Archivo para 11/01/14

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Ene
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El “peronismo”, estilo de vida

Foto: Libro Alelí

Es realmente muy triste ver publicado en los medios masivos la aberración de comparar el “peronismo” (no esto que hoy vivimos ni lo que sucedió en los 90), con un “modo de ser argentino”. Verlo publicado por una compañera, es aún mucho más triste pues demuestra real desconocimiento de la “Doctrina”, así con mayúscula, como del Dogma Justicialista. El Peronismo es uno solo, y como tal es simplemente “una forma y un estilo de vida”. Los peronistas vivimos como tal y nunca de otra forma, quienes lo hacen “no son peronistas”.

El presente no pretende ser una respuesta al artículo de la compañera Susana Decibe en la página de Debate de Clarín; por el contrario la presente es desasnar a muchos argentinos y peronistas que suelen confundir el peronismo simplemente como lo que estamos viviendo desde hace ya casi dos décadas y media consecutivas. Nunca fue el “Justicialismo” –porque así lo denominó su creador y único Líder y Conductor- o como yo lo denomino, para no caer en los malditos “ismos” que tanto mal le acarrearan a la Patria, un “partido político” que se dedicara simplemente a “representar los intereses patrimoniales de sus dirigentes o jefes o caudillos territoriales, y a enriquecerse ellos o sus amigos y testaferros”, por el contrario fue un Movimiento Nacional de masas artífice en aquella difícil mitad del siglo pasado, a romper con ese y convertirse en “artífice de una sociedad con aspiraciones de verdadero “ascenso social”, que lograra derrotar la desocupación –en 1955 ésta estaba por debajo del 2%-, la indigencia (que no se conoció al final del 2º Gobierno de Perón) y la pobreza. Asimismo ese Estado Justicialista creó una Nación en camino a su industrialización”, generándose los primeros pasos para obtener el autoabastecimiento gasífero y petrolero –logrado apenas 5 años después de su derrocamiento en 1955, en el Gobierno desarrollista de Arturo Frondizi-, y el eléctrico a través de la construcción de represas hidroeléctricas, y el inicio del desarrollo nuclear nacional, mediante los acuerdos con Alemania, Israel y Estados Unidos que culminaron con la construcción de Atucha I y del polo de desarrollo nucleocientífico del Instituto Balseiro.

Fue ese mismo Justicialismo quien desarrollando una profunda visión estratégica del desarrollo nacional creó la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba donde se desarrolló el primer avión a propulsión denominado Pulqui I y posteriormente el Pulqui II, que conjuntamente con otro organismo del Estado iniciaron el camino del desarrollo de los primeros Vectores inteligentes de mediano y largo alcance con cabezas que permitieran el transporte de elementos nucleares y que fueran el antecedente militar del proyecto Cóndor, iniciado durante la etapa peronista; como también produjo vehículos de transporte (como el famoso Rastrojero y el Justicialista primer automóvil de fabricación y diseño argentino). Es este Estado el que incorpora a los sectores más postergados del agro nacional a la vida urbana y en conjunto a las masas obreras que son incorporados a la vida nacional democrática y republicana, totalmente desconocida por ellos hasta la llegada del Justicialismo en 1945. La visión de una Nación en Desarrollo pleno es la que lleva al Justicialismo a la concreción de innumerables obras públicas insertas en el Plan Nacional de Obras Públicas de 1932 y abandonado, antes y después de su paso por el gobierno, La petroquímica y sus derivados, tanto como el desarrollo y creación de la lota naviera de mar y de río, como elemento indispensable para el transporte de nuestras materias primas al exterior –exportaciones masivas-, denominadas como ELMA y Flota Fluvial del Estado; es este mismo Estado Justicialista quien planificare y construyere las primeras autopistas del país, desarrollando y ampliando la red carretera para unir diferentes y alejadas regiones de los puertos y aeródromos de salida de las exportaciones de nuestras economías regionales. YPF tanto como YCF y las empresas: Gas del Estado, junto a SEGBA-CHADE y OSN –Obras Sanitarias de la Nación-, Vialidad Nacional, Astilleros y Fábricas Navales del Estado (AFNE), Astilleros Domeq García, Ferrocarriles Argentinos, Agua y Energía, SOMISA, Aerolíneas Argentinas heredera de la antigua línea aerocomercial peronista, etc., se convirtieron junto a aquellas otras ya nombradas en la punta de lanza de un proceso de industrialización y desarrollo que fue acompañado por nativos e inmigrantes que supieron apostar por ese “nuevo Estado Justicialista”, y así conocimos SIAM –que llegó a producir desde maquinaria para panaderías y otros rubros, hasta automóviles que hicieron historia (SIAM DI TELLA (el 1500), MORRIS, etc.)- Aceros Bragado, Perkins (motores diésel), Loma Negra, Cementera Avellaneda, Mercedes Benz, Siemens, Industrias Kaiser Argentina (IKA) y tantas otras más que son casi imposibles de nombrar.

Abundar más en la materia es innecesario para aquel que recuerde desapasionadamente nuestra historia del siglo XX; pero es casi perogrullesco tener que recordar que fue el Justicialismo de 1946 a 1955 quien derrotó y anuló casi totalmente el desempleo obrero y la pobreza, el mismo que a través del Ministerio de Acción Social y la Fundación Eva Perón llevó asistencia a víctimas de desastres naturales, como a las clases más desposeídas incorporándolos a las festividades nacionales y religiosas desde una nueva postura de dignidad. Fue el Justicialismo quien profundizó la “cultura del trabajo y del esfuerzo” como único camino para lograr “el ascenso social”, contraponiéndolo con la filosofía marxista de la lucha de clases, imperante aquí y en el mundo en aquellos años. Perón dignificó a las clases obreras y les permitió que mediante el esfuerzo accediere a la primer vivienda –que debían abonar íntegramente mediante los prestamos del Banco Hipotecario Nacional (BHN)-, así como a la educación técnica mediante la creación de la Universidad Obrera (luego denominada Universidad Tecnológica Nacional o UTN), y el acceso a las carreras universitarias, hasta esa época infranqueables para las clases trabajadoras. Fue el Justicialismo el que amplió casi infinitamente la “clase media argentina” nutriéndola con sectores de empleados y obreros calificados, así como de cuentapropistas y trabajadores independientes; esa clase media además se nutrió con los hijos de los obreros que se recibieron de profesionales médicos, ingenieros, abogados, arquitectos, etc. Desconocer éstas y tantas otras situaciones generadas por el Justicialismo en mitad del siglo XX es simplemente de necios o de mal criados, ni siquiera los opositores anteriores del peronismo dejan de reconocer todos los atributos insuflados a la vida nacional por el peronismo de los dos primeros Gobiernos de Juan Perón.

Pero los herederos de aquel peronismo fundacional -1946 a 1955-, como los del tercer Gobierno Justicialista –de 1973 a 1976- no estuvieron a la altura que la historia político-económico-social les exigía, y entonces a la muerte del Líder y Conductor natural aquel 1º de Julio de 1974, las dirigencias políticas tanto nacionales como provinciales o municipales, así como las obreras/sindicales –CGT_ y las empresarias –CGE- abandonaron la estrategia del desarrollo y la inclusión social para suplantarlas por la de representar sus intereses patrimoniales y de poder por el poder mismo. Los jefes territoriales construyeron feudos provinciales o municipales donde el común denominador fue el autoenriquecimiento y el nepotismo más abyecto, y donde el ascenso social y la derrota de la pobreza se canjeó por un muy eficiente, para ellos, sistema de dádivas, clientelismo y dependencia totalmente alejada y realmente opuesto al paradigma Justicialista de derrotar y expulsar la pobreza, el hambre, la indigencia y el desempleo, tanto como la deserción escolar, el analfabetismo o las enfermedades. Esa dirigencia se olvidó realmente del pueblo –y en definitiva de la Patria y de Perón mismo (ni que hablar de Eva Perón la primer y más fundamentalista peronista)- y en su bajeza e individualismo pretendió convertir, y lo logró verdaderamente en estos últimos 24 años, aquella máxima doctrinaria y dogmática de que “el Justicialismo no era otra cosa que una forma de vida” donde debía primar el “bien común y la solidaridad para con todos, pero muy especialmente con los niños y los ancianos –o sea los más desprotegidos-“, por esta nueva que implicó robar para enriquecerse (corrupción se le denomina), y adoptar el gobierno y la naturaleza de transgredir, o de llegar de cualquier manera a un objetivo (que por lo general fue individual y nunca colectivo o social) y de cambiarlo sin pudor alguno, olvidando y desterrando el sentir y la filosofía Justicialista de obtener el poder para beneficio y felicidad del pueblo, por el opuesto porque nunca reconocieron anclaje ideológico ni moral alguno.

Aquel violento período que implicó el tercer Gobierno Justicialista de los 70 del siglo XX, se signó por la caracterización de una lucha fratricida entre quienes defendieron a Perón, su Gobierno y las instituciones democráticas y constitucionales contra aquellos otros que pretendían imponerle al viejo General una suerte de Gobierno compartido. Ante la incuestionable realidad de su total negativa y ante la expulsión lisa y llana del Movimiento y hasta de las bancas legislativas, aquel sector reempuñó las armas alzándose contra el pueblo y la Patria, al alzarse sediciosamente contra el Gobierno Constitucional de Perón primero y de María Estela Martínez más tarde. Montoneros, y el ERP no aceptaron la realidad y en una acción vil, premeditada y artera asesinaron (para atacar al mismo Perón) al dirigente obrero y mano derecha del Presidente electo por un incuestionable y nunca visto 62%, José Ignacio Rucci; fue esta muerte y esta acción sediciosa y antipatriótica, tanto como el enfrentamiento contra los sectores defensores de Perón aquel otro 20 de Junio de 1973, que pretendió copar el palco de recepción del Líder que llegaba desde su exilio de 18 años en el extranjero –denominada por la prensa y la oposición antiperonista “la masacre de Ezeiza”-,acciones tendientes para cuestionar y condicionar el accionar y el poder mismo de Juan Domingo Perón. Este accionar y su pase a la clandestinidad forjaron el primer acto sedicioso de la segunda etapa del peronismo; ante esta nueva realidad y crisis durante el Gobierno de Perón primero y de Isabel luego tuvieron que ser contrapuestas con acciones constitucionales del Gobierno nacional, que tras el pedido del Ejecutivo fueran refrendadas por el poder Legislativo con leyes específicas y mediante la aplicación de éstas, es que se instruye a las Fuerzas Armadas para que defendiendo la Constitución y el Gobierno electo democráticamente, “aniquilen el accionar de los elementos terroristas y sediciosos” alzados contra el Poder Constitucional de la República.

Coincidiendo en esto con Decibe, es que llegamos al período genocida y sedicioso encarnado por el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y sus nefastas consecuencias sociales, económicas y políticas, y es cierto “no existe fuerza política ni social que logre revertir la decadencia ética, moral y económicosocial” instaurada desde aquel nefasto y oscuro día de marzo de 1976. Encauzada la república en el sendero democrático en octubre de 1983 volvimos a aprender el valor de vivir en democracia, aunque pocos han sido los avances en otras cuestiones muy importantes, pues desde ese entonces, y muy particularmente desde el pasado 25 de mayo de 2003, pusimos mucho más fervor y voluntad en repensar y rever el pasado que de cambiar y mejorar los males heredados y los creados desde ese octubre de 1983. Ese mirar el pasado en vez de pensar el futuro ha generado muertes, daños de todo tipo y mucho y muy extendido sufrimiento a un pueblo ya demasiado golpeado. Alfonsín instaló la necesidad de modernizar la economía y un Estado dependiente de las corporaciones extranjeras, en su gran mayoría, las relaciones sociales y la gestión de aquel Estado, rediscutiendo –como dice Decibe- lo público como diferente de lo privado y de lo estatal; es cierto que destacó la necesidad de revertir la centralización de ese Estado como estrategia para mejorar su eficiencia y aumentar la participación ciudadana. Pero debemos recordar que además de intentar relocalizar el Gobierno Nacional en Viedma, la centralización fue profundizada al aumentar la cantidad de coparticipación que iba al Estado nacional, situación que poco a poco todos los sucesivos Gobiernos profundizaron hasta llegar a la actual etapa de que el Gobierno nacional se queda con el 76% de ésta.

La siguiente etapa seudo peronista iniciada en 1989, además de generar una reforma del Estado que no tuvieron en cuenta ni las ideas radicales del alfonsinismo, y mucho menos las de los Gobiernos Justicialistas, y se transformaron en un proceso de corrimiento de aquél y de equilibrio y cierre de las “cuentas fiscales” a costillas del estado de Bienestar popular y de la niñez y la ancianidad. Trocaron la máxima peronista de transparencia, defensa del bien común y el priorizar al pueblo por el “cierre de las cuentas públicas”, y en este accionar antiperonista y antinacional las privatizaciones que hubieran debido significar –si se hubieren querido hacer para modernizar y actualizar la Patria- la transferencia de conocimientos, tecnologías y procedimientos para modernizar, mejorar y colocar a la altura que la tecnología requería nuestras capacidades y nuestra competitividad. Nada de eso sucedió, y por el contrario esa etapa del “peronismo menemista” lideró corruptamente y con audacia inconcebible cambios, así adoptó el neoliberalismo como bandera y hasta ´sumó al Partido Justicialista al socialcristianismo europeo (liberalismo o neoliberalismo) imperante a nivel global. La oposición buscó el facilismo y se recluyó en una crítica a los procederes y denuncias de los actos de corrupción existentes, mientras realizaba una defensa acrítica del Estado y de lo estatal, aunque por imperio de la imposición de un mercado globalizado, aquella postura de lo estatal había colapsado y fue derrotada por la inercia liberal impuesta desde los centros del poder por Reagan y Thatcher. En corto tiempo esta postura del “mercado con vida propia” trastocó por nefasta y ahistórica, en otra mucho más realista y totalmente heterodoxa.

El peronismo menemista fue una fugaz estrella que no solo desapareció del firmamento con el fin de siglo XX, sino que ha comienzos del XXI crisis mediante desembocamos tras un breve y nefasto período de radicalismo trastocado en aliancismo socioliberal, en otra etapa de seudo Justicialismo denominada peronismo kirchnerista donde no solo no se realizó aquella auténtica y profunda reflexión crítica –autocrítica de todo lo muy mal echo-, sino que además de profundizar los males del seudo peronismo menemista, y no corregir los errores cometidos con las privatizaciones entre otros tantos, se profundizó aquel modelo privatizador y de destrucción lisa y llana del Estado, el kirchnerismo primero y el cristikirchnerismo en una segunda etapa avanzaron en los errores y en las viejas políticas antiperonistas, no solo no corrigieron aquello que estaba y funcionaba muy mal, sino que lo profundizaron con las renegociaciones de los contratos de obras públicas, de concesiones de rutas puertos y aeropuertos, y las de las empresas de servicios llevadas a cabo por orden del matrimonio, en la figura del Ministro de “Desplanificación” Julio De Vido y sus secuaces (Jaime, Schiavi, Cámeron etc.), hasta llegar a los resultados por todos conocidos, quiebra de Aerolíneas Argentinas y Austral, YPF y destrucción del autoabastecimiento energético que provocaron y provocan importaciones increíbles de naftas, fuel oil y gas oil así como de Gas y electricidad, terminando en los apagones y faltas de energía eléctrica casi descomunal de diciembre pasado. El kirchnerismo tanto como el actual cristinismo solo fueron críticos de palabra del menemismo, pues no solo no corrigieron el rumbo de la convertibilidad –aunque teóricamente no exista en apariencia- que nos llevaron a la crisis de 2001 sino que nunca supieron o quisieron corregir los errores de aquel otro, y sumar aciertos acordando nuevas políticas, sino que reemplazaron éstos por la instalación de un falaz y acrónico “relato-discurso pretendidamente epopéyico” que intentó venderle al pueblo y a los extranjeros atónitos un increíble discurso “nacional y popular”, encima y como dice Susana Decibe, con base en un totalmente “inexistente peronismo camporista”.

El grado de desconocimiento de la historia y del Justicialismo por parte de la pareja gobernante, típica de aquellos que vivieron las trágicas jornadas de la década del 70 del siglo XX desde los claustros universitarios, y sin actividad militante (hasta de los errados y antinacionales montoneros y erpianos) alguna, los llevó a crear una seudo peronista organización de apoyo a su gestión denominada aparatosamente “La Cámpora”. Se recostaron arteramente e hipócritamente –pues nunca militaron, ni siquiera tuvieron respeto o brindaron apoyo alguno antes de su asunción en el Gobierno- en la cuestión de los derechos humanos, cooptando a las venales Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto y a través de ellas a organizaciones sociales de DDHH como Madres de Plaza de Mayo y Abuelas dándose un supuesto baño de populistas y antimilitares, desconociendo la actitud de ser “Populistas” con referencia a lo popular y nacional, tanto como adoptando simplemente una “postura anti militar” para la galería o los “giles” según convenga. Y en esta “postura” que coincide con el “relato” que pretendieron imponerle a la ciudadanía hicieron bajar el cuadro del dictador Jorge Rafael Videla mientras a la postre elevan a la máxima jerarquía a un corrupto y represor Cesar Milani, espía de poca monta que solo actúa internamente para escrachar dirigentes sociales, políticos, empresarios, sindicales y periodistas no afines a este “relato/discurso del seudo y muy mal llamado peronismo kirchnerista”. Luego de un período trágico por sus enormes consecuencias, de radicalismo (aliancismo) dotado de una pata muy seudo peroniana y transversal, que coadyuvó a la creencia popular de que el radicalismo no sirve para gobernar, sino solo como fuerza opositora y controlante del seudo peronismo de turno; abordamos una etapa heterodoxa, si la hubo, donde un gobierno del peronismo duhaldista, tampoco muy Justicialista que digamos (esto lo analizaremos posteriormente) entregó el poder y el Gobierno al peronismo kirchnerista conjuntamente con una situación global donde a diferencia de todo lo pasado los términos del intercambio nos fueron totalmente favorables.

Parece que a los argentinos nos cuesta vincular las deficiencias del estado con el personalismo presidencialista, la corrupción, el robo y el esquilmar al pueblo y a las instituciones, la falta de apego a la ley y a las normas, la rendición de cuentas de todos los funcionarios, legisladores y jueces, la ausencia de calidad en todas las prestaciones de educación, salud, justicia, empleo, energía, infraestructura básica y seguridad. Es muy cierto y casi de Perogrullo que “sin una dirigencia ejemplar, honesta, capaz y proba el pueblo nunca va a evolucionar y desarrollarse”, y el nuestro en verdad, está cada vez más empobrecido tanto de herramientas para su crecimiento y desarrollo, como de libertad para participar sin ser arreado por las prácticas clientelares de las dirigencias gobernantes. En esta situación obtenida por el seudo peronismo kirchnerista o cristinista al pueblo sólo le está permitida –a veces solamente, y según su color político- la indisciplina de los piquetes o de los saqueos; se le niegan los recursos fundamentales intelectuales y físicos para ejercer una ciudadanía plena. Ante una realidad internacional nunca vista, el peronismo cristinista, como antes lo hiciera el peronismo kirchnerista, inundó de recursos sin control alguno –lo que condujo inauditamente a la corrupción más generalizada- áreas públicas críticas y deficientes desde las privatizaciones del peronismo menemista para terminar con lo actualmente vivido de un Estado “elefantiásico y gigante, desprofesionalizado, incompetente, incapaz y en manos de arribistas de todo cuño”, inmerso en una sociedad cada vez más violenta, fragmentada y desconfiada hasta del propio vecino y amigo, permeada e infectada por el narcotráfico perversamente permitido, sino alentado desde las más altas esferas del poder, donde anárquicamente crecen las protestas sociales –hasta las inauditas de personajes que delinquiendo toman tierras para exigir dineros o viviendas, como si éstas fueran dádivas que les corresponden por derecho (nunca dispuestos realmente a abonarlas –nunca pagan religiosamente las cuotas cuando se les otorgan-) y donde solo campea la incertidumbre sobre el futuro.

Disiento con Decibe, no es verdad que todo esto lo haya realizado el “peronismo” entendido como verdadero “Justicialismo”, acuerdo que sí lo llevó a cabo el seudo peronismo, primero el menemista, luego y ahora el kirchnerista y el cristinista, pero acordando con aquella, en estos 24 años transcurridos todos y cada uno de los dislates, las atrocidades y las ignominias fueron siempre compartidas, permitidas y apoyadas por otros partidos, por la Justicia en todos y cada uno de sus fueros (aún no vemos a un solo dirigente –político, empresario, sindical o social- preso como corresponde), y mucho menos, o más, a los periodistas y los medios de comunicación, los dirigentes de la economía y las organizaciones populares (de los deportes y hasta de las ciencias) y fundamentalmente por una muy importante parte de la sociedad y el pueblo. Este seudo peronismo con “ismos” de toda y cualquier laya paso de ser una forma de obtener el poder, ganar y ejercerlo generalmente, o siempre en beneficio de unos muy pocos, aunque también es dable decir que ese seudo peronismo que se autoenriqueció a costillas del pueblo, como bien señala Decibe se convirtió en un “recurso necesario para salir de las crisis: en el pasado los militares, en democracia, el peronismo” o mejor dicho este seudo peronismo no Justicialista. Por esto y ante la crisis que volvemos a vivir y mucho antes que los antiperonistas de toda laya –macristas, binneristas y hasta algunos radicales (Carrió, Sáenz, etc.)- señalen las consabidas culpas de este seudo peronismo y se bendice un “nuevo modo de gobernar sin los actores corruptos de la última etapa democrática”· que aparentemente nos permitiría sortear esta nueva crisis, es impostergable que todos seamos conscientes de que solo el esfuerzo compartido por el pueblo y por sus dirigentes políticos, sindicales, empresariales y de politólogos y economistas, o sea todo el espectro político y social en su concepción más amplia realice y lleve adelante un debate profundo, serio y concienzudo sobre “que tipo de estado necesitamos y queremos construir y que compromisos y obligaciones debemos asumir y recrear para desterrar definitivamente la actual conducta política” enriqueciendo con el ejemplo ciudadano y cotidiano a una sociedad y pueblo ávido de las buenas costumbres, el respecto irrestricto de la ley y las normas y una convivencia pacifica, olvidando el pasado –que no es no tener memoria- y proponiéndonos un futuro verdaderamente Justicialista en el más amplio sentido de la palabra y venturoso donde a todo el pueblo, pero principalmente a sus dirigentes se les exigirá aquello de que “ser Justicialista es una forma de vida”, donde solo prima el bienestar del pueblo a través de jerarquizar un Estado revisor y regulador, inteligente, prestador de los servicios fundamentales en forma eficiente y económica (que no es barata) en una sociedad totalmente integrada tras estos fines y verdaderamente pacífica, que no es subordinada ni callada.

Buenos Aires, 8 de Enero de 2014.

Arq. José M. García Rozado

MPJIRucci – LIGA FEDERAL –

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LONGEVIDAD DEL PODER LEGISLATIVO EN EEUU.

Ted Kennedy respaldando a Obama el el 29 de enero, 2008.Foto publicada por Barack Obama en Flicker del que es miembro desde 2006

Por José (Pepe) Martel

Este trabajo es solo una curiosidad que nunca he visto reflejada y mucho menos comentada por ningún colega. Hablando con un gran amigo sobre la estabilidad política relevante de la democracia de gobierno que adorna a esta gran nación de Estados Unidos de Norteamérica de la cual tanto me honra y al mismo distingo como ciudadano americano observamos sobre sus años de edades y periodos de elegidos. Las leyes federales y decretos presidenciales convierten a este conjunto de estados en un estandarte de democracia y libertad continuada donde la libre expresión es un precedente inagotable de principios y virtudes.
Las elecciones periódicas establecidas y los elegidos mediante el voto secreto y directo amparados dentro de la Constitución Americana instituida desde mayo de 1787 en Filadelfia con la participación delegados representativos de sus primeros 13 estados de la Unión hasta la fecha ha sido respetada y nunca violada bajo circunstancia alguna.
Desde el primer presidente electo, George Washington hasta el actual, Barack Obama, son electos por un periodo de 4 años y el derecho a una sola reelección de cuatro años más o sea cumplidos los 8 años abandonan la Casa Blanca. Y me pregunto: ¿Por qué no sucede igual con nuestros congresistas federales y estatales? Senadores y representantes que son elegidos de forma democrática periodos tras periodos, ilimitadamente. Son personalidades en su mayoría conocidas que llegan jóvenes y se retiran después de varias décadas legislando las leyes de la nación con edades avanzadas. Muchos fallecen activos en funciones, un ejemplo, el senador demócrata, Ted Kennedy, que ejerció por 36 años ininterrumpidamente.
Esto es solo una preocupación muy personal de mi parte y pregunto: “Tienen ustedes otra opinión al respecto”.

Miami, Florida, USA / joselmartel@yahoo.com




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