Archivo para 28 mayo 2015

28
May
15

El mercado de la política

7397810688_ed86d9e5d0_z

Si bien para algunos pocos es muy evidente que la política no es más que un mercado como tantos otros, lamentablemente, la mayoría de los ciudadanos no logra asumirlo y espera que su comportamiento sea diferente sin comprender sus reglas más básicas y elementales.

Como en todo ámbito en el que se encuentran la oferta y la demanda, la política termina descubriendo un punto de equilibrio. Siempre esa armonía es inestable, un mero acuerdo transitorio en constante mutación. Cualquier movimiento leve conduce a la búsqueda de un nuevo punto de confluencia.

Si se entiende que la política es un mercado, es mucho más fácil vislumbrar que el resultado que se obtiene hoy no es más que el producto de lo que la sumatoria de oferentes y demandantes lograron acordar en un instante.

Un ejemplo omnipresente es el de las propuestas de campaña. Un sector de la sociedad se suele quejar diciendo que los candidatos no plantean propuestas concretas. Algunos dirigentes hasta se animan a enumerarlas, pero jamás son demasiado específicos para describir como las concretarán.

Sin embargo parece que quienes demandan ese tipo de exigencias a los políticos no son los suficientes. De lo contrario los candidatos se tomarían en serio la cuestión y le dedicarían más energías a ese reclamo.

En realidad, no hacen propuestas precisas, ni dicen como las realizarán porque eso no es suficientemente valorado por los ciudadanos. Es probable que esto explique porque unos y otros, políticos y ciudadanos, se comportan de un modo relativamente similar.

No vale la pena pedir algo que igualmente no otorgarán dicen los ciudadanos, mientras los políticos afirman que no tiene sentido proponer algo que tampoco es determinante. Todo funciona de este modo y seguirá así. No existen estímulos suficientes para que se modifiquen esas actitudes.

Un “mercado libre”, eventualmente, optimizaría los resultados colocándolos en su máximo punto de eficiencia. Pero claro, la actividad política no ha quedado exenta de la corriente intervencionista que rige esta era.

Es factible que la política del presente funcione de un modo ineficiente e inadecuado porque sus reglas han sido permanentemente manipuladas por quienes ostentan el poder y establecen esas normativas intencionalmente.

Se trata de un espacio brutalmente intervenido, absolutamente regulado, que instaura pautas que impiden, deliberadamente, la indispensable competencia. La extensa nómina de interferencias que exhibe este mercado político explica la escasez de alternativas. Por eso la gente termina optando entre lo disponible sin tener chances de ejercer legítimas elecciones libres.

Si se esperan progresos en la materia, resulta vital disminuir los obstáculos de acceso a la política y fomentar una verdadera competencia, esa que impulsa a brindar lo mejor para que los ciudadanos tengan opciones.

Como en todo mercado, los oferentes hacen lo que sea para satisfacer las pretensiones de la sociedad. No lo harán por altruismo, bondad natural o integridad personal, sino porque de lo contrario, siempre se corre el riesgo de que otro irrumpa en la escena y logre interpretar mejor las demandas.

El régimen actual solo encierra a los “consumidores” sin otorgarle salidas. Pero esto tampoco es casualidad. Los dueños del sistema se han ocupado de bloquear intencionalmente a los potenciales nuevos dirigentes.

Es por esa razón que existen muchas legislaciones en las que los partidos políticos tienen el monopolio formal de la representación. En ellas, los ciudadanos no pueden siquiera postularse sino pertenecen a una facción.

Como sucede en otros mercados, los oferentes intentan eliminar adversarios recurriendo a restricciones legales que les permitan limitar la oferta. Para hacerlo, utilizan argumentos que hasta parecen razonables.

Un caso emblemático, cuya comparación es pertinente, es el de los industriales nacionales que se amparan en la sinuosa justificación de las posibles fuentes de trabajo perdidas para evitar que sus rivales extranjeros puedan ofrecer productos de mayor calidad o mejor precio. Esos pseudo empresarios apelan al tráfico de influencias para impedir que ingresen nuevos actores y su herramienta predilecta son las barreras aduaneras.

La política no es diferente. Los dirigentes contemporáneos, se ocupan de establecer normas que le garanticen la exclusividad de la representación. De hecho, los partidos mayoritarios acuerdan esas reglas para repartirse las porciones de poder. Listas sábanas, sistemas complejos de elecciones, de fiscalización, pisos mínimos para obtener representación, personería política con limitaciones de tiempo, cualquier instrumento es eficaz para quitar del camino a cualquier entrometido que quiera modificar el esquema vigente.

Si se espera que la política cambie, habrá que flexibilizar sus reglas, para que sean muchos los que deseen participar y puedan hacerlo sin una burocracia que se interponga. Si los ciudadanos tienen más poder, dispondrán de una mayor cantidad de alternativas para seleccionar. Nada asegura la perfección, pero esa dinámica incentivará a los postulantes a ser mejores e intentar seducir de otro modo a su potencial electorado.

Si se sigue creyendo que la política es solo servicio a la comunidad y que debe ser un apostolado vocacional, no se ha comprendido la naturaleza de las transacciones entre individuos. Ningún problema puede ser resuelto si antes no se comprende su dinámica. Si se quiere que la política sea el motor del cambio se debe entender primero que también es un mercado.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

http://www.existeotrocamino.com

54 – 0379 – 154602694

Facebook: http://www.facebook.com/albertoemilianomedinamendez

Twitter: @amedinamendez

Para desuscribirse haga click aquí Para

28
May
15

LOS JÓVENES DEBEN REFLEXIONAR

Foto: Oiluj Samall Zeid

Foto: Oiluj Samall Zeid

La desconsideración que en la actualidad tienen los jóvenes para con los adultos mayores, posiblemente será recompensada en el futuro, cuando ellos sean los ancianos, porque la vida es sabia y suele devolver lo que se da, por eso es importante que reflexionen sobre su comportamiento hacia los ancianos, quienes, sobra decir, deben ser tratados de la misma forma en que los adolescentes esperan que lo hagan con ellos si tienen la suerte de llegar a edades avanzadas.

Es triste tener que reiterar sobre este tema, pero es necesario hacerlo porque es recurrente observar el trato desconsiderados al que son sometidos los adultos mayores, olvidando que requieren un trato especial, cariñoso y comprensivo.

Pero la culpa de que los jóvenes sean tan irrespetuosos, también la tienen sus propios padres que les permiten hacer y decir lo que se les venga en gana. Parece que no les importara que sean altaneros con sus progenitores, es decir, a los abuelos de sus hijos, a quienes deberían hacer respetar.

Es lamentable observar cómo sucede este irrespeto dentro de los hogares modernos, sin que los padres, parejas o hermanos mayores, reclamen un trato respetuoso para los abuelos o personas mayores.

Tal parece que muchos olvidaron que ellos (los ancianos de hoy) dedicaron sus vidas, su amor y su trabajo para atenderlos y procurarles bienestar y educación. Con frecuencia, los ignoran o los tratan con absoluta falta de afecto y de respeto. Les fastidia la manera en que comen, la forma que hablan o el hecho de que su audición se haya deteriorado y no escuchen bien, que su memoria se haya debilitado y que sus movimientos sean lentos porque han perdido sus fuerzas.

Esta situación es totalmente injusta y, por supuesto, nadie desearía ser tratado de tal forma, por lo tanto, es muy importante revisar la actitud que se tiene hacia quienes ya están viviendo los últimos años de sus vidas haciendo que esta última etapa, sea mas amable, tratando de ser respetuosos, amorosos y tolerantes.

Pero, ¿Cómo se debe proceder? Tenga calma, no los afane cuando caminen despacio, con la edad el ritmo cambia y andar más despacio les da mayor seguridad y menos riesgos. Hábleles un poco más alto, pausadamente y vocalizando bien, pero no les grite. Que vean en su rostro una sonrisa. No se enoje si tiene que repetirles lo que les dice o les pregunta y ellos no responden con rapidéz, no olvide que los ancianos tienen que hacer un esfuerzo más grande para escuchar.

Es natural que con el paso de los años la capacidad de entendimiento se haga lenta.
Jamás se debe subestimar o ridiculizar a los ancianos por lo que dicen o hacen, aunque no se esté de acuerdo con ellos y les parezca obsoleto lo que opinan. Respete su manera de pensar, recuerde que ellos tuvieron otras vivencias y tienen puntos de vista diferentes.

Es importante incluirlos en los programas familiares, pues ellos aún están vivos. Téngalos en cuenta, no los aísle.

Recuérdeles con frecuencia que los quiere y los respeta. Y lo más importante, no espere a que fallezcan para enviarles flores, permítales que las disfruten mientras vivan.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

21
May
15

LOS MONUMENTOS: APARATOS IDEOLÓGICOS DEL ESTADO, AFIRMAN EN FINI 2015

El artista visual y profesor del Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Miguel Ledezma, durante su disertación sobre los monumentos.

El artista visual y profesor del Instituto de Artes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Miguel Ledezma, durante su disertación sobre los monumentos.

* La mayoría de los monumentos carecen de valor estético y son obras compradas por los gobernantes para que la gente no reflexione sobre la situación actual, sino más bien para que la olvide, afirma Miguel Ledezma

Pachuca de Soto, Hgo. México., a 20 de mayo de 2015

En la sede alterna de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, el maestro Miguel Ángel Ledezma Campos sustentó la conferencia “Monumentos y Antimonumentos”, dentro de las actividades de la V Edición del Festival Internacional de la Imagen, FINI 2015. El profesor y artista prefirió sustentarla en esta sede porque a los monumentos, por su propia naturaleza se les confiere una función que tiene más que ver con el entorno donde se instalan y poseen una función social que es más sobresaliente que su valor artístico en sí.

Para explicar cómo se relaciona el monumento con los observadores del entorno en que reside la obra, explicó que la obra de arte concebida a través de su función social, como sucede con los monumentos en especial, no es algo que decida la comunidad, sino es algo que se le impone; no se conforma de un diálogo con los habitantes donde se instala, y dijo: “así, la obra de arte, o monumento, tiene una especie de arbitrariedad; cualquier monumento nos lo imponen”.

Además agregó ejemplos de monumentos erigidos en honor a gestas históricas, próceres de éstas o gobernantes que sólo se colocan para justificar el gasto público en obra de arte, “aunque estos monumentos no tengan ningún valor estético, ni reflexivo, ni de carácter genuino de relación con los habitantes del entorno”, apuntó.

El artista e investigador consideró que si el arte público o los monumentos urbanos o cívicos incluyeran la licencia social a través del diagnóstico de participación ciudadana, en vez de irlos a insertar arbitrariamente, se convertirían en algo propio de los habitantes donde se coloca la obra, no en algo ajeno o impuesto desde las cúpulas de las instituciones culturales o de educación, o capricho del presidente en turno:

“No privilegiaría un espacio ni perdurabilidad específicos; sería una investigación móvil, involucraría al artista y al espectador o receptor del acto estético cerrando el círculo que compone la creación misma de una escultura, un monumento y cualquier obra de arte en sí”, remató Ledezma.

Durante la conferencia Miguel Ledezma resaltó que el mundo del monumento es específicamente y por esencia un organismo dentro de una red de instituciones; por lo tanto forzosamente afecta el entorno de los lugareños, o receptores; el monumento es un lugar alegórico que pretende o debería significar algo para quienes lo ven o frecuentan todos los días, pero que se han convertido en una distracción y a veces hasta un estorbo o una ofensa, como sucedió con las esculturas públicas de expresidentes que la población ha ido a derrumbar, escupir, grafitear o simplemente ignorar y convertirla en basureros, como respuesta.

Para ejemplificar la validez de la concepción que “debería ser” en la obra de arte público, explicó podría ser efímera, pero fungir cabalmente como una experiencia estética tanto para el artista como para el observador, para que fuera más genuina, indicó.

Ledezma Campos en su disertación explicó a su auditorio que la obra de arte en sitios públicos sería más funcional en tanto fuera más orgánica y vívida: “Ya no estamos hablando de una escultura que no se mueve, sino que el artista le habla al espectador y le permite presenciar algo que también lo incluye, el artista es la herramienta para hacer el arte, asunto que muchas veces se pasa por alto cuando se habla de arte público”.

“¿Cuáles serían las relaciones actuales entre escultura y arte público? Primero habría que apuntar que no todas las esculturas son arte, porque no contienen esa profundidad crítica del contexto en que se insertan. Por ejemplo la Plaza Juárez con la escultura de Juárez, ¿realmente tiene valores artísticos? O el Guerrero Chimalli de Sebastián, ¿los tiene? Entonces tendríamos que ver que los monumentos que representan a algún político o a cierto evento histórico o las esculturas ¿tienen valor artístico y se usan para adornar o embellecer el entorno? Hay monumentos escultóricos, pero no necesariamente artísticos”, reflexionó el artista.

Prosiguió: “Los 34 millones de pesos que costó el Guerrero Chimalli asentado en medio de un entorno urbano caracterizado justamente por su dificultad al acceso a la mayoría de los beneficios sociales, podrían haberse usado en algo más relacionado con lo que la gente quisiera ahí. En éste, como en la mayoría de los monumentos hay una especie de choque, porque obligan a una relación con ellos, pero, ¿qué significan?, ¿qué expresan? Lo que expresan es la manipulación o usurpación de la identidad de los monumentos por parte del Estado, para hacer más tolerable la realidad de los habitantes, para que se entretengan en medio de su pobreza; que sea como una distracción de la realidad, es lo que pretende la política cultural. De modo que esto quiere decir que cada monumento que es impuesto por el gobierno en turno en un espacio urbano, es una acción violenta, aunque sutil, de imposición ideológica”.

“El monumento al Guerrero Chimalli es el ejemplo al monumento a la pobreza de los habitantes de Chimalhuacán; significa que el estado está consciente de las condiciones de inequidad en que viven, significa que deben sentirse orgullosos de su pobreza y que deben conformarse con el salario que ganan y las jornadas extenuantes que trabajan; aguantar condiciones de vida inaguantables. ¿Cómo se podrían haber gastado más 30 millones de pesos en arte público? Pero lo que ofrecen la obra pública en arte o son murales o son este tipo de esculturas; ya en un caso más flexibles, graffittis, cuando mucho, pero con el guión ya impuesto, ya sea de glorificar al gobierno o hacer estampitas de la historia oficial, o arte abstracto que no dice nada, es sólo una acumulación de material ahí.”

“Entonces, ¿las esculturas urbanas qué dicen?: pues no dicen nada, no son obras que sean críticas, que nos inviten a pensar, sino al contrario, sólo están ahí para que nos deleitemos en las formas —y a veces ni eso—; no nos incitan a pensar en nuestra situación actual, lo que quisieran los gobernantes que las compran es que nos ayuden más bien a olvidar: ahí están, esculturas, avecinadas forzadamente, inútiles, artísticamente pobres; son obras que nada más están cumpliendo la función de justificar el gasto que el Estado dice realizar en arte”, finalizó el artista en su participación crítica sobre los monumentos y su función en el marco de las actividades del FINI 2015.

.

Mayor información en:

Portal del FINI
http://www.uaeh.edu.mx/fini/

FanPage
https://www.facebook.com/fini.mexico?fref=ts

.

CONTACTO: Renato Consuegra
Difunet (difunet@gmail.com)
04455-3578-0345;
5521-4229

15
May
15

LA DIGNIDAD, VALOR ÉTICO

Foto:  Eire

Foto: Eire

La dignidad es un valor ético vinculado al comportamiento y el decoro de los seres humanos. Una persona que se comporta con dignidad, es aquella que posee un alto sentido de la moral y actúa con un elevado sentido de responsabilidad, respeto y honestidad.

En otras palabras, la dignidad es una cualidad humana que depende de la racionalidad y se refiere a la teoría que asegura que los seres humanos están capacitados para cambiar su vida a partir del libre albedrío. Es decir, del ejercicio de la libertad individual, siempre y cuando estén en pleno uso de su capacidad mental. Por lo tanto, la dignidad está vinculada a la autonomía de los seres humanos que se gobiernan a sí mismos con rectitud y honorabilidad.

El buen uso de la libertad, se adquiere a través de la educación, que permite a las personas tomar decisiones en base al conocimiento y haciendo uso de su inteligencia. Obviamente, hay otros factores que estimulan que las personas se comporten con dignidad: educación, una vivienda, un empleo o negocio y el acceso a un sistema de salud. Si una persona es despojada de estos derechos básicos, se puede decir que ha sido ultrajada, y se le impide ejercer su libertad dignamente, pues la dignidad implica el reconocimiento a la condición humana y el respeto.

Pero no debemos olvidar que para tener acceso a nuestros derechos básicos, tenemos que ser dignos de ellos obedeciendo las leyes que han sido implantadas para que todos podamos vivir dentro de la sociedad.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

11
May
15

Un alegato consistente que enamore

Los eternos opositores al modelo vigente siguen buscando atajos para salir del caos. Saben que el presente es lamentable y que resulta imperioso evitar la inercia actual, pero su ansiedad suele empujarlos hacia ingenuas confusiones, invirtiendo tiempo en estériles esfuerzos intermedios.

Algunos creen, con esperanza, que la aplicación de las nuevas tecnologías puede transformarlo todo mágicamente. Otros, mucho más cándidos, anhelan la llegada triunfal de ese líder carismático aclamado por las masas que con su encanto natural modificará el rumbo para siempre.

Es paradójico que quienes critican al populismo por fomentar el saqueo redistributivo y promover la holgazanería enfoquen todas sus energías hacia un esquema tan idéntico desde lo estratégico al supuestamente reprobado.

No es que las herramientas modernas no sean útiles para seducir a los ciudadanos de buena voluntad. No deben despreciarse esas eficaces variantes. Tampoco se trata de rechazar a esos dirigentes que logran esa indispensable empatía con la sociedad y que comprenden, aunque sea parcialmente, el daño que el populismo les ha generado a sus comunidades.

Luego de tantos intentos por estas tradicionales vías es necesario comprender la reinante dinámica social y el intenso anclaje que ciertas posturas tienen en la sociedad, esas que no retrocederán tan fácilmente.

Los eventuales fracasos económicos del populismo contemporáneo no han sido suficientes para arrinconar a un sistema de ideas tan arraigado en los ciudadanos. La gente se enfada por algún tiempo y reclama cambios en el sentido inverso, pero solo como parte de una coyuntura accidental, para salir del paso, y no porque hayan modificado su visión definitivamente.

Siempre encontrarán culpables para responsabilizarlos de su eventual traspié. Algunos dirán que fue la corrupción o la ineptitud del demagogo de turno. Tampoco faltarán quienes recurran al infalible argumento del poder de las corporaciones y la siempre posible confabulación del poder económico internacional como causantes de esa renovada frustración.

No se asumirá con convicción esa derrota ideológica si no se interpretan las ocultas raíces de su verdadero descalabro y se las reemplaza por nuevas miradas que expliquen lo que ha sucedido con una congruencia irrefutable.

Por eso, es preciso hurgar en las entrañas de la política, para entender que el sacrificio preciso es superior y probablemente mucho más prolongado que lo que la vida terrenal permite a un individuo en la actualidad.

Es posible que cierta vocación de poder personal nuble la vista y proponga llegar a la cima de un modo veloz. Muchos se entusiasman con esa posibilidad y descartan el meritorio esfuerzo consistente, sustituyéndolo por meros espejismos. Esa dinámica simplista solo alimenta ciertos apetitos personales, pero no resuelve de modo alguno el problema de fondo.

El populismo puede tropezar, pero solo se atrinchera para esperar una nueva oportunidad y obtener otra vez el poder. Las evidencias cuentan que cuando eso sucede, lleva demasiado tiempo retomar el sendero adecuado.

Hace falta mucho más que una suma interminable de pequeños y creativos trucos, innovadores instrumentos y modestos líderes con personalidad para cambiar el curso de los acontecimientos de un modo sustentable.

El ahínco debe ser superlativo, prolongado en el tiempo, y sobre todo coherente a lo largo de su recorrido. Habrá que armarse de paciencia y abandonar la premura si se quiere, en serio, lograr el desenlace esperado.

Se necesita cuanto antes un alegato que tenga solvencia, que resista los embates más elementales. No solo se debe proponer un planteo lógico, sino que se debe apelar a los sentimientos. Lo que se dice y escribe no solo debe responder a la racionalidad, sino que también debe enamorar.

La gente respeta, inclusive desde el disenso, a los que son capaces de alinear discurso y acción. No lo hace solo por un puñado de elementos aislados, sino cuando percibe una coherente y prolongada línea de aciertos.

Nadie dice que deban desecharse los ocasionales caminos cortos ni aprovechar cada tropiezo y torpeza del régimen para avanzar, pero es importante no caer en el infantilismo de ilusionarse con ciertas fantasías. El cambio vendrá de la mano de algo mucho más significativo y trascendente.

En el mientras tanto, es probable que el populismo vaya mutando de matices, y sea reemplazado secuencialmente por versiones más moderadas, con miradas parecidas, pero que conserve su esencia intacta. Mostrar versiones más amigables, no es más que un mecanismo de defensa. Esa dinámica constituye un riesgo mayor porque cuanto más presentable es el personaje que enarbola esas banderas, mas difícil será superar esa etapa.

Sus características básicas seguirán estando presentes de modo muy estable. Corrupción a mansalva, falta de transparencia, concentración del poder, inexistente independencia del poder judicial, economía intervenida y manipulada discrecionalmente, control del aparato electoral, presión a los medios de comunicación e intimidación a los disidentes, serán solo parte de ese catálogo inagotable de inmorales demostraciones de poder.

El populismo no es sinónimo de criminalidad, desmadres económicos y escándalos políticos. Esas son solo algunas de sus consecuencias más evidentes. Sus raíces son mucho más complejas y profundas. Para erradicarlas definitivamente habrá que construir, con paciencia, perseverancia y seriedad, un alegato consistente que enamore.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

http://www.existeotrocamino.com

54 – 0379 – 154602694

Facebook: http://www.facebook.com/albertoemilianomedinamendez

Twitter: @amedinamendez

Para desuscribirse haga click aquí Para modificar mis datos de suscripción click aquí

03
May
15

Esa arraigada vocación de súbditos

"Súbdito". Foto: Carlos G. Casares

“Súbdito”. Foto: Carlos G. Casares

Que la política hace de las suyas no requiere de demasiada demostración. En todo caso, debería preocupar la verdadera causa de esas andanzas.

En algunas sociedades más serias, la política tiene un margen mas acotado, sus errores y excesos encuentran límites, y no porque sus dirigentes no lo intenten, sino porque la ciudadanía no lo permite y, frente a determinadas posturas, los repudia electoralmente dejándolos fuera de carrera.

Cuando se aborda el dilema desde esta perspectiva, se comprende bastante mejor lo que está sucediendo. El problema no es solamente la inmoralidad de los que se abusan, sino también la pasividad de los que se dejan oprimir.

Esto no se consigue sin la complicidad de la gente. Por eso es vital revisar las actitudes propias. En la actualidad, el sometimiento ya no se logra con la fuerza bruta, sino con sutiles estrategias de manipulación psicológica.

La política lo sabe y las usa a discreción con toda la potencia que le resulta posible. Así logra imponer conductas, establecer reglas y, sobre todo, diseñar el camino que le resulta más funcional a sus mezquinos intereses.

El asunto pasa por no enredarse en esa madeja. Pero para eso resulta clave tener la autoestima en el lugar adecuado. Claro que los políticos se ocupan de menoscabarla a diario, desgastándola permanentemente y evitando, de ese modo, cualquier tipo de insurrección por menor que ella parezca.

La rebeldía es una virtud. No tiene que ver con oponerse a todo, sino con tener criterio propio, analizar cada cuestión sin condicionamientos y actuar de acuerdo a la visión personal, esa que puede alinear discurso y acción.

Muchos asuntos no parecen tener salida, al menos no en el corto plazo. La sumisión comienza cuando esa mansedumbre se convierte en crónica y serial, anulando la más elemental capacidad de plantearse alternativas.

Lamentablemente esta postura es demasiado frecuente hoy y no solo, como suponen algunos ingenuos, en los sectores más débiles de la sociedad. La vocación de esclavo no distingue género, edad, ni tampoco condición social. Las pruebas abundan y están a la vista todos los días.

La primera parte de la solución implica entender lo que sucede. Sin un diagnóstico contundente es imposible pensar en revertir el sendero actual.

La inmensa mayoría de la gente cree que todo lo que ocurre es producto de la crueldad de la política y la inmoralidad de sus dirigentes. Si bien eso es parcialmente cierto, la sociedad debe renunciar a esa indigna costumbre de buscar culpables afuera antes de admitir su importante cuota de responsabilidad en todo lo que acontece.

Si se lograra asumir esa situación, y comprender que el presente tiene mucho que ver con todo lo incorrecto que se hace siempre, se habría ganado la primera de las batallas. Tal vez no sea la más importante, pero sin duda alguna, la imprescindible para poder transitar la siguiente.

Luego vendrá el tiempo de examinar los comportamientos propios. Un repaso por lo habitual mostrará con claridad, como esta ciudadanía termina aceptando todo lo ofrecido como si no existiera otro modo de lograrlo.

No es necesario buscar ejemplos en la política mayor, en esas cuestiones de Estado. En los temas más simples, en lo mundano, pululan anécdotas que dan cuenta de como el conformismo le gana al desafío de la superación.

La dinámica vigente para la recolección de residuos, el sistema de transporte de pasajeros, los inconvenientes en el tránsito de una ciudad son temas domésticos y sobre los cuales la sociedad solo se queja, sin actuar sobre el asunto, aceptando las excusas de los políticos, la supuesta sabiduría de los técnicos y la inercia ideológica de los intelectuales de turno.

El reto es cuestionar, animarse a dejar atrás la comodidad que propone la resignación y apelar a la creativa fórmula de proponer variantes. Nada de lo que se hace hoy tiene que continuar de igual forma. Si no satisface las expectativas, no resulta útil, ni resuelve el problema, siempre merece ser fuertemente objetado hasta encontrar una alternativa superior.

El pensamiento de esclavo invita a la sociedad a la quietud del acatamiento. Ese proceder es nocivo y adictivo e incita a reiterarlo hasta el infinito. La política contemporánea, astuta observadora de las múltiples debilidades humanas, muestra allí lo peor de sí misma, utilizando este mecanismo ruin para sus fines, con absoluta ferocidad y falta de escrúpulos.

Es ella la que alimenta la resignación e insiste señalando limitaciones falsas, esas que hacen suponer a muchos que todo debe seguir igual. Es bajo ese paradigma que no modifican el perverso régimen electoral imperante, ni están dispuestos a transparentar lo que gastan con dineros públicos.

Se saquea a los que producen para distribuir el resultado de su esfuerzo a los que parasitan. Es difícil entender la lógica de los generadores de riqueza. Su actitud dócil para con el sistema no tiene consistencia con su eterno esmero por progresar. Son ellos tal vez los que tienen más responsabilidad en esta etapa. Si pudieran dejar de ser pusilánimes, posiblemente otro sería el presente.

La política mal entendida, apuesta a que la sociedad acepte, sin protestar, todo lo que ocurre y solo deba bajar la cabeza frente a los atropellos cotidianos. Ellos saben lo que hacen, por eso insisten con esta receta que les ha dado resultado. Concentran el poder en sus manos y convencen a la sociedad para que todo siga funcionando así, como hasta ahora.

El problema no es la política, tampoco sus dirigentes. El tema es bastante más simple. Esto continuará del mismo modo hasta que la sociedad no reaccione con inteligencia y coraje para abandonar definitivamente esa arraigada vocación de súbditos.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

skype: amedinamendez

http://www.existeotrocamino.com

54 – 0379 – 154602694

Facebook: http://www.facebook.com/albertoemilianomedinamendez

Twitter: @amedinamendez

03
May
15

LAS IMPOSICIONES

Foto: Marte Merlos

Foto: Marte Merlos

Las imposiciones son acciones que pretenden obligar a unos a hacer algo para complacer a otros. Para que alguien esté en condiciones de imponer algo a otra u otras personas, debe contar con mayor poder ya sea simbólico o físico.

Un jefe autoritario siempre quiere imponer su voluntad, aunque sus deseos no sean justos.

El concepto de imposición, entendido como la presión que ejerce una o varias personas sobre otra u otras para lograr un objetivo determinado. Es un fenómeno que tiene lugar en muchos ámbitos de la vida, aunque no siempre nos percatemos de ello. En primer lugar, es importante saber distinguir entre dos tipos básicos de imposiciones, que podrían ser denominados como directos o indirectos, según los medios que se usen para hacerlas efectivas y la relación que exista entre las dos partes involucradas.

Las imposiciones directas ocurren cuando, por ejemplo, un padre obliga a sus hijos a comportarse de una forma determinada, a creer en su religión, a respetar lo que él respeta y a estudiar una carrera, entre otras.

Las imposiciones indirectas son aquellas que se transmiten a través de culturas que van de generación en generación y que la gente acata más por costumbre que por convicción.

Existe una cantidad inmensa de imposiciones que son necesarias para el bienestar de la sociedad, como por ejemplo, las leyes, los impuestos, los horarios de trabajo y hasta las órdenes médicas.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net




mayo 2015
L M X J V S D
« Abr   Jun »
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031