Archivo para 28 septiembre 2014

28
Sep
14

LA SINCERIDAD DEL DEMAGOGO

"El secreto del demagogo es hacerse tan estúpido como su audiencia para q ella crea q es tan inteligente como él es". Foto: Roger Schultz

“El secreto del demagogo es hacerse tan estúpido como su audiencia para q ella crea q es tan inteligente como él es”. Foto: Roger Schultz

De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española, la palabra demagogia es definida como “Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.” o como ” Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.”.

Esta sucia manera de ganar adeptos es inherente a la política y, gracias a ella, los hombres adquieren poder y riqueza a base de engaños y mentiras.

Dentro de los partidos políticos, bien sean de izquierda o de derecha, las promesas abundan. Los candidatos siempre prometen equidad y bienestar, casi un paraíso terrenal, sobretodo, para las personas de clase media y baja.

El demagogo enardecido por la ambición que lo anima, pone en los oídos de quienes lo escuchan, precisamente lo que ellos quieren escuchar, buscando cuidadosamente palabras que no defrauden a sus seguidores, aunque su meta esté enfocada únicamente en lograr sus objetivos.

Con el pasar del tiempo, vendrá el balance de su gestión como gobernante, y entonces, la desilusión de los incautos electores será enorme, al comprobar las cifras maquilladas con la verdadera situación.

Entonces, mientras el pueblo olvida -pues tiene una memoria muy débil-, el demagogo optará por tomar unas ”largas y merecidas vacaciones”, con la esperanza de encontrar a su regreso, un nuevo respaldo a sus ”brillantes ideas” y voten masivamente para su reelección.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

26
Sep
14

TODO EVOLUCIONA

Foto:  Colegio Altamira

Foto: Colegio Altamira

El mundo siempre ha estado en un continuo proceso evolutivo, y hasta la violencia ha cambiado de forma a través de los siglos: antes era más física, hoy, continúa siendo física y brutal, pero más sofisticada.

Antes, lo necesario o lo anhelado, era conseguido por la fuerza física, mediante invasiones, asesinatos, violaciones, esclavitud y atropellos, mientras que en la actualidad, como contamos con dinero, desde hace siglos, todo cambió, y más recientemente, con tarjetas de crédito, los delincuentes aplican formas más sofisticadas para lograr sus propósitos: como la compra de bienes, voluntades, preferencias y conciencias.

Más allá de las apariencias que todos podemos percibir, es probable, muy probable, que sea la mujer quien determine cuándo procrear y que, por lo tanto, sea ella también que elija al varón que la fecundará.

Como los factores culturales influyen en gran medida en nuestros instintos, los cuales son muy sensibles al entorno -períodos de auge, de escasez, de guerra, de paz, de poca población o superpoblación-, era válido suponer hasta hace unas cuantas décadas, que la mujer no solamente elegía a su esposo o compañero por la riqueza genética que intuía en él, sino también por la capacidad económica que le asegurara un bienestar decoroso.

Pero como todo evoluciona, el derecho a elegir hoy en día no es exclusividad de la mujer, el hombre también exige responsabilidades compartidas. En la actualidad, tanto el uno como el otro, aportan para el sostenimiento del hogar, pero también tanto el uno como el otro, comparten los quehaceres del hogar.

La vida ha cambiado y continuará cambiando y el futuro, por lo tanto, es impredecible.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

21
Sep
14

LA VIDA CAMBIA

 "La vida es lo que pasa entremedias." Foto: Olga Díez

“La vida es lo que pasa entremedias.” Foto: Olga Díez

Se habla, se comenta, se escribe, se muestran datos e imágenes que describen con crudeza el escenario en el que nos ha tocado vivir.

Dicen que la globalización es un complejo fenómeno provocado por diferentes causas y factores, que consiste en la pérdida de fronteras, no solamente geográficas, sino también de nuestra propia vida cotidiana, pese a que podemos vivir conectados, gracias a los adelantos tecnológicos tales como teléfonos móviles, radio, televisión e internet.

Pero este inmenso cambio que ha afectado, para bien o para mal, a muchas personas -sobretodo, a las de la tercera edad-, les ha causado hasta cierto punto, intenso estrés, angustia e incertidumbre.

Algunas personas podrán decir que por culpa de la tecnología y la globalización, la gente, en el ambiente social, vive peor que antes y aseguran aquel adagio que dice que todo tiempo pasado fue mejor.

Y quienes aseguran lo anterior, hasta cierto punto, tienen razón. Antes, las personas se reunían, se reían, dialogaban, intercambiaban ideas y se abrazaban. Hoy, las cosas han cambiado, la gente se comunica a través de teléfonos celulares, de la internet y de mensajes de texto.

Pero si vemos las cosas con objetividad, nos daremos cuenta de que el estrés, la angustia y la incertidumbre, siempre han estado presentes en la vida de los seres humanos, aunque los motivos hayan sido diferentes: dificultades económicas, lentitud en las comunicaciones y otros que siempre han existido, existen y existirán: desastres naturales, guerras, injusticias, odio, intriga, envidia, corrupción y maldad en todos los niveles.

El tiempo cambia y con él, para bien o para mal, nuestro sistema de vida.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

21
Sep
14

Políticos que prometen y no cumplen

Foto:  HazteOir.org

Foto: HazteOir.org

Aunque no todos, muchos políticos cuando logran llegar a un cargo importante, se dejan contaminar por la corrupción y se olvidan de las personas que depositaron su confianza en ellos.

Un gran número de gobernantes o funcionarios del Estado que fueron elegidos por personas que confiaron en su honorabilidad y capacidad, pocas veces se preocupan por el bien común y se dedican a utilizar los fondos del erario público para enriquecerse a costa de los impuestos que pagaron quienes los eligieron.

Causa indignación sentirse traicionado por personas que antes de llegar a determinada posición prometieron ayudar a los más necesitados, pero que cuando alcanzaron la posición que buscaban, olvidan sus promesas y sólo piensan en sus bolsillos.

Desafortunadamente, son muy contados los políticos que sí cumplen, ya que la mayoría carece de una cualidad que es esencial para buscar el bien de sus semejantes: la bondad.

La bondad es la inclinación natural a hacer el bien, con una profunda comprensión hacia las personas de todos los niveles y sus necesidades. Una persona bondadosa es siempre paciente, solidaria, equilibrada y dispuesta a satisfacer las necesidades básicas de los menesterosos.

Un político honesto jamás puede ser arrogante y prepotente y no sólo tiene que desarrollar la disposición para agradar con su elocuencia, sino que debe cumplir lo que promete para así ganarse el respeto, la buena voluntad y el afecto de quienes lo eligieron.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

19
Sep
14

VERDADES QUE DUELEN

Foto: Besbe

Foto: Besbe

Todos los seres humanos actuamos muchas veces por conveniencia y eso nos convierte, aunque duela decirlo, en hipócritas.

Quien miente, adula y finge, es un hipócrita. Y sin embargo, muchas personas cuando les preguntan que cómo están, responden que perfectamente, que no podrían estar mejor, aunque en verdad, los agobien problemas de toda índole. Al afirmar lo contrario, ¿No están mintiendo? ¿Y la mentira no es una especie de hipocresía?

El hipócrita es un ”actor” que finge sentimientos que no tiene, que expresa ideales que no sigue. Alguien que quiere hacerse pasar por lo que no es.

Si una dama sale un día de compras y saluda a todos sus vecinos que se encuentra con una amplia sonrisa que la hace lucir feliz, pero la verdad, le fastidia tener que saludar a toda esa ”partida de viejos”. Los saluda con afecto y simpatía, pero internamente, los desprecia.

Si una pareja la detiene para contarle alguna cosa, ella finge escucharlos atentamente y hasta levanta sus cejas en señal de aprobación, aunque por dentro se retuerza con desesperación porque por culpa de estas personas se le hace tarde para aprovechar una venta especial que le interesa. Sin embargo, se despide de ellos con un beso en sus mejillas.

Desafortunadamente, muchas veces la verdad hiere, en tanto que la adulación, es decir, la hipocresía, endulza los oídos. Y eso lo saben los hipócritas.

Hay cierto tipo de hipocresía que no busca causar daño sino, simplemente, congraciarse con los demás, como el niño que le obsequia una manzana a su maestra. Pero hay otro tipo de hipocresía que se vale hasta de la difamación y la calumnia que se utiliza como dardos venenosos contra aquellos que les hacen creer que son sus amigos sinceros y leales.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

18
Sep
14

MEDIOS INFORMATIVOS Y TECNOLOGÍA

Foto: Nif

Foto: Nif

Desafortunadamente, la indiferencia de los poderosos hacia los débiles ha sido una constante desde que el mundo es mundo.

Siempre la maldad se ha impuesto. Las cadenas de televisión, las emisoras de radio, los periódicos y las revistas, destacan los acontecimientos malos, los cuales, desafortunadamente, son los que más producen. Todos los días leemos en los periódicos y escuchamos en la emisoras y en la televisión noticias trágicas: guerras, asesinatos, robos, abusos contra mujeres, niños y ancianos incapaces de defenderse. Por lo tanto, no es falso afirmar que se lucran con el dolor.

Esta es la triste realidad, mientras las tecnología avanza a pasos nunca antes vistos, la mayoría de los seres humanos se robotizan y sólo piensan en incrementar sus fortunas dejando de lado los valores éticos.

Es cierto que hemos avanzado a pasos gigantescos en adelantos tecnológicos, pero ese “progreso” nos ha deshumanizado llegando a extremos tales, que la comunicación de persona a persona, ha pasado a un segundo plano. Ahora nos comunicamos con nuestros amigos a través de teléfonos celulares o de e-mails.

Los jóvenes de hoy se encierran en sus habitaciones a “chatear” con sus “amigos cibernéticos” o a hablar por el celular. Las pláticas familiares son cosa del pasado.

El mundo sigue “progresando” a la par con la violencia y la indiferencia. Oír en las noticias que mataron en la ciudad a cinco personas, nos parece parte de la rutina diaria. Leer en el periódico que mataron en un país distante a cien o más personas, también.

¿Hacia dónde nos llevará el progreso?

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

17
Sep
14

Ocultar el problema no lo resuelve.

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La eterna mirada de corto plazo, las interminables urgencias electorales y la imperiosa necesidad de sostener poder, vienen empujando a los gobiernos y a la política a disfrazar la realidad para no quedar exageradamente expuestos. Apelan con convicción a deformar las cifras, implementar normas y confundir a toda la sociedad para lograr sus objetivos.

Muchos dirigentes políticos piensan que su tarea consiste en esconder problemas, justamente porque estos pueden ser ocultados indefinidamente. Siguen apostando a la dinámica que les propone esa vieja estrategia que dice que lo que no se puede visualizar, no existe.

El recurso más común, aunque no el único, reside en manipular las estadísticas. El objetivo central es que “el termómetro” no alerte sobre la presencia de la fiebre, o si lo hace, que parezca algo de escasa gravedad.

La leyenda dice que si las cifras no convalidan un suceso, este mágicamente desaparece convirtiéndose entonces en un tema absolutamente subjetivo, opinable, de meras percepciones y sensaciones.

Es imposible dar batalla a los asuntos que preocupan si antes no se sabe su magnitud aproximada y si no se alcanza previamente un diagnóstico afinado que permita saber como enfrentarlo con cierta chance de éxito.

Algunos gobernantes han decidido deliberadamente silenciar las dificultades, ponerlas bajo la alfombra y que no se hagan evidentes. No es que no sepan que la mentira tiene patas cortas y que tarde o temprano la verdad saldrá a la luz, sin que exista modo alguno que evite su visibilidad.

Lo que sucede es que ellos apuestan decididamente al corto plazo. Trabajan para que el obstáculo no los afecte electoralmente en el turno que se acerca. El subsiguiente está demasiado lejos. Más adelante decidirán ocuparse de él o simplemente volver a disimularlo hasta mejor oportunidad.

No es que los políticos realmente crean que el conflicto dejará de estar presente por su simple capricho. Saben que eso no ocurrirá. Para ellos sólo se trata de superar la coyuntura, de patear el inconveniente hacia adelante y no precisamente de invertir energías en solucionarlo.

En general son asuntos complejos, cuya resolución lleva mucho tiempo. Por eso no hacen esfuerzo alguno en solucionar la cuestión de fondo, porque su eventual éxito no podrán capitalizarlo políticamente.

La lógica de la democracia contemporánea obliga a triunfar en cada turno electoral. Siempre la elección más importante es la que viene. Por eso el político sólo intenta superar la coyuntura, sin pretender resolver el aprieto.

Una parte importante de la responsabilidad tiene que ver con una sociedad que también juega ese juego, que permite que la prioridad electoral sea más trascendente que los escollos que propone la cotidianeidad.

La mayoría de la gente premia con su voto a los que niegan las contrariedades y no a aquellos que deciden exhibirlas. Es por eso que los que ofrecen un mundo color de rosas se ven incentivados a repetir conductas inadecuadas. La sociedad ha caído en la trampa de la “evasión”.

Habrá que asumir que las dificultades están ahí. Una decisión normativa no elimina la pobreza sólo por modificar ciertos parámetros. Tampoco la actitud de no denunciar hace que los niveles de delincuencia disminuyan. La inflación no se reduce porque la lista de productos incluidos en el relevamiento se altere, o porque los algoritmos y ponderaciones se manipulen para minimizar su impacto. Tampoco al impedir que los alumnos tengan puntajes bajos se los convierte en inteligentes o sabios.

Es probable que por ahora triunfe la mezquina modalidad de camuflar problemas. Es posible que los más perversos dirigentes se salgan con la suya durante algún tiempo. Es factible que la gente termine castigando electoralmente a los que les hablan desde la incómoda sinceridad.

Pero no menos cierto es que las sociedades maduran y que, en algún momento, los ciudadanos entenderán que es preferible enfrentar la verdad por dolorosa que sea, a vivir en un mundo irreal plagado de fantasías.

Desde lo estrictamente práctico, lo más relevante pasa por comprender que los tropiezos que no se explicitan, tampoco se atienden. Y que aquellos otros a los que se intenta quitarle relevancia, jamás serán encarados.

Como en la vida misma. Si alguien no identifica un drama, no se ocupará del mismo. Si cree que es insignificante, tampoco merecerá que se le preste demasiada atención. Sólo valdrá la pena ser abordado cuando su existencia obstruya posibilidades futuras o impida seguir adelante con el presente.

Una forma de interrumpir esa inercia es recompensar a los que no eluden la realidad, a los que la describen con crudeza. Son ellos los que podrán diseñar soluciones efectivas, los que se animarán a abordar los asuntos con la seriedad que se merecen. Los otros, los que juegan al ritmo de la democracia electoral, los que se sirven de ella, seguirán funcionando con las crueles reglas de la actualidad, intentando desnaturalizarlo todo, escondiendo las preocupaciones, no porque vivan engañados, sino porque saben que la sociedad los incentivará a recorrer ese camino. Es la gente y no la política la que debe entender que ocultar el problema no lo resuelve.

Alberto Medina Méndez

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