Archivo para 24 septiembre 2011

24
Sep
11

LA JUSTICIA Y LA INJUSTICIA.

Han surgido muchas dudas sobre la culpabilidad de Troy Davis, quien fue condenado a la pena capital y ejecutado en las horas de la madrugada del pasado jueves con la inyección letal en el estado de Georgia.

De nada sirvieron los intentos de la defensa para salvarle la vida a pesar de las dudas existentes. De nada sirvieron las protestas de cientos de manifestantes congregados que pedían clemencia para el hombre de 42 años de edad, de la raza negra, ante las dudas de su culpabilidad.

La verdad es que si el condenado es de la raza negra, latinoamericano y pobre, las posibilidades de clemencia son casi nulas.

Pero por ética profesional, tanto los jueces como los miembros de los jurados que tienen la enorme responsabilidad de condenar o absolver a una persona, es decir, tienen la potestad de disponer de la vida de ésta, deberían tener muy en cuenta la duda razonable antes de sentenciar a un ser humano a la pena capital.

Muchas veces, personas inocentes han sido implicadas en delitos que no cometieron y no pocas han estado al borde de la pena capital, pero a última hora se han salvado. Otras veces, las autoridades han descubierto errores en el proceso y después de años se han enterado de que el supuesto delincuente es inocente. La pregunta es: ¿De qué manera pueden pagar a esa persona el daño que le causaron? ¿Cómo compensar su gran pena, el deterioro moral y sicológico, el dolor causado a sus familiares y el tiempo de su vida que perdió en la cárcel?

En ciertas ocasiones, el fiscal, es decir, el abogado acusador, es más hábil y convincente que el defensor, y no pocas veces trata de intimidar al acusado señalándolo, gritándole, y acorralándolo para hacerlo parecer como un ser malvado. Esa es su función y su victoria es que lo castiguen sin importar si es culpable o inocente, su conciencia en estos casos, poco o nada cuenta.

Pero hay algo terrible y de todos es sabido, tiene más posibilidad de salir en libertad culpable rico, que un inocente pobre, pues el primero puede darse el lujo de contratar a los mejores abogados, mientras que el pobre no puede hacerlo. Desafortunadamente, el dinero tiene el poder de comprar conciencias y por ende, permitir la impunidad.

¿Cuántos corruptos de cuello blanco se encontrarán en las calles gozando de su libertad impunemente, y cuántos humildes inocentes tras las rejas?

El ingreso de una persona a la prisión supone el aislamiento afectivo y social, lo cual produce en ella una profunda depresión, deterioro moral y la pérdida de su autoestima.

El preso común es vigilado continuamente por carceleros que, por regla general, son seres crueles que exigen a los penados obediencia a sus órdenes, muchas veces arbitrarias.

Fedor Dostoievski decía que lo peor de estar en la cárcel no es el encierro, sino la falta de privacidad.

Ser vigilado constantemente y no tener ni siquiera el consuelo del reposo de un sueño reparador, porque éste es interrumpido durante las rondas nocturnas con la luz de una linterna que encandila y destroza los nervios. no debe ser nada agradable.

¿Qué satisfacción sentirá un abogado que logra la absolución de un culpable? ¿Y qué satisfacción podrá sentir el abogado que hace condenar a un inocente?

Hay una frase que dice: “Es preferible absolver a un culpable que condenar a un inocente”.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

22
Sep
11

La crisis (pronóstico)

Por Mario Rivera Ortiz

México DF a 21.09.11.

El lector comprenderá fácilmente porqué Jean Valjean, el héroe de la novela Los miserables de Víctor Hugo, ya en sus tiempos, tuvo que enterrar 630 mil francos que había retirado de la Casa Laffitte de París, en un claro del bosque Montfermeil, prefiriendo para su seguridad, el bosque, a las manos de ciertos banqueros franceses, o quizá, también, asustado, más que por la persecución del inspector Javert, por la crisis económica que azotaba entonces Europa, en el periodo de 1825-1833.

Cuando salió publicado El Capital ya hacía muchos años que Europa era golpeada por las crisis económicas, sin embargo, fue Carlos Marx quien explicó científicamente este fenómeno. Él escribió que la forma más abstracta y sencilla en la que se expresa la posibilidad de la crisis es la separación de C-M y M-C, donde C=mercancía y M=dinero. En otras palabras, la crisis es una fase del ciclo capitalista de producción que se caracteriza por el estallido de todas las contradicciones del sistema, especialmente entre la superproducción de mercancías y la reducción drástica del consuno.

Durante el siglo XIX, en el periodo del capitalismo premonopolista, las crisis se presentaban cada 10 u once años aproximadamente, la más profunda de ellas fue la de 1873-1882. En la fase del capitalismo monopolista las crisis se hicieron más frecuentes y los periodos de auge más breves. Después de la Primera Guerra Mundial y de la aparición de los primeros Estados socialistas se instaló la crisis general del capitalismo que abarcó todos los aspectos de la vida económica, política e ideológica del sistema. El triunfo militar sobre el eje Berlín-Roma-Tokio y luego el desplome del campo socialista trajo una breve etapa de bonanza debido al nuevo reparto del mercado internacional; no obstante la maldición de Marx reapareció con más fuerza, después de la irrupción vigorosa y masiva de las mercancía chinas, alemanas, japonesas y rusas, en el mercado internacional, ensombreciéndose así, paradójicamente, el futuro del capitalismo. La crisis es ahora más profunda y continua que nunca y sin perspectivas de una etapa de prosperidad.

El presidente del Banco Mundial (BM) dijo recientemente que la economía mundial entró en una nueva zona de peligro y externó una dura crítica a las grandes potencias, al sugerir que Europa, Japón y Estados Unidos necesitan tomar decisiones difíciles para evitar empujar al planeta a una recesión. “Si Europa, Japón y Estados Unidos no pueden enfrentar las responsabilidades, no sólo se arrastrarán ellos mismos, sino también a la economía global”, indicó Robert Zoellick en un discurso en la Universidad George Washington.

Lo dicho por el funcionario mencionado se ilustra con el colapso del mercado de la deuda, las quiebras, la especulación, las trasfusiones de liquidez para reanimar bolsas maltrechas, los robos descarados de capital a países como Libia, los fondos de rescate, las reuniones sin ningún acuerdo, la histeria financiera, los encontronazos entre la UE y EEUU.

Ante esta situación preagónica del sistema, los terapeutas financieros dicen que han diagnosticado la enfermedad general pero no saben por dónde empezar a aplicar la cura. El presidente Obama acaba de lanzar un plan dizque parra subir los impuestos a los ricos y resolver el problema del déficit, los liberales españoles y los conservadores chilenos amenazan con privatizar la enseñanza, Grecia afronta inminente quiebra, etc., etc. mientras que los ricos yanquis chantent à plein gosier que están ganando la guerra de clases.

No cabe duda, la situación ha cambiado radicalmente desde que a las viejas potencias industriales les han salido rivales poderosos en el mercado mundial. Si las crisis se transforman de agudas en crónicas y ganan en intensidad sin vislumbrarse ningún periodo de bonanza aunque sea corto, ¿en qué se terminará esto?

Ciertamente, esperar que los trabajadores europeos y norteamericanos participen en la lucha de clases con una conciencia cabal de la teoría elaborada por los creadores del socialismo científico es esperar lo imposible. En este momento las masas carecen de una comprensión cabal de la situación real, nacional, e internacional, y por supuesto de aquellos elementos indispensables para elaborar, ahora mismo, un programa internacionalista doctrinariamente perfecto. Hay que considerar que el nuevo proletariado todavía no ha tomado conciencia de sí mismo, como clase independiente, pues pesa sobre él, todavía, la herencia de la corrupción ideológica dejada por las épocas de bonanza. Pero es hoy que se presentan las condiciones óptimas para que se ponga en marcha como clase y participe consecuentemente en la guerra de clases declarada por los ricos; una vez logrado esto, ella pronto hallará la dirección correcta sin necesidad de notables y filisteos pequeñoburgueses. Todo error cometido, todo revés sufrido en ese camino, será consecuencia de las concepciones teóricas equivocadas, pero serán superados en el desarrollo de la lucha. A este respecto, afirmaba Federico Engels que no hay mejor camino para llegar a la claridad y a la comprensión teórica que el de aprender por los propios errores.

Los médicos sabemos que el pronóstico es el terreno más resbaladizo e inseguro del método científico, pero es, pese a los riesgos, un momento ineludible en el trabajo de elaboración teórica. Por ahora cuatro cosas son seguras: 1.- El mundo ha entrado a un periodo incomparablemente más peligroso para la existencia de la vieja sociedad que el que prevaleció durante más de dos siglos, debido a la incorporación reciente de grandes masas a la guerra de clases en Europa y los Estados Unidos. 2.- La burguesía de las grandes potencias parece incapaz de imaginar ninguna propuesta económica que genere un nuevo periodo de auge económico y estabilidad social por la vía pacífica. 3.- Para las grandes potencias ya no es posible guerra alguna que no sea mundial. y, 4.- Después o durante una confrontación de ese tipo, sobrevendría el agotamiento general y la creación de las condiciones para la victoria final del proletariado. La guerra podría, quizá, arrojar temporalmente a la humanidad a la oscuridad, podría despojarla de más de una posición conquistada. Pero una vez que se hayan desencadenado fuerzas incontrolables, las cosas marcharán como ellas quieran. Al final de la tragedia el sistema quedará destrozado y la victoria del proletariado se habrá consumado o bien sería inevitable.

06
Sep
11

LA JUSTICIA Y LA INJUSTICIA

  • Sin vendas en los ojos.
  • La espada enfundada y la balanza desarmada.
foto

Foto de la estatua ubicada en el frontis del palacio de justicia de Valparaíso. Hay dos versiones de la historia de esta figura q hace referencia a la diosa griega de la justicia Themis, una dice q fue un regalo del gobierno frances al ver como operaba la justicia chilena y otra q es un regalo de alguien descontento con un juicio desfavorable.

La imagen original de Themis cuenta con una venda en los ojos q simboliza q la justicia es ciega, la espada en una mano q significa el ajusticiamiento y la batalla por la justicia y la balanza en otra como muestra del equilibrio y la igualdad. Nota y foto publicadas en flickr.com

 

 

Por José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

 

 

Los jueces y los miembros de los jurados tienen la enorme responsabilidad de condenar o absolver a una persona, es decir, tienen la potestad de disponer de la vida de ésta.

Muchas veces, personas inocentes han sido implicadas en delitos que no cometieron y no pocas han estado al borde de la pena capital, pero a última hora se han salvado. Otras veces, las autoridades han descubierto errores en el proceso y después de años se han enterado de que el supuesto delincuente es inocente. La pregunta es: ¿De qué manera pueden pagar a esa persona el daño que le causaron? ¿Cómo compensar su gran pena, el deterioro moral y sicológico, el dolor causado a sus familiares y el tiempo de su vida que perdió en la cárcel?

En ciertas ocasiones, el fiscal, es decir, el abogado acusador, es más hábil y convincente que el defensor, y no pocas veces trata de intimidar al acusado señalándolo, gritándole, y acorralándolo para hacerlo parecer como un ser malvado. Esa es su función y su victoria es que lo castiguen sin importar si es culpable o inocente, su conciencia en estos casos, poco o nada cuenta.

Pero hay algo terrible y de todos es sabido, tiene más posibilidad de salir en libertad culpable rico, que un inocente pobre, pues el primero puede darse el lujo de contratar a los mejores abogados, mientras que el pobre no puede hacerlo. Desafortunadamente, el dinero tiene el poder de comprar conciencias y por ende, permitir la impunidad.

¿Cuántos corruptos de cuello blanco se encontrarán en las calles gozando de su libertad impunemente, y cuántos humildes inocentes tras las rejas?

El ingreso de una persona a la prisión supone el aislamiento afectivo y social, lo cual produce en ella una profunda depresión, deterioro moral y la pérdida de su autoestima.

El preso común es vigilado continuamente por carceleros que, por regla general, son seres crueles que exigen a los penados obediencia a sus órdenes, muchas veces arbitrarias.

Fedor Dostoievski decía que lo peor de estar en la cárcel no es el encierro, sino la falta de privacidad.

Ser vigilado constantemente y no tener ni siquiera el consuelo del reposo de un sueño reparador, porque éste es interrumpido durante las rondas nocturnas con la luz de una linterna que encandila y destroza los nervios. no debe ser nada agradable.

¿Qué satisfacción sentirá un abogado que logra la absolución de un culpable? ¿Y qué satisfacción podrá sentir el abogado que hace condenar a un inocente?

Hay una frase que dice: “Es preferible absolver a un culpable que condenar a un inocente”.

 




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