Archivo para 29 octubre 2014

29
Oct
14

NORMAS DE ELEMENTAL CORTESÍA

Foto:  paz.ca

Foto: paz.ca

El práctica crea hábitos buenos y malos. Las personas deberíamos esforzarnos en crear los buenos. Uno de los malos hábitos, es el uso inadecuado del teléfono. La gente lo utiliza todos los días, pero continúa cometiendo los mismos errores.
Debido a la importancia que tiene el correcto uso del teléfono para mantener buenas relaciones tanto empresariales como personales, es necesario prestar mucha atención a la forma correcta de utilizado, pues son muchas las personas que piensan que, el no ver a quien está al otro extremo de la línea, le permite dejar de lado ciertas normas de cortesía.
Por el teléfono se percibe, aunque no se vean, la actitud, el interés y la amabilidad de las personas. Cuando llamamos a alguien esperamos escuchar una voz amable y cordial, que por su tono y forma de hablar se identifique el deseo de brindar una buena atención.
Una gran cantidad de contactos comerciales se generan contactos telefónicos, igualmente, muchos negocios que se pierden por el desgano y la falta de cortesía con los clientes.
Las recepcionistas requieren un buen entrenamiento para capacitarlas en el uso correcto del teléfono y el conocimiento básico de la empresa para la que prestan sus servicios.
Jamás se debe tutear a un cliente y el tratamiento que se le debe dar es: señor, señora, doctor o doctora.
Las recepcionistas deben ser personas amables, pero a la vez concretas para evitar conversaciones extensas. Una buena actitud facilita la comunicación.
La amabilidad se percibe en el tono de la voz.
Escuchar atentamente es muy importante para dar respuestas apropiadas. Nunca se debe contestar el teléfono con monosílabos como: ¿Oigo? o ¿Diga?, lo correcto es saludar dando el nombre de la empresa.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

26
Oct
14

LA CRUELDAD DE LA PENA CAPITAL

Foto: Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias del Trabajo...

Foto: Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias del Trabajo…

Los diferentes métodos de la pena capital -unos más que otros- siempre han sido crueles y despiadados.

La horrorosa decapitación con hacha o guillotina, la espada, el fusilamiento o el tiro en la nuca, la administración de sustancias venenosas (Sócrates murió condenado a beber la cicuta), la crucifixión y las múltiples formas de muerte a través de tormentos espantosos, como la lapidación y el aplastamiento (de todo el cuerpo o de la cabeza), el desmembramiento mediante el potro, la rueda o la tracción a cargo de animales, el arrastramiento hasta la muerte por erosión, la inmersión en metal fundido o su derramamiento, el enterramiento en vida, total o parcial (con la cabeza al descubierto) con las variantes de la presencia de hormigas u otras alimañas, espantosas mutilaciones tales como amputaciones de diferentes órganos: orejas, lengua, ojos, manos, piernas, extracción de vísceras, y muchas más, no tenían ningún tipo de justificación.

En nuestros días, aún persiste en algunos países democráticos y ”civilizados” la pena capital a través de sistemas como el fusilamiento, la horca, la silla eléctrica, la inyección letal y la cámara de gas, entre otros.

Los errores judiciales que conllevan a ejecuciones de personas inocentes, siguen siendo una frecuente y triste realidad en nuestros días.

Los hombres somos imperfectos y, por lo tanto, expuestos a equivocarnos.

Atribuirse el derecho a quitarle la vida a otro ser humano, equivale a renunciar a rehabilitar a quien ha quebrantado la ley, a fin de reincorporarlo a la sociedad.

La inviolabilidad humana, por muy grande que sea el nivel de degradación de un individuo, nunca pierde el derecho fundamental a la vida, ya que este es el primero de los derechos de los seres humanos.

Las religiones cristianas dicen que solamente Dios tiene derecho sobre la vida de los las personas, máxime en un país en el que se jura ante la Biblia para sentenciar a alguien y hasta para tomar posesión de un importante cargo dentro del gobierno.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

26
Oct
14

El amor después de los 50 años

Foto:  Victor Asensio

Foto: Victor Asensio

Vivo en el estado de la Florida, uno de los Estados de la nación con mayor población de personas mayores, “senior citizens y baby boomers”. Yo pertenezco a la generación de estos últimos. El amor no es propiedad de los jóvenes, el sentirse amado es una de las necesidades primarias del ser humano. El ser humano es un gregario, por lo tanto, las personas mayores también necesitan enamorarse, sentir amor, pasión, compañía y cariño, desde que nacen hasta que mueren, para satisfacer sus necesidades afectivas y sexuales. Quizás se pueda expresar de una manera distinta, pero no por ello, menos intensa. Y es que el amor es fuente de diversión, alegría, bienestar y produce emociones positivas y optimismo, es bueno para la salud emocional y salud en general. Algunas personas tienen un animal como compañía, pero ningún animal puede sustituir al hombre. Según los expertos, contrariamente a lo que se piensa, de que el interés y las capacidades sexuales en los ancianos de más de 60 años se extinguen por completo, los estudios realizados muestran que muchos individuos continúan teniendo una vida sexual activa, aún después de los 80 años. La soledad es terrible, produce angustia, depresión y ansiedad. El amor, en su concepto más amplio, es la columna vertebral de las relaciones humanas. Todo ser humano necesita amar y ser amado, desde que nace hasta que muere.

Elsa I. Pardo

Miami

23
Oct
14

EL GRAN MISTERIO DE LA MUERTE

"Enfermedad & Muerte". Foto: Santiago P.A.

“Enfermedad & Muerte”. Foto: Santiago P.A.

Todo ser humano con uso de razón, sabe que algún día se enfrentará al sufrimiento y al gran misterio de la muerte. Todos sabemos que nuestra vida tiene un fin, pero a pesar de esto, tenemos un ardiente deseo de tener una vida feliz y sin final.

Ante lo inevitable, aceptamos con amargura que nuestra vida, si vivimos y tenemos una larga existencia, nuestro ocaso irá irremediablemente acompañado de decadencia y de dolor. Ante este panorama, muchos ancianos optan por poner fin a ese desastre, cortando ellos mismos su existencia, pues piensan que no tiene caso continuar viviendo en un mundo en el que sólo les espera dolor sin esperanza.

Es muy triste saber que una persona que fue brillante en su juventud y madurez, cuando alcance una edad avanzada, esté en riesgo de perder su independencia física, y que sus facultades mentales se deterioren paso a paso hasta que llega el fin.

No todos lo admiten, pero muchas personas de la tercera edad sufren la crueldad de ser enviados a hogares para ancianos en los que son abandonados por sus hijos que piensan que nunca envejecerán.

Todo ser humano debería tener el derecho a ser cuidado convenientemente cuando se encuentre enfermo, máxime cuando sabemos que no pocas veces, los últimos momentos de la vida vienen acompañados de violentos dolores que deberían ser aliviados mediante el suministro de calmantes apropiados, amor y comprensión.

Lo más importante del acompañamiento al moribundo, es el análisis que supone el significado de la muerte, que es un misterio al que sólo podemos aproximarnos en silencio y con humildad.

Cuando se aproxima la muerte, no sólo sufre el cuerpo, también sufre el corazón y el alma. No sólo el médico es quien tiene la misión de aliviar el dolor. La familia y los verdaderos amigos deben aportar su ayuda, ya que los enfermos tienen una gran necesidad de sentirse discretamente acompañados afectivamente, de sentir el contacto de una mano que los ama y aprecia.

La muerte es el punto supremo y culminante de la vida. Cuando nos encontramos en la antesala, de nada valen influencias, riquezas o ni títulos, puesto que ésa es la última experiencia vital que nos obliga a dejarlo todo, antes de emprender nuestro viaje hacia lo desconocido.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

19
Oct
14

SECTAS PELIGROSAS

En Estados Unidos y en casi todos los países del mundo (casi en porque aquel que osara inventar una nueva secta en los países islámicos, con seguridad sería borrado de la faz de la tierra)-, proliferan los charlatanes que inventan nuevas sectas para lucrarse a costa de la ignorancia y esperanzas de personas .

Día a día aparecen nuevas sectas que se autodenominan “Cristianas”, ocultando su verdadero nombre y desacreditando a otras que, como la Católica, sí es tradicionalmente Cristiana y no aparecida no como estas que sectas que aparecen de la noche a la mañana, cuyos pastores no tienen estudios teológicos ni vidas ejemplares que los autorice moralmente a enseñar el camino del bien, pero que en cambio, tienen muchísimo cuidado para escoger muy bien los capítulos bíblicos en los que se menciona como una gran virtud la generosidad, para que los fieles entreguen con alegría sus diezmos a cambio de la salvación de sus almas.

Pero en realidad, ¿adónde va a parar ese dinero? Sería bueno ver las cuentas bancarias y propiedades de estos ”santos’.

Hace algún tiempo, durante un servicio religioso, algunos feligreses que sufrían convulsiones, al ser tocados por las milagrosas manos del pastor, su mal cesaba, al igual que otros que al roce de sus dedos quedaban libres de terribles enfermedades terminales.

Días después, dicho pastor fue visto en otra ciudad en compañía de uno que había curado de un cáncer terminal, tomando cerveza y riendo a carcajadas. ¿De qué se reirían? ¿Qué les causaría tanta gracia? ¿Acaso la ingenuidad de los incautos?

La religión es algo que hay que tomar muy en serio y no hay que dejarse engatusar por personajes que aparecen de la noche a la mañana abriendo las puertas de nuevos templos y aparentando una humildad que están lejos de tener.

De estos lobos vestidos de ovejas que hablan mal de otras religiones y que dicen tener la verdad absoluta, tenemos que cuidarnos, porque son mercaderes de sectas inventadas por ellos mismos y utilizan el nombre de Jesucristo para engañar.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

19
Oct
14

¿QUÉ JUSTIFICA LA GUERRA?

Toda guerra es igual: cruel, injusta y sanguinaria y puede ser evitada de una manera muy sencilla: ¡no realizándola!, de esa forma se habrá vencido al más infame de los absurdos, la maldita guerra, porque, al final de cuentas, en ella todos pierden. Hasta el vencedor.

Es que no existen guerras justas, ni santas. Bien decía el gran humanista y filósofo holandés Erasmo, al afirmar que “es preferible una mala paz, que una buena guerra”.

¿Qué beneficios y satisfacción proporcionará a los vencedores recordar las masacres y el dolor que dejaron a su paso después de pisotear y humillar al vencido hasta despojarlo de su dignidad? ¿Qué sentirán cuando a solas recuerden tanta sangre derramada de personas inocentes, sin saber ni siquiera el porqué?

La guerra es odio y genera odio. La paz es amor y genera amor. Conservar la paz es la más grande de las victorias.

Respetar y ser respetado, sin necesidad de llegar a la violencia, porque somos capaces de amar y compartir, en lugar de usurpar y odiar, es un logro inmenso. Es la más grande de las victorias.

Qué bello es mirarnos al espejo y ver reflejados en él, seres humanos sin resentimientos ni odios y con las conciencias tranquilas.

¿Qué derecho le asiste a un país para atacar a otro? ¿será que acaso los seres humanos somos incapaces de respetar a otros porque piensan diferente y tienen costumbres diferentes?

Los jóvenes que van a la guerra, van a matar sin saber los verdaderos motivos. A estos jóvenes se les ha enseñado a odiar a un enemigo que ni siquiera conocen. Quienes sí los saben son los poderosos que se lucran con la desdicha de los débiles.

No sobra reiterar una, y mil veces, que no existe ninguna razón que justifique iniciar una serie de masacres que sólo genera desdicha a y que empobrece a los más necesitados, dejando tras de sí un doloroso saldo de cadáveres, de cuerpos mutilados, de ruina y desolación.

Los soldados tiran a matar sin pensar ni sentir nada más que odio hacia “los supuestos enemigos”. Odio ciego que les han inculcado inclementemente hacia “ese enemigo” cuya vida no vale nada. Se les hace creer que son perversos, que no son seres humanos como ellos, y que, por lo tanto, es necesario aniquilarlos. Se les ha enseñado a no pensar, porque si pensaran, no dispararían.
Es importante aprender a defendernos, pero enseñando a nuestra juventud a amar, respetar y compartir y no a ver enemigos dondequiera por el simple hecho de tener costumbres diferentes. Enseñarles que hay que vivir y dejar vivir, enseñarles que nadie es dueño de la vida de otro ser humano.

Así quizás, en un futuro los hombres nos convirtamos en emisarios de la paz y dejemos a un lado el resentimiento y que en lugar de saquear, seamos capaces de compartir y vivir en armonía.

No es justo que la muerte de aquellos que dejaron sus vidas en campos de batalla se conviertan tan solo en frías estadísticas y en la inconsciencia de los políticos que la aprobaron.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

15
Oct
14

“El anarquismo fue una batalla cultural”

 Christian Ferrer (1960), autor de Cabezas de Tormenta habla de los libertarios de ayer y de los ideales sensatos que aún perduran.


Christian Ferrer (1960), autor de Cabezas de Tormenta habla de los libertarios de ayer y de los ideales sensatos que aún perduran.

El anarquismo ha sido mi vida. Me tocó ser anarquista y en ese sentido no evolucioné nada. Diría que casi estoy congelado en mis 18, 20 años”, dice en el estudio del altillo de su casa, un ambiente en el que los libros son el único horizonte visual, además de una computadora y el toldo que cubre la ventana.

Después de El Lenguaje Libertario (1998), un libro en el que compiló formas modernas del pensamiento libertario –no necesariamente anarquista– como las ideas de Michel Foucault, Paul Feyerabend, Agustín García Calvo, Horacio González, Dora Barrancos y Néstor Perlongher, entre otros, Christian Ferrer acaba de sacar Cabezas de Tormenta, mucho más personal que el anterior, en el que aborda directamente la temática del anarquismo respondiendo, por un lado, a las preguntas básicas de un lector neófito y a la vez esbozando teorías posibles de interpretación de los hechos desde una perspectiva libertaria.

En 1996 había publicado Mal de Ojo, el drama de la mirada, en el que hace una crítica de la técnica que sólo podía haber sido pensada por una mente imbuida por principios libertarios, y que ya estaba escrito con un estilo ensayístico poco habitual; enCabezas de Tormenta, Ferrer se toma en serio la confesión de que se trata casi de una autobiografía y libera toda la poética y el lirismo que, dice, provienen de un acto de amor hacia la ideología que lo cobija desde la adolescencia.

Este sociólogo y ensayista argentino, se graduó en la Universidad de Buenos Aires. Profesor titular del seminario de Informática y Sociedad (Ciencias de la Comunicación, UBA), con especializado en Filosofía de la Técnica. Ha publicado los siguientes libros: El mal de ojo: crítica de la violencia técnica, Cabezas de tormenta: ensayos sobre lo ingobernable y El lenguaje libertario: antología del pensamiento anarquista contemporáneo.
Material relacionado:
Christian FERRER – El anarquismo fue una batalla cultural

Christian Ferrer: Sobre los Libertarios

12
Oct
14

Todo termina algún día

"Decadencia". Foto: Claudio Ar

“Decadencia”. Foto: Claudio Ar

En la política, como en la vida misma, todo se termina, todo finalmente concluye. El delirio de algunos personajes nefastos puede hacerles creer que su presente es eterno. El poder obnubila, las “alfombras rojas” marean y determinadas circunstancias pueden hacer que un ser humano pierda contacto con el mundo real, al punto de creerse un monarca, sin registrar que es solo un dirigente elegido por una minoría ciudadana ocasional.

La historia de la humanidad corrobora empíricamente esta visión en muchos de sus tramos. Ni los imperios más vigorosos pudieron sobrevivir en el tiempo y un día concluyeron su ciclo, pereciendo invariablemente. Las crónicas muestran cierta continuidad en esos procesos, pero en realidad fueron momentos de gloria y abrumadores fracasos, en forma intermitente.

El fatalismo puede hacer creer que todo está mal, que será peor aún y que las sociedades están condenadas al sufrimiento eterno. Eso no se ajusta a lo que ha sucedido cuando se reconstruyen los hechos del pasado.

No menos cierto es que esos periodos de euforia y posterior deterioro pueden durar más, o a veces un poco menos, según como reacciona la sociedad. Con actitudes más serviles y de resignación, pueden prolongarse en el tiempo. Cuando la gente reflexiona y pone límites a los desmadres, los plazos se acortan dando lugar a una nueva fase, que no necesariamente será mejor, pero que con otros ingredientes garantiza ser diferente.

Los populismos ya han demostrado su gran capacidad de mutación, han exhibido su talento para reaparecer de tanto en tanto, aunque no necesariamente con los mismos protagonistas. Su accionar no se extingue para siempre, sino que solo se agazapa para luego volver al ruedo.

Probablemente eso sucede porque la gente cree que el problema es su gobernante circunstancial, sin comprender que la cuestión de fondo pasa por sus propias ideas aplicadas a lo cotidiano. Supone, ingenuamente, que si se desprende del personaje de turno, todo se resolverá mágicamente, sin entender que es muy probable que pronto surja otro caudillo para continuar la dinámica de su predecesor, sin siquiera mencionarlo, asumiendo una nueva etapa fundacional, para hacer más de lo mismo.

Varios países están viviendo este proceso de inexorable salida de una fase política. Los mandatarios actuales se resisten a aceptarlo y sus seguidores también. La impotencia los invade y por eso toman medidas que son mucho más insensatas que las habituales. Estos personajes suponen, equivocadamente, que profundizando la línea de acción seleccionada, que redoblando la apuesta, evitarán su ineludible derrotero.

El futuro de muchas naciones es mejor que su presente. Es probable que alguna cuota de cordura y sentido común llegue pronto. No es que hayan comprendido la magnitud de los errores, sino que la inviabilidad intrínseca del populismo obligará a los nuevos liderazgos a corregir rumbos. Esto no ocurre por convicción, sino porque no les queda otra posibilidad frente a los desvaríos del pasado y la herencia recibida que deberán administrar.

Cualquiera sea la razón, lo cierto es que los líderes contemporáneos culminarán sus mandatos, y eso ocurrirá irremediablemente, aunque ellos no lo puedan aceptar. Seguramente, sus mentes enfermas de autoridad, no pueden asumir el duelo que implica la pérdida de poder. Es que sus excesos tienen costo porque nada es gratis. Un día los mismos que los aclamaban, demandarán su retiro y hasta desearán su encarcelamiento por los abusos.

Lo que viene será seguramente mejor. Ya no porque la gente haya comprendido la magnitud del problema ni las implicancias de las decisiones del pasado, sino porque cierta racionalidad resulta imprescindible para retomar el sendero de lo posible, de lo admisible y realizable.

El populismo puede construir una fantasía durante algún tiempo, pero tarde o temprano, sus dislates se convierten en inconsistentes contradicciones, configurándose en la causa central de la debacle. Son los populistas de siempre, los que se han cavado su propia fosa. Sus desatinos y disparates, su desconexión de la realidad, constituyen la razón principal de su retroceso y de esta humillante forma de abandonar el poder.

Por algún tiempo, pensaron que eran individuos iluminados, superdotados, que eran los “elegidos”, sin darse cuenta de que solo fueron convocados por la ciudadanía para administrar una porción del presente y siempre con fecha de vencimiento. Les ha faltado la humildad de los grandes. Sus egos los han traicionado, colocándolos en un lugar en el que nunca estuvieron. Fueron los aplaudidores de siempre los que los han elogiado desproporcionadamente haciéndoles creer que eran superiores.

La realidad está haciendo su parte y ahora se acerca el momento de vivir la etapa del declive, de esa cruel fase en el que los mismos que los apoyaban los reprueban, hasta el punto de ponerse en las filas adversarias para provocar su ocaso. No es más que el precio de los errores propios.

La gente lo sabe, o al menos lo intuye, aunque el pesimismo a veces juegue una mala pasada. Todo concluye en algún momento. Inclusive lo que vendrá también se agotará alguna vez. Aunque los que gobiernan se resistan, se enfaden y pataleen como un niño con berrinche, no lo podrán evitar. Todo termina algún día.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

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54 – 0379 – 154602694

Facebook: http://www.facebook.com/albertoemilianomedinamendez

Twitter: @amedinamendez

12
Oct
14

LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO

Foto:  Chema Concellón

Foto: Chema Concellón

La pérdida de un ser querido es una de las experiencias más dolorosas y traumáticas que nos toca afrontar durante nuestro breve paso por la vida.

Aunque al nacer firmamos un pacto con la muerte, casi nunca estamos preparados para aceptar esta dolorosa realidad.

Sólo el tiempo podrá cerrar las terribles heridas del espíritu, pero las cicatrices siempre quedarán.

La aceptación es parte del proceso de cicatrización espiritual, pero, indudablemente, nuestras vidas, de una u otra forma, cambiarán. Quizás perdamos parte de la alegría, porque la persona con quien la compartíamos, ya no está en este mundo.

Durante el comienzo de este proceso, experimentamos profundos sentimientos de tristeza que pueden terminar en llanto.

Después del fallecimiento de un ser querido, es posible que sintamos un gran sentimiento de culpa, bien sea porque no le ofrecimos lo que ahora pensamos que merecía o porque no le expresamos nuestro amor.

La verdad es que por una u otra causa, la culpa se apodera de nosotros y la impotencia nos llena de angustia.

Cuando se ha convivido por mucho tiempo con un ser querido, éste se convierte en una especie de apéndice de nuestra alma y al morir, se lleva pedazos de nuestra vida.

Hay ocasiones en que los lazos afectivos son tan fuertes, que la persona que sobrevive siente la presencia de quien se marchó y hasta puede escuchar su voz y su presencia.

A veces, quien ha perdido a un ser querido se aísla y quiere estar siempre solo evocando recuerdos que lo atormentan y jamás volverán.

Es bueno meditar de vez en cuando que la muerte es el final de un ciclo, para que cuando ésta llegue, no nos tome del todo desprevenidos.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

12
Oct
14

LA AUTOESTIMA

Foto: El Gringo

Foto: El Gringo

Desafortunadamente, algunos latinoamericanos, carecen de autoestima porque se creen inferiores a estadounidenses y a europeos a quienes ven como seres superiores.

Critican a sus países de origen, los menosprecian, sin percatarse que con esta actitud, ellos mismos se minimizan.

Es importante valorarse a sí mismo sin llegar al límite de la arrogancia, pero tampoco, al extremo de creerse inferior a otros seres humanos, quienes, como nosotros, tienen cualidades y defectos sin importar los genes.

Mantener la autoestima en alto es una actitud positiva, porque ésta implica el respeto hacia nosotros mismos y el de los demás, que mereceremos en la medida de nuestro comportamiento y rectitud.

Nos es raro oír en calles y Centros Comerciales a adultos hablando con un pésimo inglés a sus hijos porque se avergüenzan comunicarse con ellos en español y haciéndolos romper con sus raíces.

Es cierto, si se reside en un país cuyo idioma es diferente al de origen, es necesario aprenderlo, pero no es menos cierto que cuando los estadounidenses y europeos van a residir a nuestros países se comunican entre ellos en su idioma nativo, y no se avergüenzan por ello. Es más, muchos hablan más de tres idiomas.

Si a un niño se le inculca que debe hablar en un idioma diferente al de sus padres, se le está creando un complejo de inferioridad, muy difícil de superar cuando lleguen a la edad adulta, ya que la semilla ya fue plantada,

La autoestima es causa de actitudes constructivas en los seres humanos y, por lo tanto, ésta hace que si un estudiante tiene un buen concepto de sí mismo, podrá alcanzar excelentes resultados académicos. Lo mismo sucede con el empleado de un banco, un profesional o un deportista.

Si nos sentimos inferiores por haber nacido en otro país, siempre seremos inferiores.

No debemos preocuparnos tanto por saber quiénes fueron nuestros abuelos, preocupémonos por saber quiénes serán nuestros nietos y caminar siempre con la frente en alto.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net




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