Archivo para 10 julio 2015



10
Jul
15

RELIGIONES, SECTAS Y FALACIAS

La humanidad se ha dividido siempre en manipuladores y manipulados o charlatanes y crédulos.

La manipulación prohíbe, exige e impone a los débiles de carácter no pensar por sí mismos, creando en ellos indecisión y, por consiguiente, la necesidad de ser dependientes de lo que digan u opinen quienes los manipulan.

La manipulación es un lavado de cerebro sistemático que consiste en aprovechándose de personas incautas y dóciles quienes, por lo general, son pobres y con dificultades, por lo cual, acuden a templos en busca de “ayuda divina” para solucionar sus problemas económicos, amorosos o de salud. Y encuentran esa “ayuda” a través de conocidos o amigos que les recomiendan a un ministro, pastor, “consejero espiritual” o profeta que siempre está dispuesto a ayudar a cambio de “una donación”.

Existen muchas religiones antiguas, pero también, hay muchas sectas que aparecen todos los días y que dicen tener la verdad, pero lo que en realidad buscan son incautos, a para exprimirlos y engrosar sus arcas a costa de ellos.

Las religiones fueron creadas a partir de la necesidad de explicar el enigma de la vida: “de dónde venimos y hacia dónde vamos”, pero sobre todo, “hacia dónde vamos”.

Es bueno creer y tener fe, pero no una fe que ciegue y entorpezca.

Las religiones serían buenas si aceptaran que las personas pueden pensar e investigar por sí mismas, obviamente, dentro de un marco moral las en el que estas pueden exigir un buen comportamiento a sus fieles, pero sin apelar a intimidaciones y amenazas enseñándo más bien, que es mejor hacer el bien por amor y no por temor.

Es importante respetar la fe de los creyentes, pero también lo es desenmascarar a los charlatanes que abren templos o utilizan los medios de comunicación para lucrarse a costa de personas buenas, pero ingenuas.

Los seres humanos deben pensar y decidir lo que más le convenga sin ningún tipo de presiones o amenazas.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

07
Jul
15

LAS ARMAS SON HECHAS PARA MATAR

Leo Prieto

Leo Prieto

El propósito de las armas es matar. Matar seres humanos o animales, lo cual es, sin duda alguna, una crueldad.

Los fabricantes de armas y municiones estadounidenses no dan abasto para satisfacer la gran demanda, ya que cualquier persona pueden comprarlas, ya no existe ningún tipo de restricción y se pueden adquirir en cualquier tienda dedicada a este comercio.

Últimamente se han presentado múltiples asesinatos debidos en gran parte, a que las personas pueden comprar armas, inclusive a través de la Internet. No son raros los asesinatos masivos en Centros Comerciales, Universidades y hasta en eventos deportivos.

Si las letales y poderosas armas de fuego nunca se hubieran inventado, no existiría el constante temor a las terribles guerras y atentados que sólo dejan desolación y una dolorosa estela de dolor.

Los malvados que carecen de sentimientos, no sienten ningún remordimiento, después de devastar países llenos de ancianos, mujeres y niños. Por el contrario, se sienten satisfechos.

Nada justifica las guerras. Ese el último recurso de quienes son incapaces de pensar y llegar a arreglos pacíficos. Infortunadamente, la guerra es un gran negocio para los países ricos y poderosos y un desastre para los pobres y débiles.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

07
Jul
15

Los enemigos de la libertad

Escultura de la Libertad

Si bien constituye una tarea de gran complejidad describir a cada uno de los que componen la extensa lista de detractores de las ideas de la libertad, es posible identificar a algunos de los grupos que tienen cierta homogeneidad.

Las razones para oponerse a la libertad son siempre diversas y difíciles de clasificar. Algunos lo hacen por ignorancia, otros por resentimiento, tal vez demasiados por simple temor, y muchos más de los que se pueda imaginar, solo para proteger sus mezquinos intereses y los privilegios que disfrutan.

Muchos creen que la mayoría de la gente no adhiere a estas ideas porque les ha faltado acceso a cierta literatura o por el desconocimiento elemental de principios básicos que explican el progreso indisimulable que han logrado tantas sociedades. Claro que de esos hay muchos, pero no necesariamente los convierte en el conjunto de individuos más significativo.

No alcanzar a comprender profundamente algunos aspectos esenciales del liberalismo es un argumento razonable para explicar el actual rechazo, pero no es saludable quitarle mérito al sistemático aparato de propaganda que ha montado el marxismo con su premeditado e inconfundible estilo panfletario, ese que consigue comunicar eficazmente sus falacias con consignas simples, frases hechas y recursos meramente retóricos.

Han logrado instalar una visión que ha penetrado fuertemente en la comunidad. Consiguieron que ciertas creencias sean apoyadas por muchos y que el léxico utilizado cotidianamente se incorpore al vocabulario habitual de los ciudadanos. Una exacerbada tendencia a la simplificación, apoyada en múltiples tácticas emocionales, que desplazan intencionalmente a lo racional, han sido parte central de esa magnífica estrategia que les ha aportado brillantes resultados desde lo pragmático en la batalla cultural.

Cada vez se hace más frecuente esta tendencia a buscar culpables que se hagan cargo de todo lo que pasa sin hurgar demasiado en las causas reales. Esta situación ha sido aprovechada al máximo por un socialismo que, interpretando adecuadamente este mecanismo, se ha ocupado de endosarle al capitalismo el rol de generador exclusivo de todos los padecimientos.

Ignorando las evidencias más indiscutibles, el socialismo aspira a ser evaluado por sus loables intenciones y pretende que la sociedad castigue al capitalismo por los aparentes daños colaterales, promoviendo un inmoral doble estándar lamentablemente imperceptible para la gente. Ellos no pueden mostrar un solo caso testigo contemporáneo que los valide, sin embargo demonizan a un sistema, que con imperfecciones, sigue siendo el único que puede exhibir triunfos concretos en todos los campos.

No menos cierto es que el rencor ha sido el caldo de cultivo perfecto para diseminar tantos planteos contrarios a la libertad. Quienes no han entendido la vitalidad de estas ideas, se enfadan frente a las victorias ajenas y promueven todo tipo de malos sentimientos, aunque no se animen a admitirlo públicamente. Tal vez eso explica porque estimulan el saqueo, fomentan la venganza y enaltecen a la igualdad como valor superior.

La envidia, la ira, el odio, son una ínfima parte de ese arsenal que, a veces, llega a expresarse con destrucción y violencia. Su versión más moderna se contiene demagógicamente y descarga toda su furia con una agresiva dialéctica verbal muy potente aunque, en apariencia, más civilizada.

Otro sector muy nutrido es el de los que, sin reconocerlo, le temen a la libertad. Creen en un orden impuesto, en el poder disciplinario del Estado, en la necesidad de que algún iluminado lo organice todo desde el gobierno y, con rigor, imponga reglas rígidas que eviten el desmadre y el caos.

Sospechan que la libertad no aportará soluciones. No quieren vivir bajo el imperio de la incertidumbre. Eso les molesta, los incomoda y preocupa. Prefieren un mundo predecible, en el que solo suceda lo esperable, sin advertir que las grandes invenciones y descubrimientos del hombre nacieron, justamente, de la mano de la creatividad de quienes no aceptan los paradigmas del orden establecido y se animan a desafiarlo siempre.

Pero existe un grupo mucho más temible aún. Es ese al que pertenecen los que defienden privilegios. Ellos se oponen a la libertad porque han desarrollado negocios que le permiten disfrutar de su actual nivel de vida gracias a las prebendas obtenidas. Su prosperidad obedece a las afinidades con el poder, a los aceitados vínculos que tienen con quienes administran discrecionalmente el Estado y pueden aportarles beneficios directos.

Ellos repudian las ideas de la libertad porque allí gobierna la competencia, esa que los impulsa a ser eficientes, a cobrar menos, a ganarse el mercado con calidad, servicio y mejores productos. En ese mundo, ellos no podrían ofrecer lo que hoy brindan a la sociedad. Por eso aborrecen a la libertad, porque ella amenaza sus artificiales logros presentes.

Paradójicamente, la caricatura socialista se encarga, a diario, de endilgarle al capitalismo su adhesión y apoyo a los grandes grupos económicos, sin registrar la contundente evidencia que surge al observar que casi todos los ricos de estas latitudes dominadas por el populismo, son solo pseudo empresarios que disfrutan de concesiones estatales y prerrogativas otorgadas de forma poco transparentes por los poderosos de turno.

Claro que detestan al capitalismo. Si ese sistema estuviera plenamente vigente sus oscuros proyectos no serían viables. Es más fácil prosperar eliminando competidores con retorcidas regulaciones. Por eso defienden la política actual, aplauden al intervencionismo estatal y se escudan en su falso humanismo y pretendida sensibilidad social para despreciar a lo que llaman capitalismo salvaje. En realidad defienden con ahínco su renta.

Los adversarios de estas ideas se despliegan en muchos ámbitos. Lo hacen en el académico y el político, en el religioso y también en el empresario. Pero es importante comprender que casi siempre solo se trata de intereses sectoriales y no necesariamente de un presunto desconocimiento e ignorancia al que todos prefieren responsabilizar.

Un sistema capitalista vigoroso los convocaría a trabajar más, a esforzarse y esmerarse, a ganarse el favor del mercado con mejores propuestas y eso los atemoriza enormemente. Es por eso que se han enrolado con tanta determinación y vehemencia en las filas de los enemigos de la libertad.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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07
Jul
15

IRRESPONSABILIDAD AL CONDUCIR

Foto: Omar Landeros

Foto: Omar Landeros

La negligencia de algunos conductores se ve reflejada en la falta de atención o descuido al manejar. Una conducta negligente, por lo general, conlleva a un peligro que le puede costar la vida, no sólo para quien conduce irresponsablemente, sino a los demás.

Los accidentes de tráfico, debido al uso indebido e irresponsable del teléfono celular, se incrementan día a día, cobrando la vida de personas inocentes y, lo peor, dejando a muchas de éstas, en estado comatoso o de permanente invalidez.

Una persona que habla por teléfono o peor aún, enviando mensajes de texto mientras conduce, comete un serio acto de irresponsabilidad. puesto que se ha comprobado que el uso del celular mientras se conduce implica un riesgo mortal.

Aunque duela admitirlo, las personas que hablan por teléfono y manejan al mismo tiempo, se convierten en armas letales, en homicidas en potencia.

Por mucha experiencia que se tenga, tan sólo un segundo que se quiten los ojos de la carretera, es suficiente para causar una desgracia.

Los seres humanos cuando vemos la desventura y la muerte en otras personas, pensamos que eso algo que a nosotros nunca nos ocurrirá, ¡gran equivocación!, siempre que salimos de nuestras casas estamos expuestos a grandes peligros, y si no tomamos las debidas precauciones para minimizarlos, las consecuencias pueden llegar a ser catastróficas.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

05
Jul
15

LA EGOLATRÍA

Foto: Shelmac

Foto: Shelmac

El egocentrismo puede presentarse en cualquier individuo, pero es más frecuente en aquellos que de niños, sus padres los complacían en todo.

La egolatría es amor propio llevado al extremo. Es el inmenso amor que una persona siente por sí misma, y que la lleva a preocuparse sólo por sus propios intereses, sin importarle el bienestar de los demás. El egoísmo es, por lo tanto, lo opuesto a la generosidad.

El individuo arrogante o prepotente es también egocéntrico. El egocentrismo es un término que hace referencia a centrarse en el ego, es decir, en el yo. Es la exagerada exaltación de su propia personalidad. El egocéntrico siempre quiere ser, como la palabra lo indica, el centro de atención.

Los psicólogos resaltan que el egocentrismo consiste en creer que las opiniones y los intereses propios son los únicos importantes y que los de otros, carecen de valor.

El psicólogo experimental suizo Jean Piagent, quien falleció en 1980, afirmó que todos los niños son egocéntricos, ya que en sus mentes infantiles no conciben que el resto de las personas no compartan sus propios criterios. No obstante, esta afirmación es discutible, pues existen grandes diferencias en los comportamientos entre niños ricos y niños pobres, entre niños criados en hogares donde reina el amor y la armonía, o el desamor y el caos.

Un ejemplo de egocentrismo aparece cuando, por ejemplo, le preguntan a un jugador de fútbol sobre un partido y responde haciendo referencia sólo a su actuación, sin tener en cuenta la participación de sus compañeros o rivales en el encuentro.

El término egoísmo del que proviene egocéntrico, hace referencia al amor excesivo e inmoderado que siente una persona hacia sí misma y, por lo tanto, no se interesa por el bienestar del prójimo y rige sus actos de acuerdo a su absoluta conveniencia.

Si un egocéntrico se encontrara en compañía de dos personas frente a una mesa en la que hay dos panes, se apresuraría a tomar uno de ellos antes que los otros, para evitar compartirlo, al contrario del generoso, que los repartiría aunque él se quedara sin comer.

En el fondo, estos individuos viven llenos de frustraciones y angustias, y aunque aparentan ser sociables, en realidad carecen de verdaderos amigos, por lo tanto, son personas solas y miserables.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

05
Jul
15

AMAR Y RESPETAR A NUESTROS PADRES

Papá y mamá. Foto: Lunatique

Papá y mamá. Foto: Lunatique

Día tras día se pierde más el respeto hacia los padres.

En las Escuelas de Estados Unidos no les inculca a los alumnos que sus progenitores merecen respeto. Además, la enseñanza religiosa está prohibida, si la permitieran, los valores éticos serían acatados y respetados.

¿No es un contrasentido que se prohíban las enseñanzas bíblicas en los planteles educativos y se tenga establecido jurar sobre la Biblia en los juicios y para cargos estatales de alta responsabilidad comenzando por el primer mandatario?

Hay una ley universal dentro del cristianismo que dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que disfrutes de una larga vida en la tierra que te da tu Señor, tu Dios”. Es el cuarto mandamiento del decálogo de Moisés.

Abandonar a los padres ancianos en una institución para deshaceerse de ellos, por el estorbo que implican y olvidarlos, como si se tratara de objetos inservibles, es un terrible acto de ingratitud y de impiedad.

Es cierto que el trabajo y las responsabilidades que impone la vida moderna, impide a los hijos dedicar el tiempo necesario a sus padres, pero también es cierto que existen excelentes establecimientos especializados en prestar una adecuada atención al cuidado de los ancianos.

Algunos hijos, con mucho dolor, pero también con inmenso amor, se ven en la necesidad de internar a sus viejitos en estas instituciones. Pero no los abandonan, los visitan con regularidad, viven al pendiente de ellos y no olvidan que cuando fueron niños y adolescentes, sus padres les prodigaron atención, educación y amor.

Si respetáramos a a nuestros padres dedicándoles tiempo, atención y amor, podríamos aspirar a recibir lo mismo de nuestros propios hijos, pues ellos habrían visto un buen ejemplo. De lo contrario, esa reciprocidad será inmerecida.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

03
Jul
15

LOS FANÁTICOS NO RAZONAN

El fanatismo es un apasionamiento desmedido que entorpece la mente e impide razonar.

Un fanático es una persona que defiende con terquedad sus creencias y opiniones porque su pasión lo ciega.

El fanatismo induce a una adhesión incondicional a una religión, un partido político o un equipo deportivo. Su ceguera hace que el fanático se comporte, en ocasiones, de manera violenta e irracional. porque está convencido de que su pensamiento es el mejor y el único válida y por eso, rechaza las opiniones de los demás.

Se han visto casos en los que la obsesión de estos individuos les lleva a tan grandes extremos tales, que son capaces de matar a otras personas.

Cuando un fanático llega al máximo poder político, suele desarrollar un sistema totalitario con el objeto de imponer sus ideas y castiga a quienes piensen diferente a él y no vacila en condenarlos a cárcel y hasta a la muerte.

Cuando una persona débil de carácter se deja manipular por una secta religiosa, los líderes le lavan sistemáticamente el cerebro a tal punto que se convierte en un ser robotizado incapaz de razonar que defiende las creencias que le han inculcado como las únicas válidas, y persigue y desacredita a quienes no piensan como él.

La psicología afirma que el fanatismo surge a partir de la necesidad de seguridad que experimentan algunas personas débiles de carácter y buscan que otros les ayude a compensar su marcado complejo de inferioridad.

Los fanáticos no razonan y, justamente por eso, se convierten en personas de alta peligrosidad ya que se dejan llevar por sus irreflexivos impulsos, sin medir las consecuencias.

José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

02
Jul
15

Renunciar a la inocencia

Foto: Miren Ormazaba

Foto: Miren Ormazaba

Es habitual que los seres humanos caigan en la trampa de confundir los deseos con la realidad. A veces, las ansias de que algo suceda, hacen que se pueda creer que todo va en esa dirección y que es inexorable que esa percepción personal sea compartida por la inmensa mayoría de la sociedad.

La realidad siempre se ocupa de poner las cosas en su lugar. Lo que parecía evidente se derrumba y los hechos refutan todo con absoluta contundencia. En casi cualquier ámbito de la vida se puede convivir con esa ingenuidad casi eternamente, pero en la política lo empírico se presenta de un modo aplastante y no deja más alternativa que reconocer el error de perspectiva.

A veces, el anhelo es tan potente que la gente prefiere continuar desorientada por algún tiempo adicional, intentando explicar lo ocurrido y apelando a aspectos secundarios, existentes, pero no determinantes.

Hace tiempo que la sociedad considera que la política dejó de ser la herramienta de las transformaciones para convertirse en un instrumento de sometimiento, abusos y corrupción. Por eso se enfada y con razón.

Frente a esos inaceptables atropellos, reacciona casi heroicamente y asume un legítimo protagonismo que aspira a modificar la situación actual y encauzar entonces, aquello que nunca debió salirse de rumbo.

El ciudadano medio cree, con convicción, que la democracia es el camino para dirimir las discrepancias de una comunidad. Pero también percibe que ese sistema de gobierno ha sido cooptado por una casta, una corporación de personajes que se han apropiado de la conducción de esa maquinaria.

Es por eso, que esa ciudadanía enojada e indignada, con bronca e impotencia, entiende que debe hacer algo al respecto y asume la responsabilidad de liderar ese proceso de reformas indispensables.

Ese análisis, pese a su simplicidad, no es incorrecto, pero es insuficiente, porque no mensura con seriedad las variables más relevantes que explican el presente y el modo preciso en el que opera la política contemporánea.

Por obvio que parezca, nada se supera si no se comprende primero su dinámica y se entienden sus reglas básicas. Recién entonces se puede plantear una estrategia adecuada y tener así una posibilidad cierta de lograr resultados. Las ganas son necesarias, pero no alcanzan si no se les agrega una importante dosis de profesionalismo y una perseverancia sistemática.

Lo que ocurre en el presente es la consecuencia de una serie bastante prolongada de situaciones que derivaron en esta actualidad. No se ha llegado hasta aquí de la mano de casualidades o circunstancias inconexas.

El entramado actual es complejo, sofisticado y la maraña de ingredientes que lo componen lo hace casi inaccesible. No puede ser encarado con éxito solo apelando a rudimentarios recursos y maniobras primitivas.

El fraude estructural, las regulaciones que condicionan la participación política de los ciudadanos, los privilegios de la partidocracia, el financiamiento de las campañas son solo algunos de los condimentos cuyo replanteo de fondo es esencial. Sin embargo, la posibilidad concreta de lograrlo pronto parece políticamente inviable y fácticamente imposible.

A la farsa propia del sistema se agrega la apatía de una ciudadanía abatida por su extensa nómina de derrotas individuales y colectivas, situación que molesta a muchos, pero que es el desenlace esperable de un esquema que fue montado intencionalmente para que derive en esa postura general.

La desesperanza cívica no es un incidente fortuito, sino que es el resultado de una planificada y exitosa estrategia de quienes ostentan el poder para evitar que la sociedad retome el mando. En una comunidad empoderada, ninguno de los despropósitos del presente, tendrían viabilidad alguna.

Quienes ejercen el poder, los que orientan los destinos de la política y llevan décadas en esto, no serán derrotados en las urnas por principiantes. Ellos pueden no saber gobernar, pero tienen la destreza para retener poder indefinidamente y son expertos en quitarse de encima a los aficionados.

El aparato político de los gobiernos, el clientelismo estructural, el asistencialismo vigente, la discrecionalidad con la que administran los dineros del Estado y cierto talento en el juego electoral son demasiadas ventajas para que un grupo de improvisados ciudadanos bien intencionados puedan destronar a los que han hecho de la política su forma de vida.

Siempre cabe la posibilidad de que los poderosos tropiecen, de que la soberbia les juegue una mala pasada, que un hecho inesperado los debilite y sean víctimas de sus andanzas, pero no es razonable pretender triunfos que dependan solo de una combinación infinita de errores ajenos.

Ningún desafío debe ser descartado, por difícil que parezca. Pero para encararlos se debe tener los pies sobre la tierra. Se precisa de bastante inteligencia, de una sabiduría inagotable para superar los escollos y de una actitud a prueba de casi todo para transitar el sendero a recorrer.

La idea no es caer en el desanimo sistemático y bajar los brazos. No es ese el planteo. Pero es vital e imprescindible entender profundamente como funciona el sistema, dimensionar su complejidad y comprender sus intrincados mecanismos para dar la batalla de un modo conducente. Se precisan de muchas cualidades para emprender ese recorrido. Pero el requisito número uno para enfrentar al régimen es renunciar a la inocencia.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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02
Jul
15

CRUEL ABANDONO

Foto; Oscar F. Hevia

Foto; Oscar F. Hevia


Caminando por un solitario Centro Comercial una mañana, observé cómo una pareja hablaba con dureza a sus padres quienes, atemorizados y agachados, no se atrevían a responder.
Esta escena me conmovió y recordé una noticia que leí hace mucho tiempo, pero que no he olvidado, en la que se relataba que un vigilante nocturno de un lujoso barrio residencial en una ciudad canadiense, se topó de repente, frente a los cadáveres de un matrimonio de ancianos que se habían arrojado por la ventana de un apartamento del octavo piso.
Pero lo más escalofriante fue encontrar en el bolsillo del esposo una nota que decía: “Resolvimos quitamos la vida, cansados del maltrato sicológico y físico que recibimos constantemente por parte de nuestro hijo y nuestra nuera”.
El Centro Nacional contra el Maltrato de Ancianos de Estados Unidos indica que entre uno y dos millones de estadounidenses mayores de 65 años han sido heridos, explotados o maltratados de alguna forma por alguien que debería haberlos cuidado y protegido.
Un fiscal adjunto del Distrito de San Diego, California dijo que el maltrato a los ancianos es “uno de los problemas más serios que afrontan las autoridades hoy día, y agregó que le parecía que el problema tiende a agravarse durate los próximos años.
Es doloroso, pero muchos ancianos que en un pasado no tan lejano, fueron personas responsables y productivas, después de haberse sacrificado por sus hijos brindándoles amor, protección y educación sean abandonados por ellos que sin piedad, los entregan a hogares de personas mayores donde los tratan como desechos humanos.
Lo más triste es que los gobiernos miran con indiferencia a estas personas que se encuentran en el ocaso de sus vidas.
Este es un serio problema que sucede casi en todos los países del mundo.
José M. Burgos S.
burgos01@bellsouth.net

02
Jul
15

DIFÍCIL DECISIÓN

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Uno de los peores errores que puede cometer una persona es no meditar antes de tomar una decisión trascendental que puede arruinar su vida.
Muchas veces, los jóvenes se enamoran y van al altar deslumbrados por una ilusión que a la postre, es tan solo una quimera.
Durante el enamoramiento, se ignoran muchos defectos porque se piensa que son pequeños y que con el tiempo desaparecerán, pero en la mayoría de los casos en vez de desaparecer, se acrecientan.
A causa de la ilusión y el no pensar, se comete el grave error de unir la vida a la de la persona equivocada, a alguien sin ideas y poco creativa, que tiende a acabar con cualquier tipo de iniciativa que la pareja tenga.
Y es que la influencia de la pareja siempre será determinante en la vida del otro. Por lo tanto, si se aspira a tener éxito y ser feliz, entonces es imperativo unir la vida a alguien con quien exista mucha compatibilidad, pues lo ideal es que el matrimonio sea para toda la vida. 
Es muy frustrante, por ejemplo, compartir la vida con una persona ególatra que no hace más que venerarse a sí misma, que siempre cree tener la última palabra y, por lo tanto, no reconoce sus errores, jamás pide disculpas. También lo es cuando a la pareja le encanta presumir y por consiguiente, vivir una vida de apariencias, es decir, falsa.
Pero si aparentar es malo, ser conformista también lo es. No está bien resignarse a vivir sin luchar para alcanzar el éxito, así éste no siempre nos reporte beneficios económicos, pero sí la satisfacción de haber logrado un objetivo honesto.
El matrimonio ideal, aunque no perfecto, porque éste no existe, es aquel donde haya compatibilidad, comprensión, respeto y, por supuesto, amor.
José M. Burgos S.



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