Archivo para 25 octubre 2015

25
Oct
15

ARGENTINA PARA ARMAR

Monumento Nacional a la Bandera, Rosario, Argentina.Sandeepachetan.com travel photography

POR LUIS E. GOTTE

Cómo explicar la Argentina del S.XXI en pocas palabras…Perón nos decía que el nuevo milenio nos encontraría unidos o dominados. Libres o sometidos.

Se me ocurre, teniendo en cuenta que nuestro pueblo trabajador es un pueblo que ama el fútbol, que conoce vida y obra de cada jugador que nos da una alegría cada domingo con una jugada ingeniosa, una genial gambeta o un golazo, que nos acordamos hasta de su pobre madre cuando realiza una burrada o no logra embocar al arco. Por lo que podemos utilizar la figura de la pelota de futbol como imagen comparativa para explicar a nuestra Argentina.

Antes haré otra reflexión. Es curioso que la gran mayoría de nuestros trabajadores no conozcan en absoluto vida y obra de nuestra dirigencia política, que son los que deciden sobre nuestras vidas y fortunas. Una ínfima parte de la militancia sabe para qué y para quién milita. No obstante, tienen algo en común con el futbol, el jugador y el político no siempre llevan la misma camiseta a lo largo de su actividad…van cambiando de equipo. Y también una gran diferencia, el hincha siempre sigue a su equipo, y el militante…son pocos los que se quedan siguiendo una doctrina.

Entonces, imaginemos a nuestra Argentina como si fuese una pelota, que ha corrido, y corre, para adelante, para los costados y más veces retrocediendo.
De tanto rodar, de tanto girar, los gajos de la pelota fueron gastándose. Y la fuimos emparchando, la seguimos emparchando…tiene tantos parches que cuando rueda, cuando pica, no sabemos si sale para la izquierda o para la derecha…pero nunca para donde realmente queremos.

Nuestra pelota de futbol tiene tantos parches que parece una cabeza llena de chichones. Cuando pateamos, un raro efecto combado nos transmite una ilusión, parece que va hacia la izquierda, pero se mete por derecha…así vamos gambeteando pero sin llegar al gol, hace tiempo que estamos frenados en el medio campo!

Seguimos soñando con la “mano de Dios”, sin entender que el juego debe ser colectivo. Necesitamos de un equipo, de una comunidad de jugadores organizados. Una vez lo logramos. Logramos el juego colectivo y goleábamos.

Esta pelota ya no da para más. No da certezas ni certidumbres de patear y hacer goles. Qué hacer?

Para la hinchada, la del palco y la platea, en una reacción simple y práctica, diría que cambiemos de pelota, una nueva, que mire para adelante. No importa de qué o de quién sea, solo que vaya para adelante. No importa si es americana, inglesa, china o rusa. Si es latinoamericana, si importa, no la queremos porque es “trucha”.

Para la popular, es evidente que debemos actualizar la pelota con la misma naturaleza con que emergiera, en aquella época, como pelota argentina, que giró libre, justa y soberana. Solidaria y fraternal. Unida y organizada. Con un proyecto nacional para darnos certezas a donde ir y como ir. Con una comunidad organizada con espíritu y cultura goleadora entrando al campo del Universalismo.

Esta pelota de futbol con su cámara de aire henchida, inflada, de Doctrina, de filosofía y pensamiento peronista, recubierta por los gajos que hacen a la conducción política, con tácticas y estrategias, rodando en el campo de la Tercera Posición. Este aire doctrinario es contenido por una cámara que le da forma a la pelota y que representa nuestra soberanía, nuestra independencia y nuestra justicia social.

Sólo una vez tuvo redondez perfecta y ambición ganadora…y vaya si la tuvo.
Hoy parece una cabeza llena de chichones…el aire se escapa por todos lados. Cualquiera la toma y sopla para darle su propia forma. Es un aire infiltrado. Algunos quieren expulsar el aire de adentro por otro nuevo. La lucha es intensa. Otros quieren pintarle los gajos con otros colores, darle otra forma. Surge la resistencia, NUESTRA resistencia.

La cámara interior de la pelota parece resquebrajarse. Los grupos económicos se llevan nuestros minerales estratégicos sin pedir permiso, sin pagar por ellos. Sin control alguno. Matan a nuestros pobladores y a la “madre tierra”, a la Pachamama (tierra, madre, mujer, diosa, nosotros).

La única verdad es la realidad. Cuando los latinoamericanos pensaron en una unidad continental, los angloamericanos le salieron con dictaduras. Cuando los líderes africanos hablaban de un África para los africanos, los europeos le salieron con la “primavera árabe”. Los actuales gobiernos latinoamericanos comprendieron que podían sobrevivir si NO intervenían en el saqueo de nuestros minerales (como lo fue en el S.XIX con el cuero, los cereales y la lana).

El norte argentina tiene una reserva de unos 250.000 mil millones de dólares en LITIO. Muchos hablan que podemos ser la Arabia Saudita de la región. Se imagina lo que se podría hacer en nuestra PATRIA con esa cifra?

…aunque no lo crean, el litio, NO es nuestro.

Hasta el campo de juego nos están cambiando. Hacemos relaciones con los chinos, los rusos, los iraníes…los cuba-venezolanos (que están más extraviados que nosotros). Un campo de pensamiento que nada sabe de sindicalismo, de justicia social, de dignidad, de autodeterminación de los pueblos…

Hasta nuestros jugadores parecen otros…no se parecen a nuestros abuelos. A sus abuelos. Sentados horas en la computadora matando enemigos imaginarios, caminando en la calles con celular en mano sin saber que sucede alrededor. Muchos están extraviados en sus vidas por las drogas y el alcohol, otros creen que la vida es un carnaval y es más bello vivir cantando…Europa nos ha vendido espejitos de colores que fuimos comprando, cuando despertemos seremos como dice “La Flor Azul” que entona el Dúo Coplanacu: “Árbol fuiste bien coposo, pobre corazón, árbol que quedó sin hojas ni nidos, ni amor…”.

Cuando el aire este contaminado, cuando ya no tengamos más ese aire, Argentina no existirá. Seremos nuevamente colonia. Estaremos sometidos y dominados.

Ya es tiempo de ser resistencia…para renacer como peronistas.

El discurso del Papa Francisco en el Capitolio americano nos marca el camino.

“…Amalhaya con la suerte
que a mí me ha tocao
cantar por cantar, cantando
sin ser escuchao…”

19
Oct
15

La misión del día después

Foto: acdelp.8479

El clima electoral suele nublar la visión y distorsionarlo todo. A algunos los inunda la euforia de ese posible triunfo y los entusiasma en demasía. Otros luchan contra su propia impotencia. Se esmeraron mucho para romper con la inercia de la continuidad, pero casi todas las señales afirman lo opuesto.

Es saludable comprender que un proceso electoral es solo una instancia de la democracia moderna, pero no necesariamente la más relevante. Claro que el resultado importa y establece cierto sesgo que inclina la balanza hacia alguna parte, pero no es lo más determinante.

La manifestación expresa de la voluntad popular es solo una fotografía del instante en el que se deciden quienes serán los que tendrán la responsabilidad de administrar la representatividad de una comunidad. Lo que verdaderamente muestra el camino a recorrer es la actitud cotidiana de la sociedad.

El modo en el que transcurrirán los hechos posteriores a los comicios depende exclusivamente de la disposición de los individuos. La historia reciente dirá que la gente cree, equivocadamente, que en ese momento se juega a todo o nada, a cara o ceca. Es por esa visión que muchos hacen esfuerzos denodados para definir elecciones y luego se retiran sumisamente para convertirse en cómodos espectadores de las decisiones ajenas.

El sistema democrático, con sus luces y sombras, con sus indisimulables imperfecciones, no se sostiene únicamente sobre la realización de elecciones libres y periódicas. Ese es un ingrediente primordial, pero no es siquiera el más importante.

No es que no deba dársele la importancia debida a la decisión en las urnas. El tema pasa por no caer en la trampa de creer que después del escrutinio los ganadores imponen su voluntad y los perdedores solo se someten.

El equilibrio del poder no pasa porque ganen unos u otros, porque la diferencia numérica sea significativa o exigua. La concentración del poder en pocas manos solo se plasma cuando la ciudadanía asume un rol eminentemente pasivo, absolutamente secundario, cuando se convierte en servil y se deja subyugar bajo los designios de los funcionarios.

Los vencedores del próximo turno electoral, deben saber que solo habrán conseguido un paso hacia la toma del poder formal. Sostener ese aval popular y darle legitimidad es una tarea bastante más compleja.

Los que realmente tienen sobre sus espaldas la labor más difícil son los que pierden la elección. Ya no solo los partidos políticos que quedan fuera del reparto, sino fundamentalmente la gente, los electores, los votantes.

Los gobiernos solo hacen lo que se les deja hacer, lo que se les permite. Por lo tanto, la batalla no termina el día de las elecciones. Ese es solo un hito, que una vez superado será sucedido por una larga lista de anuncios que requieren de una validación tácita o explícita por parte de la ciudadanía.

Sería un error darle más valor que el real al acto electoral. No se trata de minimizarlo, sino de asignarle su justa medida. No se ha llegado hasta aquí, a este grado de enorme deterioro, por la sucesión de victorias de los oficialismos, sino por la irresponsable e indiferente postura de una ciudadanía muy dócil que ha aceptado ser atropellada una y otra vez.

Que el futuro sea mejor o peor no depende tanto de los políticos del presente, sino de la determinación cívica para afrontar lo que viene. La idea mágica de que todo es cuestión de suerte o de elegir a un líder mesiánico es una simplificación que no se ajusta a la realidad, ni a la evidencia empírica.

Thomas Jefferson decía que “cuando los gobiernos temen a la gente hay libertad, y cuando la gente teme al gobierno hay tiranía”. Si eso no cambia, nada se modificará, independientemente de las circunstancias electorales.

Falta muy poco para las elecciones, pero también para la decisión más vital, esa que no tiene que ver con las urnas, pero sí con la opción más trascendente. La tarea cívica no se agota al momento de sufragar. Allí termina un capítulo y empieza el siguiente. Si el resultado electoral acobarda a los ciudadanos, entonces se está frente al abismo. Cualquier desenlace debería invitar a todos a un mayor compromiso.

Es importante decidir con inteligencia el voto, pero mucho más trascendente es hacer los deberes y comenzar a hacer la lista de las acciones que se deberán encarar ni bien culmine este proceso electoral.

Si se quiere interrumpir la interminable secuencia de eternas frustraciones, es tiempo de empezar a hacer todo de otro modo. La democracia no es solo ir a las urnas cada tanto y expresar una opinión aislada. La tarea pasa por involucrarse, meterse hasta los huesos, tener responsabilidad cívica, asumir los problemas de la sociedad como propios y hacer algo al respecto.

Si no se está dispuesto a aportar dinero, trabajo o tiempo para vivir en comunidad, pues entonces el acto electoral será un mero formalismo sin relevancia superior. Va siendo tiempo de empezar a pensar en grande, a actuar con integridad y diseñar la misión del día después.

Alberto Medina Méndez

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