Archivo para 21 abril 2015

21
Abr
15

La etapa de los eufemismos

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Si bien la política funciona de acuerdo a su propia matriz, cuando se acerca la campaña todo se exacerba y, entonces, la necesidad de utilizar ciertos términos con mayor cuidado se vuelve vital para sus propios intereses.

En el territorio de lo electoral parece que la sinceridad no genera gigantescos dividendos y el embuste es mucho más apreciado. Eso se deriva de las evidencias cotidianas y explica porque los dirigentes prefieren utilizar frases ambiguas, vocablos que no dicen casi nada y hasta inventan un nuevo vocabulario con tal de no llamar a las cosas por su nombre.

Existe, en esto, una enorme responsabilidad de una ciudadanía pusilánime que prefiere un lenguaje oscuro a la franqueza como virtud. Tal vez sea saludable que la sociedad revise su demasiado habitual doble estándar.

En su retórica cotidiana, la que utiliza en su vida privada, en familia, con amigos o en el trabajo, repite hasta el cansancio que su prioridad es la verdad ante cualquier circunstancia, por dolorosa que ella sea.

Lo cierto es que frente a la mala noticia, se ofende con facilidad por la falta de valentía de su interlocutor de turno, que no le anuncio oportunamente los hechos, como corresponde, sin rodeos. Pero lo que más lo incomoda es que la novedad le impone una acción que no quiere emprender. Aceptarla, implica atravesar una situación difícil que detesta, y es allí cuando convierte la verdad en una lista interminable de sentimientos negativos.

Cuando esas verdades fluyen de un modo claro e inequívoco, con energía, y hasta con la crueldad con la que resulta imprescindible que sean explicitadas, entonces opta, enfurecido, por no premiar las correctas actitudes, estimulando, sin pudor, a los eternos mercaderes de la mentira.

Los políticos engañan, ya no por convicción, sino por conveniencia. Ellos entienden que eso se traduce indudablemente en resultados. El dirigente que explica lo que está pasando, que muestra lo que sucede y que plantea los niveles de responsabilidad que tiene la sociedad frente a la realidad, no será debidamente reconocido y será expulsado del juego electoral.

Las adversidades nunca son bienvenidas. Jamás se desea escuchar sobre la responsabilidad de la gente sobre ellas. Eso obligaría a asumir cierta culpa sobre lo que ocurre. Es la misma razón por la que muchos ciudadanos ni siquiera pueden reconocer que en el pasado votaron al gobernante actual, o al anterior. Eso implicaría hacerse cargo del presente. En realidad, la sociedad no está dispuesta a aceptarlo de un modo tan contundente.

Pronto comenzará esa dinámica en la que los políticos hablarán de lo que viene y de lo que piensan hacer. Otra vez recurrirán, con mucha sutileza, a las evasivas, a la terminología difusa, apelando a la confusión y, a veces también, a la ignorancia sobre el significado de cada palabra.

Es el momento del proselitismo, y por lo tanto, una renovada ocasión de mentir descaradamente. Ellos saben que tendrán que tomar decisiones importantes, pero no lo admitirán ahora. Esperarán que la gente exprese su voluntad y después recién definirán lo que pueden realmente hacer.

No desconocen lo que resulta preciso hacer. Suponerlo sería demasiado ingenuo. Lo saben, pero también tienen conciencia de que importa más no pagar elevados costos políticos, ni perder poder de un modo efímero.

Su talento no tiene que ver con saber resolver problemas, mucho menos aun con ser los adalides de la defensa de la gente. En todo caso, su mayor atributo pasa por comprender como funciona el poder, como se lo obtiene y, fundamentalmente, como se lo retiene en forma indefinida.

En estos últimos años ese trágico esquema de mentiras encubiertas, de planteos borrosos, se ha perfeccionado en muchos ámbitos. No solo la política cayó en esa trampa sino también una ciudadanía cómplice.

La sociedad llama robustos a los gordos, privados de la libertad a los presos y se refiere al aborto como interrupción del embarazo. La política también hace lo suyo creando su propio léxico. Así fue que el reacomodamiento de precios reemplazó a la inflación, la inseguridad al exceso de criminales y la expansión monetaria a la emisión descontrolada e irresponsable de billetes.

En este contexto de elecciones, todos los dirigentes saben que la coyuntura no será fácil. Oficialistas y opositores entienden que heredarán una “bomba de tiempo”, pero como consideran que es políticamente incorrecto decirlo, han decidido transitar el sinuoso y cínico camino de reconocer los aciertos del gobierno y solo hablar de asignaturas pendientes o de la necesidad de seguir en el camino de la profundización de los logros, según sea el caso.

El que triunfe en los comicios tendrá la dura tarea de conducir la transición. Deberán adoptar determinaciones drásticas haciendo importantes ajustes a la economía. Tendrán que reducir abruptamente el gasto estatal, bajar la emisión monetaria hasta neutralizarla, adecuar las tarifas de los servicios públicos a niveles de mercado, recomponer rápidamente las reservas monetarias, atraer inversiones, recortar los impuestos, disminuir aranceles, desregular el comercio exterior, integrarse al mundo, entre otras cosas.

Nada de eso será fácil, ni gratis. Claro que se deberán pagar los “platos rotos”, como siempre que se intenta superar un problema en el que se tiene plena responsabilidad en su gestación. El “médico” tiene claro lo que debe hacer, pero también sabe que tendrá que mentirle a su “paciente”. Es que las reglas políticas que ha impuesto esta sociedad cobarde, alientan a la mentira, invitan a la trampa, aplauden la creación de una jerga que suavice las verdades y hasta logre ocultarlas. Es importante saber que se inicia un recorrido sin retorno hacia esa patética etapa de los eufemismos.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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21
Abr
15

EL SECTARISMO RELIGIOSO

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El fanatismo religioso, como todos los otros: (político, cultural, deportivo, etc.), es un apasionamiento que se apodera de la mente y la capacidad de razonar de los débiles de carácter que permiten que les laven sistemáticamente el cerebro, convincente e intimidante, para después ser manipulados fácilmente.

El fanatismo religioso, no es más que una variante de las muchas clases que existen en el mundo.

La pasión de los fanáticos es tan fuerte, que puede llevarlos a cometer los actos más crueles, insólitos y absurdos en nombre de sus creencias.

No se puede afirmar que los fanáticos son solamente -como muchos erróneamente piensan-, los islámicos, los musulmanes o aquellos que pertenecen a religiones no cristianas. No es necesario cometer atentados terroristas para ser fanático. Lo son aquellos que solamente hablan de asuntos teológicos y están convencidos de que su religión o secta es la única verdadera y que todas las demás, son falsas. Pero no existe una sola que tenga la verdad absoluta, pues esta facultad le pertenece sólo a Dios.

Hace relativamente poco tiempo, cuando la Religión Católica era respetada y acatada, sobre todo, en los países latinoamericanos, en los centros educativos se les inculcaba a los alumnos valores éticos, lo cual se reflejaba en que, al tener los jóvenes más temor a Dios, su comportamiento ante sus padres y la sociedad, era mucho más amable y respetuoso, y eso, no puede considerarse fanatismo religioso.

Pero hay otras religiones y sectas que inculcan a los niños sistemáticamente creencias de manera convincente e intimidante y de esta forma, se van desarrollando dentro de ese medio y cuando llegan a la adolescencia, no hay quien pueda desarraigar de sus mentes esas ideas distorsionadas. El lavado de cerebro ha sido total, tanto que ya siendo adultos son incapaces de razonar ni analizar hasta el extremo de que, si superiores lo ordenan, son capaces de asesinar sin vacilar a cientos de personas, sin sentir ningún remordimiento.

En otro ámbito, menos extremista, hay sistemas religiosos en los que las mentes de los niños ocupan un lugar privilegiado, ya que son fáciles de manipular. Comienzan por enseñarles a creer sin derecho a réplica, frases como: “Esto es malo, porque Dios lo dice”, “Hay que rezar todas las noches porque si no lo haces, te vas al infierno”, “Tu abuelita se fue a vivir con Dios”, “Los regalos te los obsequiaron los Santos Reyes Magos”, otras veces, un personaje ficticio a quien llaman”Santa Claus”, etc.

Convertir el niño en un fanático religioso, no es tarea difícil, pero en nuestro hemisferio, las personas al llegar a la edad adulta, tienen la facultad de investigar y decidir cuál es la creencia que más se adapta a su forma de pensar. Esa es la causa por la cual existe una gran cantidad de religiones y sectas.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

16
Abr
15

¿SOMOS JUGUETES DEL DESTINO?

Interior de una tieda de juguetes en el siglo XVIII-Histoire des jouets….1902- Henry René d’ Allemagne. Foto:Cesar Ojeda

Interior de una tieda de juguetes en el siglo XVIII-Histoire des jouets….1902- Henry René d’ Allemagne. Foto:Cesar Ojeda

Existe una expresión que dice: “Ver para creer”, pero no siempre es verdadera.
El aroma de una flor no lo vemos, pero sabemos que existe, gracias al sentido del olfato. Hay planetas que no se pueden ver sin la ayuda de potentes telescopios no los hemos visto, pero sabemos que existen.

No quedan testigos presenciales de la Revolución Francesa, pero sabemos que existió.

Los seres humanos somos diestros opinando, pero no actuando correctamente. Sabemos desarmar, pero nos cuesta volver a armar lo que hemos desarmado, nos sobran piezas.

Por azar, entendemos la forma en que se desarrollan los acontecimientos inesperados, cuando parecen obra de la casualidad. De tal forma, que creemos en el azar porque los seres humanos no podemos percibir o entender las causas de algunos eventos.

Las rifas, loterías o juegos son productos del azar porque nadie sabe los resultados con antelación, a no ser que exista trampa.

Muchas veces, los seres humanos nos convertimos en juguetes del azar o de circunstancias impredecibles -que es lo mismo-porque nadie sabe a ciencia cierta, qué nos deparará el destino.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

13
Abr
15

LA FORTALEZA DE CARÁCTER

 Juan José Padilla  (Jerez de la Frontera, Cádiz, 23 de mayo de 1973), conocido  como el «Ciclón de Jerez», es un torero que se destaca en la lidia de toros  Miura.Las fotos han sido tomadas por Chema Concello

Juan José Padilla (Jerez de la Frontera, Cádiz, 23 de mayo de 1973), conocido como el «Ciclón de Jerez», es un torero que se destaca en la lidia de toros Miura.Las fotos han sido tomadas por Chema Concello

El carácter de las personas se forma desde la niñez de acuerdo a un conjunto de características espirituales, ambientales y psicológicas las cuales, conforme a la forma de actuar y a otros factores, se traducen en el comportamiento de los individuos.

Por lo tanto, la fortaleza de carácter es el resultado del factor genético y al desarrollo físico, mental, emocional, afectivo, económico e intelectual de cada quien.

Existen hechos que inciden en el carácter como los hereditarios y las experiencias de vida que le toque en suerte a cada persona.

En el psicoanálisis se habla del yo fuerte o del yo débil cuando el carácter es o no capaz de adaptarse satisfactoriamente a las circunstancias. Por ejemplo, la tolerancia a la frustración hace que un individuo rompa en llanto si pierde un examen o que, por el contrario, se concientice y comience a estudiar en el mismo momento que se entera del resultado adverso.

Otro ejemplo es la tolerancia al estrés. Alguien que es el sostén emocional y económico de su familia que al mismo tiempo que se enfrenta a una competencia despiadada que pone en riesgo su estabilidad económica, puede caer en un pozo depresivo si el jefe le pide que termine una tarea, aumentando su carga horaria habitual.

Nuestro instinto de conservación, nos indica permanentemente hasta dónde es tolerable y saludable esforzarnos sin correr riesgos que pongan en peligro nuestra salud mental.

Pero, por otra parte, la escasez de recursos materiales puede conducirnos a la ruina.

En casos extremos, las personas que por diferentes circunstancias viven apartadas de la vida civilizada, durmiendo en la calle y alimentándose de sobrados o de la ocasional misericordia de algunos ciudadanos, también padecen frustraciones y estrés, pero en medida más adecuada y más tolerable para su capacidad.

En el mundo hay toda clase de personas: buenas, malas, fuertes, débiles, educadas y analfabetas. Por eso, es muy difícil culpar a alguien por su comportamiento dentro de la sociedad sin conocer sus antecedentes.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

13
Abr
15

El fruto del vacío ideológico

Foto: Oscar Antón

Foto: Oscar Antón

Alguna gente intenta convertir en virtud aquello que, en realidad, es solo un gran problema. Cierta prédica funcional a la política mediocre de este tiempo se ha arraigado con mucha fuerza. Demasiada gente supone que es una ventaja no disponer de una visión ideológica propia y hasta se ufana de esa posición, como si esta fuera inexorablemente la más acertada.

La recurrente profecía del “fin de las ideologías”, es solo un ardid diseñado por una dirigencia política mezquina que quiere tener las manos libres para hacer y deshacer a su antojo. Si tuvieran que fijar posturas públicamente, que brinden indicios acerca de su pensamiento, eso los obligaría a actuar en consecuencia. Es por eso que prefieren este vacío categórico, este ámbito completamente versátil, al que decidieron bautizar como “pragmatismo”.

Esa teoría sostiene que no es indispensable aferrarse a doctrinas y que las decisiones políticas deben tomarse según lo que convenga en cada momento. Ese esquema es muy cómodo para hacer lo que sea, en un sentido o en el exactamente opuesto, siempre según los circunstanciales intereses de la casta política, con parámetros tan volátiles como inmorales.

Para que esa perspectiva se imponga como razonable, y al mismo tiempo otorgue cierta sensatez a su accionar, esos políticos e intelectuales, se han ocupado de presentar a las ideologías como un dogma, como algo absolutamente cerrado, que no puede ser debatido de modo alguno.

Si aceptaran que es solo un conjunto de visiones que se sustenta sobre ciertos mínimos principios, su tesis difamadora, su estrategia detractora no tendría tantos adeptos. Para convencer a todos sobre la importancia del pragmatismo precisan oponerse a meros dogmas que no admiten discusión.

Una ideología no es más que un sistema de ideas, que con cierto orden, está regido por profundas convicciones que conforman su columna vertebral. Esas premisas se nutren siempre de valores elevados que son compatibles con la visión individual. Pero su flexibilidad es un ingrediente fundamental, porque las situaciones cotidianas ponen a prueba esa matriz de prioridades y obligan a reordenarlas frente a cada eventualidad.

La dinámica contemporánea que plantea este vaciamiento premeditado de las ideas, en la política y en la sociedad, ha dado nacimiento a un grupo de partidos cuyos proyectos son una enorme incógnita. Eso explica la convivencia en un mismo espacio partidario de personajes tan antagónicos que defienden concepciones diametralmente opuestas. La experiencia reciente muestra a muchos gobernantes de idéntico partido que derogan lo creado por ellos mismos hace no tanto tiempo atrás.

Ese pretendido atributo no es más que una de las causas centrales de tanto desvarío que llevaron al diseño de relatos retorcidos y de una propaganda que solo aspira a engañar a la sociedad para edificar un poder eterno.

Es tiempo de que los ciudadanos se animen a cuestionar ciertas falsas consignas y falacias establecidas. La sociedad tiene el deber de replantearse casi todo, para verificar si no ha caído ingenuamente en la trampa que le propone la política actual, esa a la que solo le interesa el poder y que siente una enorme incomodidad en el mundo de las ideas porque eso la empuja a una labor integral en armonía con un itinerario básicamente consistente.

Los ciudadanos pretenden soluciones concretas, pero al no tener un sistema de ideas seleccionado previamente, cualquier camino les parece interesante, simpático y tentador. Y deambula entonces la comunidad, transitando de un lado a otro sin satisfacer sus anheladas demandas.

Como en la vida misma. Primero se deben escoger los valores que se desean preservar, para luego recién recorrer el sendero predilecto. No se puede avanzar, peregrinando sin trayectoria definida, como en un laberinto infinito, sin encontrar el norte, sin un faro que muestre la luz, sin brújula.

Una ideología es como un mapa. No conduce por sí mismo a ninguna parte, pero se constituye en una guía fundamental, en un orientador vital, en una referencia imprescindible, para saber si lo que se viene haciendo se encuentra en sintonía con los valores esenciales que se predican a diario.

Cuando en los asuntos personales se deben resolver dilemas, se opta de acuerdo a los valores que han sido sostenidos en el tiempo. Y si, por alguna razón, se toman caminos que colisionan con esos paradigmas, mas tarde o más temprano, esas determinaciones hacen demasiado ruido. Es allí desde donde se pueden hacer replanteos y hasta las correcciones del caso, lo que incluye muchas veces el arrepentimiento y las inevitables disculpas.

La política no tiene porque ser diferente. Las sociedades deben primero identificar un sistema de ideas, una escala de valores explicitada, para luego alinearse con esa mirada, exigiendo a los políticos de turno, que solo deberían ser meros representantes, implementadores de esas resoluciones.

Por fastidioso que le resulte a muchos, es hora de tener definiciones más concretas. Si se espera que la política sea la proveedora de los cambios, la herramienta primordial para lograr las transformaciones que la sociedad pretende, primero habrá que definir rumbos y eso implica tomar decisiones.

Tal vez Séneca tenía razón cuando decía, en aquella cita que se le atribuye, que “Ningún viento será bueno para quien no sabe a qué puerto se encamina”. Esta frase describe como un retrato cruel a esta sociedad abúlica, intelectualmente perezosa, cívicamente apática, que no está dispuesta a la autocrítica oportuna y adecuada sobre su proceder cotidiano, ni tampoco se encuentra preparada para asumir su elevada cuota de responsabilidad respecto de lo que sucede.

Lo que hoy se vive, no es más que la esperable consecuencia de una modalidad que ha sido deliberadamente elegida por la sociedad. Desentenderse de lo que ocurre no parece ser la mejor receta. Este presente no es más que el efecto predecible de una actitud premeditada. Es solo el fruto del vacío ideológico.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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08
Abr
15

El Confederalìsmo Democrático y la economía colectivista

Foto: Foto: Pedro França/Agência Senado

Foto:  Pedro França/Agência Senado

Por Bruno Lima Rocha

Este ensayo es el comienzo de un intento de desarrollar un enfoque libertario de izquierda, hacia un modelo económico, específicamente en relación con un modelo que sea compatible con los partidos políticos del Confederalismo Democrático, también conocido como Municipalismo Libertario. En esta etapa, el objetivo es el desarrollo de un trabajo conjunto de análisis y herramientas de aprendizaje, que deberán lograrse en el marco de la Izquierda Libertaria. Para ello presento este texto relativamente simple para proporcionar nociones accesibles para aquellos que luchan por construir una sociedad basada en Confederalismo Democrático, tomando como base el avance de la revolución social en el Curdistán, proceso social coordinado por el Partido de los Trabajadores del Curdistán (PKK).

Algunas ideas ya han sido definidas por otros sectores, pero voy a tratar de explicar lo que es un consenso entre los estudiosos y activistas, comprometidos con proyectos similares. Construimos conocimiento a través de experiencias reales, como los que se dieron durante la Revolución española (en concreto, los experimentos en Cataluña y Aragón) o en el marco la Revolución Rusa (colocación de la atención primaria en Ucrania). Reconozco que el debate no se puede completar, de manera rápida, en el tono didáctico y breve de este artículo, pero esta primera parte de este ensayo no es la intención de poner fin a la discusión que se refiere, pero para abrirlo.

Un sistema de instituciones económicas, ya sea propuesto en un diseño revolucionario o no, debe concebir funciones específicas. Se debe organizar la producción, la distribución, el consumo y la reinversión. Un ajuste económico en una sociedad de auto gestión, se debería prestarle una especial atención, a la justa remuneración (pago) de los trabajadores, involucrados en la producción. Todas estas funciones requieren de un cambio, lo que plantea la cuestión de cuál es el medio de intercambio. Y como tal, tenemos que entrar en el debate que nos persigue como una resaca siglo 20 – el debate sobre el papel del dinero, el mercado de dinero y mecanismos.

Y si un Confederalismo Democrático de aplicación revolucionaria, como es este proyecto, debe permitir el uso del dinero, nos lleva a una serie de preguntas, tienen que ser respondidas, esbozando hasta dónde puede circular la moneda, y qué aspectos de la economía, que se presentará a los mecanismos de “mercado “. ¿Habrá un mercado de bienes y servicios, limitado principalmente al consumo individual? ¿O vamos a permitir que el dinero también represente el valor productivo de la economía, y permitir que los medios de producción se puedan comprar y vender? En otras palabras, nos vamos a permitir que el dinero fluya de la manera permitimos a la inversión privada y para el beneficio privado (el capitalismo en su nivel más básico)?

Por lo tanto, el punto de partida es que el dinero de papel, debe ser limitado al intercambio de bienes de consumo. Además, la propiedad privada o el medio de producción, o los activos especulativos improductivos no se deben permitir. El papel del dinero es para apoyar un sistema de base local de los intercambios y no una herramienta para producir riqueza privada.

Basado en la obra de Abraham Guillem, propongo el inicio de un modelo en el que, entendida por el dinero sería utilizado en las comunas locales (denominados cantones), sino que cada uno de estos municipios tiene su propia moneda, y no de mercado, basada en intercambios donde lo haría en su lugar “empresas” – en una escala de empresa a empresa – en un cantón a otro. En cambio, el intercambio económico entre los cantones se llevaría a cabo a través de un acuerdo con la nivelación del cantón, o a través de ferias de intercambio de bienes (bienes de bienes, en contraposición a los bienes en moneda constante).

Por otra parte, los medios de producción, serían controlados localmente y socialmente nivel de Cantón. A través de estas relaciones institucionales, el consumo de bienes y servicios de mercado se fomentaría en el cantón, pero el control democrático y social federada, prevalecen a nivel de producción y el nivel de intercambio entre los cantones. Además, como cantones específicos, por supuesto, podrían intervenir en la regulación de los “precios” en el cantón de su “nivel de mercado”. Reconozco que los conceptos claves, deben producirse en nuevas palabras, pero para evitar representar un falso consenso para estas “nuevos términos”, seguiremos adapten los conceptos ya reconocidos hegemonía en la economía. Lo que estamos tratando aquí es dar forma a un nuevo colectivismo a un nuevo tiempo y una nueva configuración.

Comenzamos con el análisis de algunos supuestos, que pueden proporcionar orientación y parámetros para la discusión. Tal como se deduce a principios de este modelo se basa explícitamente encaminados a preparar la confluencia de dos teorías superpuestas: el anarquismo social, (el anarquismo no es individual como una forma filosófica de pensamiento) y el Confederalismo Democrático como la principal nueva teoría (o renovado) para producir una sociedad diferente. En este trabajo se analizan los puntos de la tierra y de abajo hacia arriba, poniendo atención a las instituciones locales.

En la primera premisa, declaró que el Confederalismo Democrático, se basa en las personas que trabajan en las escalas locales y humanos. Por ejemplo, supongamos que en la escala mínima de la sociedad, podemos encontrar una forma de distribución, es un municipio de 10 familias. Entonces tenemos que imaginar la producción a este nivel, y la distribución de este nivel. Esta comuna básica producirá o compartirá esta producción con la planificación directa, o va a pagar a los trabajadores que participan en esta producción con un sistema de moneda o de crédito para el consumo local.

La producción en este nivel de la comuna que no se consume a nivel comunitario, puede ser objeto de comercio a cambio de ferias organizadas por las federaciones, para intercambiar el trabajo entre los municipios. Ferias similares a cambio se produjo el “Holiday Trueque”, que tuvo lugar en Argentina y Uruguay durante los peores años de la crisis neoliberal.

En este sentido, asumo que hay un papel para el individuo, individualidad, y para el trabajo colectivo. Podemos luchar contra el “mercado negro”, la institucionalización de las ferias, pero sin permitir que los productos de primera necesidad se distribuyan exclusivamente en ferias locales, sino a través de las escalas de los cantones en la distribución institucionalizada.

En la segunda premisa, esta misma autoridad local deberá garantizar, a través de la autogestión, organizado por estas personas, que todas las instituciones esenciales sean parte del trabajo colectivo. Así que el dinero – existe sólo como un mercado de bienes y servicios de consumo, no como capital de inversión privada o la propiedad privada de los medios de producción – el dinero del cantón local.

La tercera premisa, como podemos ver, esta teoría permite a los individuos y grupos pequeños producen bienes que se intercambian por otros bienes a pequeña escala. Y esta teoría también se asegura de que las instituciones esenciales no se estiman en un cálculo monetario, pero sostenida por el colectivo. El concepto de las instituciones esenciales es algo decidido y calificado por el poder del pueblo, la asamblea del pueblo, de manera participativa en la toma de decisiones.

En la cuarta premisa, nos aseguramos de que “el dinero” es la unidad responsable del intercambio de bienes (no todos los bienes, pero algunos de ellos) dentro de un cantón, y no más amplio que eso. Por lo tanto, “el dinero del cantón locales” no es portátil, como el capital financiera o dólares impresos, euros o libras. No debe ser usado para operaciones bancarias. Por ejemplo, si un ciudadano va de un cantón a otro, iba a recibir una cantidad de dinero de otros lugares de Cantón para su uso privado, con la seguridad de que las necesidades esenciales son proporcionadas por el trabajo colectivo y las instituciones sociales.

En la quinta premisa, el dinero del cantón local debe tener equivalencia con la otra “moneda local”, pero no puede salir de la unidad federal donde se produjo y grabó su valor.

Por la sexta premisa de asumir que el tiempo dedicado a las instituciones sociales deben ser “pagado”. Sin embargo, no debemos permitir que las grandes disparidades salariales, entre los tipos de trabajo, para un mercado en sí mismo. No es una buena racionalidad en términos de pensamiento socialista. La diferencia de salario, pero si tenemos en cuenta el papel de la libertad individual, no puede existir en unos pocos (o una cantidad razonable de) las personas que no consideran que su pleno compromiso con la colectivización.

En la séptima premisa supone que el tiempo y la dedicación, son dos de las herramientas teóricas básicas, para feministas críticas a la economía política, y por supuesto, los fundamentos de la economía feminista, considerando esencial el tema de “trabajo invisible”, no compensado por la fuerza trabajar en el capitalismo y el patriarcado, por ejemplo, amas de casa, empleadas domésticas y esposas. Esto – en su mayoría – mano de obra femenina produce riqueza, sino que es “invisible” en el capitalismo. Uno de los problemas es que no se les paga, ni siquiera un poco de reconocimiento en el sistema de salario injusto.

Entonces, ¿cómo el proyecto debe ir a otro lado del capitalismo, este trabajo “invisible” debería sustituirse por el trabajo colectivo y por lo tanto se hacen visibles y contrachapado. Esto puede requerir la puesta en común de recursos entre los cantones para garantizar un nivel mínimo de remuneración del trabajo doméstico.

En el octavo premisa, la última en este breve ensayo, suponemos que el tiempo y el esfuerzo deben ser compensados por “moneda local Cantón”. Ellos serán definidos por las instituciones basadas en el poder popular, bajo la coordinación entre todos los cantones y no podían jugar una forma injusta de la compensación de la fuerza de trabajo, como un espejo de la sociedad piramidal. Mientras que el proyecto pertenece a una sociedad horizontal, la compensación debe reproducir el modelo de sociedad, no permitiendo que los líderes vivan, en mejores condiciones materiales que los ciudadanos. Para ello, los líderes deben ser renovados y probablemente se convierta en una nueva clase dominante.

Vamos a continuar con las pruebas en otras ocasiones, la creciente complejidad de los modelos, tratando de terminar en una propuesta que permite a los territorios liberados para intercambiar entre los bienes estratégicos, incluso con los Estados establecidos, pero sin permitir que estos estados y capitales privados o transnacionales explorar su territorio o las personas que viven allí. Publicado originalmente en la revista Coyuntura y Cuestión Kurda, la traducción al portugués de Pablo Mizraji

Bruno Lima Rocha es profesor de ciencia política y de relaciones internacionales

Website: http://www.estrategiaeanalise.com.br / E-mail: strategicanalysis@riseup.net / Facebook: blimarocha@gmail.com

Publicación Barómetro 06-04-15. Los contenidos de los análisis publicados por Barómetro Internacional, son responsabilidad de los autores. Agradecemos la publicación de estos artículos citando esta fuente y solicitamos favor remitir a nuestro correo el Link de la página donde está publicado. Gracias

internacional.barometro@gmail.com

06
Abr
15

Las paradojas del impuesto a las ganancias

27/06/12, Buenos Aires. Un participante del paro de la Confederación General del Trabajo (CGT) levanta un cartél: 'un gobierno peronista no le toca al bolsillo de los trabajadores'. El titular de la CGT Hugo Moyano les convocó a una marcha multidinaria para reclamar la eliminación del Impuesto a las Ganancias y el tope para las asignaciones familiares. Foto: Sam Verhaert

27/06/12, Buenos Aires. Un participante del paro de la Confederación General del Trabajo (CGT) levanta un cartél: ‘un gobierno peronista no le toca al bolsillo de los trabajadores’. El titular de la CGT Hugo Moyano les convocó a una marcha multidinaria para reclamar la eliminación del Impuesto a las Ganancias y el tope para las asignaciones familiares. Foto: Sam Verhaert

Las contradicciones son cotidianas, pero cuando de impuestos a las ganancias se trata, se presentan de un modo inocultable. Desde su denominación, hasta los prejuicios que subyacen en su implementación que le brindan cierta legitimidad, dan cuenta de este fenómeno.

El país debate tanto el asunto que una huelga de magnitudes relevantes ha puesto el tema como eje central de sus reclamos. El gobierno, al no actualizar el “mínimo no imponible”, al menos al ritmo de la inflación real, al dejar virtualmente congelado el umbral para que opere dicho tributo, ha logrado que sean muchos más los que paguen este gravamen.

El hecho de que los “trabajadores” paguen el impuesto a las ganancias es un contrasentido en sí mismo. En todo caso, quienes realizan una actividad laboral reciben un salario a cambio de su esfuerzo. De ningún modo puede considerarse a ese ingreso como una utilidad o un beneficio extra.

Queda claro que los trabajadores no deberían pagar este impuesto, pero mucho más grave es que esta modalidad alcance a los jubilados. La compensación que ellos reciben mensualmente tiene que ver con lo que han aportado durante su vida activa y que se les ha descontado oportunamente.

Si el Estado desea cobrar un canon a los que reciben una remuneración por lo que hacen a diario, o por lo que han realizado en el pasado, al menos podrían, los gobernantes, tener la dignidad, la sensatez y el sentido común, de cambiarle el nombre al impuesto. Eso no le brindaría legitimidad alguna, pero haría que el latrocinio sea menos burdo, indecente y descarado.

Tan perverso es el esquema y su instrumentación, que algunos prefieren no percibir aumentos de haberes. Al ocurrir este suceso no solo no perciben mas dinero, sino que cobran menos que antes, por haber cometido el pecado de superar la emblemática línea del mínimo no imponible.

No menos absurdo es que los partidarios del populismo demagógico, que se dicen progresistas y que han hecho del incremento en el consumo una de sus banderas predilectas, apelen a quitar coercitivamente una parte importante de los ingresos a trabajadores y jubilados, limitando de ese modo, su genuina capacidad de compra, esa que nace del mérito propio.

Hoy la discusión parece estar centrada en el nivel en el que debería fijarse el mínimo no imponible. Habrá que decir que el gobierno no tiene el monopolio de los disparates. La sociedad tiene mucha responsabilidad al darle vigencia de las ideas que amparan este saqueo como tantos otros que forman parte del amplio arsenal de la dirigencia política contemporánea.

Cuando el impuesto impacta sobre los emprendedores y profesionales, todo resulta perfecto, normal y razonable. Para cierto sector mayoritario de la comunidad, los ricos y cualquiera que tenga algo de dinero, es culpable de su eventual éxito y por eso deben ser castigados con elevados impuestos.

Parece que la conciencia tributaria que tanto mencionan algunos ciudadanos solo es pertinente para los que disponen de bienes. Cuando la voracidad fiscal, que ellos mismos alimentaron con sus ideas, les toca la puerta, sobrevienen las protestas y luego las huelgas como esta última.

Es que si los ciudadanos admiten que el impuesto es intrínsecamente bueno y que el Estado debe tener la potestad de utilizar este mecanismo para beneficio de todos, quitando a unos para redistribuir a otros, es allí justamente donde empieza el problema y se valida la inmoralidad presente.

No se puede por un lado defender esa atribución y luego quejarse cuando esa discrecionalidad se vuelve en su contra de un modo personal e intransferible, afectando su nivel de vida, su crecimiento y sobre todo, cuando esa herramienta que parecía buena, se convierte en la mayor amenaza al arrebatarle una porción importante del fruto de su trabajo.

La sociedad tiene mucho que revisar. No se debe justificar a los gobernantes, pero ellos solo hacen lo que una ciudadanía irresponsable, envidiosa y bastante resentida, les permite con su retórica infantil y la defensa de convicciones incorrectas e ineficaces.

Es tiempo de llamar a las cosas por su nombre. Los impuestos son esencialmente malos. En todo caso, en la sociedad actual que se estructura sobre determinados parámetros, se puede admitir a regañadientes su existencia, pero bajo la concepción de que deben ser pocos y reducidos.

Se supone que los impuestos deben financiar la actividad del Estado, pero solo la indispensable y de un modo austero. Sin embargo, eso no es lo que sucede a diario. La sociedad desea un Estado grande, que se ocupe de TODO. Eso tiene un correlato esperable. Para solventar esa “fiesta” no solo se precisan muchos impuestos, sino que estos deberán ser elevados y cuando ya no alcance se agregarán como fuente inagotable de recursos el endeudamiento estatal y la emisión monetaria descontrolada, esa que produce una inflación que también espanta.

El presente es solo la consecuencia inexorable del conjunto de creencias que sostiene una sociedad. Si se acepta moralmente la idea de un Estado gigante, ese delirio siempre vendrá de la mano de muchos y altos impuestos, como estos contra los cuales hoy la gente despotrica. El impuesto a las ganancias está plagado de paradojas. Suficiente motivo para cuestionarse uno a uno, todos los aspectos que rodean al asunto. No hacerlo, sería otro síntoma de escasa inteligencia.

Alberto Medina Méndez

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