Archivo para 28 febrero 2015

28
Feb
15

EL LICOR Y SUS CONSECUENCIAS

" Serpiente alcohol"; arte urbanaoen Fortitude Valley- Foto: Len Matthews

” Serpiente alcohol”;arte urbano en Fortitude Valley- Foto: Len Matthews

Desde tiempos muy remotos hasta nuestro días, las bebidas alcohólicas fueron parte integrante de ceremonias culturales, matrimonios, reuniones sociales y muchos eventos más.

Muchas veces, al finalizar la semana laboral, los compañeros se reúnen y disfrutan tertulias en las que abunda la comida, la música y, por supuesto, el licor en abundancia.

Lamentablemente, la bebida, más allá del placer que puede deparar, puede ser también responsable de discordias, duras discusiones y peleas en las que se pierde el control y hace cometer errores a veces, irreversibles.

Hace cerca de ciento cincuenta años en Estados Unidos, la bebida de alta graduación alcohólica se convirtió en un grave problema para la sociedad. Posteriormente, el consumo fue descendiendo gradualmente. No obstante, en la actualidad, la cifra de cerveza per cápita se incrementó y es muy alta.

Según datos estadísticos, el 50% de bebidas alcohólicas la consume el 10% del total de bebedores, y dentro de ese 10% se encuentran los alcohólicos empedernidos.

Una cosa es la dependencia moderada, y otra, la adicción al alcohol, que es tan grave, que puede hasta causar la muerte si prescinde de él, sin ayuda profesional.

El problema del alcohol no radica en su uso moderado, sino en abuso, ya que en pequeñas dosis puede tener efectos benéficos, como reducir el riego de ataques cardiacos. No es malo tomar una copa de vino con cada comida.

El alcohol es como el fuego, sirve para estrechar lazos de amistad, pero también puede destruirlos.

El alcohol es una de las drogas más dañinas para la salud porque destruye todos los órganos y, como es legal, es de la que más se abusa. Una adicción duradera, daña el páncreas, el hígado, el estómago, las facultades físicas y mentales y rompe amistades.

El abuso del licor también genera violencia: mortales accidentes de tránsito, arruina la economía del hogar y causa serios conflictos laborales y familiares.

Un alcohólico requiere ayuda y la mejor opción es recurrir a Alcohólicos Anónimos, que son grupos donde los afectados comparten el mismo problema y se ayudan mutuamente.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

27
Feb
15

EL AMOR NO ES SINÓNIMO DE FELICIDAD

"Pero nunca llegó"

“Pero nunca llegó”

No siempre se puede afirmar que el amor es sinónimo de felicidad. Por el contrario, muchas veces se convierte en un verdadero calvario, por diferentes causas.

Es común que que las personas se sientan atraídas a primera vista por gente atractiva, aparentemente simpática y gran conversadora, lo cual las hace irresistibles. Y esto es válido los dos géneros.

Las personas creen que encontraron la persona adecuada para, como en los cuentos de hadas, ser felices por el resto de sus vidas.

Algunas veces, las personas al comienzo impresionan al verlas, pero no es extraño que, después, al tratarlas, muere la ilusión porque la naturaleza es sabia y misericordiosa y al que le da belleza y maravillosos atributos físicos, algunas veces, no tiene nada en la cabeza, pero no siempre es así porque otras veces, además de la belleza física, tienen mediana inteligencia.

Para decepción de las mujeres, algunas veces encuentran hombres interesantes, bien parecidos e inteligentes, pero casi siempre o tienen novia o están casados.

Las almas gemelas y los príncipes azules solamente existen en los cuentos de hadas, nunca en la realidad.

Durante el noviazgo y los primeros meses o, algunas veces, los dos o tres años, el matrimonio puede parecer color de rosa, pero con el paso del tiempo, aunque muchos lo nieguen, surgen problemas que no existirían si nunca hubieran unidos sus vidas.

¿Quién puede decir que le alegra ver, quizás con una grave enfermedad a su esposo o a sus hijos? ¿Quién puede sentir alegría ante la muerte de un ser querido? Creo que a nadie, eso, más bien, es motivo de dolor, de un dolor que se habría podido evitar si no se hubieran casado, porque al no haberlo hecho, no tendrían que padecer esas torturas.

Parece egoísta este pensamiento y muchos dirán, con justa razón, que si todos pensaran de esta forma, se acabaría la humanidad.

Hay muchas parejas que se someten y aparentan ante los demás un amor que se extinguió, porque al menos la pasión, con el paso de los años se apaga. Muchas veces, la frustración, soportar lo insoportable y el rencor acumulado explota, y es entonces cuando surge el divorcio o la separación, cuyo número es muy algo. Otras parejas, por diferentes circunstancias, no se atreven a dar ese paso trascendental que cambia, para bien o para mal, el curso de sus vidas.

Hay muchas parejas que ante los demás, aparentan ser muy felices, ¿Pero en realidad lo son? ¿Quién, aparte de ellos, lo puede asegurar?

Hay momentos en la vida en que la pareja no se puede poner de acuerdo en determinados asuntos, entonces, uno de los dos, aunque no esté de acuerdo con la decisión, tiene que ceder. No se puede estar siempre de acuerdo absolutamente en todo, por más diálogo que exista. Eso es mentira.

No basta ir tomados siempre de la mano para encontrar la felicidad, o al menos, la tranquilidad. La compatibilidad de caracteres y la similitud en aficiones y gustos, suele ser determinante para poder disfrutar la vida. Por eso, es necesario no tomar a la ligera el matrimonio para no exponerse a caer en una red de la que después es muy difícil escapar.

Pero muchos, en lugar de dar un paso atrás a tiempo, se dejan llevar por el enamoramiento sin evaluar las consecuencias y eligen vivir una vida que después se torna miserable.

Si se trata de vivir una aventura pasional transitoria, sin intenciones de establecer una relación estable, quizás brinde placer sin ningún dolor, pero lo malo es que este tipo de vínculo es similar a jugar con fuego. Nunca se sabe la huella que pueda dejar.

Vivir en pareja es una forma de vivir la vida y, aunque esa relación puede ser deseable y muy importante, no es la única. También nos tenemos a nosotros mismos, nuestros parientes y amigos, nuestras aficiones, nuestros intereses, la ciencia, el arte, la música, la lectura, el cine, el teatro… ¡Y la libertad!.

La vida es un abanico de oportunidades y los seres humanos somos libres para desplegarlo y elegir lo que más nos convenga o nos llame la atención y postergar lo que no estamos seguros que nos conviene. No vale la pena convertirnos en esclavos por cumplir con compromisos que nosotros mismos adquirimos a costa de nuestra felicidad. Lo que no conviene se debe desechar.

Toda relación tiene un límite que nos exige alinearnos y dejar de ser lo que somos por cumplir la sociedad y con responsabilidades que nos limitan nuestra libertad, pero que nosotros mismos buscamos.

Quienes más aman son quienes más sufren, porque la consecuencia del amor es el dolor.

José M. Burgos S.

burgos01@bellsouth.net

25
Feb
15

Editorial Hypermedia. nos obsequia el libro “José Martí: la invención de Cuba”

Estatua de Josá Martí en La Habana, señanalando hacia la Embajada de Estados Unidos. Foto:  Howard Ignatius

Estatua de Josá Martí en La Habana, señanalando hacia la Embajada de Estados Unidos. Foto: Howard Ignatius

Puede bajar el libro “José Martí: la invención de Cuba”, de Rafael Rojas, en formato Word, pinchando aquí.

Estimado lector,

Con José Martí: la invención de Cuba, de Rafael Rojas, la editorial Hypermedia te ofrece uno de los estudios fundamentales sobre la fundación de la nación cubana, al tiempo que de José Martí, cuyo pensamiento y obra quizás sean su definición por excelencia.

En palabras de Rafael Rojas, «Desde que Cuba es país su figura ha ocupado el centro de la simbología nacional. Martí ha sido una especie de monarca –unas veces secreto, otras público– de la nación cubana. Un rey que ejerce su soberanía en dos reinos: el de la literatura y el de la historia, el de la poesía y el de la política. Rey al fin, Martí está sentado en un trono y rodeado por esa neblina que cubre los altares. Para los cubanos, olvidarlo es, pues, una vía de liberación o, por lo menos, un aligeramiento. […]

»Leer sus fugas de la modernidad, su política secreta, los paralelos de su sacrificio, su estoicismo republicano, sus libros imposibles y su narración de los Estados Unidos es, en todo caso, releerlo: volver a sus páginas después de olvidar la pesadumbre del mito.»

Esperamos que este título sea tu interés.

Hypermedia se complace en recibir tus opiniones o solicitudes en el correo electrónico: hypermedia@editorialhypermedia.com

Equipo Editorial Hypermedia.

http://www.editorialhypermedia.com
hypermedia@editorialhypermedia.com

24
Feb
15

¿PERDONAR U OLVIDAR?

"Olvidar".Foto: Daniela Silicz

“Olvidar”.Foto: Daniela Silicz

Cuando alguien nos ha causado un daño, pero se arrepiente y nos pide perdón sinceramente, debemos perdonarlo. Ese es el ejemplo que nos da Dios, perdonar al arrepentido. Pero si perdonamos a quien persiste en el error, lo más seguro es que a la primera oportunidad volvería a traicionarnos. En este caso, lo mejor es tratar de ignorar a esa persona y no guardarle rencor. Eso, ya es una especie de perdón.

El que no puede perdonar ni olvidar se convierte en un esclavo del rencor y el odio, emociones negativas que tienen el poder de destruir cuerpo y alma.

El rencor es un gran resentimiento que amarga la vida y daña el carácter. El hombre debe perdonar, o al menos, intentar olvidar.

El rencor surge de una situación desagradable del pasado que nos mantiene atados a ingratos recuerdos que nos lastiman y no nos permiten disfrutar plenamente del presente.

A quien no pide perdón por una falta y persiste en ella, debemos ignorarlo y cuidarnos de él, pero sin odiarlo.

Sin embargo, hay daños tan grandes que son casi imposibles de perdonar y menos de olvidar. Por ejemplo, ¿Puede una persona común perdonar u olvidar a alguien que asesinó a sus padres y violó a sus hijas? No, no es tan fácil, ¿Quién moralmente podría condenarlo si no puede ni olvidar ni absolver? Hay cosas que no se pueden perdonar, máxime si no existe un arrepentimiento sincero.

Si todo se pudiera perdonar sin que medie el pedido de perdón, el remordimiento y la enmienda, no existiría el castigo, y menos, el terrorífico infierno.

José M. Burgos S.

burgos01@bellsouth.net

24
Feb
15

¿POR QUÉ ENVEJECEMOS?

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Desde el mismo instante en que nacemos, comenzamos a recorrer el sendero que, inevitablemente, nos conduce a la muerte, y si llegamos a edad avanzada, por ley natural, tendremos que pasar por el proceso de envejecimiento, el cual es inherente a todos los seres vivos, pero los únicos que somos conscientes y nos preocupamos por este cambio, somos los seres humanos.

Los hombres comienzan a preocuparse por el envejecimiento cuando llegan aproximadamente a los cuarenta y las mujeres a los treinta o quizás, mucho antes.

Casi todos al llegar a los cincuenta, se aterran al mirarse en el espejo y descubrir una nueva cana o una leve arruga. Entonces, toman medidas para retrasar lo que tarde o temprano llegará: la ancianidad. Pero, lo cierto es que, aunque tratemos de ocultarlo, no podemos evitar que cada día que pasa somos más viejos. Pero podemos evitar que el miedo y la tristeza nos traumatice, aceptando que cada etapa de la vida tiene nuevos valores.

Pensar que el envejecimiento trae consigo dolores, achaques y soledad, sólo hará que nos invada la nostalgia y la melancolía.

No podemos permitir que pensamientos negativos nos roben la alegría pensando en el envejecimiento. Quizás la mejor manera de cambiar esta visión negativa se pueda resumir en una simple pregunta: ¿Cómo nos gustaría vivir cuando lleguemos a la ancianidad? Pocos jóvenes se hacen esta pregunta porque ven a la vejez como algo muy remoto, pero antes de lo que se imaginan, entrarán a formar parte de la llamada edad dorada, tercera edad o, dicho en otras palabras, en el ocaso de la vida, porque ésta es un relámpago.

La vida no es estática, es mutante, es continuo movimiento, de tal modo que la generación de hoy es diferente a la anterior y la próxima será diferente a la presente, pero igual, quienes no mueren jóvenes, envejecerán.

A pesar del interés que el envejecimiento ha despertado en el mundo científico, todavía se desconoce el mecanismo exacto por el que se envejece, aunque todos los estudios coinciden en afirmar que existen agentes como el alcohol, el tabaco y las drogas ilícitas aceleran el proceso del envejecimiento y acortan la vida.

El temor a envejecer obsesiona a las personas hasta el grado de someterse a peligrosas cirugías con tal de tener una apariencia juvenil. Hay individuos que debido a sus genes y a su disciplina llegan a edad avanzada en excelentes condiciones físicas y mentales, otras, por el contrario, envejecen prematuramente, bien sea porque tienen una salud precaria, lo cual está fuera de su control, o porque simplemente no se cuidan. No soportan la idea de sometersen a una dieta balanceada, no les agrada el ejercicio, pero sí una vida desordenada: trasnochan, consumen licor, narcóticos, tabaco y otros vicios que los transforma en ancianos enfermos y prematuros.

Algunas veces, vemos personas rayando los ochenta, llenos de energía y mentes lúcidas y sonrisas en sus rostros debido a que han llevado vidas ordenadas y otros, que no llegan a los cuarenta, y sus rostros reflejan amargura, seres aún jóvenes convertidos en fantasmas que fueron incapaces de llevar una vida responsable y disciplinada.

Podemos cambiar nuestra edad mental, biológica y sicológica, de acuerdo a nuestro comportamiento, la única que jamás podremos modificar es la cronológica.

Pero por bien que lleguemos a la vejez, es muy importante comportarnos de acuerdo a la madurez que nos ha dado la experiencia y no caer en el ridículo, actuando como adolescentes, cuando hace mucho tiempo dejamos de serlo. Hay personas de la tercera edad que lucen aún más elegantes que los jóvenes.

Cada nuevo día es un regalo, un nuevo amanecer, una nueva oportunidad para procurar ser felices capaces de regalar una sonrisa, sin importar la edad.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

20
Feb
15

La senda de la obnubilación

Miss Hask: Detalle  de lustración titulada: Gobierno #government #misshask #bunny #hate #hater #conejo

Miss Hask: Detalle de lustración titulada: Gobierno #government #misshask #bunny #hate #hater #conejo

Los que pretenden llegar al poder están siempre repletos de buenas intenciones. Más allá de sus innegables ambiciones personales, los inunda un entusiasmo desbordante por hacer algo diferente, por cambiar el estado de situación actual, por aportar ese granito de arena que puede modificar el rumbo de forma positiva.

Desde afuera del sistema, sin tener el mando, se horrorizan por lo que sucede a diario, se espantan por los resultados que obtiene la política imperante, y se prometen a sí mismos, y a quienes quieran escucharlos, que al llegar a ese ansiado sitial, eso no volverá a ocurrir nunca más.

Lo concreto es que el tiempo transcurre y algunos de ellos, más tarde o más temprano, ocupan esos espacios por los que tanto se esforzaron. No es necesario detenerse demasiado a analizar la nómina de mecanismos utilizados para conseguirlo, aunque es probable que ese sea el punto de inflexión, el quiebre moral que tuerce definitivamente el recorrido.

Todo lo que se haya dicho hasta ese momento, puede cambiar súbitamente. El nuevo rol del ocupante del poder, transforma la matriz original, para que las supuestas creencias y visiones ideológicas se desvanezcan. No se debe imaginar al poder como el lugar más destacado, el superior a todos. A veces solo se trata de cargos menores, espacios irrelevantes en términos generales, pero esa sensación de tomar decisiones que impactarán en muchos es lo que lo vuelve mágico, adictivo y, por lo tanto, corrupto,

El proceso de degradación moral no es automático, ni repentino. Frecuentemente es progresivo y hasta lento. Lo irrefutable es que la orientación de los acontecimientos ya no tendrá que ver con lo tantas veces enunciado, con el recitado políticamente correcto que motivaba a recorrer este sendero que permitiría, hipotéticamente, cambiar el trayecto.

Existe un discurso lineal que sustenta a esta nueva posición para justificar cada cambio retórico en el accionar. Los flamantes hombres del poder dirán que nada se modifica desde afuera del sistema, y que al ingresar al ruedo, es preciso hacer determinadas concesiones para ser parte del juego.

Todos los que están adentro lo dicen, lo repiten y hasta se convencen de la veracidad de esa afirmación. Claro que ese argumento es el que les otorga la licencia personal para relajar sus reflejos morales y aceptar como correcto, aquello contra lo que antes despotricaban sin temor.

Esa nueva posición, la dinámica que le “impone” ser parte del esquema de poder, los lleva a modificar sus conductas una a una. Ya no pueden ser los mismos de antes. Ahora tienen que aceptar ciertas normas y no solo tolerarlas amablemente, sino también ejecutarlas como protagonistas.

Es ese el momento en el que todos los valores se trastocan. Lo que antes era verdadero ahora ya no lo es. Lo que era necesario ahora no es urgente. Y lo que estaba mal resulta imprescindible para seguir el sendero elegido.

Antes querían celeridad, ejecutividad, soluciones y eficiencia. Hoy, ya en el poder, disponen de otros tiempos. Ahora deben buscar la oportunidad para llevar adelante solo una parte de lo soñado. Una larga lista de legítimos deseos quedará absolutamente enterrada. Lo que en el pasado debía modificarse, ahora no solo no es posible, sino que debe archivarse indiscutiblemente porque es una premisa que no puede ser vulnerada. Seguramente no dirán que se trata de algo inmodificable pero recurrirán a eufemismos que sostendrán que “no es el momento”, o que “aun no resulta posible hacerlo bajo las actuales circunstancias”.

Desde afuera era imperioso eliminar la corrupción, transparentar la gestión, trabajar para los ciudadanos hasta convertirse en un empleado de la sociedad dispuesto a servirle para conseguir lo que tantos anhelan. Hoy, desde adentro, los objetivos mutaron. La prioridad es sostener el poder, y si fuera posible concentrarlo, acrecentarlo, controlarlo todo, para que la sociedad sea la que esté obligada a renovar su voto, no necesariamente por disponer del mejor, sino porque el adversario ocasional es algo peor.

Al poderoso de turno, solo le importan las encuestas y su chance de seguir vigente. Si su derrotero ha sido desprolijo, es probable que solo precise garantías de impunidad para que su salida sea silenciosa y confortable.

La mayoría no logra comprender este fenómeno por el cual personas honestas, sensatas, gente de bien, se transforma a una velocidad inusitada en exactamente lo contrario. Es cierto que algunos no resisten el proceso y terminan siendo expulsados rápidamente para volver a sus lugares de origen, con cierta sensación de frustración por no haber conseguido sus genuinas metas. Los invade una inusitada impotencia que los marcará de por vida, pero pueden sentirse orgullosos de no haber sido parte de la indigna trituradora del poder.

Por increíble que resulte el poder enamora, nubla la vista, hace perder los parámetros y se convierte irremediablemente en una adicción. Es así que consigue quebrar emocionalmente a aquellos que, sin integridad, asistirán al derrumbe secuencial de sus convicciones. Una vez que se recorren los primeros pasos y se ingresa por ese callejón sin salida, nada tiene retorno.

La llegada al poder implica un ejercicio de aclimatación. Los más logran dócilmente acomodarse a la nueva situación. Después de todo, la especie humana sobrevive gracias a su gran capacidad de adaptación. Otros, los menos tolerantes con ciertas prácticas, desisten a tiempo o son expulsados. La perversa regla de oro vigente les recordará siempre, y sin piedad, que quienes entran al sistema deberán recorrer la senda de la obnubilación.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

http://www.existeotrocamino.com

54 – 0379 – 154602694

Facebook: http://www.facebook.com/albertoemilianomedinamendez

Twitter: @amedinamendez

20
Feb
15

El síndrome de abstinencia de poder

Foto: Daniel García Peris. Location: Vilanova i la Geltrú

Foto: Daniel García Peris. Location: Vilanova i la Geltrú

El ejercicio del poder, bajo cualquiera de sus formas, tiene algunas semejanzas con el consumo de alcohol, drogas o tabaco, y no se aleja demasiado de lo que ocurre con el juego o cualquier otra adicción.

Los individuos que se han acostumbrado a ciertas situaciones parecen tener serias dificultades para abandonarlas y se someten a una atracción ilimitada por las sensaciones que les produce seguir haciéndolo. Luego de un lapso considerable, cuando ese comportamiento se transforma en rutina, no pueden dejar todo de la noche a la mañana, no al menos sin sufrir dramáticamente, las inevitables consecuencias que ello ocasiona.

Esta comparación puede resultar algo audaz desde lo conceptual, pero la abstinencia que se produce al dejar de ejercer un cargo, permite trazar este paralelo e intentar recorrer imaginariamente esta analogía que ayuda a comprender el trágico proceso por el que atraviesan los poderosos.

La diferencia más destacable respecto de esas otras adicciones, es que de la mayoría de ellas es posible salir cuando previamente se decide hacerlo. No es que sea simple lograrlo, porque ello implica un difícil trance de profunda autocrítica y revisión interna. A veces se da como resultado de la saturación y los excesos, pero generalmente es gracias al explicito reconocimiento de que lo vivido ha sido una experiencia altamente destructiva.

El poder, por el contrario, no se abandona por una determinación individual, sino por la existencia de factores externos, ajenos a la voluntad y, casi siempre, por imperio de las circunstancias. Los que lo ostentan se nutren a diario de esos paradigmas hasta convertirlos en los ejes centrales de sus vidas. Si dependiera exclusivamente de ellos, se quedarían para siempre.

La mayoría de las veces, son las instituciones las que establecen los límites a esa tentadora eternización que tanto cautiva, y en otros casos son solo las vicisitudes de la política las que disponen el irreversible fin de un ciclo.

Lo interesante y distinto es que el mandamás de turno, sufre los primeros síntomas de este síndrome muchos meses antes de su efectiva abstinencia. Tiene plena conciencia de que su futuro no será una extensión del presente, que lo que conoce y le brinda seguridad, está próximo a culminar y que no podrá extender su sueño en forma indefinida como lo anhela.

Con bastante antelación sus actitudes y decisiones empezarán a tomar un giro inusitado. Todo a su alrededor se modificará de un modo lento pero en un sentido bien definido. Será un proceso duro pero también inexorable. Se ofuscará con facilidad, perderá la paciencia muchas veces, mostrará su impotencia en cuestiones menores.

El poderoso no tolera la idea de ser ignorado, de que las determinaciones en el futuro no pasen por sus manos y que el coqueteo típico de los aduladores de siempre, busque cierta cercanía con el nuevo líder, ese que potencialmente tomará el mando y lo heredará en la siguiente fase.

Este personaje no soporta siquiera imaginar ese momento en el que pasará a ser solo uno más. Sabe que la impunidad propia de quien tiene una dosis de poder, desaparece mágicamente para dar lugar a una ola interminable de revanchas absolutamente imaginables.

No solo serán cuestiones jurídicas, sino el resultado de esa sumatoria de conductas impropias, reiteradas hasta el infinito, que durante esa etapa, alimentaron todo tipo de rencores y odios, siempre asociadas a la soberbia y a la necedad como matriz. Así se construyeron esas enemistades, esas que se acumulan y que en algún momento intentarán saldar la cuenta de las heridas que han dejado los abusos tan habituales en esa actividad.

Si el sujeto en cuestión entendiera que la posición a ocupar es solo por un breve tiempo, que no ha llegado allí para quedarse eternamente, y que el cargo que tiene que asumir es solo en representación de otros y no de su propiedad personal, otra sería realmente la historia.

Por mucho que lo reciten, por políticamente correctos que intenten ser, el relato diseñado termina siendo solo una carnada para los desprevenidos. Ellos están convencidos de que el puesto obtenido es parte de su patrimonio personal y que tienen derecho a usufructuarlo con todo lo que eso significa. Tal es la confusión que por instantes creen que el cargo que ostentan y ellos, son lo mismo, solo dos partes de un todo.

Claro que algunas debilidades psicológicas propias de cualquier ser humano hacen también su trabajo. Las inseguridades personales, las frustraciones que arrastran y las historias individuales nunca exentas de carencias afectivas, influyen demasiado en la impronta que le imprimen a su tarea.

Es imprescindible entender la realidad para luego internalizarla. Es vital comprender que la posición que ha sido deseada, solo sirve para cumplir una misión y luego pasar la posta a los que vienen. Como en la vida misma, la tarea consiste en dejar un legado, en marcar una huella, no más que eso.

De eso se trata el liderazgo, de hacer historia, de tener grandeza, de transitar un camino que valga la pena ser recorrido, y seducir a los demás para que sean ellos mismos quienes sientan la necesidad de continuar por ese sendero, aunque para eso deban recurrir a nuevos protagonistas. Trascender es lo importante. Lo otro, el enfermizo ejercicio del poder, solo trae consigo secuelas negativas para todos, pero especialmente para quien sufrirá irremediablemente de su ausencia.

El poder enferma. Eso no es una novedad. Su carencia también puede dañar y mucho. Eso tampoco es noticia. Es bueno saber que no existe un antídoto garantizado para ese padecimiento. En todo caso, la presencia de una alta dosis de integridad moral puede atenuar su impacto y minimizar sus efectos. Transitar por el poder de un modo digno es posible, pero lamentablemente no es moneda corriente. Como en tantas otras facetas de la vida humana, también existe un síndrome de abstinencia de poder.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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