Archivo para 23 agosto 2012

23
Ago
12

Sectas peligrosas

 
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 Galería de OAGREDOP
Tanto en Estados Unidos, como casi en en todos los países del mundo, proliferan los charlatanes que inventan nuevas sectas con el único fin de lucrarse de la ignorancia y esperanza de personas ingenuas que se dejan convencer por su charlatanería, y digo, en casi todos los países del mundo, porque si alguno embaucadores intentara inventar una nueva secta en los países islámicos, de seguro, sería borrado de la faz de la tierra.
Día a día aparecen nuevas sectas que se auto-denominan “cristianas”, ocultando su verdadero nombre e ignorando a otras que, como la católica, la ortodoxa y las protestantes que sí tienen orígenes cristianos y existen desde mucho antes de que aparecieran estas nuevas de origen oscuro y cuyos ministros o pastores no tienen estudios teológicos ni vidas ejemplares que los autorice moralmente a enseñar el camino del bien. Pero en cambio, tienen la capacidad para seleccionar muy bien los capítulos y versículos bíblicos en los que se mencione como gran virtud la generosidad y el desprendimiento de los bienes terrenales, para así lograr que los fieles entreguen con alegría sus diezmos a cambio de la salvación de sus almas y la dicha eterna.
Pero, ¿adonde va a parar ese dinero? Sería bueno ver las cuentas bancarias de estos “elegidos de Dios” y sus propiedades.
Hace algún tiempo, después de un servicio religioso en el que algunos feligreses sufrían de convulsiones al recibir el fuerte impacto de la conversión, mientras otras eran sanadas de dolorosas e incurables enfermedades, vi meses después, al mismo “pastor de almas” en otra ciudad curiosamente acompañado por uno que había sido curado de un cáncer terminal, tomando cerveza y riendo a carcajadas. ¿De qué se reirían? ¿Qué les causaría tanta gracia? ¿Acaso la ingenuidad de los incautos que se dejan convencer por sus engaños?
La religión es algo que hay que tomar muy en serio y, bajo ninguna circunstancia, debemos permitir que nos engañen personajes siniestros que aparecen de la noche a la mañana, abriendo las puertas de nuevos templos, aparentando una humildad que están lejos de tener.
De estos lobos vestidos con piel de oveja, que hablan mal de otras religiones y que dicen tener la verdad absoluta, tenemos que cuidarnos mucho, porque son mercaderes de sectas inventadas por ellos mismos y utilizan como anzuelo el nombre de Jesucristo para engañar y engrosar sus cuentas bancarias, a costa de crédulos incautos.
José M. Burgos S.
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21
Ago
12

El efecto de las palabras

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Foto: Bolorio

 

Una de las primeras cosas que aprendemos es a comunicarnos los unos a los otros a través de las palabras. Con ellas formamos frases y podemos expresar nuestros sentimientos y nuestros pensamientos.

No es verdad que las palabras se las lleve el viento. Las palabras dejan huellas, dejan alegría, dolor, amor, odio, y hasta pueden sanar o matar.

Es necesario pensar antes de hablar porque nuestras palabras pueden marcar para bien o para mal nuestro destino.

A través de palabras bondadosas podemos dar consuelo a quienes lo necesitan o lanzar venenosos dardos que causan dolorosas e incurables heridas, pues una vez que hemos causado un mal, ya el daño está hecho y aunque intentemos remediarlo, siempre quedará como un jarrón que se rompe y después se pega, con imborrables cicatrices.

Las palabras pueden destruir un matrimonio o una amistad y hasta a un país, pero también pueden brindar esperanza y bienestar. Por lo tanto, debemos tener sumo cuidado al utilizarlas.

Hay personas que utilizan las palabras con sarcasmo, con ironías, con burlas, con ofensas y hasta con calumnias como un medio parar alcanzar un objetivo. Las personas que recurren a medios innobles para lograr una meta, no son dignas de confianza.

Algunos son tan hirientes, que se pasan de la línea llegando hasta el extremo de burlarse de la primera autoridad de un país, abusando de los privilegios que les permite la libre expresión. Se puede criticar, claro está, pero dentro de los parámetros elementales del respeto hacia nuestros semejantes. Quienes se mofan de otros seres humanos merecen ser marginados, porque nadie tiene derecho a burlarse de sus semejantes y quien lo hace es una persona llena de vileza.

Pero si por el contrario, tratamos a nuestros semejantes con respeto y consideración, tendremos derecho a exigir lo mismo, respeto y consideración.

Por ejemplo, si tengo un amigo que está aprendiendo a tocar al piano y no lo hace muy bien y me burlo de su esfuerzo diciéndole que es un desastre, que debe dedicar su tiempo a otra cosa, de seguro mis palabras causarán un efecto negativo en él y se sentirá desanimado para continuar. Pero si por el contrario, le doy una palmada de ánimo en la espalda y le digo con una sonrisa que noto que está progresando, su autoestima subirá, se sentirá motivado y se esforzará aún más por progresar. Por lo tanto, mis palabras han influido positivamente para aumentar su autoestima.

La libertad de expresión es un privilegio democrático, pero, desafortunadamente, no siempre nos expresamos apropiadamente porque pensamos ser los dueños de la razón y no escuchamos otros pensamientos, lo que nos convierte en fanáticos incapaces de reflexionar.

Es muy importante cuidar nuestras palabras, con ellas podemos construir, destruir, expresar amor, odio, aprecio, desprecio, generosidad y rechazo. A través de ellas, podemos inducir a buenas acciones o provocar enemistades y discordia.

Hay algo que no tiene discusión, aprendemos más y nos equivocamos menos, cuando escuchamos más de lo que hablamos.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

20
Ago
12

La Felicidad

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Felicidad. Foto: “Haceme un 14”

 

 

El concepto de la felicidad es relativo, y por lo tanto, varía de acuerdo a cada persona, así como varían los gustos y preferencias. Por lo tanto, lo que es agradable para un individuo, no siempre lo es para otro.

Hay personas que disfrutan practicando o viendo su deporte favorito, otras, haciendo ostentación de sus bienes materiales, para otras, la felicidad consiste en viajar y conocer diferentes culturas, hay quienes la encuentran sintiéndose poderosos. Pero lo cierto es que nadie, absolutamente nadie, es completamente feliz durante todo el tiempo.

No puede ser feliz aquel que actúa mal y, deliberadamente, causa daño a otros para conseguir lo que desea, aquel que afirma que el fin justifica los medios, sin importarle cuáles sean los medios que lo conducen al fin que busca.

La felicidad debe estar basada en la paz que nos da tener la conciencia tranquila y que al final de la jornada diaria, poder poner nuestra cabeza sobre la almohada y conciliar el sueño sin que ésta nos acuse. La conciencia es, al fin de cuentas, nuestro juez más severo e implacable.

La felicidad es un estado de ánimo que supone una satisfacción y nadie puede estar satisfecho por causar dolor, nadie puede ser feliz, si se siente odiado, nadie puede ser feliz, si su conciencia está sucia.

Quien está feliz, se siente satisfecho, complacido y alegre. Aunque obviamente, este concepto es relativo, pues no existe un termómetro que mida la felicidad como se mide la temperatura.

Se experimenta una sensación de bienestar y, hasta cierto punto, de felicidad cuando se alcanza un objetivo, cuando se recupera la salud perdida o cuando se reencuentra con un ser querido.

Generalmente, las personas que se sienten realizadas y llevan una vida tranquila, son serenas y estables, por consiguiente, relativamente felices, en tanto que aquellas que llevan una vida cargada de estrés y responsabilidades, son más nerviosas y tienden a excitarse más y cuando no logran sus objetivos sufren una frustración tan grande, que les roba la felicidad.

Es más frecuente ver una sonrisa espontánea en un campesino, que en un poderoso magnate, a pesar de que el primero no tiene las riquezas del segundo.

Es obvio que el dinero puede dar seguridad y que no proporciona la felicidad total, pero ayuda. No obstante, cuando el amor por el dinero se convierte en una gran obsesión, éstá convierte al amante de las riquezas en su esclavo, es por eso que el avaro jamás podrá ser feliz.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

17
Ago
12

Fiesta brava

La llamada “Fiesta Brava” no es otra cosa que un espectáculo de crueldad salvaje que nada tiene que ver con el arte. Y es que no puede haber arte donde se tortura horrible y lentamente a un animal sometiéndolo a días de sufrimiento, desde un encierro en la más absoluta oscuridad, hasta que lo sueltan a una plaza llena de luz que hiere sus ojos a los que previamente le han echado limón o vinagre. El toro entonces, busca con desesperación una salida, pero sólo encuentra hombres (¿o bestias) que lo torturan con una pica que termina en gancho que le destroza los músculos del cuello y le hace un hueco sobre su lomo que se llena de sangre y sobre el mismo, le clavan banderillas hasta matarlo.

Los defensores de esta masacre que se maravillan viendo torturar a animales indefensos, criados, aplauden frenéticamente cuando al final de “la suerte máxima” el pobre toro, herido, desgarrado y agónico cae después de recibir la estocada final que muchas veces se repite varias veces y si éstas no son suficientes, es necesario rematarlo con un puntillazo, que es un clavo inmenso que le clavan en el cuello con la ayuda de un martillo.

¿Por qué será que la Sociedad Protectora de Animales no ha podido hacer nada para frenar esta aberración? Sencillamente, porque es un negocio que genera turismo y, por lo tanto, muy lucrativo.

Los estadounidenses, canadienses, asiáticos, australianos y europeos. que tanto condenan esta práctica, cuando van a España, lo primero que hacen es comprar boletos para asistir a “La Fiesta Brava” a la que van jubilosos y eufóricos.

El fanatismo ciega a los aficionados que consideran un arte esta barbarie, argumentando que, quien esté en contra de la tauromaquia y no quiera ver una corrida de toros, simplemente no la vean. Es decir, que volteen el rostro hacia otro lado e ignoren la carnicería. Pero, éste es un argumento muy pobre, porque entonces se podría decir lo mismo de todo lo que implique crueldad hacia los animales.

Las riñas de gallo son consideradas prácticas crueles. Sin embargo, a pesar de que son sangrientas e inaceptables, son más igualitarias. En una corrida de toros, el animal no tiene la posibilidad de salir con vida, ni siquiera la de una en un millón, porque si hiere o mata al torero, viene otro a acabar con la suya.

Desafortunadamente, estas contiendas que llegaron a América con la conquista española, fueron aceptadas de buen grado por algunos de nuestros países latinoamericanos. ¡Qué tristeza!

Desde cualquier ángulo que se mire, estas prácticas de crueldad hacia los animales son perversas y deberían ser rotundamente prohibidas.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

16
Ago
12

El ocaso de la vida y el gran misterio de la muerte

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Muerte. Foto: Juan de Blanco

Todo ser humano con uso de razón, sabe que algún día se enfrentará al sufrimiento y al misterio de la muerte. Todos sabemos que nuestra vida tiene un fin, pero a pesar de esto, tenemos un ardiente deseo de tener una existencia lóngeva y feliz.

Ante lo inevitable, no tenemos más alternativa que aceptar que nuestra vida es finita y si vivimos muchos años, nuestro ocaso irá irremediablemente acompañado de deterioro, tormento y aflicción. Ante este sombrío panorama, muchos ancianos optan por poner fin a ese desastre, cortando ellos mismos su existencia, pues piensan que no tiene caso continuar viviendo en un mundo en el que sólo les espera dolor sin esperanza.

Es muy triste saber que una persona que fue brillante en su juventud y madurez, cuando llega a una edad avanzada, estará en riesgo de perder su independencia porque llegará el momento en que no podrá valerse por sus propios medios y que por tal motivo tendrá que depender de otros, debido a su decadencia física y mental hasta que llegue el fin.

No todos lo admiten, pero muchos individuos en la ancianidad sufren la crueldad de esta situación que se torna aún más dolorosa cuando son enviados a hogares de ancianos en los que son abandonados por sus hijos, quienes piensan que ellos nunca envejecerán.

Todo ser humano debería tener el derecho a ser cuidado con dignidad y respeto cuando esté enfermo, máxime cuando sabemos que no pocas veces, los últimos momentos de la vida vienen acompañados de violentos dolores que deberían ser aliviados mediante el suministro de calmantes apropiados.

Lo más importante del acompañamiento al moribundo, es el análisis que supone el significado de la muerte, que es un misterio al que sólo podemos aproximarnos en silencio y con humildad.

No sólo sufre el cuerpo, cuando se aproxima la muerte, sufre también el corazón, el alma y el espíritu y no debe ser sólo el personal médico el que tiene la misión de aliviar el dolor. La familia y los verdaderos amigos deberían aportar su ayuda a los enfermos quienes tienen una gran necesidad de sentirse discreta y afectivamente acompañados, de sentir el contacto de una mano que los aprecia.

La fallecimiento es el punto supremo y culminante de la vida. Cuando nos encontremos en la antesala de la muerte, de nada valdrán influencias, ni riquezas, ni títulos, puesto que ésa será la última experiencia vital, y nos obligrá a dejarlo todo, absolutamente todo, antes de emprender nuestro último viaje. El viaje a lo desconocido.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

15
Ago
12

Juventud y vejez

Anciano cubano. Foto: Alberto Hernández

El problema de los jóvenes, es que piensan que jamás envejecerán y por eso miran a los viejos con desdén sin percatarse de que ellos, desde el mismo instante de su nacimiento, están envejeciendo y que, irremediablemente, si no mueren jóvenes, serán los ancianos del futuro.

Por esta razón, es importante enseñar a nuestra juventud a considerar y respetar a los mayores para cuando nuestros adolescentes de hoy lleguen al ocaso de sus vidas, merezcan el mismo tratamiento.

También es necesario enseñar a nuestros jóvenes que para llegar a una edad avanzada en buenas condiciones, es imperativo tener una vida lo más sana posible, ya que los excesos envejecen prematuramente y quebrantan la salud. Aunque se debe estar consciente de que la vejez nunca viene sola, pues con ella se pierde la energía de los años mozos y vienen limitaciones con las que, querámoslo o no, debemos convivir.

Sin embargo, quizás lo más triste de la ancianidad, no son ni las fuerzas perdidas, ni los quebrantos de salud, lo más triste es la soledad y el desamor.

Y es que la soledad está ligada al desamor porque es la ausencia de un vínculo afectivo profundo con otra persona. El anciano olvidado siente que nadie lo aprecia ni comprende, que ningún familiar se interesa por su vida y sus problemas, por eso, aunque esté rodeado de una multitud, se siente solo.

Es muy triste tener que admitir que se ha llegado a una etapa de la vida que por su fragilidad, se convierten involutariamente en una carga para la familia y para el estado. Una carga para otros que están recorriendo el mismo sendero que los conducirá también a la ancianidad.

Hay cantidad de personas ya maduras que se niegan a admitir que los años mozos ya pasaron y visten y actúan como jovencitos, sin percatarce que hacen el ridículo y desaprovechan los valores que tiene cada etapa de la vida.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

14
Ago
12

¿Legalizar la marihuana con fines médicos?

Muchas veces se ha discutido la posibilidad de legalizar la marihuana como medicina en algunos estados de la Union Americana.
Siempre y cuando sea legalizada con fines médicos, no existe nada malo en que esta ley sea aprobada. De hecho, la cocaína y la morfina son utilizadas legalmente casi en todos los países del mundo para calmar los intensos dolores que sufren las personas con enfermedades terminales. Entonces, si la marihuana la piensan utilizar como medicina, ¿cuál es el problema?
Esta más que comprobado que el tabaco causa cáncer. Sin embargo, lo venden y nadie dice nada. Está comprobado que el licor causa muertes por violentas riñas y en las carreteras. No obstante, lo venden libremente.
¿Por qué nos aterramos de que legalicen la marihuana exclusivamente con fines médicos? Si esta hierba tuviera la propiedad de calmar fuertes dolores o curar una enfermedad, ¿deberíamos oponernos a que la ciencia la ponga al servicio de la humanidad?
Nuestra juventud está como está, no porque les vendan droga, sino porque no se les ha proporcionado una educación adecuada que los concientice del mal que causan los narcóticos utilizados con fines de esparcimiento artificial. Pero no sólo los jóvenes los consumen, hay viejos que también los usan, especialmente aquellos ligados a la farándula.
Si un enfermo terminal estuviera soportando horribles dolores y la marihuana sirviera para calmarlos, ¿no sería un acto de piedad aliviárselos?
No está bien tratar de detener los avances de la ciencia con argumentos de falso moralismo.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net




agosto 2012
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