Archivo para 21 junio 2015

21
Jun
15

La oligarquía de siempre

Imagen: Antonio Marín Segovia

Imagen: Antonio Marín Segovia

La sociedad contemporánea se ufana de vivir bajo el amparo de sistemas democráticos. Sin embargo, los hechos cotidianos ofrecen una refutación contundente difícil de cuestionar.

La democracia supone una significativa participación ciudadana y aspira a ser el gobierno de todos, del pueblo. Lo cierto es que el sistema de selección de candidatos solo muestra el enorme poder de una corporación política que conforma una suerte de oligarquía moderna.

Los postulantes a ocupar cargos políticos se deciden entre cuatro paredes. Un minúsculo grupo de personas, de forma discrecional, determinan quiénes integrarán las listas de candidatos.

Este fenómeno ocurre en los partidos políticos pequeños pero también en los más grandes. En los más importantes es más trascendente aún, porque allí se eligen a quienes ocuparán efectivamente esos lugares de poder al ser electos y ya no solo quienes la integran por honor, de un modo testimonial.

A muchos les encantaría vivir en democracia, pero el presente propone una gran e hipócrita parodia que utiliza los supuestos encantos de un sistema para llevar adelante la más perversa manipulación a la que una sociedad puede someterse.

La escena es simple. Un conjunto de individuos, de un modo arbitrario, asume la delegación implícita de un sector de la política, y en su representación, sin mediar mecanismo alguno que los valide, se dedica con ahínco a la tarea de decidir quiénes se postularán, descartando al resto.

Apelan, en el mejor de los casos, a supuestas herramientas técnicas que le brindan soporte a sus decisiones. Un puñado de encuestas de opinión le dirán quienes son buenos candidatos y cuáles no merecen esa oportunidad porque no tendrán el suficiente acompañamiento en las elecciones.

En los casos más extremos, aunque no por ello menos abundantes, esa iluminada labor de armar las listas recae en una sola persona. Será su bolígrafo el que escriba la nómina definitiva que se presentará oficialmente.

La osadía de la corporación política no tiene límite alguno. No solo determina autoritariamente los nombres de las personas que figuraran en la lista madre, aquella sobre la que todos los ciudadanos tendrán que decidir, sino que se entromete en cuanto distrito menor se lo permite.

Así, esa camarilla inmoral, impone sin descaro, los nombres de los postulantes en provincias y municipios distantes, priorizando a los aduladores, esos que luego obedecerán las instrucciones de la “mesa chica”.

La idea no es proponerle a la sociedad a los mejores, a esos que se prepararon para gobernar. Solo se trata de reclutar a sujetos dispuestos a acatar, sin chistar, las órdenes del mandamás de turno.

Este esquema no es patrimonio exclusivo de un partido político. Es solo la resultante de la dinámica que se ha impuesto por usos y costumbres en casi todas las agrupaciones políticas. Claro que los afiliados no podrán opinar.

El “gremio” sabe que este funcionamiento le permite expulsar a los librepensadores. Ellos son demasiado peligrosos para los intereses de la cofradía porque podrían poner en riesgo muchos de los privilegios que ha logrado la actividad. Nadie que opere de un modo autónomo e independiente resulta funcional, ni compatible con la gran política.

El panorama no es alentador, sobre todo porque quienes controlan el poder cuentan con la legitimación que le otorga una sociedad que los valida con miles de votos. Es ese aval cómplice el que luego usarán para decir que ellos cuentan con apoyo ciudadano y actúan en nombre de la gente.

Es así que el círculo vicioso que han logrado diseñar se convierte en esta pantomima de democracia que esconde una forma de gobernar mucho más cruel, injusta e imperfecta. Es, a todas luces, el gobierno de unos pocos.

Frente a estos atropellos la ciudadanía se siente indefensa. Los valientes que se animan a enfrentar a la secta serán derrotados por esa partidocracia que abusa de los dineros públicos, esos que vuelca a las campañas políticas obscenamente sin que nadie tome nota, ni se inmute demasiado.

Será difícil torcerle el rumbo al poder. Han generado muchos anticuerpos para evitar que los aventureros tengan éxito. Se aseguran a diario de que no puedan ingresar a sus partidos, y si eventualmente lo logran, los segregan a gran velocidad. Saben como hacerlo rápida y efectivamente.

Los que no logran ser parte de su círculo, no deciden absolutamente nada y si se atreven a confrontar sus decisiones, son aplastados en los comicios con las herramientas que disponen imponiéndose a través de sus aparatos políticos e indecentes campañas.

La salida no parece sencilla. El primer paso imprescindible, es advertir el problema, identificarlo y darse cuenta de lo que sucede. Luego, con esa información debidamente procesada y comprendida, vendrá el tiempo de analizar cuáles son las debilidades del sistema que montaron, para intentar entonces jugar con sus pérfidas reglas y ganarles en su propio territorio.

Claro que no se trata de una empresa sencilla, sin sacrificios. Pero jamás se lograron grandes cambios en la humanidad de otra manera. Si no se está dispuesto a hacer ese importante esfuerzo, pues entonces la democracia será invariablemente una ilusión y gobernará la oligarquía de siempre.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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11
Jun
15

Filosofia cubana in nuce

Portada

Estimado lector,

«Este libro es un examen de parte de nuestra historia intelectual que ha sido marginada y excluida de la historia de las ideas en Cuba, sobre todo de la que se viene escribiendo a partir del triunfo de la Revolución en 1959 y que tiene como único empeño arraigar la cultura cubana en la tradición marxista. Hay que decir, sin embargo, que las generaciones de los años 20-30 y 40-50 del siglo XX fueron, principalmente, orteguianas. Ahora bien, dentro de este ambiente de fascinación por Ortega solo un reducido grupo de la llamada Generación de los Cuarenta pudo escapar de los excesos literarios y periodísticos del orteguismo, que ocultaban una notoria incapacidad para el pensamiento sistemático-especulativo.

»Ha sido justo la Generación de los Cuarenta la que ha sufrido el más severo destierro de la cultura cubana a partir de 1960, perdiéndose con ello la conexión del pensamiento cubano con la filosofía. Junto a aquella, se esfumó también –de una manera casi mágica– el orteguismo y fue reemplazado por el marxismo. Hoy puede asegurarse que la tendencia del pensamiento cubano a expresarse literariamente –y que en el orteguismo había encontrado su caldo de cultivo– junto a la ideologización que sufrió en manos del marxismo soviético transferido a la isla, son las causas principales del estancamiento –que dura ya más de medio siglo– de la filosofía cubana.

»Lo que se hace actualmente en Cuba, a título de filosofía, no es ni filosófico ni es cubano. Allí, donde quedó la asimilación creativa –vía epistemológica– de la filosofía de Ortega y Gasset se detuvo también el proyecto de constitución de la filosofía cubana. La sistematización y superación del orteguismo –que en el caso cubano se conjuga con la necesidad de extirpación del marxismo– es la tarea pendiente del pensamiento filosófico latinoamericano.»

Alexis Jardines

Alexis Jardines (Holguín, 1958), es Licenciado en Filosofía por la Universidad Estatal de San Petersburgo (1983) con la tesis de grado «Dialéctica de la forma mecánica del movimiento en la Filosofía de la Naturaleza, de G. W. F. Hegel». Doctor en Ciencias Filosóficas (2001) por la Universidad de La Habana, de la que es profesor desde 1985. Tiene publicados El cuerpo y lo otro. Introducción a una teoría general de la Cultura (Ciencias Sociales, La Habana, 2004), y El enigma del movimiento (Biblioteca Nueva, Madrid, 2000).

Esperamos que sea de tu interés.

Recibe un abrazo fraterno,

Equipo Editorial Hypermedia.

http://www.editorialhypermedia.com
hypermedia@editorialhypermedia.com

Para bajar el libro en formato word ponche a continuación:Filosofía cubana in nuce

07
Jun
15

REGRESO A NUESTRA PATRIA

"Altare della patria". Foto: Raffaele Birnardo

“Altare della patria”. Foto: Raffaele Birnardo

Aunque muchos se empeñen en negarlo, nuestra verdadera patria es aquella que nos vio nacer.

Cuando alguien deja de ir durante mucho tiempo a su país de origen, lo obvio es que lo encuentre, para bien o para mal, cambiado.

Con el paso de los años, todo va cambiando, todo se va transformando, y al llegar a la ciudad donde pasamos la niñez y juventud, es lógico que la encontremos cambiada: más moderna, con enormes edificios, con más tráfico vehicular, más congestionada.

Nos causa tristeza y nostalgia percatarnos de que algunos amigos ya han fallecido y ver a otros, a quienes dejamos de ver durante muchos años, hechos unos ancianos de caminar vacilante y miradas sombrías. Es natural que ellos también nos vean a nosotros desde la misma perspectiva y sientan lo mismo que nosotros.

Nos causa tristeza y nostalgia ir a sitios que solíamos frecuentar y no encontrarlos, porque aquellos restaurantes donde comíamos y departíamos con familiares y los cafés donde disfrutábamos de amenas tertulias con nuestros amigos al calor de un par de tragos y buena música, ya no existen. En esos lugares, fueron levantadas enormes y frías torres de concreto.

Y lo peor, es rememorar los momentos felices que pasamos al lado de nuestros seres queridos que ya no están en el mundo de los vivos.

Qué triste es llegar a nuestra amada tierra, a la ciudad en la que pasamos la niñez, la adolescencia y juventud y encontrarnos solos, ¡solos en medio de una inmensa multitud!

Es cierto, aún algunos amigos, pero para ellos también la vida ha cambiado, tienen sus propias responsabilidades, sus propios problemas, sus citas médicas y, además, tienen que dedicarle tiempo a sus familias. Por lo tanto, no disponen del tiempo extra que antes tenían para dedicarle a sus antiguos amigos. Así es la vida.

Es que el paso de los años es demoledor para los seres humanos y es muy difícil admitir que poco a poco nos vamos derrumbando. Si miramos hacia atrás, nos damos cuenta de que la letra de aquel tango que inmortalizó Carlos Gardel, es verdad, “Pensar que veinte años no es nada”. Yo diría que “cuarenta años no son nada”.

Nunca se deja de amar la la tierra que nos vio nacer, pero ella también cambia.

Ante esta realidad, la mejor fórmula es no mirar hacia el pasado ni pensar mucho en el mañana que nos impida disfrutar del presente.

El presente es la realidad, el pasado ya murió y el futuro es una incógnita.
¡Vivamos hoy!

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

05
Jun
15

Desde Uruguay: Narcisismo y crisis educativa

"Woody Narciso"- Foto: Analía Manetta

“Woody Narciso”- Foto: Analía Manetta

El joven pensador uruguayo Pablo Romero comparte con nosotros dos recientes participaciones suyas respecto de temas que considera vitales para la sociedad, esperando contribuyan a continuar el diálogo, entablando un debate que necesariamente deben dar entre todos los actores involucrados, de paso nos invita a dejar sus comentarios en su blog:

http://pabloromero7.blogspot.com/

Comienza por compartir la charla que tuvo con Nacho Álvarez en su programa Las cosas en su sitio, de radio Sarandí, respecto de algunas aristas del actual contexto educativo de su país. Lo puede usted escuchar en este link:

http://www.goear.com/listen/a8fa3ca/crisis-educativa-pablo-romero

Luego, comparte fragmentos de su participación de hace unos días en el programa Esta boca es mía (canal 12), charlando sobre el narcisismo en nuestra época. Lo puede ver abajo:

02
Jun
15

La necesidad de un pensamiento radical latino-americano

São Paulo, Brasil. Foto: Marcelo Druck Follow

São Paulo, Brasil. Foto: Marcelo Druck Follow


Por Bruno Lima Rocha*
En función de mi profesión, vengo teniendo la oportunidad de hacer una comparación de escenarios políticos en programas de medios abiertos dentro del estado donde vivo en Brasil, el Río Grande del Sur. Estamos en un momento donde los gobiernos de centro-izquierda o viven en crisis (caso de Brasil y Argentina), o adhieren parcialmente a las tesis del Imperio (caso de Chile y Perú) o están bajo una severa crisis institucional, tal es lo que ocurre en Venezuela. Vale observar que en estos países (Bolivia, Ecuador y el ya citado país de Bolívar) las instituciones no son sólidas y este es el laberinto. Cuando hay arreglo institucional fortalecido, el régimen se mantiene, pero las oportunidades de transformación son pequeñas. Ya, cuando no hay estructura fortificada y criba entre gobierno y Estado, hay la tendencia de que las élites dirigentes y sus socias mayoritarias transnacionales ejerzan un poder vertical y autoritario. Aun así, poca institucionalidad implica en mayor poder de la movilización popular.
Los compañeros de la ciencia política, acertadamente, acostumbran comparar países con menos instituciones consolidadas como caballos en correría pampa afuera; ya los países con gran estructura de Estado y estatuto de concurso para el empleo público, como elefantes, lentos y gigantescos. Las oportunidades reales de cambio son más próximas de los primeros tipos de países. Aunque la posibilidad de alteraciones rápidas en la vida cotidiana deje las masas en permanente estado de tensión y alerta, la no existencia de estructuras de dominación de clase plenamente consolidadas es casi siempre, nuestra única oportunidad.
Debatiendo con gente mucho más a la derecha, afirmé que el límite de la justicia social en el liberalismo latino-americano era el Palacio de La Moneda siendo bombardeado en el fatídico día 11 de septiembre de 1973, con el presidente electo Salvador Allende allá dentro. El médico chileno es un paradigma y ejemplo, pues creía en las instituciones liberales más que los propios liberales-conservadores que las crearon. Cuando los operadores políticos no aceptan los datos de realidad, terminan siendo convencidos de la peor forma imaginada.
Por un lado, Allende se rechazó a quebrar la jerarquía de tipo prusiana de las fuerzas armadas chilenas; luego, quedó expuesto a la acción de los reaccionarios que en tesis defendían su país. El fallo estratégico de la Unidad Popular dejó nítida la barrera concreta que los pueblos del Continente tienen cuando intentan un camino por dentro de la democracia liberal. No fue por falta de consejo de la inteligencia aliada la *Allende. Toda su asesoría de seguridad le orientó a ampliar la guardia técnica para 2000 personas a tiempo completo y con sueldo directamente vinculado a la Presidencia y no subordinada la cadena de mando de las fuerzas castrenses. Además del golpe de Estado, el atentado fatal contra el general Prats en Buenos Aires confirma la tesis arriba.
La enseñanza de la experiencia chilena nos dice que hay un límite concreto para la distribución de renta y poder para los países latino-americanos. ¿Considerando que los caminos de partido único y Estado autárquico están agotados, cual la vía latino-americana para la emancipación social, combinando desarrollo de las fuerzas productivas, democracia popular, justicia social y garantía de las libertades individuales y colectivas?
Después de las jornadas de los años `60 y `70 en América del Sur y de los `80 en Centro America, la base de orientación política cambió. Las ilusiones autoritarias dieron lugar al pragmatismo de la democracia liberal. Luego, la participación limitada en América Latina mostró sus límites y hoy ya vivimos la crisis de los gobiernos bolivarianos como plantilla de desarrollo autónomo, siendo que de más aguda de ellas es justamente de Venezuela post-Chávez.
En un periodo más reciente, el presidente electo de Paraguay Fernando Lugo, hube sufrido un proceso de impedimento en tiempo récord. Su virtud, a de comenzar la reforma agraria en el país; y su mayor error, no convocar las fuerzas sociales movilizadas para garantizar la continuidad del gobierno electo. Antes de Lugo, el oligarca travestido de nacionalista Manuel Zelaya Rosales, presidente electo de Honduras, fue derrumbado también por un golpe blanco, votado a las prisas y basado en una constitución redactada por militares entrenados en la Escuela de Américas.
Cincuenta y un años atrás, en la noche de 1º para 02 de abril de 1964, lo Brasil encontró con el límite del populismo nacionalista, cuando el presidente electo (en la elección de 1960 el vicepresidente fuera elegido en chapa separada del presidente) João Goulart se rechazó a resistir al golpe de Estado articulado por el embajador del Imperio Lincoln Gordon. La izquierda de la época, caminando la remolque de Goulart y Leonel Brizola (cuñado de Goulart y ex gobernador de Rio Grande do sul), quedó esfacelada, no reclutando ni 5% del contingente popular movilizado en 1961 (más de 100.000 personas movilizadas en la Campaña de la Legalidad), para confrontar contra la dictadura a partir del Acto Institucional de número 5 (AI-5, decretado en el 13 de diciembre de 1968). No fue por falta de aviso o condiciones, pero sí falta de radicalidad.
Delante de la crisis de fin de ciclo y plantilla de desarrollo subordinado al capital rentista, es urgente que a América Latina encuentre su camino por dentro de la democracia radical y bien distante del paradigma liberal. La única certeza de los pueblos latino-americanos pasa por la afirmación de América Latina y la construcción de instrumentos de poder popular independiente de la traición de los gobiernos de turno.
*Bruno Lima Rocha es profesor de ciencia política y de relaciones internacionales
(www.estrategiaeanalise.com.br / blimarocha@gmail.con)

01
Jun
15

Descuidos inconvenientes

Imagen: Antonio Marín Segovia

Imagen: Antonio Marín Segovia

El socialismo viene ganando, desde hace tiempo, la batalla cultural. No existen demasiadas dudas al respecto. Han logrado que su vocabulario sea universalmente utilizado en el discurso político contemporáneo. Hasta los que afirman oponerse a sus miradas, las repiten inconscientemente sin tomar nota de que las mismas forman parte de su histórico arsenal.

Es evidente que los defensores de la izquierda más tradicional han hecho muy bien su trabajo. Lograron impregnar la cultura, modificar el lenguaje cotidiano, instalar perspectivas que no ofrecen resistencia naturalizando aquello que, a todas luces, no tiene a su favor nada que lo justifique.

Pese a los innumerables disparates de los gobiernos, la sociedad global sigue progresando a paso decidido gracias a las invenciones de muchos individuos y a la potencia creadora de la actividad privada, verdadera locomotora del desarrollo, y no precisamente por mérito de las intervenciones estatales o de las “genialidades” de los políticos.

Queda cierta sensación de que el mundo podría estar mucho mejor, y la prosperidad podría multiplicarse si no se hubieran entrometido los pseudo intelectuales que contaminaron al planeta con sus mentiras seriales.

Que los socialistas sigan transitando su camino no llama la atención. Después de todo, no les ha ido tan mal con esa impronta. No existen motivos suficientes para que hagan grandes cambios en lo estratégico.

Lo inexplicable es que quienes promueven las ideas de la libertad sigan cayendo, a diario, en la ingenua trampa de sus adversarios, esos que triunfan casi siempre. Son los que han demostrado una gran destreza en estas lides. Justamente por eso, los que están profundamente convencidos, no deberían ceder un centímetro frente a esos retorcidos planteos.

La inmensa mayoría de los ciudadanos se comporta como observadora de esos intercambios. Se sabe que de un lado están los que apoyan unas ideas, y en el extremo opuesto, los que comulgan con visiones que están en las antípodas. Es esperable que cada uno impulse su propia percepción.

Los socialistas son disciplinados y se ajustan a rajatablas a su manual. Saben que su tarea es repetirlo todo. Para eso utilizan “lugares comunes”, frases demasiado trilladas, expresiones repletas de intencionadas simplificaciones, plagadas de falacias minuciosamente elaboradas, con consignas que parecen lógicas pero que no resisten ningún análisis.

Quienes proponen vivir en una sociedad abierta, deberían apelar a los abundantes argumentos disponibles, que encuentran sustento en evidencias demasiado visibles, esas que pueden ser exhibidas fácilmente porque son cotidianas. La mayoría de los seres humanos gozan de los beneficios del capitalismo y la globalización, aun viviendo en países cerrados, bajo regímenes populistas y con elevados niveles de intervencionismo estatal.

Resulta vital entonces “no seguirle el juego” a la izquierda. Ellos han cooptado el sistema educativo en todos sus estamentos. Han diseminado sus ideas a mansalva en los textos de los libro de historia, economía y política. Apostaron a construir un esquema de adoctrinamiento y por eso avalan un sistema estatal centralizado, con planes de estudio que controlan y diseñan. Fueron más allá al asegurarse que los docentes que dictan esos contenidos sean los fieles guardianes de esa conquista ideológica.

Imagen: Antonio Marín Segovia

Imagen: Antonio Marín Segovia

Es imperioso que quienes entienden esta dinámica perversa a la que recurre este sector político, no se someta tan mansamente a ese proyecto hecho absolutamente a su medida. Ellos quieren que sus contrincantes desistan y no se animen siquiera a decir lo que creen. Y hay que decirlo, han logrado con todo éxito que los que piensan diferente se sientan tan culpables que abandonen su prédica por considerarla políticamente incorrecta.

Saben que si en el mundo de las ideas no se da este debate, los políticos seguirán diciendo lo mismo, es decir solo aquello que se traduce en votos, ignorando todo lo que pueda perjudicarlos en sus aspiraciones. Si los que pueden dar una honesta discusión no lo hacen por temor y se comportan como dirigentes, la contienda tendrá idénticos desenlaces.

No se debe mezclar el mundo de las ideas con el terreno de lo electoral. Los políticos se mueven para conseguir apoyos electorales, pero en el debate no se puede ser timorato. Confundir roles resulta tremendamente perjudicial y muy peligroso, sin embargo es un hecho que sigue siendo frecuente.

Hay que perder el miedo a decir lo necesario. Se puede ser sutil, delinear propuestas alternativas y hasta buscar determinados consensos, siempre con el objetivo de lograr mayor libertad, pero la actitud nunca puede ser claudicante, porque de ese modo la derrota seguirá siendo sistemática y estará asegurada eternamente, casi como una profecía autocumplida.

Las omisiones, en este caso, terminan siendo una inadecuada elección. Se pueden obtener logros intermedios, trabajar solo con lo posible y hasta apelar al pragmatismo, pero ser condescendiente no parece ser el mejor sendero. No decir lo correcto en el momento preciso puede entenderse como un modo de admitir que ciertas ideas impropias tienen algún asidero.

No es necesario ser tan insensato. Se puede ser inteligente a la hora del planteo, pero tampoco es imprescindible faltar a la verdad solo para no incomodar a los interlocutores del socialismo de turno, y mucho menos por una cobardía manifiesta. El desafío es realmente complejo, pero claro que vale la pena intentarlo. Se debe ser firmes cuando de convicciones se trata sin caer en estos habituales descuidos inconvenientes.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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