiento de culpa, es muy sencilla: No hacer a los demás lo que no deseamos que nos hagan.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

30
Ago
11

EL COMPLEJO DE SUPERIORIDAD

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“No es raro ver gente que al llegar a otro país en el cual se habla otro idioma, donde ven a sus habitantes de piel más clara, cabello rubio y ojos azules o verdes como seres superiores”

 

El complejo de superioridad no existe, es tan sólo un disfraz con el que se cubre un alma mezquina.
Desafortunadamente, las personas que padecen el llamado complejo de superioridad son numerosas. Son seres miserables e infelices. Por lo general, envidiosos que viven una existencia llena de apariencias.
No es raro ver gente que al llegar a otro país en el cual se habla otro idioma, donde ven a sus habitantes de piel más clara, cabello rubio y ojos azules o verdes como seres superiores. Después de aprender unas cuantas palabras en el nuevo idioma, se hacen teñir el cabello y se colocan lentes de contacto de colores claros, ya no quieren pronunciar ni una sola palabra en su idioma natal, aunque tengan un acento más grande que una catedral.
Su terrible complejo de inferioridad, disfrazado con el de superioridad, hace que se sientan avergonzados de sus raíces, y por lo tanto, de sus progenitores.
Muchos empleados públicos que han logrado llegar a determinada posición a base de suerte, intrigas o adulaciones, se creen superiores a las personas que tienen que usar sus servicios. Casi ni siquiera contestan el saludo ni son capaces de mirar de frente a quienes le dirigen la palabra. Cuando hablan, lo hacen con monosílabos y como dando órdenes. Cuando estos individuos tienen a otros empleados bajo su cargo, gozan humillándolos, pero como les encanta ser halagados, tienen también sus preferidos, los hipócritas, aquellos le ofrecen la falsa miel de la adulación. Estas personas, cuando asisten a una reunión y tocan temas que desconocen, se sienten acorralados y agachan la cabeza, no en señal de humildad, sino de impotencia. Sudan, tiemblan, se sienten como hormigas, incapaces de abrir la boca y los minutos les parecen eternos.
La humildad no es sumisión, ni el abuso de poder, superioridad humana.
Por último, un consejo para las damas. Las bellas mujeres de piel canela lucen muy mal con el cabello rubio, deberían fijarse en que la mayoría de las reinas de belleza que han ganado el concurso de belleza universal, han sido en su mayoría, de cabello oscuro.
Ni todas las rubias son lindas, ni todas las morenas feas.
José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

30
Ago
11

LA ENVIDIA, EL CÁNCER DEL ALMA

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Fuente de  la imagen: iberoamericana-covarrubias.com

 

 

 

La envidia es un sentimiento muy común y de no ser dominado, puede llegar a ser supremamente destructivo.
Napoleón Bonaparte solía decir que la envidia es un sentimiento de inferioridad.

La envidia no es un sentimiento exclusivamente de personas adultas, ella comienza a manifestarse desde los primeros años de la vida. No es raro que un niño sienta rabia hacia otro que tiene la bicicleta que él no puede poseer. Lo peligroso en este caso, es permitir sus rabietas y pataletas sin brindarle una explicación con razones lógicas que él logre comprender para que así pueda aceptar una situación que lo hará madurar. De lo contrario, crecerá con una frustración y se convertirá en un adulto envidioso y rencoroso.

Una cosa es reconocer las cualidades, el esfuerzo y el tesón de personas que han logrado objetivos, y otra muy diferente, envidiarlas.

El mayor castigo que le podemos imponer a una persona envidiosa que nos lanza venenosos dardos, es ignorarla.

El envidioso a veces se esconde detrás de una apariencia amigable y simpática demostrando por lo general, un respeto excesivo y una admiración que raya en adulación hacia los demás, pero en el fondo, es un ser que sufre con los éxitos de los ajenos y se alegra cuando fracasan.

Hay quienes, al ver que su vecino compró un auto nuevo brillante y reluciente, al menor descuido, le rayan la pintura porque la envidia los consume.
La envidia es el cáncer del alma, pero si nos proponemos y luchamos contra este terrible mal, lo venceremos.

No hay nada más satisfactorio que sentirnos satisfechos con lo que tenemos para poder disfrutar del día más importante: ¡Hoy!

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

30
Ago
11

Francisco Ferrer i Guardia y la Pedagogía Libertaria

Francisco Ferrer i Guardia / Una Vida por la Libertad

Documental emitido por el CANAL 33 (13/02/2004). Narra la vida del pedagogo y librepensador FRANCISCO FERRER I GUARDIA y la puesta en marcha de su proyecto de ESCUELA MODERNA. Un ambicioso sueño que tenía como objetivo apartar a los niños y niñas de la omnipresente “educación” religiosa y ofrecerles una enseñanza basada en la PEDAGOGIA LIBERTARIA.
Además adjuntamos a este documental, el libro “Francisco Ferrer i Guardia y la Pedagogía Libertaria” de ÁNGEL CAPPELLETTI.

VIDEO DOCUMENTAL:

Ediciones Espíritu Libertario

Santiago de Chile – América del Sur

http://www.EdicionesEspirituLibertario.cl

Email:

ediciones.espiritu.libertario@gmail.com

En Twitter:

http://twitter.com/#!/EdicLibertarias

28
Ago
11

Vida y muerte

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Efigies de La Santa Muerte, que ofrece a los practicantes de “santería” un mercado de la calle Pátzcuaro, de Michoacán de Ocampo, en México. Foto. Anuska Sampedro
 

 

 

 

Hay un tema del que nadie quiere hablar, pero el que todos debemos afrontar: la muerte.

Al nacer, todos firmamos un pacto y una cita inaplazable con ella. No obstante, hacemos planes y queremos acumular riquezas como si fuéramos a vivir eternamente, lo cual nos impide disfrutar del presente por estar pensando en el futuro.

Hay muchas sectas y religiones que aseguran tener la verdad absoluta, pero nadie en este mundo la tiene. Nadie sabe lo que en realidad pasa más allá de la muerte física. Ni los creyentes, ni los ateos.

Parece mentira, pero una de las religiones más numerosa, la Musulmana, siendo muy estricta en sus leyes, es también la más sanguinaria, la que menos respeta el valor de la mujer ni la de seres humanos que piensen diferente a ellos. Y sin embargo, dicen ser dueños de la verdad.

La Iglesia Católica, con sede en el país más pequeño del mundo -El Vaticano-, al contrario de las enseñanzas de Jesucristo, es poderosa y opulenta. El cuerpo cardenalicio no conoce la pobreza, aunque sí muchos sacerdotes que predican la fe en lugares remotos e inhóspitos, estos, a mi juicio, tienen mucho más mérito que los primeros.

La religión Protestante está fraccionada en varias y cada una tiene sus propias creencias.

Hay infinidad de sectas nuevas que aparecen de la noche a la mañana y se denominan a sí mismas como “Cristianas” -como si las grandes religiones: la Católica, la Ortodoxa y las Protestantes no lo fueran-, cuyos predicadores aseguran ser los únicos dueños de la verdad. Son expertos que engatusan a sus feligreses. Se pasean de un lado para otro, como fieras enjauladas, en sus escenarios, gesticulan, gritan, cantan, amenazan y piden dinero.

La lista de religiones y sectas es interminable, pero la pregunta es: ¿cuál de ellas tiene la verdad absoluta? ¡Ninguna!

Lo cierto es que la sed insaciable de riquezas y poder de los hombres que hace a los ricos más ricos y a los pobres más pobres, hace que vivamos en un mundo de injusticia en el que la mayoría vive en la extrema pobreza.

La mejor religión que puede practicar el hombre, no es la de asistir a los templos a agachar la cabeza en señal de falsa humildad, orar y darse golpes de pecho. La mejor religión es ser conscientes que somos entes perecederos, y que nadie, aunque fuera el poseedor de todas las riquezas del mundo, a la hora final, puede comprar un instante más de vida y que al ser conscientes de esta realidad, nos convierta en personas más solidarias con los demás seres humanos, especialmente, con los que más sufren.

Nuestras vidas tienen un límite que finaliza con el gran misterio de la muerte.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

27
Ago
11

HABRÁ SEGUNDO TOMO DE “30 CLAVES PARA ENTENDER EL PODER”: SÁNCHEZ GALICIA

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Salvador González Jaramillo expresó que las redes sociales son herramientas modernas para la política, que requieren de modelos claros y efectivos en el contenido.

* Consultores y académicos de varios países disertan sobre conceptos fundamentales de Comunicación Política; analizará temas como Movilización on line, Política simbólica, Sociedad Digital y Comunicación gubernamental entre otros

Aguascalientes, Ags., a 26 de agosto de 2011

Debido a la amplia aceptación que ha tenido el libro “30 Claves para entender el poder. Léxico de la Nueva Comunicación Política”, destacados consultores políticos y reconocidos académicos de Europa y América, ya han iniciado la redacción del segundo tomo de esta obra, explicó el coordinador de este esfuerzo editorial, Javier Sánchez Galicia, director general del Instituto de Comunicación Política (ICP).

Sánchez Galicia hizo este anuncio durante la presentación de “30 Claves para entender el poder. Léxico de la Nueva Comunicación Política” en el Aula Isóptica, del Departamento de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.

El Director General del ICP explicó que tras conocer las impresiones que diversos académicos, profesionales de la consultoría y organizaciones relacionados con la Comunicación política tuvieron de “30 Claves para entender el poder. Léxico de la Nueva Comunicación Política”, hay tres razones centrales para darle continuidad a esta obra.

Primero, que son escasos los textos que existen de esta naturaleza en Latinoamérica; en segundo lugar, cada una de las 30 Claves han provocado un debate constructivo entre especialistas y los autores siguen abiertos al análisis y a las críticas serias y, finalmente, es una contribución a la profesionalización de la Comunicación Política al abordar el uso correcto y metodológico de los conceptos y prácticas que se aplican en esta área del conocimiento.

Conceptos como Movilización on line, Política simbólica, Discurso política, Prospectiva política, Sociedad digital y Comunicación gubernamental, entre otros, se presentarán en el segundo tomo de este trabajo colectivo al finalizar este año.

En la presentación del primer tomo estuvieron presentes alumnas y alumnos de todos los semestres del Departamento de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Autónoma de Aguascalientes, encabezados por el catedrático, Dr. Adán Baca, quién participó como presentador del libro, así como por los dirigentes estudiantiles Christian Muñoz e Irving Martínez.

Adán Baca recomendó al alumnado la consulta de este texto, porque los conceptos que aborda son de gran utilidad para la academia, para el servicio público, para los cuerpos de asesores y en general para cualquiera de las áreas de desarrollo profesional.

El catedrático comentó además que la Comunicación Política en México ha tenido un desarrollo tardío, por ello, ejemplificó que en plazas como el mismo estado de Aguascalientes sólo existan dos o tres firmas consultoras de reconocidas.

En el uso de la palabra, el consultor político Galo Limón aseveró que todos tenemos una definición diferente de los conceptos que se usan en la política; y este libro, además de tener un aporte teórico, cuenta con la experiencia de los autores. Pocos comparten el conocimiento de esta manera, destacó.

En su intervención, el Dr. Fernando Díaz Montiel, coautor del libro, refirió que la Comunicación Política ha tenido una gran evolución en los últimos años, cambio que ha acentuado la diferencia entre las propuestas de la academia y las de los consultores con su experiencia en el campo de las elecciones y el gobierno, principalmente; por lo que México necesita de consultores preparados para las nuevas circunstancias.

Por su parte, Salvador González Jaramillo, coordinador académico del Instituto de Comunicación Política y también coautor de 30 Claves, señaló que estamos ante el surgimiento de una nueva era, si bien las redes sociales son herramientas modernas para la política, requiere de modelos claros y efectivos que el contenido y los mensajes en internet tengan una clara utilidad para los ciudadanos.

-o0o-

CONTACTO: Renato Consuegra
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22
Ago
11

La Declaración

 

 

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                                             Por  Mario Rivera Ortiz. Huatulco, Oax., 20.08.11.  

El 11 de agosto internet trajo la Declaración de la Red de Intelectuales y Artistas en defensa de la Humanidad, fechada en La Habana, Cuba, el 30 de julio de 2011,  en la cual se esboza un diagnóstico de la situación mundial  y se marcan los objetivos y los sujetos que deben orientar y conducir  los  movimientos sociales hacia la construcción de “nuestra querida patria de Nuestra América”.

El documento hace referencia a un escenario de ocupación total y expropiación de las riquezas de la región por las fuerzas de Estados Unidos, en el marco de una situación de “catástrofe civilizatoria”, cuya  dramática disyuntiva es de vida o muerte. También se denuncian proyectos específicos del imperialismo para ampliar dicha estrategia letal, como es el Plan Puebla Panamá y otros.

La alternativa que ofrece el programa social-pacifista esbozado en la Declaración de la Red es la democracia participativa, la defensa de los gobiernos progresistas de América del Sur, la liberación de Haití, la recuperación de la Paz mundial perdida, el derecho a ejercer la identidad propia, enfrentar la guerra mediática, oponerse a la impunidad y en resumen a la construcción de un mundo no capitalista… El documento subraya, “sin colonias ni imperios, sin esclavitud ni racismos, sin sometimiento de ninguna forma de vida.” Y luego como  pilón, el paquetazo  posmoderno del libre ejercicio de las diversidades sexuales.

¿Y cuáles deberán ser los sujetos sociales que deben conducir a la humanidad hacia las metas señaladas?

Proponen los notables que se reunieron en La Habana: los vastos movimientos populares y los gobiernos revolucionarios y progresistas que han aparecido en el Norte de África, en el Medio Oriente, el Sudeste de Asia, América Latina y el Caribe, y sus agrupamientos políticos como ALBA, UNASUR y CELAC. Los mismos notables convocan, además, a todas las organizaciones y redes de pensadores críticos, luchadores sociales y artistas comprometidos para fortalecer los esfuerzos de construcción “del nuevo mundo no capitalista que dibujan nuestros horizontes”.

Eso dice la Declaración, que en punto a claridad no deja nada que desear.

Sí, pero… ¿realmente los autores de la Declaración encontraron el nuevo lenguaje y los caminos decisivos para lograr lo que dicen anhelar? Al parecer se trata de un documento de y para intelectuales democráticos y no para los sujetos reales que pueden hacer la revolución mundial futura.

Porque la Declaración excluye un análisis serio sobre la crisis económica que hoy sacude al mundo capitalista y no dice palabra sobre sus posibles consecuencias en el campo de la lucha de clases; oculta el sujeto histórico llamado a conducir la nueva revolución mundial y omite cualquier propuesta concreta que pudiera afectar al capital y/o al férreo aparato burocrático que lo administra. ¿Se trata de omisiones casuales? No lo parece. Por consiguiente no contiene nada que sea digno del apoyo de la clase trabajadora del siglo XXI, sobre todo, donde ahora la confrontación  entre burgueses y proletarios es directa, o bien donde ya se ha consumado, por diferentes vías, la revolución democrática burguesa, como México, Brasil, Chile y Argentina y en Cuba un intento aún no concluido de revolución socialista. Los  redactores de la Declaración ignoran que el “pueblo” de ahora no es el mismo de hace un siglo, ni es igual en todas partes; menos aceptan que ahora, su masa mayoritaria es de trabajadores asalariados explotados, directa o indirectamente por el capital

Tampoco parecen entender que las contradicciones de clase son ahora más fuertes y evidentes en Europa y en los EEUU, ni que la lucha de clases es ahora allí  más extensa y violenta que en ninguna otra parte, por lo que muy probablemente la nueva gran revolución social ya se esté instalando allí, sin darnos cuenta, pese a que dichos países hayan sido hasta ahora la fortaleza invicta y el ejército de  reserva de la contrarrevolución mundial. En tanto que en los países tercermundistas más atrasados, a lo sumo, sólo se han generado, durante la última década, movimientos nacional-reformistas y democráticos, con retórica socialista.

No obstante, la social-mediocracia intelectual progress de América Latina y el Caribe sigue soñándose como conductora infalible y eterna de las luchas sociales de la región, pese a su historial de errores, fracasos y traiciones;  en ella no existe aún la conciencia autocrítica sobre su incapacidad actual para conducir cualquier movimiento revolucionario y mucho menos el convencimiento sobre la necesidad de aliarse, como fuerza subordinada, al movimiento obrero  en la tarea histórica de derribar la vieja sociedad capitalista y dar un nuevo paso adelante en la construcción del socialismo. La intelectualidad progress y sus partidos políticos se hayan mortalmente infectados de la enfermedad parlamentaria, e irremediablemente se pudren en el oportunismo.

Pero el pecado capital de los redactores de la Declaración social-pacifista de La Habana, no sólo estriba en no mencionar la clase trabajadora ni referir la lucha de clases, sino en no comprenderlas en absoluto, y al no considerarlas dentro de la política real de la sociedad latinoamericana y mundial de la actualidad, caen en sueños humanistas y pacifistas inocentes que los convierten en utópicos y reaccionarios, al obstaculizar la lucha del nuevo proletariado por su emancipación definitiva. Su lema táctico es “el movimiento lo es todo, el objetivo final nada”.

Por otra parte, en Latinoamérica hoy en día casi todos los sectores de la sociedad atraviesan por una fase de desintegración económica, moral e intelectual  y “las izquierdas” tradicionales y algunas del siglo XXI, aunque se llamen “socialistas”, han degenerado en un conjunto de sectas electoreras podridas y bloques geográficos nacionalistas burgueses. Se trata de una región donde las clases medias se resisten a reconocer su caducidad histórica y quieren salvarse a base de demagogia, vendiendo al vecino, al son del pacifismo pequeñoburgués…

Las diversas corrientes sociales de la auténtica izquierda revolucionaria del mundo tarde o temprano se unificarán por sí mismas, no debe caber duda, pero al derredor de un programa proletario internacionalista y lejos de cualquier caudillaje clasemediero. La izquierda proletaria revolucionaria del presente y del futuro no requiere como guía a la chusma literaria democrático-burguesa tradicional. Aprende a representarse y gobernarse por  sí misma.

Todo ello ha motivado a los movimientos sociales contemporáneos a inventar nuevas formas orgánicas de lucha extraparlamentarias, ejecutivas y legislativas al mismo tiempo, con activistas removibles en cualquier momento. Este sería el embrión orgánico y funcional del contrapoder social del futuro.

Los pueblos de ahora, no obstante, ya están cansados de escuchar discursos como el que contiene la Declaración. La historia de la modernidad registra, quizá el primero de estos infaustos documentos, suscrito por Víctor Hugo, Giuseppe Garibaldi, Miguel Bukunín y otros fundadores de la Liga de la Paz y la Libertad en Suiza, 1867, en la que demandaban la creación de los Estados Unidos de Europa, creyendo que con ello se alcanzaría el fin de las guerras y una paz perpetua.  

De todas formas, hay que admitir que la táctica es el terreno más difícil y peligroso para los políticos de todo tipo, donde suelen cometer la mayoría de sus errores. No casualmente Lenin, estudiando a Klausewitz, calificó a la táctica política y militar, como la zona límite; es decir como la franja minada que separa dos ejércitos enemigos. La aplicación de táctica revolucionaria requiere extrema firmeza, inteligencia y flexibilidad simultáneas. Es muy probable que los autores de la Declaración social-pacifista de La Habana, propongan procedimientos y caminos, táctica y estratégicamente equivocados, valdría la pena dejar a un lado la prepotencia y discutirlos. Sus buenas  intenciones no los salvarán de la culpa.


05
Ago
11

Viaje esférico: el prolongado periplo del “socialismo” de Estado a la reconversión capitalista

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Por Gustavo Rodriguez-Romero
elarteporelarte@gmail.com

 

El papel objetivo de las sectas consiste en falsificar la historia, ocultar la realidad, desviar la atención de los verdaderos problemas, sabotear la reflexión sobre las causas del triunfo capitalista, bloquear la formulación de tácticas de lucha adecuadas, impedir, en fin, el rearme teórico de los oprimidos”.

Miguel Amorós

Suele decirse, equivocadamente, que el 9 de noviembre de 1989 se produjo la “caída” del Muro de Berlín, como si aquel ominoso monumento a la estupidez autoritaria se hubiera derrumbado por la erosión, la inercia o la propia voluntad; como si todo se hubiera reducido exclusivamente a la acción del tiempo y a la baja resistencia de los materiales en cuestión. Se sabe, sin embargo, que comenzó a derribarse, minuto a minuto, martillazo tras martillazo y piedra tras piedra, por la ira y la euforia combinadas y largamente contenidas de una marea humana. Pero ese muro emblemático al que los dirigentes de la República Democrática Alemana llamaron eufemísticamente “Muro de contención antifascista”, sin perjuicio de su espectacular y vertiginosa demolición, no funciona en términos históricos más que como una oportuna condensación simbólica de procesos más densos y significativos que comenzaron antes y continuaron después de su desaparición física. Más importante y perdurable que esta demolición fue, por cierto, la implosión del bloque soviético; de aquello que en su momento se conoció bajo la engreída y orwelliana denominación de “socialismo realmente existente”. Un rápido y para muchos sorpresivo dominó echó por tierra, no sólo a las “democracias populares” de Europa Oriental en aquel año de 1989 sino también, un par de almanaques más tarde, a lo que parecía un bastión inquebrantable de la construcción de un “mundo nuevo” y la materialización por excelencia de cierta y fantasiosa legalidad histórica: la hoy extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Pero las cosas ni siquiera se quedarían allí. En el mismo año de 1991 comienza la disgregación de Yugoslavia y en el inmediato 1992 la convocatoria a elecciones abiertas en Albania terminaría con el predominio de su partido comunista; acabando así también con los dos hijos más problemáticos y más independientes de la inmediata esfera de influencia soviética. Con el paso del tiempo, en el primer semestre del 2008, la Eslovenia que alguna vez perteneciera a Yugoslavia ocuparía la presidencia rotativa de la Unión Europea[1] mientras que Albania esperaba tranquilamente junto a Croacia su turno de ingreso en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); un camino que no sería extraño que siguieran Ucrania y Georgia. El Pacto de Varsovia, luego de su desmembramiento gradual, consideró la imposibilidad de cumplir con su misión histórica defensiva en el plano bélico y selló sin pena ni gloria su inevitable y perturbada autodisolución en la reunión celebrada en Praga el 1º de julio de 1991.[2] Apenas tres días antes, el 28 de junio, el camino de la desaparición había sido ya escrupulosamente señalado por el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME o COMECON); equivalente más amplio del susodicho pacto militar, pero ahora en el campo de los intercambios económicos de los países de la órbita soviética más allá de mares y montañas. Desde un cierto y previsible punto de vista la historia parecía volverse reversible, pero desde un ángulo diferente también pudo sostenerse, con la misma ausencia de tino y fortuna, que sólo se dirigía en otra dirección igualmente inexorable y teleológica; nada de lo cual asume el comportamiento real de la flecha del tiempo ni acoge sus “caprichos”. Sea como sea –sin perjuicio de una discusión teórica y quizás también filosófica en la que no es posible incursionar ahora–, lo cierto es que aquellos años constituyeron una bisagra presentada casi cual terremoto: el mundo cambió de un plumazo su trama de relaciones interestatales de poder e impuso en forma apremiante una reflexión a fondo sobre tan cuantiosa novedad.

La situación fue distinta pero complementaria en el oriente asiático, aunque tampoco allí era posible encontrar demasiadas razones para mantener las perspectivas optimistas de antaño. En 1993, Camboya recuperaría su viejo estatuto monárquico mientras Laos –relajada ya la tutela vietnamita– acentuaba tanto el papel de las empresas privadas como su reincorporación amistosa con los países circundantes hasta llegar, en 1997, al ingreso en la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). El propio Vietnam, comenzaría la introducción de reformas de “libre mercado” en 1986 y arribaría en el 2007 incluso a la firma en condiciones humillantes de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos. En la República Popular de Mongolia –albergue en su momento de infinidad de bases militares soviéticas– el partido de estirpe leninista pierde el control del gobierno en 1990 y el país mismo se transforma en República de Mongolia a secas, luego de haber aprobado una nueva constitución en el año 1992. Mientras tanto, como es ampliamente conocido, China anticipó su proceso de reconversión capitalista a través de una política de privatizaciones, de admisión de la inversión extranjera y de apertura comercial cuyos esbozos se remontan a finales de los años 70 del siglo XX: desde entonces no ha hecho otra cosa que profundizar en ese derrotero transformándose, por obra y gracia de su portentoso crecimiento, en una potencia mucho más que regional y también, ahora gracias a una paradigmática aunque no siempre reconocida sobre-explotación de los asalariados, en un taller de económicas manufacturas para el mundo entero. Corea del Norte, por su parte, no se embarcó en el mismo proceso de reformas que sus vecinos “socialistas” y su aterrizaje ideológico se limitó a dar por evolucionado el leninismo en la forma de la ideología juche; un rapto de inspiración de su largo liderazgo unipersonal con fuertes componentes místicos, nacionalistas y militaristas.[3]

El “socialismo” estatista no mostraría mejores desempeños en latitudes distintas, incorporadas al campo correspondiente luego de haber detonado procesos propios. Muy a pesar de montañas de papel y mares de tinta consumidos en sentido contrario, también Cuba reorientaría sus pasos –previa reforma constitucional en 1992– mixturando el clásico modelo tecno-burocrático de gestión económica y control político con hospitalarios recibimientos al capital extranjero como forma de revitalización parcial de la extenuación y el marasmo en que la sumió la desaparición “desigual y combinada” del subsidio soviético y del COMECON; y, para colmo, sin que nada de ello haya producido hasta ahora resultados apreciables en la satisfacción de algunas necesidades básicas de una población cada vez más alejada de los proverbiales entusiasmo y exitismo oficiales. En Etiopía, una vez desvanecido el apoyo de la URSS y no habiendo prórrogas posibles al respaldo militar cubano, el Partido de los Trabajadores de Haile Mengistu Mariam es depuesto sin mayores lamentaciones en 1991, dando lugar así, por derivación, a la separación de Eritrea. En Angola, tras las idas y vueltas de una guerra civil interminable, se da paso finalmente, en los años más próximos, a un “gobierno de unidad nacional” que reúne a las distintas fracciones beligerantes. En Zimbabwe, el partido de Robert Mugabe abandona sus veleidades leninistas en 1991 sin por ello dejar de comportarse hasta el día de hoy como el depositario del poder por derecho divino en un país en crisis permanente. En Mozambique sí que el resultado debe entenderse como más auspicioso para la prolongada hegemonía del partido leninista local; el que, una vez transformado el país en una democracia multipartidista en 1990, ha renovado sin alternancias la confianza “ciudadana”. En otra más de tantas y tan concentradas coincidencias, se interrumpe el derrotero de construcción “socialista” en Yemen del Sur, una vez producida la fusión con Yemen del Norte, también en 1990. La situación de Afganistán fue ciertamente más dramática, deslizándose luego del retiro de las tropas soviéticas en beligerancias fratricidas que condujeron –con asesoría de la C.I.A– al gobierno teocrático de los talibanes para acabar siendo más tarde la primera víctima de la bochornosa “guerra contra el terrorismo” desatada por los Estados Unidos luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001.

En algunos casos, entonces, nos encontramos con drásticas mutaciones en el semblante y en la configuración política de los viejos Estados “socialistas” y en otros, allí donde consiguió mantenerse del modo que fuera la hegemonía de los partidos “comunistas” respectivos, lo que se produjo fue una reorientación radical en aquel modelo económico vuelto tradicional y que compaginó estatización y planificación centralizada con obstinación digna de mejor causa. Todo esto no puede menos que revelarnos el ocaso definitivo de las eventualidades gubernamentales que distinguieron al “socialismo real”; incluso a pesar de resistencias a ultranza cada vez más aisladas y cada vez más próximas al inexorable reconocimiento de su rotundo y estrepitoso fracaso. Mientras tanto, los “partidos comunistas occidentales” –manteniendo o no hasta último momento su nostálgica lealtad hacia un referente soviético en vías de extinción, afirmando o no la opción “eurocomunista” forjada desde algunos años antes– comenzaron a la velocidad del sonido un forzado reciclaje; y cuando no lo hicieron así o su cosmética no resultó demasiado convincente vieron esfumarse los electorados que había costado décadas acumular y mantener. Un maquillaje ocasionalmente exitoso fue, por ejemplo, el del Partido Comunista Italiano, que tras un largo recorrido de acercamiento a las posiciones socialdemócratas se disuelve formalmente como tal el 3 de febrero de 1991 y se transforma en el Partido Democrático de la Izquierda que, algunas mutaciones y reconversiones después, conseguirá formar parte de un gobierno de coalición. El Partido Comunista de España ya había abandonado su definición marxista-leninista a principios de los años 80 limitando su identidad original al “marxismo revolucionario” y emprende luego un proceso de fraccionamiento y decadencia que lo ha llevado a perder en las últimas elecciones peninsulares incluso aquella representación parlamentaria que fuera vigorosa alguna vez. El mismo desgaste y desfibramiento afectó también al antaño poderoso Partido Comunista Francés y, del otro lado del océano Atlántico, provocó escisiones y giros de tuerca en los Partidos Comunistas chileno y uruguayo; las dos formaciones marxista-leninistas históricamente más influyentes de toda América Latina con la excepción de Cuba.

Fue precisamente en las décadas del 50, 60 y 70 del siglo XX que todas las experiencias políticas mencionadas tuvieron una rúbrica intelectual de ascendente prestigio; sin que importe demasiado en este momento precisar las infinitas divergencias entre tales rúbricas y tampoco distinguir las elaboraciones de cierta calidad de aquellas que jamás habrían trascendido el status de los panfletos más disparatados si no hubieran contado con el sólido respaldo de una poderosísima maquinaria de amplificación y derivación ad infinitum. Desde la pionera Academia de Ciencias de la URSS en adelante se pontificó de modo incontestable a propósito de todo lo existente en textos tan celebrados como lo fueran en su momento el Manual de Economía Política o, ya en un nivel capaz de cubrir con abundancia prácticamente la historia del universo y sus inmediaciones, el Diccionario Filosófico de Mark Moisevich Rosental y Pavel Fedorovich Iudin. No quedó terreno sin abarcar y tampoco campo que no fuera barnizado con una pátina de sofisticación desde los más respetables púlpitos académicos: la sociología, la antropología, la psicología, la economía, la ciencia política, la filosofía y todo lo habido y por haber, habían sido finalmente bendecidas por una ciencia omnicomprensiva e irrefutable; una ciencia capaz de dar cuenta no sólo de la naturaleza, del hombre, del pensamiento y de la historia sino también de las “leyes” que regulaban su desenvolvimiento. Pero todo eso comenzó a ser puesto en duda casi en simultáneo con su momento de mayor esplendor, en los años 70, para continuar con su imparable deshilachamiento en los siguientes almanaques y desembocar finalmente, ya sobre fines de la década del 80, en el ominoso quiebre de su reputación y su relevancia. Lo que se puso en evidencia entonces fue que el imperio ejercido durante las décadas de gloria obedeció más a su condición de soporte de un movimiento político hegemónico sobre buena parte de la humanidad que a su mesura epistemológica propiamente dicha.[4]

Este sucinto repaso nos ha mostrado algunas líneas convergentes y nos dice que, si lo son, ello seguramente no obedece a la casualidad. En esa convergencia encontramos a:

  • partidos dominantes que pierden el poder estatal conquistado, incluso a pesar de que dicha conquista se fundamentó en una teleología irrefutable y definitiva (URSS, Europa Oriental, Mongolia, Etiopía; etc.);
  • partidos que sin perder el poder estatal conquistado introducen cambios más o menos drásticos que justifiquen su sobrevivencia hegemónica de la mano del proceso de reconversión capitalista (China, Vietnam, Cuba, Mozambique, etc.);
  • partidos que, sin haber accedido antes a un poder estatal completo, se vieron obligados a procesar drásticas mutaciones que les permitieran mantener una razonable aspiración al mismo o al menos a un régimen de coparticipación y de alternancia (Italia, Francia, España, Chile, Uruguay, etc.);
  • extendidas y lustrosas influencias intelectuales anexas a todo lo anterior y que, imposibilitadas de aportar una explicación seductora del mundo real, se desvanecen sin pena ni gloria;
  • organismos inter-estatales económicos, políticos y militares que se esfuman de golpe y porrazo al perder el sentido y el posicionamiento de los Estados que originalmente les dieron vida.

Y todo ello, por añadidura, condensado y precipitado en un tiempo extraordinariamente breve. Como es evidente por sí mismo, esto no puede ser concebido más que como la manifestación empírica de una defunción teórico-política contenida pero más profunda que ahora se hace imprescindible precisar con pelos y señales, evitando las retorcidas excusas y las urgidas respiraciones boca a boca que se le intentan practicar como si no se tratara más que de un moribundo: es, ni más ni menos, que la defunción del leninismo; la caída ya no del muro de Berlín sino del que probablemente fuera el más vasto intento de transformación planificada de la sociedad desde las alturas a lo largo de la historia. Hoy, nos guste o no y por muy reaccionario que resulte, Leningrado volvió a ser San Peterburgo, recordándonos así el drástico cambio operado. Tan lejanos como ridículos parecen aquellos tiempos en que Oskar Vogt planteara, en el entonces recién fundado Instituto del Cerebro soviético, que las neuronas piramidales de Lenin eran más largas de lo habitual. Ahora, los adeptos del culto tendrán que acostumbrarse –así sea a regañadientes– a filmes como el Good bye, Lenin que Wolfgang Becker rodara en el 2003. Y conformarse también con intervenciones como la de Guennadi Ziuganov proponiendo en Atenas, en el encuentro internacional de partidos comunistas y obreros celebrado en el 2005, la nostálgica defensa de la Plaza Roja, del Mausoleo de Vladimir Ilich y de los símbolos de la época soviética. Lo que ya no será posible, sin embargo, será trasponer a nuestro tiempo, arbitrariamente y como si nada hubiera ocurrido, una concepción teórico-política que cerró, sin ningún lugar a dudas, su ciclo histórico.

Eso lo saben los octogenarios jerarcas del Partido Comunista Cubano (PCC). De ahí la imposición de políticas anticomunistas como los denominados “Lineamientos de Política Económica y Social” del PCC y el guiño desvergonzado a los capitalistas connacionales radicados “en el exterior”. El tema de la “reconciliación nacional” vuelve a colocarse sobre el tapete político –con la bendición de un sector de la jerarquía católica– en un intento desesperado por atraer nuevas inversiones. Los anticomunistas cubanos, con el General-presidente Raúl Castro a la cabeza, vuelven la mirada a Beijing. El modelo chino es idóneo para concluir el viaje en círculo –concretando la reconversión al capitalismo privado–, sin perder el poder político absoluto. Para ello, cuentan con el incondicional apoyo de los falsos críticos socialdemócratas, quienes –reconociéndose “fuera del juego”–, se suman a la comparsa en busca de migajas políticas intentando posesionarse en la ruta a la catástrofe. Estos oportunistas abrevian el sendero de las transformaciones socio-económicas y políticas en Cuba y apuestan por las “coincidenciasy porfuturas cotas eventualmente compartidas” con el conservadurismo neo-sinarquista. Otros, irremisiblemente perdidos, hacen gala de desesperación y de su propia desorientación, suplicando –desde un difuso “socialismo libertario” – un voto de confianza por el gran artífice de las políticas anticomunistas impuestas a lo largo y ancho del archipiélago cubano.

La teoría de la Triple Representatividad de Jiang Zemin legitimó en el Partido Comunista Chino el crecimiento de la presencia empresarial y redujo la participación obrera al 10% de sus afiliados.[5] Eso también lo saben Carlos Salidrigas, Marcelino Millares y demás multimillonarios cubano-americanos, miembros del Opus Dei, agazapados en el Partido Demócrata Cristiano de Cuba. Los “buenos samaritanos” de esta cofradía se alistan para hacer negocios. Estos nuevos mercaderes, inspirados en los jugosos beneficios obtenidos –en similares circunstancias– por sus homólogos chinos, acomodan la agenda política a los intereses económicos y arrojan por la borda a sus peones del Movimiento Cristiano de Liberación, deslindándose del Proyecto Varela y de sus correligionarios. Mientras tanto, la cantidad sumada de obreros y campesinos en el parlamento cubano para enero de 2008 arrojaba un 28%, según datos aportados por la Comisión Electoral Nacional.[6]; sin embargo, se desconocen cifras que acrediten la actual representación porcentual de obreros y campesinos en las filas del Partido Comunista Cubano.

El leninismo ha perdido su capacidad de referencia al mundo real y aquellas viejas pistas que vinculaban, así fuera forzadamente, las palabras con las cosas. Extraviadas aquellas virtualidades de practicar un cierto radicalismo teórico ha sustituido el mismo sin demasiados miramientos por el mucho más cómodo tremendismo verbal; presentando ahora como hallazgos aquello que casi todo el mundo más o menos informado conoce desde mucho tiempo atrás. Hoy, son muy pocos –aunque los hay– quienes osan defender el “socialismo real” en voz alta y asumen con orgullo y autoestima su condición fósil. La mayoría de los leninistas, en cambio, han acomodado el cuerpo y descargan los rayos de su crítica sobre el “burocratismo” como el responsable de todos los males y en tanto demiurgo del apabullante fracaso. Pero lo realmente curioso es que ninguno haya tenido la ocurrencia de situar el origen más remoto del asunto en el modelo leninista de partido-Estado.

El autoritarismo, el vanguardismo, el caudillismo, el militarismo y el elitismo no pueden ser concebidos como una transición “inevitable” hacia la libertad y el socialismo: algo tan evidente por sí mismo que llama la atención y hasta parece increíble que tales cosas hayan podido ser pensadas alguna vez. A través de estas taras sólo se ratifica el sometimiento a las leyes del capital ante la ausencia de adversarios reales que imposibiliten su avance. El delirio reformista consiste en apropiarse del mundo tal cual es y limitarse a administrarlo sin demasiados complejos de culpa mientras que el delirio leninista reposa en la quimera de agenciarse un mundo que ya fue y que no puede volver a ser. Un delirio revolucionario, comunista y libertario, sólo puede consistir en la imaginación y el compromiso en torno al mundo que será y que solamente será una vez que la gente decida consciente, con su inteligencia y sus pasiones, que así debe ser, destruyendo de una vez por todas el aberrante sistema de dominación que hoy oprime en todos los confines del mundo. Sin duda: “Algún día el yunque, cansado de ser yunque, pasará a ser martillo“, como atinadamente sentenciara Bakunin.

Gustavo Rodríguez

San Luis Potosí

A 2 de agosto de 2011


[1] Eslovenia tuvo efectivamente hasta hace muy poco ese destaque presidencial pero no es el único país que, habiendo pertenecido pocos años atrás al campo “socialista”, se encuentra incorporado al día de la fecha en la Unión Europea: lo mismo ocurre con la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria, Rumania, Polonia, Lituania, Letonia y Estonia, dando por sobreentendido que lo mismo sucedió con

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ANDRÉ RESZLER / El arte y el movimiento anarquista

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Baquetas Anarquistas,No sea tan lámpara /
Museo de Arte Moderno de Bogotá,2009. Foto: J.A. Jaramillo

Enviado desde ediciones.espiritu.libertario@gmail.com


Entre los teóricos del anarquismo moderno, Piotr Kropotkin es el último en definirse sobre arte. Se dedica a reconciliar los principios de una estética libertaria que descubre en los escritos de Proudhon, Wagner y Tolstoi (¿Qué es el arte?) con la teoría más autoritaria del “mandato social”, elaborado por V. Bielinski, N. Tchernychevski, N. Dubroliubov y la escuela rusa de crítica literaria del siglo XIX. Estudia las obras de John Ruskin y William Morris sobre arte (y de ellas retiene el culto a la Edad Media, así como los elementos de una teoría federalista de la cultura). Él mismo es pintor y músico aficionado. En 1901 da en Estados Unidos una serie de conferencias sobre historia de la literatura rusa, desde los orígenes hasta ese momento. Aporta, pues, a sus reflexiones, un conocimiento profundo del arte y de la literatura, así como su pasión personal, que espera poder compartir algún día con aquellos que están excluidos todavía de los senderos de la creación artística o científica.

La educación estética de Kropotkin refleja el clima político e intelectual de su Rusia natal, por lo que su sensibilidad está casi totalmente politizada.

En En torno a una vida, relato autobiográfico que es al mismo tiempo un libro sobre la génesis del espíritu anarquista. Kropotkin indica las etapas de esa politización. Para el niño, el arte es el libre ejercicio de los dones innatos, ejercicio al cual la educación priva poco a poco de su espontaneidad. Para el adolescente, representa el pensamiento de un mundo de aventuras y descubrimientos; y después, signo de una toma de conciencia política decisiva, la invasión fuera de las restricciones sociales que lo aprisionan. En fin, para Kropotkin “comprometido”, el arte -lo imaginario- es, con la Razón revolucionaria, la base de un movimiento de rebeldía contra la opresión. Como tal, es esencialmente una práctica.

Kropotkin es probablemente el primer jefe revolucionario que plantea en términos “modernos” la cuestión del compromiso del artista. Y probablemente el único en comprender que si el compromiso ha de tener un sentido, debe estar fundado en la reciprocidad consciente de las aportaciones. Al militante, el artista aporta la garantía, la legitimación de la causa socialista. Al artista, la revolución le promete superar las dificultades para vivir y para crear. Kropotkin expresa esta idea en el llamado que dirige, en Palabras de un rebelde, a los artistas de su tiempo: “Ustedes, poetas, pintores, escultores, músicos, si han comprendido su verdadera misión y los intereses del arte en sí mismo, vengan a poner su pluma, su pincel, su buril, al servicio de la revolución”.

Si, comprometiéndose, el artista puede escapar a la esterilidad que lo amenaza, ¿de qué modo serán afectadas las vías de la creación por ese compromiso? ¿Estarán libres de toda presión exterior? O, por el contrario, ¿estarán subordinadas a las leyes de una nueva sociedad, orgullosa de sus conquistas y en consecuencia intolerante? La respuesta de Kropotkin a esta pregunta varía en función de sus visiones complementarias del futuro.

Como jefe del movimiento anarquista en Europa y teórico de un anarquismo científico, Kropotkin aborda el problema de la sociedad futura desde el ángulo de las ciencias sociales. Pero como poeta del socialismo, toma de Bakunin el culto de lo desconocido, el culto dionisíaco de lo “maravilloso” y de lo “fantástico” revolucionarios. El hombre disminuido del presente no está en condiciones de aprehender el porvenir. (Querer cercarlo por la reflexión, encerrarlo en la prisión de las teorías y los sistemas es la peor de las herejías). Pero puede, sublevándose, arrancarle algunos pequeños fragmentos.

El “príncipe del anarquismo”, que ha asociado siempre su sed de aventura al espíritu anarquista, toma este culto por su cuenta. Del arte, como de la revolución, espera ante todo la aceleración del movimiento de fuga hacia lo desconocido (la movilidad y el cambio vienen a ser ley misma de la existencia).

Nada, por lo tanto, debe limitar la evolución del arte; el camino que seguirá aún no está trazado. “Arte es en nuestro ideal sinónimo de creación; debe llevar sus investigaciones hacia delante. Pero salvo raras, muy raras, excepciones, el artista de profesión es aún demasiado ignorante, demasiado burgués para vislumbrar los nuevos horizontes”. Como la vida, como la sociedad, el arte seguirá los misteriosos caminos de una vocación que es la de la humanidad entera. El arte no tiene historia ni leyes de evolución propias. Nada más ajeno a la filosofía de Kropotkin que la gratuidad invasora del arte por el arte, y las aristocracias antisociales de las bohemias y las vanguardias artísticas. Únicamente porque forma parte de un todo unido, el arte está destinado a nuevas perfecciones, a una nueva Edad Media.

Según Kropotkin, la eclosión del arte es inseparable de la “ciudad una”. “Cuando un escultor griego cincelaba el mármol, trataba de expresar el espíritu y el corazón de la ciudad. Todas sus pasiones, todas sus tradiciones, debían quedar revividas en la obra”.

Esta imagen de la ciudad la percibe en la obra de William Morris. Afirma, con Morris, que el arte de la Edad Media era la creación del pueblo, y que la ciudad medieval llevaba en sí el sello de un arte libremente creador; toda Europa estaba salpicada de “ricas ciudades, rodeadas de espesas murallas adornadas de torres y puertas, cada una de las cuales era una obra de arte. Las catedrales, de un estilo lleno de grandeza y decoradas con abundancia, elevaban al cielo sus campanarios de una pureza de forma y una audacia de imaginación que vanamente nos esforzaríamos al alcanzar hoy día. Las artes y los oficios habían logrado un grado de perfección que en muchos aspectos no podemos alabarnos de haber superado”.

La grandeza del arte medieval, y en particular de la arquitectura, “arte social por excelencia”, proviene de la Idea que lo anima; brota de una “concepción de fraternidad y de unidad engendrada por la ciudad”. Sería erróneo atribuir el genio de la época a la imaginación de un solo hombre. Toda la ciudad contribuyó a la construcción de los edificios públicos de la Edad Media. “Una catedral, una casa comunal, simbolizaban la grandeza de un organismo en el cual cada albañil, cada cantero, era un constructor”. La Idea, la “gran idea”, es así: “Como la Acrópolis de Atenas, la catedral de una ciudad medieval se levantaba con intención de glorificar la grandeza de la ciudad victoriosa, de simbolizar la unión de artes y oficios, de expresar el orgullo de cada ciudadano en una ciudad que era su propia creación”.

Al cubrir con sus pinturas los muros de las basílicas, un Rafael, un Murillo, trabajaban por la comunidad entera. Cada uno de esos artistas “se dirigía a una multitud y de ella recibía, a cambio, la inspiración”. Hoy día, el pintor no ambiciona ya dirigirse a la comunidad. El mayor honor a que aspira es “ver su lienzo enmarcado en madera dorada y colgado en un museo”. Pero ¿qué es en el fondo un museo? Una “especie de puesto de baratillo”. Y Kropotkin recuerda la impresión que recibió contemplando en El Prado, colgados uno junto al otro, La Ascensión de Murillo y Los perros de Felipe II de Velásquez. “¡Pobre Velásquez! ¡Pobre Murillo! ¡Pobres estatuas griegas, que vivían en las acrópolis de sus ciudades y que se ahogan hoy bajo los cortinajes de paño rojo del Louvre!” En La ayuda mutua, al hablar de la Edad Media, Kropotkin vuelve una vez más a la idea del museo, que lo obsesiona: “El arte de la Edad Media, como el arte griego, no conocía esos almacenes de curiosidades que llamamos un museo o una galería nacional. Se esculpía una estatua, se fundía un bronce o se pintaba un cuadro para ser colocados en su lugar en un monumento de arte comunal. Ahí vivía, era una parte viviente del todo, y contribuía a la unidad de impresión producida por el todo”. (A partir de la misma sensibilidad, Proudhon se levantaba contra el museo como destino de las obras de arte, o bien exclamaba: “El concierto es la muerte de la música”).

Sin “idea grandiosa” es imposible arte con grandeza. El arte de la Edad Media debía su grandeza al ideal de la ciudad. El arte del porvenir se inspirará en el de la “federación”. Pues en el porvenir la sociedad será federalista. Kropotkin abandona, pues, momentáneamente, el culto de lo desconocido para esbozar un esquema proudhoniano, bakuniniano, de reconstrucción social. Prevé el establecimiento de una red universal de contratos, a nivel individual, de asociación obrera, de comuna, creando una sociedad orgánica de abajo hacia arriba. Esta sociedad, sólidamente integrada, dará vida a su arte, no de ruptura o de rebeldía, sino de asentimiento, de fe positiva.

En tiempos de rebelión, las vías múltiples del arte reflejan la diversidad de las fuerzas sociales en marcha. El arte moderno es propio de la fase declinante de la cultura burguesa. La vanguardia europea está condenada a desaparecer junto con la sociedad que combate. En el momento mismo en que numerosos poetas simbolistas se declaran anarquistas y la batalla por el verso libre se lleva a cabo en Francia bajo las banderas del anarquismo (y del patriotismo), Kropotkin no considera jamás la poesía simbolista como anarquista. No tiene nada que decir sobre la poesía de Rimbaud, de Verlaine, de Mallarmé. Si fustiga al romanticismo bajo todas sus facetas, si es enemigo declarado de las bohemias y de las torres de marfil, si ridiculiza el naturalismo de Émile Zola y a lo Zola, es por el contrario tolerante respecto de los movimientos modernistas en Rusia; en Russian Literature, habla del “talento indiscutible” de artistas como los decadentes, los impresionistas, los modernistas, víctimas recalcitrantes de la Rusia de Nicolás II en vías de desintegración.

Antes de examinar sus tesis de “agrupaciones colectivas” de creación, consideremos su concepto de la Idea, fundamento y norma de toda creación auténtica.

En las ocho conferencias que consagra en 1901, en el Lowell Institute de Boston, a la historia de la literatura rusa, Kropotkin presenta la literatura rusa del siglo XIX en función de la Idea que la anima. Se coloca conscientemente en la perspectiva de la crítica literaria rusa, de Bielinski, de Tchernychevski, que han buscado el valor estético de la obra en su “significación filosófica y social”. No puede pues al escritor que describa cómo viven los hombres, sino que muestre cómo deberían vivir; en tanto no consiga representar el universo y la vida a la luz de una gran idea unificadora, no estará a la altura de su tarea. Kropotkin acusa al naturalismo reinante (que define como “realismo”, en Palabras de un rebelde y a Zola, que en su verdadera pesadilla, porque reduce el realismo de Balzac a una “simple anatomía de la sociedad”. “Para nosotros… el realismo debe tener un trasfondo más elevado; la descripción realista (debe) ser supeditada a un fin idealista”. El escritor ruso debe inspirarse en Nikolai Mogol, que ha demostrado a sus discípulos “cómo el realismo puede subordinarse a los más altos fines, sin perder nada de su fuerza o dejar de ser representación fiel de la vida”.

Kropotkin ve al poeta más en Nekrassov que en Alexander Pushkin (“pese al niño un tanto mimado y bastante superficial que era”), más en Tolstoi que en Dostoievski. Tiene poca comprensión para la obra de este último; descubre en ella una “curiosa mezcla de realismo y romanticismo desenfrenado”. Si bien admite que La casa de los muertos tiene calidades artísticas indudables, a duras penas lee Los hermanos Karamazov hasta el final; no tiene valor para acabar El idiota. Dostoievski sumerge a sus lectores en la “Rusia salvajemente apasionada, ebria, no morigerada”, en el universo de unos seres caídos tan bajo que han olvidado “hasta la idea misma de poder, un día, elevarse sobre su condición”.

Pero a Dostoievski, pintor de la caída del hombre, no opone a Tolstoi, sino a Turgueniev, “probablemente el mejor novelista de su siglo”. En él, el más puro genio poético se alía al poder evocador del genio histórico. En sus novelas, los protagonistas representan los principales tipos de intelectuales que han marcado con el sello de su originalidad las generaciones sucesivas de Rusia. Con una intuición profunda, descubre esos precursores de los movimientos intelectuales y sociales que “hacen historia”: “Tan pronto un nuevo tipo de hombre aparecía en la sociedad cultivada de Rusia, se apoderaba de Turgueniev. Lo obsesionaba totalmente, hasta que conseguía representarlo, según su mejor comprensión, en una obra de arte, del mismo modo que Murillo fue obsesionado, hasta no conseguir fijarla en el lienzo en toda su plenitud, por la imagen de la Virgen en el éxtasis del más puro amor”.

A pesar de sus altas cualidades, la obra de Turgueniev no podría ser modelo del arte anarquista. La razón es evidente. El arte de Turgueniev se dirige únicamente a la minoría cultivada de Rusia. “Consideren el montón de obras excelentes que se mencionaron en este libro”, dice Kropotkin al fin de su historia de la literatura rusa, “¡qué pocas serán accesibles para un público amplio!” Se necesita un arte nuevo, un arte que hable el lenguaje de todo el mundo, que retenga la calidad del “gran arte” y que sepa “penetrar en la choza de cada campesino, e inspirar a cada uno elevadas concepciones del pensamiento y de la vida”.

De Godwin, de Proudhon a Tolstoi, los pensadores anarquistas han visto en cada individuo un artista en potencia. Pensaban que sería posible liberar en el hombre al creador que la educación y las condiciones generales de vida condenan hoy a perecer. ¿Comparte Kropotkin esa fe? A primera vista, la respuesta no es clara. Pero las “agrupaciones creadoras” que querría ver instituidas a escala de federación están destinadas a hacerse cargo de la educación estética de la humanidad.

Para el hombre que apenas puede matar el hambre, el arte es un lujo; pero para el hombre que vivirá en la sociedad de la abundancia del futuro, se convertirá en una necesidad. (“El sentido artístico existe tanto en el labriego como en el burgués”). “La ANARQUÍA comprende todas las facultades humanas y todas las pasiones”. Por lo tanto, la sociedad anarquista favorecerá el pleno desarrollo de las facultades intelectuales, artísticas y morales de todas las personas, con miras a su “individualización completa” (individualización imposible bajo las condiciones de individualismo capitalista y en todo sistema de “socialismo de Estado”).

Kropotkin se deja arrastrar por el sueño; prevé que en el porvenir, “trabajando cinco o cuatro horas diarias hasta la edad de cuarenta y cinco o cincuenta años”, el hombre podrá “fácilmente producir todo lo que es necesario para garantizar el bienestar de la sociedad”. Después de las horas de trabajo manual o intelectual, podrá ocuparse libremente en la satisfacción de sus “necesidades artísticas o científicas”. Esto se conseguirá formando comunidades artísticas o científicas, verdaderos laboratorios de la creación y del artesanado artísticos. Veamos cómo describe esas sociedades modelo: “Unos podrán dedicar sus horas libres a la literatura, y formarán grupos que comprendan escritores, compositores, impresores, grabadores y dibujantes, todos ellos dedicados a un fin común: la propagación de las ideas que aman”. En esas comunidades, las facultades creadoras de algunos, hasta entonces privados de arte, florecerán: “Cuando el explotado de ayer haya recibido instrucción y tenga ideas propias que poner sobre el papel y comunicar a los demás, será inevitable que los literatos y los sabios se asocien entre ellos para imprimir su prosa o sus versos”. Aunque, si bien todo el mundo puede convertirse en artista, Kropotkin no dice en absoluto que todo el mundo deba hacerlo. Pero no duda de que haya en cada quien un artista o un hombre de ciencia en potencia.

Con Godwin -cuya obra anexa a la historia del pensamiento anarquista- Kropotkin es el único anarquista que admite la revolución industrial. (Proudhon habla también de las relaciones entre el arte y la industria, pero no parece expresar una convicción profunda). Para ello se inspira, una vez más, en los trabajos del “poeta del socialismo”, que es, a sus ojos, William Morris. El arte y la industria han nacido para reconciliarse un día: “El arte, para desarrollarse, debe ligarse a la industria por mil grados intermedios, de suerte que queden, por decirlo así, confundidos; …todo lo que rodea al hombre, en su casa, en la calle, en el interior y en el exterior de los edificios públicos, debe ser de una forma artística pura”.

En la juventud de Kropotkin, la ópera italiana era la “institución más popular de Petersburgo”, en parte debido a su “relación estrecha con el movimiento radical. Los recitales “revolucionarios” de Guillermo Tell y Los puritanos provocaban, según cuenta Kropotkin en su autobiografía, aplausos y gritos, que iban “derechos al corazón de Alejandro II”. Entre 1857 y 1861, Kropotkin, como la mayoría de sus contemporáneos, escudriñaba en las obras de Turgueniev, Tolstoi, Herzen, Dostoievski, Ostrovski, el contenido político, el mensaje “disfrazado de ficción”. Kropotkin atribuye pues al arte un papel importante; el arte muestra al hombre la belleza o la fealdad de su vida. Es la revelación tímida de lo desconocido -ese desconocido que sería erróneo asimilar a lo desconocido de Baudelaire (“al fondo de lo desconocido para encontrar lo nuevo”) o de Rimbaud.

El poeta está asimismo encargado de aportar al hombre de su tiempo su visión del porvenir. Después de todo, es casi un “vidente”: “No debemos olvidar que, en último análisis, toda cuestión económica y social es también una cuestión psicológica, que concierne al individuo y al conjunto social. No puede ser resuelta tan sólo por la aritmética. Por esta razón, en materia de ciencia social, como en psicología humana, el poeta encuentra el camino mejor que el fisiólogo. Por lo menos, tiene, él también, voto en la materia”.

En la idea del “teatro libre” nacido de las actividades de “grupos creadores” libremente asociados, y que impondría, frente al teatro profesional y comercial de hoy día, los principios de una nueva estética libertaria, Jean Grave busca la realización de las enseñanzas de sus dos maestros: Kropotkin y Wagner. La asociación de profesionales y “amateurs” del espectáculo en el seno de un mismo conjunto creador no hace sino prolongar, en efecto, las tesis kropotkinianas sobre agrupaciones creadoras, fijándolas sobre los aspectos del drama; y el espectáculo que esboza en La sociedad futura y la anarquía -un arte del pueblo, para el pueblo y por el pueblo- está demasiado próximo a las tesis de El arte y la revolución para no sospechar una influencia directa.

Forma de espectáculo colectivo, el “teatro libre” saca provecho de los múltiples dones de un grupo de individuos a quienes el mismo “gusto por el espectáculo” impulsa a reunirse: “Habrá siempre individuos que sentirán la inquietud de hacer piezas teatrales, otros la de interpretarlas, y tales individuos se buscarán y asociarán sus aptitudes. ¿Qué tendría de malo que aquellos que tienen el gusto del espectáculo vinieran, cada uno según la posibilidad de sus aptitudes, a aportar el concurso de su ayuda para la decoración, la puesta en escena, la confección de vestuario o cualquier otra ayuda accesoria?”

En el porvenir, profetiza Grave, el mismo espectador participará en la elaboración del drama. Para obtener el máximo beneficio de un acontecimiento al cual está asociado, abandonará su actitud tradicionalmente pasiva para intervenir en el acto creador en curso: “Si cada uno de los espectadores pudiera hacerse útil, a su modo, para la ejecución de la obra a la que asistiera, su goce intelectual se aumentaría con ello”.

El redactor de La Rebelión no precisa más el papel del espectador promovido al rango de “creador”. No nos propone una definición, sino una intuición, que enraíza proféticamente las prácticas contemporáneas de arte participatorio, de los happenings y de las creaciones colectivas, en el sueño anarquista.

Los fundadores del anarquismo moderno se han pronunciado unánimemente contra un arte “revolucionario” estrechamente subordinado a la causa del socialismo, y cuyos jueces titulares serían los “profesionales” mismos de la revolución. No establecen relaciones de jerarquía entre la conciencia revolucionaria del artista y la del militante, el censor, el burócrata.

Sus sucesores, los Jean Grave, los Charles Malato y, sobre todo, los dirigentes anarquistas del movimiento sindicalista (que prolonga la epopeya libertaria más allá del fracaso de la fase de la “propaganda por la acción”) tienden a juzgar el arte en función de las necesidades de su movimiento. Si bien los principios que proclaman son todavía auténticamente libertarios, las acciones que emprenden y, sobre todo, las condenaciones que pronuncian, nos hacen preguntarnos a veces si a la pluralidad permisiva de las anarquías no sucedería una ortodoxia rígida. No es de extrañar, pues, que el anarquismo literario y artístico que se desarrolla en su época y que presenta al poeta o al pintor como único juez de su arte les parezca una herejía.

La experiencia del grupo anarcosindicalista El Arte Social es a este respecto particularmente importante.

¿Qué representa El Arte Social? Según un observador de la época, es “la Academia de la anarquía”. Un grupo de militantes sindicalistas que de 1896 a 1901 anima Fernand Pelloutier y que cuenta entre sus miembros fundadores con dos colaboradores inmediatos de Jean Grave: Charles-Albert y Paul Delesalle.

En esta época, el sindicato se define como “la forma Social” del movimiento revolucionario, destinado a reemplazar al Estado. Constituye el universo del obrero y satisface, en lo posible, sus necesidades materiales, morales, culturales. El grupo concede al arte, en consecuencia, un papel preponderante, y quisiera reunir o elaborar los elementos de una cultura proletaria autónoma, única que permitiría a la clase obrera escapar a la influencia de la cultura burguesa. Por ello organiza, en los barrios “revolucionarios” de París, conferencias, exposiciones de arte públicas y gratuitas, así como representaciones teatrales. En 1896 publica, durante seis meses, una revista político-cultural importante, El Arte Social, que precisa su ideología y su programa.

Lo que hoy día nos sorprende de sus actividades es el papel “aplastante” concedido al arte: “Así como el arte burgués hace más por el sostenimiento del régimen capitalista que todas las otras fuerzas sociales reunidas -gobierno, ejército, magistratura-, igual el arte social y revolucionario hará más por el advenimiento del comunismo libre que todos los actos de rebelión inspirados al hombre por su sufrimiento excesivo”.

“¿Qué es el arte?”, se pregunta en una importante conferencia (El arte y la revolución) Fernand Pelloutier. Un “arma”. ¿Cuál es su tarea primordial? “Hacer rebeldes”.

En un texto que sirve de manifiesto al grupo, Prodomo, Pelloutier y sus amigos se dicen, sin embargo, opuestos a todo espíritu partidista en materia de arte y declaran que “no será impuesta ninguna estética particular” a sus colaboradores. Pero les artículos publicados en los seis primeros números aparecidos no dejan de presentar una “comunidad de tendencias” verdaderamente monolítica.

“Sólo es grande el arte que subordina la forma a la Idea (es decir, a la Idea social), y que encuentra en ésta su razón de ser”, leemos en El Arte Social. El arte, la literatura de la época, son “transitorios”. Nada en ellos anuncia “lo que será el arte nuevo, el arte del mañana”. Y el lector descubre, bajo la firma de Bernard Lazare, de Charles-Louis Philippe, la condenación casi zhdanoviana de la poesía simbolista -“la podredumbre de la burguesía”- y del verso libre, de todo lo que no es estrictamente proletario.

Pelloutier, como Kropotkin, invita al artista, al escritor, a comprometerse. A convertirse en simple auxiliar del combate sindicalista: “Escritores, expresen en todo momento su cólera contra las iniquidades: insulten al Poder….”. “Pintores, reanimen con su talento y su corazón el recuerdo de las grandes revoluciones…”. “Poetas y músicos, ¡lancen las estrofas vibrantes que despierten en el alma de los humildes la inconformidad con su servidumbre, y que en las horas tan frecuentes del desaliento renueven el ardor de los fuertes!”

Los partidarios de un arte de “partido”, ¿derrotarán a los defensores de un arte “libertario”? Desde el principio del siglo XX -que, por otra parte, presencia el debilitamiento y después la desaparición momentánea del movimiento anarquista- tal parece ser el caso. Pero en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, la libertad anarquista del arte se reafirma en el cuadro de una reflexión global sobre el Estado y la sociedad socialista.

“En materia de creación artística, importa esencialmente que la imaginación escape a toda sujeción, no se deje imponer filiación bajo ningún pretexto. A aquellos que nos presionen, hoy o mañana, para que consintamos en que el arte sea sometido a una disciplina que tenemos por radicalmente incompatible con sus medios, oponemos un rechazo inapelable, y nuestra deliberada voluntad de mantenernos en el lema: todas las licencias al arte”.

Son León Trotsky (que firma el manifiesto bajo el nombre de Diego Rivera) y André Breton quienes oponen el principio anarquista de la creación artística a la política cultural practicada por Stalin en la Unión Soviética. Por creer en el impulso verdaderamente revolucionario del arte, se levantan contra su servidumbre a fines de propaganda y contra la centralización de las actividades artísticas. El anarquismo, como principio director, se introduce en la perspectiva del Estado socialista. Si bien le rehúsan casi toda validez en materia política y económica. Trotsky y Breton reconocen su legitimidad en el dominio de la cultura: “Si para el desarrollo de las fuerzas productivas materiales la revolución se ve obligada erigir un régimen socialista de plan centralizado, para la creación intelectual debe, desde el principio mismo, establecer y asegurar un régimen anarquista de libertad individual. Ninguna autoridad, ninguna restricción, ni la más mínima traza de reglamento”.

Y, cosa curiosa, la afirmación de la libertad del artista se acompaña de los temas del trabajo colectivo de la colaboración y la amistad, propiamente anarquistas y kropotkinianos. “Las diversas asociaciones de sabios y de grupos colectivos de artistas que trabajen para resolver tareas que nunca habrán sido tan grandiosas, podrán surgir y realizar un trabajo fecundo únicamente sobre la base de una libre amistad creadora, sin la menor traza de mandato”.

Este texto subraya el acuerdo establecido entre el espíritu surrealista -espíritu de capilla- y el espíritu comunista nutrido con la experiencia de las elites clandestinas y de los primeros soviets. El anarquismo, eliminado de la gran escena de la sociedad reaparece sobre la pequeña escena -la de la filosofía del arte- y afirma su poder. La ironía del destino quiere que la última gran voz “anarquista” nos venga del fondo de ese México que, poco tiempo antes, ha dado a la interrogación de Antonin Artaud un acento febril y trágico.

Extraído del libro “La Estética Anarquista” de André Reszler.

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01
Ago
11

SOBRE MILITARES Y ELECCIONES DEMOCRÁTICAS

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55 Mensaje histórico.


Germán Carrera Damas

Escuela de Historia

Facultad de Humanidades y Educación

Universidad Central de Venezuela

Siempre he rechazado el común aserto de que la Historia se repite; incluso la versión irónica de que primero lo hace como tragedia y luego como comedia. Tampoco la imagen de la marcha de la Historia espiral, formulada por Giambattista Vico, me hace dudar del para mí precepto básico de que la Historia no se repite. Un filósofo natural de la Historia zanjaba el problema entregando una sentencia muy indicada para cavilar sobre ello: “cada momento tiene su hora”. Confieso que aun trato de comprender la profundidad de esta percepción de la dinámica de la Historia….

Fundo mi rechazo de la eventual repetición de la Historia en la valoración del hecho histórico como manifestación suprema del hecho social; por hallarse incrementada la naturaleza ordinaria de éste último, aun en su complejidad, por la interacción de las coordenadas de tiempo y espacio, entendidos también históricamente; vale decir enclavado el hecho social en el correlato del tiempo histórico con el espacio sociohistórico, dimensiones específicas de la Historia que escapan al tiempo cronológico y al espacio geográfico.

Quizás por efecto de estas últimas consideraciones podríamos llegar a no percibir certeramente el sentido de situaciones, engañosas, que el acontecer histórico gusta de plantearnos para con ellas inducir al extravío de la razón, histórica, sugiriendo repetición donde se da tan sólo perversión.

Por lo dicho, y algo cautelosamente, me he refugiado en la convicción de que la razón de la historia no es la razón de la Razón, puesto que esta última está vinculada con el sentido común; y nada es menos apropiado para comprender la historia que el sentido común. Éste se nutre de lo ordinario, mientras que la Historia muestra preferencia por lo extraordinario. Valga esta puntualización para retar el sentido crítico de quien lea lo que seguirá.

Se trata de un fragmento de una obra en curso. Estudio la personalidad histórica de Rómulo Betancourt, en función de su condición de padre de la democracia moderna en Venezuela; y de eminente representante de la socialdemocracia, en y fuera de nuestro país. Para este fin elaboré un extenso borrador que se halla en la página web de la Fundación Rómulo Betancourt, patrocinadora de la obra. Sugerí que se divulgase el borrador con el propósito de recabar observaciones, críticas y contribuciones que, eventualmente, serían reconocidas en el ensayo final. Me parece oportuno transcribir, textualmente, un breve pasaje de ese borrador.

* * * * *

Ganaba renovada actualidad la que había sido una constante a lo largo de la Dictadura liberal regionalista: el papel electoral desempeñado por los altos mandos del Ejército, en el sentido de ejercer la sobredeterminación incuestionable de las candidaturas. Era necesario, por consiguiente, ocuparse llanamente del asunto. Rómulo Betancourt lo hizo en un texto publicado el 11 de mayo de 1945 con el título “Venezuela, la sucesión presidencial y el ejército”, que es parte del discurso que pronunció en el Teatro Olimpia, de Caracas, el 6 de mayo del mismo año. No parece que hubiese algo de casual en que el tratamiento del papel electoral del Ejército sucediera inmediatamente al dado a la candidatura del ex Presidente Gral. Eleazar López Contreras, .…”propiciada por sectores de muy definida contextura ideológica conservadora, que está debatiéndose públicamente en el país”…. Los términos son claros: Acción Democrática se opone a esta candidatura por buenas razones: .…”una de ética política; las otras enraizadas en consideraciones de interés nacional y muy vinculadas al proceso de transformaciones sociales de posguerra.” Subraya que “La moral política de la nación sufriría un severo golpe si a estas alturas de nuestra evolución se elevara al rango de tesis política el infantil juego de ‘la candelita’”…. Concluye que

“….”El país necesita para el 46, año en que los cambios sociales de postguerra estarán a la orden del día, un hombre en Miraflores con un repertorio de ideas más audaces que las que forman el bagaje político del ex-Presidente. Y con mente más permeable a los aires de fronda que corren (sic) por el mundo, con agilidad mayor para adaptarse a situaciones cambiantes de un mundo convulsionado, con una concepción menos rígida del ‘principio de autoridad’.”

Por estas razones reviste especial importancia la parte del discurso subtitulada “El Ejército Nacional y el 46”. El orador considera que tratarla causará sorpresa, porque .…”en Venezuela es el tema del Ejército un tema tabú, sin razón alguna que avalen y justifiquen (sic) ese proceder frente a una de las más importantes instituciones de la República.” No obstante, Rómulo Betancourt adoptó una estrategia conceptual-retórica cargada de propósitos cuidadosamente dosificados. Comenzó por negar la verdad que al mismo tiempo afirmaba:

““Se dice por ahí, a la sordina, como quien transmite una consigna pavorizadora, que el Ejército no admitiría en el 46 sino a un gobernante salido de sus filas, a un General Presidente. Quienes así hablan le están infiriendo una ofensa tan grave como gratuita a las fuerzas armadas de la República, al presentarlas no como salvaguarda del orden público y garantía de ejecución de la Ley, sino como casta antinacional, que se sintiera actuando en tierra conquistada y dispuesta a toda hora a imponerle al país su soberana e inapelable voluntad”….

Dicho esto, sentenció, enviando mensaje corrector: ….”Están errados quienes así hablan de la actitud de nuestras instituciones armadas porque olvidan que el Ejército no es patrimonio privado de ningún prestigio personal [como el que se le reconocía al Gral. Eleazar López Contreras], sino el Ejército de la Nación.” Sobre la base de esta elaboración conceptual, que luce al igual como artimaña retórica y como mensaje subversivo, saca dos conclusiones: En primer lugar, considera que ….“el proceso de democratización de la conciencia nacional no se ha detenido, como ante muralla china, a las puertas de los cuarteles”…. En segundo lugar, “Portar uniforme militar no puede considerarse causal de inhabilitación para ejercer la primera magistratura. Pero tampoco es herejía pensar en un posible candidato civil para la Presidencia de la República en 1946”…. Por todo esto …..”quiero hacer una profecía, orgulloso como venezolano de poder expresarme así de las fuerzas armadas de mi país: si fuere civil el próximo Presidente de la República, tendrá en el Ejército apoyo sin regateo, respaldo sin reservas”…. (Rómulo Betancourt. Antología política. Volumen tercero 1941-1945. Caracas, Fundación Rómulo Betancourt, 1999, pp. 561-565).

* * * *

Retomando algo de lo dicho al comienzo de este mensaje, me limitaré a formular dos preguntas, cuyas respuestas podrían ayudar a identificar algunas manifestaciones del cambio histórico hoy perceptibles:

1a.- ¿No debemos temer que se esté realizando, en nuestra aparatoso presente, lo dicho por Rómulo Betancourt respecto de haberse formado una ….“casta antinacional, que se sintiera actuando en tierra conquistada y dispuesta a toda hora a imponerle al país su soberana e inapelable voluntad”….

2a.- ¿Debe tranquilizar el ánimo colectivo la certidumbre de que ha llegado, -¡Por fin!- hasta los soldados ahora ciudadanos plenos …..“el proceso de democratización de la conciencia nacional”….?

Caracas, 24 de julio de 2011.

Mensajes precedentes: Primer Mensaje histórico: “En defensa de las bases históricas de la conciencia nacional”. 2º Mensaje histórico: “La Larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 3º Mensaje histórico: “Recordar la democracia”. 4º Mensaje histórico: “¿Zonas de tolerancia de la libertad y guetos de la democracia?”. 5º Mensaje histórico: “El ‘punto de quiebre’ ”. 6º Mensaje histórico: “Entre la independencia y la libertad”. 7º Mensaje histórico: “El discurso de la Revolución”. 8º Mensaje histórico: “¿Reanudación de su curso histórico por las sociedades aborígenes? O ¿hacia dónde llevan a Bolivia?” 9º Mensaje histórico: “Cuando Hugo se bajó del futuro”. 10º Mensaje histórico: “¿La historia hacaído en manos de gente limitada e imaginativa?” 11º Mensaje histórico: “Las falsas salidas del temor”. 12º Mensaje histórico: “¿Hacia dónde quiere ir Venezuela?” 13º Mensaje histórico: “Defender y rescatar lademocracia”. 14º Mensaje histórico: “Sigue la marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia”. 15º Mensaje histórico: “En el inicio del 2007: un buen momento para intentar comprender”. 16º Mensaje histórico: “Las historias de Germán Carrera Damas”. 17º Mensaje histórico: “República liberal democrática vs República liberal autocrática”. 18º Mensaje histórico: “Sobre los orígenes y los supuestos históricos ydoctrinarios del militarismo venezolano”. 19º Mensaje histórico: “El vano intento de enterrar el Proyectonacional venezolano”. 20º Mensaje histórico: “Demoler la República”. 21º Mensaje histórico: “La reducción civilizadora socialista de las tribus indígenas”. 22º Mensaje histórico: “Lo que no se puede dar ni quitar”. 23º Mensaje histórico, extraordinario: “Mis razones para decir No”. 24º Mensaje histórico: “La nueva política como intento de burlar la historia”. 25º Mensaje histórico: “Sobre el 23 de Enero de 1958, en elAula Magna de la Universidad Central de Venezuela”. 26º Mensaje histórico: “La presencia activa de Rómulo Betancourt”. 27º Mensaje histórico: “Librarnos del Siglo XIX”. 28º Mensaje histórico: “Repetición del 8º Mensaje histórico”. 29º Mensaje histórico: “Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos”. 30º Mensaje histórico: “Los ciudadanos pasivos están en vías de extinción”. 31º Mensaje histórico: “La revancha de Fernando VII”. 32º Mensaje histórico: “Las migraciones no controlables”. 33º Mensaje histórico: “El 23-N el régimen militar chocará con el legado de Betancourt”. 34º Mensaje histórico: “La Democracia: un asunto de los pueblos”. 35º Mensaje histórico: “Mi voz de alerta: !La República está amenazada!” 36º Mensaje histórico: …”nada pudre más a una nación“… 37º Mensaje histórico: “El conflictive porvenir de la República”. 38º Mensaje histórico: “El peligro de no saber leer la Historia”. 39º Mensaje histórico: “Sin título”. 40º Mensaje histórico: “En desagravio de la mujer venezolana”. 41º Mensaje histórico: “Yo dialogo, tu no dialogas; soy demócrata, tu no lo eres”. 42º Mensaje histórico: “Evolución histórica de la masculinidad en Venezuela: desde lo históricamente absoluto hacia lo socialmente retado”. 43º Mensaje histórico: “Nos están quitando la República”. 44º Mensaje histórico: “El marco politico de Venezuela en la actualidad. Balance y perspectiva”. 45º Mensaje histórico.”Tenemos doscientos años defendiéndonos del despotismo”… Nota: Estos mensajes, hasta el número 13, fueron recogidos en un pequeño volumen intitulado Recordar la democracia (Mensajeshistóricos y otros textos). Caracas, Editorial Ala de Cuervo, 2006. 46º Mensaje histórico: “ El que no entiende la historia ve solo el cambio”. 47º “Entrevista con Germán Carrera Damas”, realizada por Gloria Bastidas. 48º Mensaje histórico: “? Bicentenario de la Independencia? 49º Mensaje histórico: Aviso a los universitarios venezolanos. 50º Mensaje histórico: La historia que estamos haciendo. 51º Mensaje histórico: Del vencer el temor a las grandes palabras y susconsecuencias. 51º Mensaje histórico: “Del vencer el temor a las grandes palabras y sus consecuencias. 52º Mensaje histórico: “El futuro de la República democrática venezolana está en su pasado histórico.” 53º Mensaje histórico: “Germán Carrera Damas aseguró que el militarismo desmonta el mito de la eficiencia. 54º Mensaje histórico: “?Monarquía, República o abolición selective de la Monarquía?




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