Archivo para 26 noviembre 2011

26
Nov
11

LOS LABERINTOS DE LA PRENSA ESCRITA


José (Pepe) Martel.

Interpretación de cada cúal evaluando los laberintos de la prensa escrita. Si son grandes corporaciones y representando ricos competidores locales, nacionales e internacionales en su mayoría solo sirven a intereses económicos, políticos y sociales que les pagan más y sirven fielmente antes que sus publicitarios. Sin anuncios no pueden subsistir y sin sus socios interesados menos. Y lo contrario sucede con los periodicos pequeños en escalas y algunos gratuitos que también subsidiados por autoridades, pequeños aportes y anuncios de planes de salud se expresan libremente de acuerdo a sus caracteristicas y editores.

Algunos no se escapan de la burda política que por un lado adormece a incredulos y por la otra parte despierta suspicacias. El periodista liberado de doctrinas, credos e intereses comprometedores a veces no encuentra espacios y siempre encuentra otros medios para exponer sus opiniones, ídeas y críterios. Es mas confiable para aquellos que si gozan de libertad de pensamiento y sobretodo no tiene baches ni lagunas que lo limiten a ser una libre persona de andar y pensar libre.

Miami, Florida, USA
joselmartel@yahoo.com

Anuncios
17
Nov
11

¿Hasta dónde es ético prolongar el dolor de un enfermo terminal?

photo

 

Velada por la Vida, Madrid 3 Julio de 2011.
Foto HazteOir.org

La sociedad siempre ha permitido quitar la vida a personas que han cometido delitos graves como método de castigo, pero no, como actos de piedad.

Es normal sacrificar a un caballo que se fractura una pata, pegándole un tiro para que cese el sufrimiento, mientras que a un ser humano que se retuerce de dolor ya en un estado terminal, le prolongan cruelmente su agonía a través de sistemas artificiales.

Sólo aquel que se encuentra postrado en un lecho del que ya jamás podrá levantarse a ver la luz de un nuevo amanecer y sus familiares, deberían tener la autoridad de decidir la solución final al tormento brutal de su existencia.

Se permite matar a un ser humano adulto por haber cometido un crimen y hasta al bebé que no ha nacido, cometiendo el crimen de abortarlo, pero no se acepta a aquel que se halla confinado en una cama, atormentado y sin esperanza alguna de recuperación, pueda terminar sus días con dignidad y la sociedad lo condena a coinvertirse en un cadáver que respira, ante el dolor inmenso y la impotencia de sus seres queridos.

¿Qué objeto tiene prolongarle la existencia a una persona que es presa de los más espantosos dolores? ¿para qué alargarle su terrible agonía, si los médicos pueden evitarsela expidiéndole un pasaporte al sueño eterno, a través de la eutanasia? Por supuesto, no asistidola a que muera por medio de una inyección letal, sino desconectándola de los aparatos que la encadenan artificialmente al tormento de la vida.

No se debe terminar con la existencia de alguien que se lo impiden sus creencias religiosas, pero, ¿quien lo pide a gritos? ¿hasta dónde es ético prolongar el tormento del enfermo condenándola a una muerte lenta y dolorosa causada por un mal incurable? ¿quién tiene al final de cuentas, el poder de decisión? ¿los legisladores, las autoridades eclesiásticas, o el afectado y su familia?

José M. burgos S.
burgos01@bellsouth.net

05
Nov
11

Condiciones económicas e ideología. En la correspondencia de Marx y Engels

https://i0.wp.com/farm6.static.flickr.com/5309/5568419016_e61a86c87d.jpg
Estatua dedicada a Carlos Márx y Federico Engels en el parque chino de Fuxing. Foto: Aypexa’s photostream

 

 

 

En memoria de Carlos Sinuhé Cuevas, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, asesinado por los escuadrone de la muerte fascistas que operan en México.

(Material de estudio preparado por el doctor Mario Rivera Ortiz, México DF, 4 de noviembre de 2011)

En las dos cartas de Engels que a continuación adjuntamos, se informa al lector sobre los riesgos que entrañan las dos tendencias dogmáticas más importantes que asolan el campo de las ciencias sociales tratando de suplantar el materialismo histórico: el economicismo mecanicista y la sofística del pensamiento puro, instrumentos ambos,  de los intelectuales orgánicos de la burguesía que se han apoderado del control de casi todas las instituciones culturales del país.

Y en efecto en los programas de estudio de la mayoría de las maestrías y los doctorados en ciencias sociales se advierte que junto con la expulsión del marxismo predomina la literatura del economicismo “marxista” y de la ideología “materialista”, sin hablar de aquellos textos abiertamente reaccionarios que nos hacen leer las burocracias cultas. El ejemplo más rupestre de estas corrientes ideológicas lo encontramos en el discurso de la socialdemocracia política y en el que usan las agencias informativas y medios liberales y conservadores de comunicación.

En las cartas 229 y 227 F. Engels brindan al lector elementos teóricos para desencriptar las trampas ideológicas de todo tipo de filisteos. En la primera, Engels explica los límites del determinismo histórico, específicamente lo relativo a as condiciones económicas y, en la segunda, las extravagancias de la razón pura en el ámbito del pensamiento filosófico. Veamos:

H. Starkenburg había planteado a Engels las siguientes preguntas: 1) ¿En qué medida actúan causalmente las condiciones económicas? (¿Son base, motivo, condición permanente, etc., adecuados del desarrollo?) 2) ¿Qué papel desempeña el elemento racial y el personaje histórico en la concepción de la historia de Marx y Engels?

He aquí la respuesta de F. Engels:

 

Carta 229, de Engels a H.  Starkenburg. Londres 25 de enero de 1894

1) Lo que entendemos por condiciones económicas –a las que consideramos base determinante de la historia de la sociedad- son los métodos por los cuales los seres humanos de una sociedad dada producen sus medios de subsistencia e intercambian los productos (en la medida en que exista la división del trabajo). Luego, está incluida en ellas, toda la técnica de la producción y el trasporte.  Conforme a nuestra concepción, esta técnica determina igualmente el método de  cambio y, además, la distribución de los productos, y con ello, luego de la disolución de la sociedad tribal, también la división en clases y por tanto las relaciones de señorío y servidumbre, y con éstas el Estado, la política, el Derecho, etc.

En la denominación de (las) condiciones económicas se incluye, además, la base geográfica sobre la cual operan y los restos de etapas anteriores del desarrollo económico que realmente han sido trasmitidos o que han sobrevivido (a menudo únicamente por tradición o por inercia); también, desde luego, el ambiente externo que circunda a esta forma social.

Si, como usted dice, la técnica depende en gran medida del estado de la ciencia, ésta depende a su vez mucho más del estado y de las necesidades de la técnica. Cuando la sociedad tiene una necesidad técnica, ello ayuda más a la ciencia que diez universidades. Toda la hidroeléctrica, (Torricelli, etc.) surgió de la necesidad de regular las corrientes de las montañas en Italia en los siglos XVI y XVII. En la electricidad no descubrimos nada razonable hasta que no se descubrió su aplicabilidad técnica. Pero desgraciadamente, en Alemania se ha tomado el hábito de escribir sobre las ciencias como si estas hubiesen caído del cielo.

2) Consideramos que las condiciones económicas son las que en última instancia determina el desarrollo histórico. Pero la misma raza es un factor económico. Más, a este respecto hay dos puntos que no deben pasarse por alto:

a) El desenvolvimiento político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artísticos, etc., se basa sobre el desarrollo económico. Pero interactúan entre sí y reaccionan también sobre la base económica. No  es que la situación económica sea la causa  y la única, activa, mientras que todo lo demás es pasivo. Hay, por el contrario, interacción sobre la base de la necesidad económica, la que en última instancia siempre se abre camino. El Estado, por ejemplo, ejerce una influencia mediante los aranceles, la libertad de comercio, un sistema fiscal bueno o malo; e incluso la inanición e impotencia morales del pequeñoburgués alemán, provenientes de la miserable situación económica de Alemania de 1640 a 1830, y que se manifiestan en el pietismo, primero, y luego en el sentimentalismo y en el abyecto servilismo  para con los príncipes, no careció de efecto económico. Fue uno de los mayores obstáculos que se oponían a la recuperación, y no desapareció sino cuando las guerras revolucionarias y napoleónicas transformaron la miseria crónica en aguda. De modo que no es que, como imaginan algunos por comodidad, la situación económica produzca un efecto automático. Los hombres hacen su propia historia, sólo que en medios dados que la condicionan, y en base a relaciones reales ya existentes, entre las cuales las relaciones económicas -por mucho que puedan ser influidas por las políticas e ideologías-  siguen siendo las que deciden en última instancia, constituyendo el hilo rojo que las atraviesa y que es el único que conduce a comprender las cosas.                                                           

b) Los propios hombres hacen su historia, pero hasta ahora no la hacen con una voluntad colectiva o de acuerdo a un plan colectivo, ni siquiera dentro de una sociedad dada perfectamente definida. Sus esfuerzos se entrechocan, y por esta misma razón todas esas sociedades son gobernadas por la necesidad, la que es complementada por, y aparece en forma  de azar. La necesidad que aquí se impone en medio de todos los accidentes, es nuevamente y en última instancia la necesidad económica. Es aquí donde interviene la cuestión de los llamados grandes hombres. El que tal y tal hombre, y precisamente ese hombre, surja en un momento determinado en un país dado,  es por supuesto puro accidente. Pero suprímaselo y habrá demanda de un sustituto, y éste será encontrado, bueno o malo, pero a la larga  se le encontrará. El que Napoleón, precisamente ese corso, fuera el dictador militar que la República Francesa , agotada por su propia guerra, había tornado necesario, fue un azar; pero que si no hubiera existido Napoleón, otro habría ocupado su lugar, como lo demuestra el hecho de que siempre se encontró al hombre tan pronto como se tornó necesario; César, Augusto, Cromwell, etc. Si bien es cierto que Marx descubrió la concepción materialista de la historia, Thierry, Migner, Guizot, y todos los historiadores ingleses hasta 1850 son la prueba de que se tendía a ella, y el descubrimiento de la misma concepción por Morgan demuestra que los tiempos estaban maduros para ella y que debía ser descubierta.

Lo mismo ocurre con todos los demás accidentes y accidentes aparentes de la historia. Cuanto más es alejado de la esfera económica el dominio particular de la esfera que investigamos, acercándose al de la ideología puramente abstracta, tanto más lo hallaremos exhibiendo azares en su desarrollo, tanto más zigzagueante será su curva. Así y todo, usted verá que la media de esta curva será, cada vez más casi paralela a la del desarrollo económico, cuanto más largo sea el periodo considerado y cuanto más amplio sea el campo tratado.

En Alemania, el principal obstáculo para la comprensión correcta es el irresponsable descuido de la historia económica  en la producción literaria. Es tan difícil, no solamente  desacostumbrarse a las ideas que le machacan a uno en la escuela, sino, y mucho más, reunir los materiales necesarios. ¿Quién ha leído, por ejemplo, al viejo G. von Güilich, cuya árida colección de documentos contiene, sin embargo, tanto material para aclarar innumerables hechos políticos?

Por otra parte, el hermoso ejemplo que diera Marx en el 18 Brumario debiera, según creo, proveerle a usted bastante bien de informaciones sobre sus preguntas, precisamente por tratarse de un ejemplo práctico. También yo creo haber tocado ya, la mayor pare de los puntos en Anti-Dühring, I, Capítulos IX-XI y II, Cap. II-IV, así  como en III, Cap. I o en el Prefacio, y luego en el último capítulo de Feuerbach.

Le pido que no sopese con demasiado cuidado cada una de las palabras que anteceden: recuerde el conjunto. Lamento no disponer de tiempo para revisar lo que le estoy escribiendo, en forma tan rigurosa como me obligaría su publicación. (Fin de la carta)

 

Carta 227, de Engels a Mehring, Londres 14 de junio de1893, p, 521. (Se refiere a un artículo que publicó Mehring Sobre el Materialismo Histórico.)

Usted ha descrito en forma excelente los puntos capitales, y de manera convincente para cualquier persona sin prejuicios. Si encuentro algo que objetar es que usted me atribuye más crédito del que merezco, aún si tengo en cuenta

todo lo que –con el tiempo-posiblemente podría haber descubierto por mí mismo, pero que Marx, con su coup d´ oeil (golpe de vista) más rápido y su visión más amplia, descubrió mucho más rápidamente. Cuando se tiene la suerte de trabajar durante cuarenta años con un hombre como Marx, generalmente no se le reconoce a uno en vida lo que se cree merecer. Si muere el gran hombre, al menor fácilmente se le sobreestima, y este parece ser justamente mi caso en la actualidad; la historia terminará por poner las cosas en su lugar, y para entonces uno estará a salvo del otro lado de la esquina sin saber más nada de nada.

Por lo demás, sólo falta un punto, que Marx y yo nunca subrayamos bastante en nuestros escritos, y respecto del cual somos todos igualmente culpables. Todos nosotros pusimos el acento  -y estábamos obligados a hacerlo- en el origen de los conceptos políticos, jurídicos y demás conceptos ideológicos, y los actos provenientes de esas nociones, de los hechos económicos básicos. Pero de este modo descubrimos el aspecto formal – en el modo que surgen esos conceptos, por tener en cuenta el contenido. Esto les ha dado a nuestros adversarios una magnífica oportunidad para los equívocos, entre los cuales Paul Barth es un ejemplo notable.  

La ideología es un proceso que el llamado pensador cumple conscientemente, es cierto, pero con una conciencia falsa. Las verdaderas fuerzas motrices que lo impulsan le permanecen desconocidas, pues de lo contrario no sería un proceso ideológico. De aquí que imagine motivos falsos o aparentes. Porque es un proceso mental, deriva su forma y su contenido del pensamiento puro, sea el suyo propio o el de sus predecesores.  Trabaja con material meramente intelectual, que acepta sin examen como producto del pensamiento, no investiga buscando un proceso más lejano, independiente del pensamiento; su origen le parece evidente, porque como todo acto se verifica por intermedio del pensamiento, también le parece estar basado en última instancia sobre el pensamiento. El ideólogo que trata de historia (entiendo aquí por historia simplemente todas las esferas  -la política, la jurídica, la filosófica, la teológica- pertenecientes a la sociedad y no sólo a la naturaleza) posee en cada dominio científico una documentación formada independientemente en el pensamiento de generaciones anteriores y que ha atravesado una serie independiente de desarrollos en los cerebros de esas generaciones sucesivas. Es verdad que los hechos exteriores pertenecientes a su esfera propia o a otras pueden haber ejercido influencia codeterminante sobre este desarrollo, pero  se presupone tácitamente que esos hechos son a su vez solamente frutos de un proceso intelectual, de modo que seguimos estando dentro de ese reino del pensamiento puro, que ha digerido con éxito los hechos más tercos.

Es sobre todo, esta apariencia de historia independiente de las constituciones, de los sistemas jurídicos, de las concepciones ideológicas en cada uno de los dominios, lo que encandila a la mayoría de la gente. Si Lutero y Calvino “superan” a la religión católica oficial, o si Hegel “supera” a Fichte y Kant, o si el constitucionalista Montesquieu  es indirectamente “superado” por el Contrato Social de Rousseau, cada uno de esos hechos se queda en la esfera de la teología, de la filosofía o de la ciencia política respectivamente, constituye una etapa en la historia de esos dominios particulares del pensamiento y nunca transfiere la esfera intelectual. Y puesto que también se ha agregado la ilusión burguesa de la eternidad y de la finalidad de la producción capitalista, incluso la victoria de los fisiócratas y de Adam Smith sobre los mercantilistas se cuenta como pura victoria del pensamiento; no como el reflejo intelectual  de hechos económicos modificados, sino como la comprensión correcta, finalmente adquirida, de las condiciones actuales que subsisten siempre y en todas partes. Si Ricardo Corazón de León y Felipe Augusto hubiesen  instaurado el libre cambio en lugar de enredarse en las Cruzadas, nos habríamos evitado quince años de miseria y estupidez.

Este aspecto de la cuestión, que aquí sólo puedo señalar, creo que lo hemos descuidado todos más de lo que merece. Es la vieja historia: al comienzo se descuida siempre la forma por causa del contenido. Como dije, también yo lo he hecho, y el error siempre se me presentó después. De modo que no sólo  estoy lejos de reprocharle a usted por esto de modo alguno, sino que como el más viejo de los culpables no tengo derecho de hacerlo, sino todo lo contrario; pero de todos modos desearía llamar su atención sobre este punto para el futuro. A esto se une también la fatua visión de los ideólogos, de que porque les negamos un desarrollo histórico independiente a las diversas esferas de la cultura que desempeñan un papel en la historia, también les negamos todo efecto sobre la historia: El fundamento de esto es la concepción corriente, no dialéctica de causa  y efecto como dos polos independientes, rígidos, desatendiendo totalmente a su interacción; esos señores olvidan con frecuencia y casi deliberadamente que una vez que un elemento histórico ha sido traído al mundo por otros elementos, en última instancia por hechos económicos, reactúa (reacciona) también a su vez y puede reaccionar sobre su medio incluso sobre sus propias causas. Por ejemplo Barth, escribiendo sobre la casta sacerdotal y la religión.

(Fin de la Carta 227)




noviembre 2011
L M X J V S D
« Oct   Dic »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930