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Ene
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En la transición al socialismo

photoEstatua de Lenin en el parque que lleva su nombre en La Habana. Foto: Espen Rosenquist

Mario Héctor Rivera Ortiz

México DF, 08.01.14.

En la época de las revoluciones proletarias, cuando el poder político es expropiado por las clases explotadas en los países capitalistas, tropieza con grandes dificultades para construir el socialismo en todas las esferas de la vida social y mientras más subdesarrollado sea el o los países donde ocurrió esta revolución, mayores serán los obstáculos que hay que vencer. Ello obliga a los Estados socialistas a aplicar modelos de desarrollo económico que incluyen formas de producción capitalistas y hasta en algunas ocasiones, de origen feudal.

Y esas supervivencias de los modos de producción capitalista se deben básicamente, entre otros factores, a que las nuevas formas socialistas que han de sustituirlas no se pueden crear ni desarrollar de la noche a la mañana, requieren tiempo para su adecuado funcionamiento. En tales condiciones algunos de los viejos modos de producción no se pueden desechar de inmediato, como si fuesen trastos viejos, porque resultan necesarios y el Estado socialista tiene que utilizarlos temporalmente. Digamos, la pequeña y mediana propiedad agraria, el pequeño comercio, los bancos comerciales, el capital extranjero, el “trabajo por cuenta propia”, y en general, un sector económico no estatal minoritario; pero siempre, todas esas formaciones bajo el control del poder indivisible de los trabajadores dirigido por el partido político marxista-leninista.

A este respecto hay que recordar que en la ex URSS, después de la revolución de octubre de 1917, los kulaks, los campesinos medios y la industria privada, existieron hasta que  se cumplió el segundo plan quinquenal, avanzados los años treinta del siglo pasado. Sólo entonces fue suprimida la coexistencia de diversas formas económicas. No así la totalidad de las clases sociales antagónicas al socialismo. Por lo consiguiente, durante la existencia de la URSS, hasta la Perestroika,  imperó el principio de “quién vencerá a quién”: el socialismo o el capitalismo. Y ya vimos cómo terminó eso. Lo mismo sucedió en las repúblicas democrático-populares europeas. Pero en Cuba, Vietnam, China y la República Democrática de Corea del Norte, aunque se vive un  difícil periodo de transición, el socialismo resiste y seguramente triunfará.

Ocurre una situación parecida en el campo de la política, la cultura, la ideología e incluso de las ciencias. Tampoco en este terreno es posible romper de cuajo con las herencias superestructurales del capitalismo y aún de mucho más atrás, ya que algunas de ellas como el nacionalismo, son armas útiles e indispensables para enfrentar el cerco imperialista. El periodo de transición en definitiva, es un periodo de enfrentamiento entre dos economías y dos ideologías, unas viejas y otras nacientes; también  entre clases sociales enemigas: por un lado  las clases revolucionarias aliadas: el proletariado, el campesinado y la intelectualidad socialista, y de la otra parte, la escoria burguesa animada por sus littérateurs y los gobiernos imperialistas.

No es casual que en este periodo sea precisamente cuando se exacerban, hasta llegar al terrorismo contra el Estado socialista, los grupúsculos pequeñoburgueses radicales: mencheviques, trotskistas, zinovievisvistas, bujarinistas, Onageneras, etc.

En dicho ámbito de confrontación clasista suelen activarse inclusive las instituciones religiosas y otras reliquias prehistóricas, en concordancia con ciertos eslabones de la contrarrevolución. En la historia cubana de los años sesenta del siglo XX, existen algunos buenos ejemplos de ello.

Pero los ataques políticos e ideológicos contra los Estados socialistas no sólo se  producen en el interior del país en revolución, sino que también provienen de los centros imperialistas y de la intelectualidad que florece en el mundo de la cultura y las comunicaciones de los Estado capitalistas colindantes, he aquí a propósito, un muestrario ejemplar de tales ataques “teóricos”, tomados de un diario liberal mexicano: La Jornada del seis de octubre de 2013.

-Que “En Cuba como en Vietnam, la veloz construcción de una clase capitalista nacional asociada al capital extranjero, combina un control burocrático de la economía y de toda la vida nacional por un partido único ultracentralizado y dirigido desde el vértice, con el libre desarrollo de la acción del mercado capitalista… lo que excluye la intervención plena, democrática y protagónica de los trabajadores.

-Que la Central Obrera es una organización contrapuesta a los intereses del proletariado cubano.

-Que dicha política “desmoraliza y despolitiza a  vastas capas, sobre todo urbanas de la juventud y de los asalariados que ven las crecientes desigualdades, la brutal contradicción entre las declaraciones y las acciones de los dirigentes ‘socialistas’  y el aumento de la corrupción”.

-Que “el gobierno (cubano) gobierna así sobre un terrible vacío y su única carta es el arraigado sentimiento nacional de los cubanos.”

-Que “la responsabilidad de la  crisis económica, política y moral actual recae principalmente sobre el paternalismo y el burocratismo del Partido-Estado.”

-Que la opción socialista que eligió la Revolución Cubana “no era la única posible y que el pueblo cubano no fue consultado, sino que fue colocado por Fidel  Castro ante un hecho consumado cuando éste repentinamente declaró por radio que Cuba era socialista”.

-Que “Eso es lo que hay que cambiar si se quiere que Cuba salga de la crisis, no por la vía rusa, china o vietnamita.”

Luego, después de agregar otras afirmaciones semejantes, el columnista Guillermo Almeyra, ensalzó a ciertos intelectuales pequeñoburgueses cubanos por sus publicaciones críticas contra el régimen y finalmente reveló la receta magistral de los liberales puros posmodernos: “La democracia radical audaz, apoyada en la intervención masiva de los trabajadores”.

Todo ello, como si Lenin, Stalin, Garaudy  y muchos otros autores marxistas no hubiesen escrito y destruido en el campo de la teoría científica las desacreditadas posiciones de Almeyra.

Remitimos al lector al estudio de las obras de los autores citados para no repetir aquí argumentos conocidos  y cuestiones ya resueltas por el marxismo-leninismo.[1]

Y para que no se piense que ahora, MHRO, autor de este artículo, se asusta por la crítica al socialismo o escribe sobre este punto tardíamente, “a toro pasado”, cito un fragmento de un artículo que me publicó el  periódico El Mundo de La Habana, que dirigía el gran periodista y demócrata consecuente, Luis Gómez Wangüemert, titulado “Del X al XI Congreso Médico Nacional,(16.03.1966),  en el cual me  refería especialmente al campo médico que era donde yo trabajaba, pero con extensiones hacia el tema que hoy analizamos:

“Un denominador común. Meditando acerca de los conflictos médicos, no podemos menos que considerarlos como hechos inevitables que caracterizaron una etapa por la que forzosamente tenía que pasar la medicina cubana en los primeros años de la revolución, en la que, además de todos los factores políticos que intervinieron, hubo sin duda un denominador común que alentó a todas aquellas corrientes que se opusieron a los cambios progresistas; ese factor fue el atraso en la técnica y en la ciencia… El atraso y la ignorancia representados por las fuerzas política y religiosas más oscuras de la época…”   

Y en el mismo artículo yo agregaba:

No debemos olvidar que existe una ley que todavía actúa entre los hombres de esta sociedad que construye el socialismo: la lucha de clases, cuyas manifestaciones no pueden soslayarse ni subestimarse. Aún hay muchos ‘gatos pardos’ que solamente esperan mejores tiempos. La construcción de la medicina socialista moderna y científica es una tarea larga y difícil, pero el pueblo cubano vencerá.[2]  

Y en lo concerniente a la medicina cubana mi pronóstico, como es del dominio público, ya se realizó, actualmente las ciencias médicas de ese país son un paradigma de vanguardia universal. No, nunca me asustó la crítica justa, oportuna y fundamentada, pero las intrigas anticomunistas siempre las rechacé.

Ahora bien, volviendo al tema principal, ¿cuánto debe durar el periodo de transición? ¿Cuándo se puede cantar victoria definitiva frente al cadáver del capitalismo? ¿Cuándo los detractores del comunismo, incluidos los liberales antiestalinistas, deben callar para siempre?

Lenin decía que el calendario de la revolución en general y precisamente del periodo al que nos referimos no se había editado aún, pues en la historia es difícil fijar fechas exactas cuando hablamos del futuro. La Nueva Política (NEP) en la URSS duró nueve años pero el periodo de transición puede prolongarse muchas décadas, todo depende del nivel de desarrollo del que partieron las revoluciones socialistas, y muy fundamentalmente del estado general del movimiento obrero internacional y la actividad hostil del cerco capitalista.


[1] José Stalin, Grigori Zinoviev: El gran debate 1924-1926, PYP, 36, 1972, Argentina.

José Stalin: Cuestiones del Leninismo, Ediciones en Lenguas Extranjeras, URSS, 1939. Roger Garaudy: Liberalismo y Comunismo, Ediciones populares, La habana Cuba.

[2] El Mundo, 16 de marzo de 1966, p. 8


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