Archivo para 25 febrero 2012

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No es el fin del capitalismo

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 Foto: juze1980’s photostream

 

Por Dr. Darsi Ferret

La Habana, Cuba. 23 de febrero de 2012.

Nunca antes la Humanidad había alcanzado los niveles de comunicación interpersonal que goza en el presente. Y para mayor provecho hacia una creciente modernidad, las aceleradas innovaciones tecnológicas permiten avizorar un fantástico escenario de nuevas posibilidades de interconexión. De hecho, el concepto del mundo como una “Aldea Global” adquiere mayor materialidad cada día, influyendo de modo determinante en las sociedades civiles, hasta en aquellas naciones donde rige un severo control de su libre actividad.
Participar en esta aventura innovadora promueve novedosas perspectivas para millones de seres humanos. Y las posibilidades no se limitan al protagonismo e influencia en el mercado mundial, ya como vendedor o como simple consumidor. Las ideas e intercambios de información ahora viajan de una parte a otra del orbe con velocidad y presencia inmediata a los acontecimientos políticos, sociales y económicos que las generan, y estas a su vez impulsan otros cambios aún mayores. Las convulsiones sociales deesta dinámica impulsanuna amplia incidencia en aquellas sociedades donde rigen tradicionales o anquilosados patrones culturales. Pero la misma ola de modernidad también estremecelas sociedades desarrolladas, donde se generó el fenómeno de la Globalización.
La presente crisis económica emergida en los Estados Unidos y por lo pronto expandida hasta buena parte de Occidente, revela distorsiones surgidas de la perniciosa tendencia al estatismo que socava la base económica. Y pese a todos los pronósticos agoreros sobre las “insalvables contradicciones” del sistema productivo más exitoso de la Historia, lo que se reciente es su efecto, no su causa. En esencia, ningún modelo de desarrollo basado en la economía de mercado demuestra ser ineficiente en elevar la productividad y el disfrute de riquezas y bienestar para tantos, además de garantizar el Estado de Derecho a sus ciudadanos. Sin embargo, son las deformaciones del modelo político, sobre todo debidos al espacio y función ocupados por el Estado en plena práctica del Keynesianismo, lo que da claras señales de agotamiento evolutivo.
La presencia del Estado en funciones para las que no fue concebido, por ejemplo como protagonista económico, creador de empleo y subvención social, más allá de las reales posibilidades económicas en un momento dado, provocan una deformación consecuente en la estructura del empleo, la maquinaria política de los partidos democráticos y los propósitos y metas de las elecciones, y comosecuela derivan en la generación del clientelismo en la masa de votantes y la creciente intervención de los gobiernos de turno en las finanzas privadas y el mal manejo de los recursos acumulados por las instituciones públicas.
Es evidente que la presente crisis tiene su origen, e incluso se ha agravado, por la persistencia en esa fórmula como solución ante alarmantes indicios de catástrofe económica. También quedan claro los prejuicios derivados de la persistente injerencia del Estado al incentivar, u obligar legalmente en determinados casos, al sistema financiero privado a la práctica bancaria de expandir el crédito de manera indirecta (favoreciendo las hipotecas riesgosas, por ejemplo), o directa, más allá de las reservas bancarias, como principal método de estimulación económica. Pese a tal práctica ser perfectamente identificada como el origen nocivo de las crisis periódicas del sistema de economía de libre mercado, se ha insistido en ella como el trillado método de motivación económica para aumentar la recaudación impositiva y así sufragar mayores subvenciones y gasto público.
Para mayor gravedad, y como urgente intento de solución de las crisis, con el dinero público el modelo de intervención estatal ha favorecido gigantescos rescates financieros de los bancos y enormes empresas en quiebra. Los resultados de esta desacertada política, implementada de manera muy parecida en todo el modelo económico occidental, han demostrado una y otra vez su fracaso como solución que no supera lo eventual.
Muchos analistas políticos y expertos económicos reconocen estos desfavorables resultados. Y hasta opiniones muy calificadas señalan la necesidad de un retroceso de la presencia estatal como protagonista económico. Mas, ¿bastaría con ese paso? ¿No sería un repliegue provisional, para tiempos mejores, conservándose en esencia el mismo concepto del Estado interventor en la economía y finanzas y todo el tándem de maquinaria política-elecciones- clientelismo popular?
Si hay algo que indican estos tiempos globalizadores es que los cambios que ocurren en las sociedades son profundos y generales para todo y todos. ¿Por qué no concebir una nueva configuración del Estado y su contraparte, la sociedad civil, cada una ocupando el espacio que de verdad les pertenece y donde funcionan mejor? No se trataría de otro intento de ingeniería social, sino dejar que fueran retomadas las funciones para las que ambos, durante siglos de formación, errores y aprendizaje, demostraron ser efectivos instrumentos de orden y progreso.
Por ejemplo, el Estado podría retomar por completo su papel de rector, prudente regulador y supervisor, cediendo gradualmente a la sociedad civil y al dinámico mecanismo de oferta-demanda y beneficio-castigo de la economía de mercado las funciones que cumple como benefactor público y creador de empleo. Este ejercicio económico podría ser sufragado, por ejemplo, mediante los recursos que recaude mediante un sistema de impuestos que también fuera novedoso. Tiene más sentido dejar de castigar la riqueza con impuestos crecientes, como tiende a suceder en la actualidad, y en cambio premiar con rebajas la inversión. Es decir, medir el impuesto de acuerdo al gasto y no al ingreso. Aparte de generar capital, haría desparecer gradualmente la dependiente concepción clientelista de la población hacia el Estado Benefactor. En consecuencia, las asignaciones de esos recursos no serían festinadas y a capricho de inversión de un reducido grupo de funcionarios del Estado, como es práctica habitual, sino mediante un riguroso proceso de licitación pública a los diversos mejores proyectos de beneficio general, supervisados periódica y rigurosamente por el Estado en sus niveles de calidad.
Espacios lastrados y con límites onerosos a la vista del presente modelo económico estatista, tales como el empleo, en buena parte causante de excesiva burocracia, y sobre todo de la creciente presión de las pensiones, pasarían a ser asunto de la economía de mercado. Es innecesario que la mayor o una parte significativa de las empresas de servicios públicos sean un monopolio estatal. La práctica histórica de esta política demuestra las ineficiencias que esto genera en corrupción y mala atención a la población. Y las pensiones que son administradas por el Estado, en rigor pertenecen al capital acumulado con su trabajo por cada pensionado. Salvo las excepciones que la razón indique, por causa de incapacidad física, mental o ambas del beneficiario, u otra que merite, el Estado debería entregar en manos del pensionado el total acumulado y que éste lo invierta como accionista en las múltiples compañías de SeguroSocial que de inmediato surgirán en el mercado libre, atraídas por el capital que podrían aportar estos nuevos inversores. El éxito de esta fórmula en un país pionero como Chile demuestra una eficiencia en el uso de esos capitales que supera toda expectativa.
Más, si se acepta que la Globalización es integral en los cambios que trae, se debe ser realista: el aparato legislativo y el funcionariado de la burocracia estatal también debería ser transformado. Serevela una tendencia alarmante sobre la invariable presencia por años de los mismos legisladores y funcionarios encargándose de los asuntos públicos. La experiencia confirma que no resulta beneficioso que los legisladores o los altos funcionarios y especialistas transformen un cargo estatal en una carrera de por vida. El poder es algo demasiado peligroso y tiende a corromper. Tal situacióncrea estructuras de relaciones o maquinarias políticas que a largo plazo trabajan más para el beneficio de su grupo y persona que para el bienestar público. El cargo legislativo debe estar sujeto al mismo límite de dos períodos de funciones seguidas que cualquier cargo ejecutivo. No debe ser una carrera profesional. Es un puesto de sacrificio y entrega provisional a los intereses de la nación. En definitiva, lo que importa es la libertad y eficiencia del cuerpo legislativo, no figuras carismáticas que por muy atractivas que parezcan, envejecen y se pensionan sentados en su curul.
Y sería conveniente en el orden y la efectividad para la necesaria administración burocrática de los asuntos públicos que, una vez reducido a su esencia funcional el aparato burocrático del Estado, no esté exento de una minuciosa política periódica de supervisión y calificación, basada en la calidad y eficiencia de cada funcionario mediante exámenes por oposición. Es esencial que el funcionario público, cualquiera que sea su responsabilidad, se sienta en la obligación de ser cada vez mejor en su trabajo. Su experticia es muy valiosa, mas no cuando utiliza el poder que se le otorga en prácticas ineficientes o franca e ilegalmente lucrativas.
Medidas como estas, u otras mejores que limiten la desmesura de funciones de instituciones estatales serían de provecho para el área de la política. El ejercicio democrático en las urnas no estaría dirigido al propósitode obtener votos a cambio de la promesa de beneficios sociales sufragados con el mismo dinero de los votantes. Las maquinarias de los diversos partidos políticos deben estar influenciadas por programas que no tengan como objetivo crear más carga económica para la sociedad. Los beneficios que se recaudan mediante impuestos no pueden estar a disposición de las plataformas políticas del partido de turno en el poder, ni de funcionarios o legisladores inamovibles de sus cargos. La supervisión del Estado y sus regulaciones como árbitro no deben ser confundidas con disponer como empresario de esa riqueza recaudada. Es la sociedad civil la encargada de tal cometido. Por tanto, el ejercicio consecuente de sus verdaderas funciones pondría gradual fin al vicio del clientelismo popular y al poco eficiente empleo estatal.
Sería razonable tomar en cuenta la imprescindible transformación que debe emprender toda sociedad ante los tiempos que corren. No son premonitorios del fin del sistema de desarrollo que mayores beneficios le ha otorgado a la Humanidad, también sacudida por medio de irrupciones de experimentos irracionales, ajenos al progreso y el cambio saludable.El protagonismo y el peso de la opinión del simple ciudadano ya trascienden los asuntos de su propio país, incursionando y creando estados de opinión sobre temas globales. La ganancia que ello representa para la raza humana aún está en embrión, pero ante la ola de libertad que ahora recorre el mundo, sus perspectivas son muy estimulantes.

17
Feb
12

Secularización y Religiosidad

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  Baruch o Benedict de Spinoza (Hebreo: ברוך שפינוזה, Portugues: Bento de Espinosa, Latin: Benedictus de Spinoza) Noviembre 24, 1632 – Febrero 21, 1677. Foto:
Akbar Simonse’s photostream

Por el Lic.Jorge Horacio Raíces Montero

Raices_Montero@fibertel.com.ar

….La génesis de la religión parece estar basada igualmente en la renuncia a determinados impulsos instintivos: más no se trata, como en la neurosis, exclusivamente de componentes sexuales, sino de instintos egoístas, antisociales, aunque también estos entrañen por lo general, elementos sexuales. La conciencia de culpabilidad consecutiva a una tentación inextinguible y la angustia expectante bajo la forma de temor al castigo divino, se nos ha dado a conocer mucho antes en los dominios religiosos que en los de la neurosis. Podríamos arriesgarnos a considerar a la neurosis obsesiva como la pareja patológica de la religiosidad; la neurosis, como una religiosidad individual, y la religión como una neurosis obsesiva universal (Sigmund Freud).

Cuerpo, época, ecumene, mundo, siglo, algunas de las terminologías que se desprenden del latín “Saeculare”, el aquí y ahora, lo mundano, en contrafigura con lo gnóstico, espiritual o divino. Por otro lado el término modificado del latín antiguo “Saeculum” se refiere a los miembros pertenecientes a una institución religiosa, seglares, no sacerdotes.

Las sociedades se fueron conformando y estructurando bajo diferentes poderes. El poder de las armas, del saber, el poder económico, la religión. La secularización en particular es la desestructura del poder religioso institucional omnívoro sobre las tierras, ideas y sexualidad entre otras. El fracaso de las políticas públicas religiosas provocan la pérdida de influencia institucional y el descreimiento, sostén fallido de un poder absoluto. Otros dogmas, saberes y entenderes reemplazan las anteriores gnosis: el poder del dinero, las armas, el partidismo. Podríamos mencionar quizás, que lo sagrado cede paso a lo profano, no es tan así, ya que se reemplazan dogmas por antidogmas u otras gnosis. Ciencia toma un lugar preponderante, pero no podemos dejar de mencionar que es una fe en esta disciplina, por ende otro dogma que reemplaza al anterior. Con esta advertencia podríamos mencionar que lo religioso se convierte en secular y en parte lo sagrado ahora designa lo profano. Tanto en la época de la Revolución Industrial como en la Ilustración dan claros ejemplos de lo citado anteriormente. Para tomar otros ejemplos podemos mencionar desde la Filosofía que much*s pensador*s, fuera de la época inquisitorial, supuestamente agnósticos, terminaban con la idea de “Uno”, gnosticismo por excelencia. Por otro lado la Epistemología que pertenecía al campo de la Filosofía se independiza, conformando una ciencia que dictamina que es científico de lo que no, diferenciada justamente de todo aspecto dogmático o de creencia. La secularización enfatiza por un lado retirar la religión de la institucionalización y por otro la modificación de estructura entre otros poderes como la ética, la estética, la política y la fuerza de las armas. También designa, la secularización, la pérdida del poder religioso sobre pueblos y naciones, naciendo así lo laico como expresión de independencia. La tutela de la religión pasa a la sociedad civil, la propiedad de la iglesia a propiedad del Estado, poder eclesiástico a poder del pueblo. Así, la cultura toma otra dimensión, la moral no es el centro. Ciencia, arte, escritura toman carácter propio sin estar atadas a los límites de una interpretación delimitada de antemano o exégesis. Secularización también implica que muchas entidades, instituciones inherentes al contacto humano y su conformación: centros de salud, cultura, educación, dejan de estar en manos religiosas para pasar a estar a cargo del ecumene independiente de las ideologías. Repasar la sacristía o recoger el diezmo denominan acciones que ya parecen no estar en el diccionario, las arcas se vacían y los dictámenes bizarros todavía enunciados y anunciados, son estertores de una larga y triste noche.

Quizás sea momento para poder distinguir entre dogma, saber, deseo e ilusión y sus relaciones con la legalidad. En el saber, como en el deseo se da una relación dialéctica, entre cumplimiento ontológico e incumplimiento óntico. se plantea como Idea Regulativa Kantiana. Aquí quizás debemos no confundir con conocimiento (sistema de proposiciones referido a un tipo de objeto o problemática, Ej.: una teoría científica). En el saber hay una intradialéctica entre los caracteres dóxicos (creencias) y los caracteres noéticos (certeza) pero con posibilidad de querer alcanzarlos. La ilusión es la pretensión de noetizar la totalidad de los caracteres dóxicos del saber, pretensión que el cumplimiento ontológico coincida con el cumplimiento óntico, en consecuencia, en las teorías científicas o filosóficas, no hay verdades absolutas, solo aproximaciones (aproximalismo de Bachelard). La legalidad transgresiva es características de las epistemologías abiertas, epistemologías que admiten la ilusión y la permanente interacción dialéctica con la ideología (interacción: ciencia – ideología).

Realizada esta salvedad podemos dar un claro ejemplo que no cunde entre privadas conversaciones intelectuales, sino plasmada en un medio masivo de comunicación, el filósofo León Rozitchner nos invita a reflexionar en “El profeta Ezequiel y los santos varones”: La Iglesia Católica romana muchas veces prohijó la muerte; instaló el terror mortal en el sexo, en lo más elemental y pujante de varones y mujeres. Esta tradición, por suerte, fue excluida de sus costumbres y sustituida por métodos más persuasivos. Monseñores, en cambio, actualizando esa estela, citan al profeta Ezequiel para traernos de nuevo la imagen de la muerte como castigo merecido para el pecado.

No es extraño que acudan a uno de los profetas judíos que esgrime las amenazas más sanguinarias y crueles para marcar con el terror humano la ley divina en el cuerpo. Pero menos extraño es aún que monseñores acudan al mismo texto bíblico, entre muchos otros, en el que se apoyó también explícitamente la Inquisición medieval para realizar durante cuatro siglos la caza de brujas. Desde 1484, en una Bula de Inocencio VIII, la Iglesia Católica santificó el extermino, sobre todo de mujeres; pusieron en los temidos cuerpos de hembras, las lujuriosas, el lugar del Demonio. Este terror se expandió a fines del siglo XV hasta mediados del Siglo XVIII, condujo a la tortura y a la hoguera a millares y millares de brujas y brujos, acusados de copular con el diablo. Desaparecieron en el fuego, dicen, casi un millón de personas. Bello capítulo de los “derechos humanos” para la religión del amor inmaculado. Por eso hemos incluido, como epígrafe, las citas del profeta Ezequiel, en quien tanto los inquisidores como los monseñores apoyan textualmente sus sagradas pulsiones intolerantes. Amenazan con la muerte de los cuerpos sexuados para limitar el desborde de la pasión y el amor puesto en las mujeres y en l*s homosexuales.

“Si el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, a causa del mal que ha cometido muerte. Y si el malvado se aparta del mal que ha cometido para practicar el derecho y la justicia, conservará la vida (Ezequiel, 18)”. Citado por monseñor en su Misa para Varones como represalia a la querella presentada por Gays por los Derechos Civiles, por cuanto ese personaje siniestro comentó que las lesbianas y los gays deberían ser encerrados en guetos.

“Yo los colocaré en las manos de los habitantes de Palestina, o sea los demonios, que habrán de avergonzarse de vuestras iniquidades, o sea de los pecados contra natura. Porque no hay pecado que dios no haya tantas veces castigado como ése, a través de la muerte vergonzosa por la mano de las multitudes (Ezequiel, 19 citado en El martillo de las Brujas, Malleus Maleficarum, Pág. 92 y 378, ed. en portugués)”. Código escrito en 1484 por los inquisidores dominicanos Krames y Sprenger. Precedida de una Bula de Inocencio VIII.

“La espada, la espada está afilada y aun acicalada/ para degollar víctimas está afilada, acicalada está para que relumbre/ … /para entregarla en manos del matador./ Esta es espada de gran matanza que los penetrará./ Para que el corazón desmaye y los estragos se multipliquen; en todas las puertas de ellos he puesto espanto de espada. Ah, dispuesta está para que relumbre, y aderezada para degollar (Ezequiel 21;9 a 15)”. Monseñor cita el parágrafo 18 de Ezequiel, los inquisidores del siglo XV citan el 19 y el 21. Yo agrego otros trozos del 21, que prolongan los anteriores. Se comprende el aire de familia y tradición que une a monseñor con los inquisidores.

La amenaza mortal en la cita que monseñor hace del profeta Ezequiel nos deja helados: nos quiere seguir curando, pero de espanto. No se preocupa por la significación humana y amorosa de los cuerpos, que es el legado cristiano: queda atrapado, la cruel mirada fija, en la mera materialidad de los órganos sexuales. Y si los inquisidores creían realmente que las brujas volaban como pájaros negros, los monseñores siguen creyendo que l*s homosexuales tienen “realmente” al demonio en sus cuerpos. No es una figura retórica ni una imagen literaria. Monseñores siguen pensando con los mismos textos y con las mismas categorías mentales de los inquisidores medievales. Lo cual es un peligro enorme para la ciudadanía, pues monseñor era el cardenal primado de la Iglesia Católica en la Argentina. Como es ya sabido, los sacerdotes que están en la iglesia hacen lo que sienten: han renunciado a la sexualidad como la expresión más acabada del espíritu. ¿Quién podría negarles su coraje? Pero desde la libre elección que han hecho sobre el uso de sus propios cuerpos, que nadie discute, algunos de ellos, irritados, están muy preocupados por lo que nosotros, los que vivimos nuestra espiritualidad en la carne misma, hacemos libremente con los nuestros. Y nos bajan línea tenebrosamente por interpósito profeta: nos vienen a decir, justamente a nosotr*s, bajo amenaza de muerte divina, cómo debemos vivir, y con qué afecto, nuestro propio cuerpo histórico y sexuado.

En el fondo de nuestra carne enamorada, por amor de padres y madres, tod*s llevamos también profundamente a un hombre y a una mujer, entrelazados por el amor, en nuestro cuerpo de hombre o de mujer históricos. En cada uno se vive esa cifra del amor tal como en su corazón, secretamente y por caminos inexplicables, se ha resuelto. El sacerdote católico, por conversión total, excluyó de su cuerpo la sexualidad inferiorizada, y renunció a ella. Con la misma libertad también debería pensarse que todo cuerpo elige desde sí, histórica e involuntariamente, la forma humana (hombre y mujer) que despierta su amor más entrañado, desde la más profunda marca jugada de su ser sensible y hasta místico; el objeto y la forma de su amor carnal privilegiado. Monseñor está muy preocupado con lo que cada uno hace, privadamente, con su propio cuerpo. Pero no le preocupa lo que con nuestro cuerpo hacen l*s otr*s, l*s que tienen el poder económico, militar y político. De todo el horror contemporáneo de todos los entrelazamientos contra natura y contra la persona, monseñor descubre ante los fieles al enemigo principal, lugar de residencia del demonio: en el modo como vivimos nuestro sexo.

Santos varones hubo que se macularon de sangre hasta el alma con la guerra sucia, donde se realizaron delitos atroces y aberrantes, pero les piden a los demás que tengan el cuerpo sexual puro y limpio. Monseñor no declama contra el escándalo de la pobreza, la expropiación de la vida, el hambre, la enfermedad y la desespiritualización convertida en rapiña. No, sólo quiere saber una sola cosa: qué destrucción de la forma canónica del amor detecta en la reivindicación valerosa de un cuerpo que dice la verdad de su carne enamorada. Y allí se ensañan, con todo el viril y santo ardor estos varones, con la mirada inquisidora fija en las entrepiernas. Santa preocupación, en verdad, frente a la muerte histórica que estamos viviendo, mientras los mercaderes, que siguen yendo al templo, no ven al inocente Jesús que se quedó sólo en un rincón, crucificado con su amor, indefenso. Necesitan separar al espíritu de los orines y las heces, entre los que nacemos como dios manda. Soportan los hedores de la expropiación de la vida cotidiana, como antes consagraron la “purificación por la sangre” ajena en los asesinatos y los crímenes atroces que algunos estimularon en los genocidas. Apoyan ahora con fervor la “modernización” capitalista, aniquiladora de millones de personas, avalando la lógica cuantitativa y monetarista de neoliberalismo. Privilegian como dogma de fe al “materialismo” de la economía de mercado: se rinden, espirituales, a la crueldad inmisericorde de las leyes de hierro sin sujeto humano. Allí se olvidan de los cuerpos dolorosos, de los millones de inocentes crucificados; no son cuerpos sexuados los cuerpos destruidos, los angelitos tiernos que se van de la vida, los viejos explotados a los que les ofrece el suicidio como único viático, los pechos vaciados de las Mater dolorosas de los barrios de lata. La opción por l*s pobres es como siempre, simbólica: cumplen con lavarle los pies a uno de ellos humildemente, una vez al año. Y no hay escándalo en este horror de la miseria y el hambre, en el país de la abundancia, de las mieses y el ganado: esos cuerpos sufrientes de varones y mujeres, en su realidad carnal, son cuerpos simplemente despreciados. Sólo buscan en el cuerpo individual, en el centro de su forma sexuada, la marca mortal del pecado.

Quieren volverlos a aterrorizar con la amenaza de muerte, la tortura moral, ahora por abajo. No hablan de los grandes gozadores de esta realidad obscena. No hablan de “pecado” que lleva ahora nombre económico, productor de muerte y envilecimiento; no traducen “demonio” por “libre economía de mercado”, que se pasea a sus anchas devorando la vida de los inservibles cuerpos pobres. Y ahora, a la implantación de la pena de muerte tantas veces pedida por un presidente de la Nación, monseñor le agrega la suya para que penetre en la libre fantasía de los cuerpos sometidos. Quiere someterlos una vez más hincando el diente del terror en la promesa del asesinato divino de los pecadores por el sexo. Necesitan ratificar el terror a la muerte y volver a incluirla profundamente en el imaginario inconsciente de la gente, allí seguramente donde varones y mujeres se confunden, donde todos soñamos sueños necesariamente impuros y no santos. Los desvelos morales de monseñor en su ampliación desmesurada para estos tiempos de crisis nos enseñan que el modelo del uso del cuerpo sexuado es una premisa necesaria para el orden despótico y para la expropiación de la vida en el trabajo. Monseñor le proporciona a la expropiación económica el orden cerrado del cuerpo inmaculado, trabajado por la culpa infantil, separado tajantemente en mujer y hombre, sin mezcla, incontaminado, porque el Espíritu y la Razón Absoluta son de machos varones que las tienen bien puestas. La razón patriarcal nos conmina: el poder de la sexualidad masculina sobre la mujer, donde se asienta la razón occidental, debe permanecer intangible. No debe aparecer ni una mácula de mujer en el hombre: contaminaría lo absoluto de la razón patriarcal de los santos varones. Y así como cortan la relación de expropiación económica que liga a la riqueza con la pobreza que produce, y convierten a la propiedad en algo esencial y no histórico, como si la propiedad capitalista circulara por las venas, también excluyen la relación del hombre con la mujer y presentan a cada cuerpo como separado con el deber de ser inmaculado. Sería un horror que en el cuerpo del hombre apareciera una pizca siguiera de la marca femenina animada en el cuerpo místico que la homosexualidad denuncia y según ellos ultraja. Se olvidaron de que el hombre de Adán se abrió de costillas para parir a la mujer en el cuento de la Biblia. Sería también un descubrimiento horrible pensar como Platón, que en el origen fuimos andróginos, que la mujer o el hombre que buscamos afuera estuvo ya, abrazado, en uno mismo. Muchos no toleran ver que los sueños se realizan. El poder necesita esta corta radical entre hombre y mujer, como radical es la diferencia entre ricos y pobres. Así como en el hombre no hay nada de mujer, en la riqueza del rico no hay nada del pobre. Y para cortar en dos sirve la espada. Desvían la mirada espiritual y moral de la gente para que los reprimidos y los liberados se enfrenten. Vuelven obsesionados a ese lugar de horror sexual del torturador medieval: escudriñan las braguetas, levantan las faldas de las mujeres, espían los lechos, vuelven a buscar la razón de nuestro cotidiano horror, lo más terrible que nos está pasando, en el uso de las partes pudendas de la buena gente. Y todo lo demás, lo verdaderamente destructivo, monseñor lo pone a cuenta de los diarios y la tele, y sobre todo a cuenta del “ídolo”. Dinero, así en abstracto. O del capitalismo, pero del “salvaje”, que no sería este que él aprueba. El “dinero” es ídolo, nos dice. Lo que no nos dice es que tras la estatua de piedra del demonio la pérdida piedad del saber y de la verdad se esconde. Pero la teoría económica en serio develó el secreto de aquello que monseñor, a esta altura del partido histórico, todavía piensa y siente con categorías bíblicas: el “ídolo-dinero”, el Becerro de Oro. Tuvieron que aceptar, tardíamente como siempre, que la Tierra no era el centro del orbe, luego de calcinar los cuerpos que enunciaban una verdad que contrariaba el dogma. Ahora monseñor quiere que pensemos al capitalismo con las categorías imaginarias de la antigua sociedad agraria. Pero el “fetichismo” diabólico del dinero ha sido ya desnudado en su verdad por el espiritualismo ateo; el dinero sirve en el capitalismo sólo como un medio para la cuantificación abstracta del trabajo del cuerpo pleno del expropiado. Sirve en el monetarismo para que las relaciones sociales aparezcan, excluídos, sólo entre las cosas. El cuerpo, ese que preocupa tanto, es el valor de uso que el monetarismo utiliza como valor de cambio. A monseñor no le inquieta el “uso” que hace del cuerpo el valor de cambio; no es una verdad sagrada. Y para que en el “ídolo” dinero no descubramos al monetarismo neoliberal que en él se esconde, monseñor vuelve a desempolvar la imagen del “becerro de oro”. Pero en el racconto bíblico judío, como muchos saben, el “becerro de oro” no simboliza al dinero sino a la madre ubérrima y tierna, excluida la muerte por el monoteísmo judío. Porque el becerro de oro era, en una sociedad agraria, una vaca de ubres plenas de leche y miel, símbolo de una diosa femenina para sus adoradores. Era de oro porque destellaba de luz materna; no expresaba la adoración de los judíos al dinero en que el antisemitismo la convirtió luego. Habría que decir, para ser consecuentes con la historia moderna, que los adoradores del Oro sin becerro son, entre nosotros, los cultores de esa nueva fe sagrada y absoluta: el dios del neoliberalismo, y su arcángel Cavallo. Y así se fetichizó el cuerpo sexual “normalizado”, bien separadito, sin mácula de hembra loca y temida, desbordante de vida y de placer, e hicieron del varón unilateral una unidad pura cerrada sobre sí misma, sin feminidad, sin marca sensible materna. Un cuerpo patriarcal es un cuerpo del cual cada hombre inferiorizó en sí mismo lo que tiene de mujer-madre aunque la convierta en santa. Este aporte del poder imaginario religioso le vino de perillas al capitalismo: la razón cuantitativa y expoliadora, que todo lo computa en números, encontró la posibilidad de cuantificar la vida cualitativa de los cuerpos sexuados despreciados. Y se asombran ahora, cuando el valor espiritual del cuerpo ha sido casi aniquilado entre nosotros, de que la sexualidad vuelva a aparecer desbordante, buscando en el único índice de vida humana que nos queda, el encuentro primigenio, insublimable entre los seres humanos.

El primer “ídolo”, la unidad básica del despotismo, es el cuerpo sexual pero congelado y separado, hombre y mujer: “Los nenes con los nenes y las nenas con las nenas”. O en versión más moderna: los nenes con los penes y las nenas con las penas. ¿Por qué asombrarse de que luego esta separación infantil a veces se prolongue en el amor adulto? Al excluir radicalmente al otro sexuado en uno mismo hacen aparecer a los sexos puros, enfrentados y aterrados de la diferencia como si fueran contrarios. Sólo nos plantean la “lucha de sexos” y luego, como resultado nuevo, la separación productivista del trabajo, pero sin lucha de clases. Para que la lucha de sexos predomine y queden encubiertas, tras de ella, las sociales. Quieren acentuar la clave fundamental y más arcaica del despotismo. Algo más todavía. El despotismo imperial inflamado de fe de monseñor no es nada democrático: es totalitario. Está contra las leyes de la República y viola la Constitución. Pretende que las leyes de su dios y de su religión sean, bajo amenaza de muerte, válidas para todos (aún para los nos creyentes) que, como nosotros, respetamos las suyas. “Amar a dios por sobre todas las cosas es acatar sus leyes, que son para todo ser humano, y no sólo para los católicos”, nos dijo. ¿Se entiende? No son las leyes de la Nación, que nos dio una Constitución y no una Biblia como Carta Magna, sino las leyes que monseñor, por encima de las leyes de la Nación, quiere imponernos a todos. Que no son siguiera las que proclamó Jesús, las del amor, sino las de la Inquisición y la hoguera medieval de Inocencio VIII. Monseñor es un inquisidor en pleno siglo XX: sueña el viejo sueño del Estado Teocrático.

Enrique Carpintero nos recuerda en “El disparate, si está vivo, es verdad: el teorema, si está muerto, es mentira” en Def-ghi 3: La filosofía espinoziana se construye como un sistema que llama Dios o Naturaleza (recordemos que para Spinoza, dios no es un ser sobrenatural sino una metáfora de la Naturaleza, de allí que pueda ser considerado el padre de l*s ate*s) y que es denominado en la “Ética” como “sustancia”. Esta no conoce y luego actúa, conoce obrando y obra conociendo, de manera que conocer es hacer y hacer es conocer. Es en esta acción donde al estar en juego nuestra creatividad y destructividad se plantea la cuestión de la ética. El esfuerzo ético para Spinoza consiste en transformar las pasiones tristes en pasiones alegres.

Lic.Jorge Horacio Raíces Montero
Psicólogo Clínico

Raices_montero@fibertel.com.ar

12
Feb
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La importancia de la educación en la primera edad

Por la Licenciada Milvia Méndez.

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Recuerdos de San Valentín

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Foto: Carola

 

 

Existen varias teorías que vinculan el 14 de febrero con el Día de los Enamorados. Algunos piensan que es una fiesta cristianizada del paganismo, pues en la antigua Roma se adoraba al Dios del amor, Eros y a quien los romanos llamaban Cupido. En esta celebración se pedían los favores del Dios a través de regalos u ofrendas para encontrar al enamorado ideal. Otras fuentes creen que el origen de la historia de San Valentín fue en la Roma del siglo 111, época en la que el cristianismo era perseguido. También se prohibía el matrimonio entre los soldados, ya que se creía que los hombres solteros rendían mas en el campo de batalla que los hombres casados porque no estaban emocionalmente ligados a sus familias. En estas circunstancias surge la figura de San Valentín, un sacerdote cristiano que ante tal injusticia, decide casar a las parejas bajo el ritual cristiano a escondidas de los ojos romanos. San Valentín fue ejecutado el 14 de febrero. Su cuerpo se conserva actualmente en la Basílica de su mismo nombre que está situada en la ciudad italiana de Terni. San Valentín se ha convertido en el patrón de todos los enamorados y de las personas que quieren tener una pareja.
Me parece de gran importancia esta celebración pues a muchos nos da la oportunidad para demostrar nuestra amistad, afecto y amor a nuestros amigos, familiares y a la persona amada. Sin embargo, para los comerciantes, es una oportunidad para incrementar sus ventas. De cualquier manera, pienso que debemos tener presente que lo importante es demostrar nuestro amor y afecto a los seres queridos, ya sea enviando textos, tarjetas digitales, emails, flores, poemas de amor, bombones, regalos, un cálido apretón de manos, por teléfono o de persona a persona. Pero nunca sentirnos obligados a sacrificarnos y comprar regalos porque en realidad como sabemos, no es una celebración impulsada por el comercio, sino para demostrar el verdadero amor.

Elsa I. Pardo
Miami
eipardo2002@yahoo.com




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