Archivo para 29 enero 2014

29
Ene
14

VIDA Y MUERTE

Foto:Kevin Dooley

La vida y la muerte están ligadas, no puede existir la una sin la otra. Todo ser viviente nace y muere.

El hombre siempre ha estado preocupado por lo que sigue después de la muerte y gracias a esta preocupación, surgieron religiones y sectas, éstas últimas continúan apareciendo casi a diario.

Las religiones están sustentadas con base a la fe, la cual es una luz de esperanza, pues supone que la muerte no implica la extinción del ser humano. El alma -o ánima- que le da movimiento al cuerpo físico, continúa existiendo de forma inmaterial, sobrenatural e intangible.

Por consiguiente, la muerte sería algo así como un puente, un paso de una realidad a otra, a la que se accede, obviamente, sin el cuerpo físico, cuyos despojos, poco a poco, quedarán convertidos en polvo.

Así es, muchos seres humanos están acostumbrados a vivir de apariencias, a engañar, a mentir, a sentirse superiores a los demás, a discriminar por sexo, color, estatura, religión, costumbres, etc.

La arrogancia es un veneno que adormece la conciencia.

La mentira tiene malas consecuencias y esclaviza.

Las religiones -no todas-, constituyen un freno contra la perversidad, la inmoralidad y el delito. Sobre todo, porque los creyentes temen mucho al castigo eterno.

Lo más sensato es que nuestras acciones sean el resultado del amor y no del temor y no olvidar que todo tiene una consecuencia, y la de vivir es morir.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

28
Ene
14

LAS DECEPCIONES

Foto: Camila Cisterna

Las decepciones son sentimientos relacionados con la frustración y la tristeza, algo muy frecuente entre los seres humanos.

Dicho de otra forma, es una insatisfacción generada porque no logramos alcanzar nuestros objetivos de la manera como los habíamos planeado o imaginado.

Pero las decepciones no solamente ocurren a causa de planes o situaciones, también suceden por asuntos relacionados con la familia y los amigos, cuando nos defraudan o traicionan la confianza que depositamos en ellos. También causa una gran decepción, la ingratitud.

Sin embargo, la decepción es un sentimiento que puede superarse, especialmente, cuando la persona que la sufre se caracteriza por tener un carácter fuerte y se enfrenta con vigor a las adversidades. Pero también puede ocurrir lo contrario, cuando el individuo es muy sentimental y se entristece fácilmente, ya que por este motivo, puede caer en un estado de frustración y finalmente, en una profunda depresión.

De acuerdo a los psiquiatras, la depresión es un trastorno en el que se ve afectado nuestro estado de ánimo, en el que priman sentimientos de infelicidad y de tristeza.

Lo peor de llegar a un estado de profunda depresión, es que quien la padece sufre tanto, que es prácticamente imposible que disfrute de las cosas bellas de la vida.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

25
Ene
14

Bisexualidad

Foto: Nicolás Fuente.

En la actualidad, la homosexualidad y heterosexualidad son temas candentes y ya no se ocultan ni se consideran tabúes. También se habla del tercer sexo y transgénero. Recientemente, honraron a dos congresistas del sur de la Florida, Ileana Ros-Lehtinen y Debbie Wasserman Schultz por sus firmes y apasionadas posiciones a favor de los derechos para los gays. Y hace pocos días en Miami Beach, seis parejas gays, hombres y mujeres, introdujeron una demanda en contra de la Florida pidiendo el derecho a casarse, colocando al estado en el centro de la polémica nacional en cuanto a los derechos para los homosexuales.

El esposo del republicano Dan Innis, candidato al Congreso por Nueva Hampshire, lo convenció para que se postule a la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Innis está entre tres republicanos abiertamente homosexuales en todo el país que piensan postularse en las elecciones de este año. No ha habido republicanos abiertamente homosexuales en el Congreso desde que el representante Jim Kolbe de Arizona se retiró en el 2006. Kolbe no reveló su orientación sexual, sino hasta 1996. Además, conocemos muchos políticos homosexuales de ambos partidos, algunos viven con su pareja o están legalmente casados; ya nada de esto es motivo de escándalo en la política. Sin embargo, si un político le es infiel a su esposa, o tiene una amante, se forma un gran escándalo y muchas veces se ve forzado a renunciar o lo destituyen del cargo. Indiscutiblemente, el mundo y la mentalidad de la gente en nuestra sociedad ha cambiado. Pero hay algo más que me llama la atención y se trata de otra orientación sexual de la que se habla muy poco, la “bisexualidad”.
La bisexualidad se caracteriza por alternar las prácticas homosexuales con las heterosexuales. No es nuevo, siempre han existido relaciones sexuales de todo tipo. En Grecia se practicaba la bisexualidad en todas las clases sociales, muchos reyes y emperadores romanos eran bisexuales, otros eran homosexuales que mantenían relaciones sexuales con hombres más jóvenes y era tolerada en hombres casados, con hijos y familia, y también entre jóvenes solteros. Y por siglos se consideró a la mujer un objeto sexual, únicamente para tener hijos y no para disfrutar del sexo.
Creo que hay varios problemas y entre ellos, que todavía no se ha definido bien la bisexualidad. Hay desacuerdos y contradicciones. Hay un rechazo hacia esa preferencia porque se consideran promiscuos y de alto riesgo para contraer enfermedades de transmisión sexual como el VIH. Ahora, con la tolerancia de la homosexualidad, los bisexuales no pertenecen a ningún grupo, se sienten marginados y son rechazados en un mundo donde la bisexualidad se practica cada día más.

Los homosexuales desean casarse con su pareja porque desean protegerse, tener los mismos derechos legales y gozar de la dignidad e igualdad que garantiza la Constitución de los Estados Unidos. Pero en el caso de los bisexuales, cualquiera se pregunta: ¿Cómo se puede resolver el problema? Creo que se puede ser bisexual, enamorarse y tener relaciones monógamas como cualquier persona con otra preferencia sexual.

Elsa I. Pardo
Miami

25
Ene
14

EL SUICIDIO ENTRE LOS JÓVENES

FotoL Javier Soltero

La muerte es una experiencia muy dolorosa para quienes pierden a un familiar cercano. Pero es aún más devastadora cuando un adolescente toma la violenta decisión de quitarse la vida con sus propias manos.

Los padres, hermanos y amigos, aparte del dolor, les queda la duda de que quizás, hubieran podido hacer algo para evitar esta tragedia.

Tal vez investigar más acerca de las causas por las que los jóvenes toman la drástica decisión de dar término a sus vidas, pudiera servir en alguna medida.

El amor y la comprensión hacen milagros. Por consiguiente, es necesario hacerles saber a los jóvenes que son amados, que son valiosos y que la vida es bella, a pesar de que parte de ella es dolor y sufrimiento, que es menester enfrentar los problemas con valentía y tratar de encontrar otros objetivos que fortalezcan el espíritu para así a olvidar las penas. O al menos, amortiguarlas.

A pesar de que el suicidio entre los niños es casi inexistente, al llegar a la adolescencia, aparece en gran número.

Aunque parezca difícil de creer, el suicidio es la tercera causa de muerte en Estados Unidos entre los jóvenes cuyas edades oscilan entre 15 y 24 años, después de accidentes y homicidios, de acuerdo con Centers for Disease Control and Prevention (CDC).

El riesgo de suicidio aumenta drásticamente cuando los menores tienen acceso a armas de fuego en sus casas. Cerca al 60% de suicidios de adolescentes en Estados Unidos ocurren a causa de dichas armas.

El consumo de medicamentos de venta libre, prescritos con y sin receta, es otro método frecuente para quitarse la vida.

Loa adolescentes con impedimentos mentales, como la depresión, la ansiedad, el trastorno bipolar y otros, corren riesgos mucho más elevados de considerar el suicidio como la solución de sus problemas.

Es de vital importancia que padres y maestros observen cuidadosamente el comportamiento de los jóvenes, por si necesitan ayuda.

José M. Burgos S.

burgos01@bellsouth.net

25
Ene
14

¿ES JUSTA LA VIDA?

¿Justicia? Foto: José Nadie

Todos los seres humanos nacen en condiciones diferentes en casi todos los aspectos. Unos con buena salud, otros enfermizos, unos dentro de un hogar opulento y otros, en la más absoluta miseria.

Un recién nacido es quizás fruto de la pasión, víctima de la casualidad y la conjugación de dos genéticas diferentes y desconocidas, que ingresa a la gran prisión de la vida sin haber tenido en cuenta para nada su opinión y sin haber tenido ningún derecho a elegir el día, el país, el idioma, la raza y la familia.

¿Es esto el comienzo de una voluntad libre? ¿O quizás el nuevo ser es tan sólo una veleta movida por los vientos que lo arrastran hacia un destino incierto?

Muchas personas agachan sus cabezas y aceptan su suerte, aunque sea cruel y dolorosa y se conforman diciendo que son los designios de Dios. Otros buscan refugio y se consumen en el mundo del sexo, del licor y de las drogas. Otros, optan por delincuencia. Y otros, ni siquiera buscan refugio, se suicidan.

¿Es justo que vengan niños al mundo única y exclusivamente a sufrir sin haber cometido ningún delito? Algunas de estas criaturas, inclusive, mueren antes de nacer debido al profundo estado de desnutrición que padecen las madres quienes mueren lentamente, olvidadas y en la más absoluta miseria, mientras otros compran inmensas mansiones, costosísimos anillos de oro y diamantes, autos suntuosos y cuadros que valen millones de dólares que cuelgan, más por vanidad, que por conocimientos y apreciación artística.

¿Es esto justicia? No lo sé y nadie ha podido explicármelo satisfactoriamente. Pero lo que sí sé es que si existiera un poco más de caridad y solidaridad humana, podría aliviarse poco a poco tanto sufrimiento.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

25
Ene
14

UNA REALIDAD QUE SE DEBE ENFRENTAR

La vejez es una dura dictadura, si no la sabemos enfrentar con valentía tranquilidad y dignidad, hasta que llegue la hora final.

Es necesario aplicar algunas tácticas a fin de alcanzar la independencia económica para que, cuando llegue la llamada edad dorada o tercera edad, no tener que depender de la caridad de otros, ni ser una carga.

Quien llega a la vejez no consume mucho, aparte de su habitación, alimentación plan de salud y medicamentos, no necesita más cosas que sólo le causarían trabajo y preocupaciones.

Las personas tienen obligación con sus hijos hasta determinada edad, con los nietos, ninguna. Por lo tanto, no deben sentirse culpables si gastan algún dinero en ellas mismas.

El ingresar a la última etapa de la vida no quiere decir que la persona tenga que retirarse de toda actividad útil para la salud del cuerpo y del espíritu.

Es bueno procurar tener una vida saludable que no implique grandes esfuerzos. Como por ejemplo, gimnasia moderada, dieta balanceada, música, lectura y, muy conveniente, mantener encendida la llama del amor con la compañera, o viceversa, sin olvidar los pequeños detalles que causan pequeñas alegrías.

No vale la pena preocuparse por asuntos imposibles de remediar.

El arreglo personal es muy importante: El baño diario, el cuidado del cabello, de las uñas, una buena loción. Nada de intentar ser muy moderno en el vestir. Causa tristeza ver a personas mayores con peinados y atuendos hechos para jovencitos que no lucen bien en los mayores. Es mejor continuar con el estilo clásico.

No hace bien estar encadenado al pasado ni utilizar la expresión “en mis tiempos”, pues el tiempo no es ayer ni mañana, es hoy.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

25
Ene
14

UNA PASIÓN QUE DESTRUYE

Foto: Rita Kravchuk

La ira desenfrenada es una bestia muy difícil de dominar que nunca genera afecto ni buenos resultados.

Cuando las personan pierden el control y la ira se apodera de ellas, no pueden razonar y se transforman en fieras indómitas a quienes les hierve la sangre y experimentan una sed insaciable de venganza que sólo sacian cuando causan daño. Quizás por esta razón, algunos sabios de la antigüedad la denominaban como una ”locura temporal”.

La ira es una pasión carente de afecto, obstinada y terca que no admite razones.

La intensa furia humana genera intrigas, calumnias, asesinatos y hasta guerras que dejan países sumidos en la ruina, ciudades desoladas, sufrimiento, sangre, dolor y enemigos con ardientes deseos de venganza.

A los soldados que van al frente de batalla se les inculca odio hacia unos supuestos enemigos que ni siquiera conocen, pero si no sintieran ira y pensaran tan sólo un segundo en que ellos también son seres humanos con familias que los esperan ansiosamente, no dispararían a matar, y ese segundo de humanidad, podría significar la diferencia entre la vida y la muerte.

Aunque quieran ocultarlo, a los seres humanos les fascina el dolor y la violencia. Si no fuera así, nadie pagaría por ver sangrientas peleas de boxeo, corridas de toros, rodeos, películas de acción, de guerra y otros espectáculos que estimulan el morbo que se esconde en los corazones.

Lo cierto es que todas las personas, en mayor o menos grado, tienen problemas, sufrimientos y preocupaciones, pero esto no justifica que por asuntos triviales se enojen casi hasta el extremo de querer agredir físicamente a otras.

¿Para qué enojarse porque un vehículo hace un cambio de carril irresponsablemente? ¿Para qué contestar con altanería cuando alguien hace una pregunta? ¿Por qué no sonreír en lugar de mostrar un rostro predispuesto al enojo?

Si todos los seres humanos pudieran controlar su ira y tuvieran un poco más de tolerancia, la vida sería mucho más grata y menos estresante.

José M. Burgos S.

burgos01@bellsouth.net

25
Ene
14

Machismo y hombría

Foto: Bambo

El machismo dista mucho de la hombría, pues el llamado ”macho”, es un cobarde. Es un cobarde porque quien maltrata física o verbalmente a una mujer que es un ser más frágil y delicado, no merece otro apelativo.

El machismo no tiene nacionalidades, pues en todos los países del mundo existen los excesos y rupturas a causa del licor, la violencia y la infidelidad.

El hombre -si así puede llamarse- que maltrata a la mujer para imponer su autoridad, olvida que está en este mundo debido a que una mujer lo llevó en su vientre.

Un hombre se caracteriza por su responsabilidad, su honorabilidad y porque respeta para poder exigir respeto.

De ninguna manera quiere decir que un hombre responsable y honesto no pueda divertirse o tener amigos y hasta tomarse unas copas con ellos y jugar una partida de billar, puede hacerlo, claro está, pero siempre y cuando cumpla con sus deberes y, si se va a demorar, como una regla de elemental cortesía, llame a su esposa y le diga dónde va a estar y con quienes.

Esto, de ninguna manera, quiere decir que la mujer lo domina, como
otros piensan. Todo lo contrario, es una persona considerada.

El machismo genera rechazo y repulsión, la hombría respeto y hasta amor.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

25
Ene
14

EL AMOR PROPIO EXAGERADO

Narcisimo. Foto: Jessi RM

El egocentrismo, sinónimo de narcisismo, es el amor excesivo que tienen algunas personas hacia sí mismas y centran toda su atención en sí mismos, sin importarles para nada el bienestar o la desdicha de quienes los rodean.

Los ególatras son, por lo general, personas muy vanidosas que disfrutan alabándose a sí mismas, buscando permanentemente el elogio de los demás.

Según los sicólogos, los egocéntricos son seres que creen que sus opiniones e intereses son más importantes que cualquier otra. Es decir, que lo que ellos dicen, es lo único valioso.

A este respecto, Jean Piaget, un sicólogo suizo fallecido a comienzos de la década de 1980, afirmó que todos los niños son egocéntricos porque sus mentes no les permiten comprender que las demás personas pueden tener criterios y creencias diferentes.

Muchos profesionales especializados en la materia, han llegado a la conclusión de que el egocentrismo es un comportamiento extremo que priva a la persona de la felicidad. Lo mismo le sucede a quien está en el otro extremo, el que carece de autoestima y piensa que nada se merece.

Algunos especialistas aseguran que los egocéntricos sólo pueden amarse a sí mismos, y por esta razón, se aíslan de otras personas que no soportan sus delirios de grandeza. Por esta razón, eliminan la posibilidad de amistades potenciales.

En pocas palabras, tanto quienes tienen marcados complejos de superioridad como de inferioridad, tienen existencias tristes y solitarias.

En conclusión, todo extremo perjudica.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

24
Ene
14

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2014 Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro

Roma (Italia), 19 mar 2013.- En la basílica papal de San Pedro se realiza la Misa Inaugural y Ceremonia de Entronización del Papa Francisco. En la gráfica, momentos del acto religioso efectuado en el templo católico de Ciudad del Vaticano. Foto: Miguel Ángel Romero/Presidencia de la República de Ecuador.

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy vivimos en un mundo que se va haciendo cada vez más «pequeño»; por lo tanto, parece que debería ser más fácil estar cerca los unos de los otros. El desarrollo de los transportes y de las tecnologías de la comunicación nos acerca, conectándonos mejor, y la globalización nos hace interdependientes. Sin embargo, en la humanidad aún quedan divisiones, a veces muy marcadas.

A nivel global vemos la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres. A menudo basta caminar por una ciudad para ver el contraste entre la gente que vive en las aceras y la luz resplandeciente de las tiendas. Nos hemos acostumbrado tanto a ello que ya no nos llama la atención. El mundo sufre numerosas formas de exclusión, marginación y pobreza; así como de conflictos en los que se mezclan causas económicas, políticas, ideológicas y también, desgraciadamente, religiosas.

En este mundo, los medios de comunicación pueden ayudar a que nos sintamos más cercanos los unos de los otros, a que percibamos un renovado sentido de unidad de la familia humana que nos impulse a la solidaridad y al compromiso serio por una vida más digna para todos.

Comunicar bien nos ayuda a conocernos mejor entre nosotros, a estar más unidos. Los muros que nos dividen solamente se pueden superar si estamos dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros. Necesitamos resolver las diferencias mediante formas de diálogo que nos permitan crecer en la comprensión y el respeto. La cultura del encuentro requiere que estemos dispuestos no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. Los medios de comunicación pueden ayudarnos en esta tarea, especialmente hoy, cuando las redes de la comunicación humana han alcanzado niveles de desarrollo inauditos. En particular, Internet puede ofrecer mayores posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos; y esto es algo bueno, es un don de Dios.

Sin embargo, también existen aspectos problemáticos: la velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo. La variedad de las opiniones expresadas puede ser percibida como una riqueza, pero también es posible encerrarse en una esfera hecha de informaciones que sólo correspondan a nuestras expectativas e ideas, o incluso a determinados intereses políticos y económicos. El mundo de la comunicación puede ayudarnos a crecer o, por el contrario, a desorientarnos. El deseo de conexión digital puede terminar por aislarnos de nuestro prójimo, de las personas que tenemos al lado. Sin olvidar que quienes no acceden a estos medios de comunicación social –por tantos motivos-, corren el riesgo de quedar excluidos.

Estos límites son reales, pero no justifican un rechazo de los medios de comunicación social; más bien nos recuerdan que la comunicación es, en definitiva, una conquista más humana que tecnológica. Entonces, ¿qué es lo que nos ayuda a crecer en humanidad y en comprensión recíproca en el mundo digital? Por ejemplo, tenemos que recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar. Necesitamos ser pacientes si queremos entender a quien es distinto de nosotros: la persona se expresa con plenitud no cuando se ve simplemente tolerada, sino cuando percibe que es verdaderamente acogida. Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones. Pero también sabremos apreciar mejor los grandes valores inspirados desde el cristianismo, por ejemplo, la visión del hombre como persona, el matrimonio y la familia, la distinción entre la esfera religiosa y la esfera política, los principios de solidaridad y subsidiaridad, entre otros.

Entonces, ¿cómo se puede poner la comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro? Para nosotros, discípulos del Señor, ¿qué significa encontrar una persona según el Evangelio? ¿Es posible, aun a pesar de nuestros límites y pecados, estar verdaderamente cerca los unos de los otros? Estas preguntas se resumen en la que un escriba, es decir un comunicador, le dirigió un día a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?» (Lc. 10,29). La pregunta nos ayuda a entender la comunicación en términos de proximidad. Podríamos traducirla así: ¿cómo se manifiesta la «proximidad» en el uso de los medios de comunicación y en el nuevo ambiente creado por la tecnología digital? Descubro una respuesta en la parábola del buen samaritano, que es también una parábola del comunicador. En efecto, quien comunica se hace prójimo, cercano. El buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad».

Cuando la comunicación tiene como objetivo preponderante inducir al consumo o a la manipulación de las personas, nos encontramos ante una agresión violenta como la que sufrió el hombre apaleado por los bandidos y abandonado al borde del camino, como leemos en la parábola. El levita y el sacerdote no ven en él a su prójimo, sino a un extraño de quien es mejor alejarse. En aquel tiempo, lo que les condicionaba eran las leyes de la purificación ritual. Hoy corremos el riesgo de que algunos medios nos condicionen hasta el punto de hacernos ignorar a nuestro prójimo real.

No basta pasar por las «calles» digitales, es decir simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura. Las estrategias comunicativas no garantizan la belleza, la bondad y la verdad de la comunicación.

El mundo de los medios de comunicación no puede ser ajeno de la preocupación por la humanidad, sino que está llamado a expresar también ternura. La red digital puede ser un lugar rico en humanidad: no una red de cables, sino de personas humanas. La neutralidad de los medios de comunicación es aparente: sólo quien comunica poniéndose en juego a sí mismo puede representar un punto de referencia. El compromiso personal es la raíz misma de la fiabilidad de un comunicador. Precisamente por eso el testimonio cristiano, gracias a la red, puede alcanzar las periferias existenciales.

Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, prefiero sin duda la primera. Y las calles del mundo son el lugar donde la gente vive, donde es accesible efectiva y afectivamente. Entre estas calles también se encuentran las digitales, pobladas de humanidad, a menudo herida: hombres y mujeres que buscan una salvación o una esperanza. Gracias también a las redes, el mensaje cristiano puede viajar «hasta los confines de la tierra» (Hch. 1,8). Abrir las puertas de las iglesias significa abrirlas asimismo en el mundo digital, tanto para que la gente entre, en cualquier condición de vida en la que se encuentre, como para que el Evangelio pueda cruzar el umbral del templo y salir al encuentro de todos.

Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos. ¿Somos capaces de comunicar este rostro de la Iglesia? La comunicación contribuye a dar forma a la vocación misionera de toda la Iglesia; y las redes sociales son hoy uno de los lugares donde vivir esta vocación redescubriendo la belleza de la fe, la belleza del encuentro con Cristo. También en el contexto de la comunicación sirve una Iglesia que logre llevar calor y encender los corazones.

No se ofrece un testimonio cristiano bombardeando mensajes religiosos, sino con la voluntad de donarse a los demás «a través de la disponibilidad para responder pacientemente y con respeto a sus preguntas y sus dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana» (Benedicto XVI, Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2013).

Pensemos en el episodio de los discípulos de Emaús. Es necesario saber entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy para entender sus expectativas, sus dudas, sus esperanzas, y poder ofrecerles el Evangelio, es decir Jesucristo, Dios hecho hombre, muerto y resucitado para liberarnos del pecado y de la muerte. Este desafío requiere profundidad, atención a la vida, sensibilidad espiritual. Dialogar significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, acoger su punto de vista, sus propuestas. Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas.

Que la imagen del buen samaritano que venda las heridas del hombre apaleado, versando sobre ellas aceite y vino, nos sirva como guía. Que nuestra comunicación sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría. Que nuestra luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y con ternura, a quien encontramos herido en el camino. No tengan miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital. El interés y la presencia de la Iglesia en el mundo de la comunicación son importantes para dialogar con el hombre de hoy y llevarlo al encuentro con Cristo: una Iglesia que acompaña en el camino sabe ponerse en camino con todos. En este contexto, la revolución de los medios de comunicación y de la información constituye un desafío grande y apasionante que requiere energías renovadas y una imaginación nueva para transmitir a los demás la belleza de Dios.

Vaticano, 24 de enero de 2014, fiesta de san Francisco de Sales




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