Archivo para 22 febrero 2016

22
Feb
16

La paciencia y el rumbo

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Foto: Sandra Miranda Gonzalez

 

En estos tiempos la discusión parece centrarse en la velocidad con la que se deben generar los cambios, en la calidad y en la profundidad de las eventuales transformaciones necesarias. Tal vez valga la pena dedicarle unos instantes a reflexionar sobre el vínculo de la paciencia y el rumbo, aspectos que intentan mostrarse de forma aislada pero que tienen indivisibles conexiones conceptuales.

Luego de tantos años de políticas equivocadas y ademanes autoritarios, de desmesurada dilapidación de recursos y de obscena corrupción, parece justo pretender que se de vuelta la página asumiendo que la etapa que viene debe ser sustancialmente mejor que la que se está dejando atrás.

Es inevitable, en ese proceso, que asomen las ansiedades y que todo lo anhelado se reclame con mayor vehemencia. La infantil idea de que todo se resuelve con un simple “chasquido de dedos” es, a todas luces, una gigantesca fantasía y es parte del tradicional pensamiento mágico tan enquistado en estas sociedades.

Cierta expectativa desproporcionada nubla la vista y se aparta de la realidad. Es pertinente señalar que esas esperanzas han sido intencionalmente alimentadas desde la política en temporada proselitista y no provienen de la típica ingenuidad de la gente. En esto tendrán que hacerse cargo de las promesas de campaña y de los desafortunados recursos discursivos utilizados para seducir oportunamente al electorado.

La existencia de condiciones generales preexistentes, bastante negativas por cierto, no contribuye demasiado complicando la marcha, obligando a usar la creatividad y agudizar el ingenio para sortear esos escollos que tampoco fueron suficientemente previstos, ni debidamente dimensionados.

En ese contexto, el debate sobre “gradualismo o shock” se ha instalado y parece que vino para quedarse. Algunos creen que los problemas deben extirparse de una sola vez, porque así se podrá evolucionar más rápidamente. Por el contrario, otros sostienen que hay que evitar significativos impactos de esas decisiones sobre la comunidad y afirman que los logros deben conseguirse de un modo progresivo y por etapas.

Es probable que en esto no se pueda ser tan absoluto. Los remedios para resolver ciertos dilemas deben estar dotados de contundencia y frontalidad, pero en otras ocasiones se requiere de una secuencia extendida. La mayoría de los ciudadanos parece preferir, en términos generales, una estrategia más pausada. Bajo ese paradigma piden eufóricamente paciencia e invitan a generarle espacio a los gobernantes para que puedan maniobrar en la coyuntura y abordar cada asunto sin la clásica presión de la premura cívica.

Sin embargo, un ingrediente central parece escapar a este simplificado análisis tan habitual, que pretende exhibir aristas de aparente racionalidad. Es cierto que se debe tener paciencia cuando el camino elegido ha sido el adecuado, porque es muy razonable que si se está avanzando en el itinerario acertado se reclame serenidad, inclusive cuando las expectativas no se estén cumpliendo en su totalidad.

Ese planteo es lógico pero solo cuando se peregrina por el derrotero apropiado. No puede resultar deseable jamás tener paciencia frente a las rutas mal elegidas. Si el gobierno no hace nada sobre una cuestión, solo gira en círculos o va en la dirección exactamente contraria a la deseada por casi todos, la paciencia es, seguramente, la peor de las actitudes.

Si alguien tuviera que viajar hacia el norte seleccionará la carretera que lo lleve hacia ese lugar. Si para lograr el objetivo final y llegar a destino se tarda un poco más o un poco menos, allí entonces cabe tener presente las circunstanciales dificultades y dotarse de una dosis de estoicismo.

Pero, siguiendo el mismo ejemplo cotidiano, si el norte fuera el fin último y se optara por viajar hacia el sur, se estaría transitando el tramo inapropiado. En esa situación la paciencia no suma y sólo hará que el objetivo se encuentre cada vez más distante. Cuando se tome nota del yerro, las chances de alcanzar el éxito habrán quedado a contramano.

Por eso es importante diferenciar situaciones y comprender que la paciencia debe permitir soportar con heroísmo los inconvenientes en el tránsito hacia el destino preciso, pero jamás puede ser una aliada cuando se ha fallado en la construcción del diagnóstico y todo se encauza en la dirección inversa.

Los gobiernos administran una infinita lista de disyuntivas. En algunos temas están bien orientados y saben adónde ir. Pueden dudar, pueden ser más lentos que lo esperable, hasta es posible que no encuentren las mejores herramientas o las personas ejemplares para lograr ese cometido. En esos casos, la paciencia es una virtud y es saludable ser tolerantes y otorgar mayores márgenes para que lleguen a destino en algún momento.

Pero en todo aquello en lo que, los gobernantes no encuentran la senda, cuando la quietud o el interminable zigzagueo demuestran desorientación, o peor aún, cuando se alejan del propósito, no corresponde tener paciencia alguna. Allí, la supuesta clemencia y comprensión se convierte en un disparate imperdonable. No se ayuda siendo cómplice de los desatinos, ni tampoco postergando los señalamientos frente a los desaciertos evidentes.

Aportar paciencia en esos asuntos que están prudentemente encaminados y en los que el tiempo es la variable para llegar a la meta parece muy atinado. Ser condescendientes frente al error grosero de los gobiernos, cuando es evidente que no dan en la tecla y deambulan sin brújula, o peor aún, cuando se recorre el rumbo opuesto, constituye una postura negligente y pone en evidencia una escasa inteligencia ciudadana.

Alberto Medina Méndez

albertomedinamendez@gmail.com

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15
Feb
16

La tecnocracia se puso de moda

Tecnocracia Humana. Foto: Más de terapia dieciséis

Desde hace algún tiempo se ha instalado una perversa idea que parece muy simpática y cuenta con muchos adeptos, pero que oculta profundos riesgos. La llegada de algunos personajes a la política, que no provienen de ella y que han intentado diferenciarse, es la marca registrada de este tiempo.

Ellos pretenden mostrar que existe una nueva forma de hacer las cosas y sostienen que los gobiernos deben simplemente emular a las empresas. Este recurrente planteo convoca a un desafiante debate de fondo.

Es probable, que el desparpajo de muchos dirigentes políticos en el pasado, quienes a la hora de tomar decisiones apelaron solo a su intuición, haya generado esta huella, creando el campo propicio para el aterrizaje masivo de una casta de profesionales enrolados en esta moderna tecnocracia.

Esta suerte de “gobierno de los técnicos” intenta anteponer sus métodos científicos por delante de la política. Creen, firmemente, en la neutralidad de los criterios técnicos y afirman que todo se puede hacer sin orientación ideológica alguna, apostando a la contundencia de una supuesta evidencia.

Colocar en un plano de igualdad al gobierno con las empresas constituye un grosero error conceptual. Una empresa tiene accionistas, que invierten voluntariamente su propio dinero con el objeto de maximizar ganancias, crear valor e incrementar sus beneficios, utilizando el estímulo del lucro.

Un gobierno tiene un rol bien diferente. Fue creado para garantizar el pleno ejercicio de derechos fundamentales para los miembros de una comunidad. Se nutre exclusivamente de recursos que extrae de la gente coercitivamente y no existe en su esencia ni la rentabilidad, ni la búsqueda de dividendos. Jamás podría funcionar como una empresa, porque no lo es.

A no equivocarse. La tecnología es siempre bienvenida, pero se debe entender que solo es una herramienta y no una meta en sí misma. Es saludable ofrecer excelentes resultados. Lo peligroso es creer que gobernar solo conlleva hacer una buena gestión, administrar con eficiencia los recursos o disponer de conocimientos especiales en abundancia.

La política es algo mucho más trascendente, que está distante de esas incompletas concepciones que los tecnócratas traen consigo. La tarea de gobernar implica proyectar una visión integradora que abarca la filosofía, la economía y la política. Los técnicos solo deben adaptarse a ella e intentar implementar esas decisiones estratégicas de un modo inteligente.

Es innegable que son tiempos de profesionalización de la política. Pero no se debe confundir una cosa con la otra. Los que conocen el ruedo, los que dominan una materia, los que se han formado en los diferentes campos, deben ser parte, protagonizando esos procesos. Pero la conducción general del gobierno no puede quedar en manos de esos “gerentes”. Ellos pueden aportar una mirada específica, única, muy útil, pero siempre parcial. Están para integrarse a los equipos de trabajo y administrar lo que les toca.

Cierta tentación contemporánea ha llevado a exacerbar esta tendencia. Convocar a los mejores técnicos no hará que todo funcione de maravillas, porque las cuestiones humanas son mucho más complejas y asegurar derechos esenciales no es territorio exclusivo de los especialistas en ciencias duras.

Existen, en la historia reciente, muchas experiencias parecidas con gobiernos regidos por la dinámica de los números, pero que no han logrado avances concretos en la calidad de vida, que sean tangibles para los ciudadanos. Las cifras ayudan a evaluar la marcha de los acontecimientos, contribuyen de un modo decidido como parámetros, aportan referencias vitales, pero jamás logran ser el alma de una gestión de gobierno.

El rumbo lo determina siempre la impronta ideológica de quienes han sido elegidos para encaminar la coyuntura. De eso depende, en buena medida, el éxito o el fracaso de esa etapa. Los aspectos técnicos siempre inciden y contribuyen mucho, pero lo hacen respecto de las definiciones políticas previas. Es imperioso, entonces, eludir la creencia de que los técnicos pueden gobernar y desterrar esta simplificación que sostiene que poblar el Estado con este tipo de perfiles es sinónimo de magníficos resultados.

Se trata de lograr un sano equilibrio. La política sin técnicos no marchará adecuadamente, porque las mejores ideas necesitan ser instrumentadas de un modo eficaz. Un gobierno repleto de técnicos, pero sin norte, sin las sutilezas de la política, sin el talento de esos liderazgos que permiten convertir lo imposible en factible, tampoco puede lograr nada bueno.

Las reacciones espasmódicas nunca ayudan. La sensatez y la racionalidad no deben perderse nunca, y mucho menos a la hora de ocuparse de los asuntos públicos. Ya se sabe que cuando llegan al poder los demagogos, intuitivos e improvisados nada termina bien, pero se debe evitar caer en la trampa de pensar que los expertos son una alternativa válida para obtener todas las soluciones anheladas.

Si la dirección elegida, si la ruta seleccionada, no es la correcta ningún avezado profesional, ni la suma de muchos de ellos logrará llegar a buen puerto y nada resultará cómo algunos ingenuos esperan. Lamentablemente, todo hace pensar que los errores están asomando a la puerta, porque otra vez, la tecnocracia se puso de moda.

Alberto Medina Méndez

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13
Feb
16

El ritmo de las reformas

 

Trenes Argentinos. Fotos: Kevin Costain.

Para alcanzar las transformaciones estructurales esenciales es vital discutir permanentemente acerca de la dinámica de los cambios. El dilema fundamental pasa por resolver si se irá a fondo con lo que hay que hacer o se optará solo por el camino más pausado, ese que invita constantemente a la descomprometida alternativa del gradualismo.

Es casi imposible eludir la incómoda tarea de seleccionar entre las innumerables variantes disponibles, porque al quedarse con algunas de ellas se avalan ciertos costos que otras posibilidades no involucran. Es una decisión que, casi siempre, resulta difícil, pero que invariablemente habrá que tomar en algún momento. La sabiduría popular dice que “el que no arriesga no gana”. Pero en estos asuntos de la vida en comunidad, algunos prefieren obtener mucho menos sin exponerse tanto.

No solo la política se debe este gran debate. La sociedad misma tiene que encarar esa discusión, porque de esas definiciones depende lo que viene. Habrá que comprender que no solo se debe analizar lo que se puede perder, sino también las recompensas que se pueden conseguir con esa determinación.

Si se elige el cómodo sendero de la prudencia, siguiendo la tradición filosófica del “paso a paso” se debe entonces incorporar, además, la idea de que la salida a los problemas que hoy se sufren, será inevitablemente lenta.

Muchos de los actores del presente, bajo ese escenario, jamás podrán disfrutar de los supuestos progresos por los que dicen estar luchando, corriendo el riesgo adicional de que el curso de los acontecimientos se vea abruptamente interrumpido y todo vuelva al punto de origen, o peor aún.

Los otros, los más audaces, saben que para ir más rápido se deben aceptar elevados sacrificios en el corto plazo, pero entendiendo que si se persevera en el esmero el futuro soñado estará mucho más cerca.

Lo que no resulta razonable es suscribir a la estrategia escalonada de la evolución secuencial y al mismo tiempo esperar un acelerado desarrollo extraordinario. Esas opciones no tienen correlación. Si se quieren visualizar valiosos adelantos respecto de lo que se ha dejado atrás, habrá que asumir, en primer lugar, el alto precio que se deriva de esa resolución.

La inmensa mayoría de los ciudadanos, están impregnados de un inocultable espíritu conservador, que se convierte en el gran escollo a vencer, el auténtico límite hacia la prosperidad. Es que cuando se toma el rumbo adecuado, la resistencia al cambio aparece inexorablemente.

Si los gobiernos no trabajan en esta línea de acción con ahínco, es porque los votantes le dicen, abiertamente, que si bien desean con fervor las mejoras, no están dispuestos a hacer lo que sea por ello. Es importante hacerse cargo, sin hipocresías, de este modo tan habitual de razonar.

La clase dirigente, no solo la de los partidos políticos sino también la de todas las organizaciones de la sociedad civil, tienen la enorme responsabilidad de liderar esa transición señalando el sendero a recorrer y actuando, en sus propios ámbitos, como los nuevos modelos a imitar.

Las formas son relevantes, porque ayudan mucho generando ejemplaridad, con gestos elocuentes que, de algún modo, contribuyen a enviar señales inconfundibles que sirven de referencia al resto. Pero esas cuestiones siempre son laterales, periféricas y no centrales. Lo que realmente trasciende tiene que ver con la cruda realidad, con los hechos, con las acciones concretas y no con los meros recursos retóricos.

Modificar los pilares de la vigente arquitectura del Estado es algo siempre complejo y requiere de descomunales esfuerzos. Por eso es imprescindible enfocarse lo suficiente como para lograr esos cambios de fondo. Como en la vida misma, si se pretenden otros resultados pues habrá que hurgar en nuevas visiones acerca de cómo abordar las disyuntivas de la actualidad.

Se le atribuye a Tolstoi aquella frase que dice que “todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”. Tal vez sea tiempo de reflexionar y sincerarse. Es probable que los avances no se estén dando con la rapidez esperada porque la sociedad no lo desea tanto como lo predica o, simplemente, porque no tiene la convicción suficiente.

Los gobiernos juegan con sus propias reglas. Su eterno pragmatismo los empuja a funcionar de acuerdo al paradigma que sostiene que “la política es el arte de lo posible”. Por eso van de a poco, porque es lo que consideran factible. No se debe olvidar jamás que en la política abundan los timoratos y mediocres. Lamentablemente también escasean los héroes y estadistas.

Si algún sector de la sociedad espera con ansias la etapa de los cambios con mayúsculas será necesario que asuma el rol apropiado en sintonía con esas pretensiones. No se trata solo de tener algo de osadía, sino también de entender el comportamiento social comprendiendo que para que ciertos eventos ocurran, tendrán que aparecer previamente los contundentes guiños electorales a los políticos de turno.

Lo que viene está sometido, en muy buena medida, a como se desarrolle este intrincado proceso. Después de todo, el humor social siempre marca la agenda política y de eso realmente depende el ritmo de las reformas.

Alberto Medina Méndez

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13
Feb
16

El neofascismo posmoderno


México DF, 12.02.16.

El fascismo del siglo XXI tiene similitudes y diferencias con el fascismo de los años 20-40 del siglo pasado. Las principales clases sociales que lo impulsan son las mismas que en su tiempo señaló Federico Engels en el Reinado del Terror de 1793, es decir, el “burgués sobreexcitado que se las da de patriota”, la pequeña burguesía “fuera de sí, con los bolsillos llenos” y la gentuza del bajo fondo que sabe como sacarle provecho al terror“.
Sus banderas, sus objetivos y su modus operandi son similares: la crueldad gratuita, el terror, el terrorismo y las bandas de provocadores como los cagoulards en Francia y los Dorados y Guerreros Unidos, en México.
Pero existe una diferencia fundamental entre el fascismo de Hitler-Mussolini-Hiro-Hito y el actual, sobre todo en América Latina: El fascismo posmoderno no requiere cobertura ideológica y es la pura y simple práctica del crimen político de los gobiernos democrático-burgueses, ejecutado por sus cuadrillas de bandidos.
Cuini

02
Feb
16

El racismo comienza por la imposición de la frase “Negro es un color…, afro descendiente es una identidad”

negra

 

Por Brunilde Palacios Y Antonio Guevara

 

Mucho autores sostienen que el lenguaje refleja los valores de nuestra sociedad y a través de él, se impone cualquier tipo de prejuicio contra cualquier grupo o estrato social que se encuentre en estado de debilidad manifiesto, vulneración o como débil jurídico, puesto que ese lenguaje cargado de xenofobia, racismo, discriminación, endorracismo, u otra clase de discriminación…, o de formas conexas, va ser dirigida hacia estos sectores, en el que se impone un lenguaje cargando de connotaciones negativas en cuanto a los términos emplea.
El habla es un mecanismo que nos permite la comunicación con otros seres humanos y las palabras (a veces consciente e inconscientemente), hemos visto que son utilizadas de manera impropia y con una carga peyorativa que implica agresión…, contra aquellas personas que poseen un color oscuro denominado como negro o negra.
Por ello, la discriminación tiene su fuerte en el endorracismo y etnocentrismo y fueron las connotaciones que han venido utilizando los países poderosos para perpetuarse en el poder y adueñarse de los países que ellos siguen considerando sus periferias o su patio trasero, porque les prohíben y hacen todo para no se desarrollen, y para ellos utilizan la emigración y después que se instauran los hijos de los extranjero (o euro descendientes) son los que se dedican a conspirar y a reclamar derechos político por el sólo hecho de haber nacido en eso países.
Por ejemplo, cuando se utiliza peyorativamente… “él trabaja como un negro” o “negro es un color…, afro descendiente es una identidad” , y se hace públicamente, como vemos a Norma Romero y Francisco J. Tovar (ambos miembros directivos de CONADECAFRO), enarbolando tal consigna (así como los miembros de la RED o ROA) en contra de los negros y negras venezolano o de las poblaciones que se caracterizan por poseer una piel negra y los vemos que hoy aspirando a dirigir el MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LOS PUEBLOS AFRODESCENDIENTES (planteamiento que hizo el Viceministro Jorge Arriaza), uno se queda impresionados, cuando ellos saben que los salidos de Áfricas, se les impuso el apelativo de negros y negras, no al africanos o africanas, porque quienes se los impusieron sabían que el color negro representa la oscuridad, es monocromático, porque es un adjetivo que descalificador contra quienes eran considerados los nadie (como lo planteaba Galeano) y por ello al llegar América y Europa, asumieron la identidad de sus dueños, porque no tenía identidad y les dabas pena seguir asumiendo la del que los intercambió (los africanos) y por ello, no encontramos a ningún negro o negra que tenga como identificación o que se le llame con un nombre africano, sino el de los ciudadanos que los compraban y consideraban una propiedad (Ejemplo: Pedro, Juan, Euclides, y como apellido: Bolívar, Pacheco, Mayora, Blanco, Guacarán, etc.), lo cual nos ha llevado a sostener…, que de África salieron negros y negras, no salieron africanos, ni africanas (mediante el proceso de desarraigo…, término que acuñamos por nuestra autoría), porque los africanos (principalmente los jefes tribuales) poseían a través del derecho consuetudinario o el derecho natural, un poder omnipresente, dado por este tipo de relaciones que se originó en ese continente, donde tal personaje, eran el dueño de todo lo que se encontraba dentro de su espacios geográfico y por lo tanto podía disponer de todo lo que se encontraba dentro de él (véase el caso de los famosos harenes, donde el jefe tribual se reservaba a las mejores mujeres, las cuales no podían ser tocada por los súbditos que estaban bajo su potestad, sino solamente estaban dedicadas al usufructo de sus apetencias personales), y tal poder permitió el sistema de la Trata Negrera, en vista que el poseían la facultad de aceptar a quienes eran africanos y designar a quienes no lo eran, lo cual trajo como consecuencia que él pudiera usufructuar las buenas bebidas europea, vestuario, y otras apetencias personales que formaban parte de la solemnidades de la época…, por ello, el negro y negra americana, se impusieron a la servidumbre y sumisión, a través de su papel libertario y el coraje demostrando en América, en el que vemos, que los que se auto reconocen en Venezuela como afro descendiente (representan el 0.7 del total de la población venezolana…, es decir que solamente se reconocieron 158.000 venezolanos y venezolanas, de una población aproximada de 30 millones de venezolanos y venezolanas. Ver Censo/2011) en todo momento han dedicado a oscurecer, la participación africana en el sistema de la trata negrera y no quieren aceptar que los que salieron, salieron sin identidad y que la discriminación no es dirigida hacia los afro descendientes, sino hacia los venezolanos de piel negra.
Es por ello que tenemos que reconocer que de tal realidad proviene la discriminación contra nuestra herencia histórica y esta jerga que se ha trasmitido a través del tiempo de una forma juguetona y discriminatoria, porque se copia los estereotipos de quienes poseen e imponen, su mayor fuego de poder simbólico y para ello, hoy la mediática juega un papel importante en la colonización de la memoria…, por ello vemos a los negros alisándose el pelo, operándose las bembas y muchos sienten pena de sus pies planos, nariz chata, pelos enrocados o ensortijado y muchos cambiándose el color…, y eso se debe a las exigencias que se imponen en una sociedad capitalista, donde la oferta y demanda juegan un papel importante, convirtiéndose en fuentes que fortalecen la discriminación, y por ello siempre hemos dicho, que no se da solamente por el color de la piel…. sino por el goce de las condiciones económicas y políticas, fundamentalmente por el acceso a las políticas públicas, lo cual permite elevar su calidad de vida y vemos como muchos negros y negras, se modifican sus estereotipos personales al estilo europeos, porque sienten que ya no hay nada que los una a los africanos, puesto que han internalizado que son una cultura diferente y porque están en sociedades en la que ellos no son ajenos, sino parte, se consideran incluidos y porque, casualmente, estos mensaje son más fáciles de imponer en estos grupos o estratos sociales, en vista que son los que se encuentran más en estado de vulnerabilidad, siendo estos, los que posee una piel negra, indígena y los pobres de cualquier estrato social , puesto que han sido los más reacios asimilar el proceso de educación y son lo que menos se relacionan con las redes sociales (caso Venezuela, aunque se está dando un proceso interesante con el manejo de las canaimitas, desde las primeras etapa de la vida y del fortalecimiento de lo cultura en los pueblos que son más fáciles para imponer este tipo de conducta sublimar, por sus condiciones económicas y que tienen que ver con la mediática y por ello, no creemos que no se está dando en otras partes del mundo).
Es por ello que el uso de términos negro, negra peyorativamente y de su de su metaforización, no es casual, tiene una connotación subliminar que enmarca una filosofía que tiene que ver con el poder, en el que se hace para imponer cierto tipos de estereotipos culturales y que se puede notar en la conducta de escritores cuando utilizan el verbo para justificar cierto hechos histórico como en aquellos que escriben las memorias de algún personaje, por ejemplo en la historia de Venezuela se resaltó la participación de los mantuanos en contra de los españoles …, pero no se resaltó la participación de los negros y negras , indígenas y españoles pobres que se encontraban en situación de exclusión y que fue brillante su participación en la gesta libertaria.
Por tal razón, toda metáforas que se utilice desde el punto de vista de la discriminación y xenofobia, tiene como referencia la imposición etnocéntrica de una cultura sobre otra y es por ello que al negro se le quiere ver como una persona desordenada, porque él que tiene el poder, impone las reglas sociales y ello lo vemos cuando los miembros de CONADECAFRO, no les importa violar la Ley que ellos mismo impulsaron (Ley Orgánica Contra la Discriminación Racial) a pesar que le está exigiendo al Gobierno Bolivariano que se le reforme sus diferentes tipos jurídicos, en vista que dicha ley, tiene una serie de vacíos jurídicos), cuando los vemos imponiendo una serie de matrices, en los diferentes medios de Comunicación (sean visuales, escritos, auditivos, publico, privados y medios alternativos y comunitarios) que “lo negro es un color…, afro descendiente es una identidad” para tratar de confundir e imponer dicha frase, como sinónimo de confusión de discriminación, cuando lo “Negro…! debe ser considerado como un sinónimo de Orgullo y Libertad… mientras que lo Afro descendiente es sinónimo de Desarraigo y Esclavitud”, para arrinconar y teñir de una fuerte carga negativa que va a tener su raíz en la reminiscencias coloniales que todavía quedan en quienes en Venezuela se consideran descendientes de africanos y africanas (o afro descendientes). Esto quiere decir que hay una conducta endorracista y discriminatoria por parte de los que se consideran afro descendientes en Venezuela, porque no los vemos pronunciarse acerca del término blanco, porque se sienten orgullosos de muchos de sus atributos de carácter positivo: puro, honesto, bello (a pesar que fueron los únicos de la humanidad que lanzaron dos bombas atómicas, cuyas consecuencia todavía se sienten) a pesar que se dedicaron a crear una empresa trasnacional que tuvo que ver con el intercambio y traslado de negros y negras hacia Europa y América…, por el contrario, ellos se han dedicado a imponer una matriz negativa contra el termino negro, como lo impuro, lo malévolo, lo oscuro, lo difícil, en un país, donde nunca se ha discriminado a los afro descendientes, sino a los negros y negras venezolanas.
Por ello desde la Infancia, se nos impuso “cásate con un blanco para que mejore la raza” y por ello vemos en las diferentes sociedades venezolanas que existen una cantidad de expresiones idiomáticas que reproducen también esta visión. Hay una “suerte negra” (“tener la negra”, “un día negro”, etc.) que con actitud supersticiosa algunos tratan de inculpar a los gatos de ese color; hay una “mano negra” que corroe muchas instituciones, una mano invisible pero bien fuerte, extendida por personas y grupos con “negras intenciones”; un “mercado negro” y un “dinero negro”, así llamados por su ilegalidad; y un “garbanzo negro”, una “oveja negra”, un “pozo negro” … Todo en negativo. En ninguna de estas expresiones el blanco está presente, y cuando lo está, el contraste es bien significativo: existe una “magia negra” pero, al contrario que la blanca, implica a poderes maléficos e infernales. No es casual tampoco que en el juego del ajedrez las piezas blancas sean las primeras en moverse.
Hay infinidad de términos utilizados en Venezuela, por los que se consideran afro descendientes (que no utilizan los estratos blancos e indígenas y a los cuales no les hemos visto este tipo de descalificación) para adjetivar al individuo que posee una piel negra.
Pudiera considerar que la utilización de la frase “los negro es un color…., afro descendiente una identidad” ya es común, entre todos los colectivos que integran el movimiento afro descendiente en Venezuela caso de la RAV, la ROA y de CONADECAFRO, que fueron los que impusieron dicha frase y de muchos…, que pertenecen a INCODIR, que sabemos que son racistas, discriminatorio, xenofóbicos y eso lo sabe su Presidente Jesús Escobar, a quien nunca lo hemos visto con este tipo de actitud y siempre que podemos tener un dialogo, nos encontramos con una persona abierta al intercambio proactivo, donde pudiéramos decir, que han sido muchas la expresiones empleadas para referirse a quienes en Venezuela poseemos una piel oscura, a quienes se nos ha querido inocular ,un buen número de singulares y pintorescas expresiones, entre ellas: morenos, tizones, chocolates, así como otras no menos humorísticas como: monos, orangután, etc., donde tales asignaciones, y las variadas asociaciones a que dan lugar, describen de una manera muy plástica la visión estereotipada que los afro descendientes en Venezuela, tienen de los negros y negras.
Por ello es delicado, aceptar el termino afro descendiente, en vista que lo único que hemos encontrado de ellos, cuando tenemos un momento para dilucidar el tema, son aspectos ofensivo y discriminatorios que los llevan a ofender, desde el punto de vista personal, en vista que nunca hemos podido entablar un diálogo constructivo con argumentaciones validas, hasta el punto que hemos llegado a creer que esos movimientos afros en Venezuela se han convertido en una especie de sectas, que no aceptan otras posiciones y por ello nunca los hemos visto aludiendo a los estratos blancos, sino siempre los hemos visto denigrando contra los negros y negras. Por tales razones, resulta muy difícil eliminar las expresiones racistas o xenofóbicas en el lenguaje o cuando están inoculadas, más cuando estos grupos estos grupos que se auto reconocen como afro descendientes se convertido en los acólitos de esta campaña discriminatoria y están utilizando a los medios de comunicación públicos para llevarla adelante (véase el caso de VTV y de cierto programas en este medio de comunicación visual que no le da cabida a los venezolanos que se reconocen como negros o negras).
Creemos que debemos abrirse el diálogo y diferentes caminos, en el que debemos aportar concesiones que vayan en contra de la intolerancia, en donde debemos darle la importancia que amerita al verbo y de esta manera cambiar esa actitud racista discriminatoria, xenofóbica que se manifiesta a través de diferentes formas de intolerancia, porque sabemos…, que es necesario imponer la sindéresis, en vista que el problema es muy profundo, donde no podemos ver este flagelo desde el punto de vista de lo racial (tiene una raíces que datan desde mucha centurias)…, y hay que verlo de la supra estructura de lo político, económico, mediático, y es hora que empecemos a debatir imponiendo un dialogo constructivo, para empezar a corregir el uso de las citadas expresiones en nuestro ámbito y de ahí idear una campaña que tengan un impacto mayor, con tenacidad y perseverancia, y en el que tenemos internalizar que el término negro o negra, fue construido por los africanos…,y fue construido, desde una base racista, para designar a quienes no eran reconocidos como africanos para doblegar al individuo de piel oscura, intelectualmente y espiritualmente, por ello se impuso la matriz de que todo lo negro es malo, inferior, y todo lo blanco…, es bueno, superior, y esto, junto con diversos signos de intolerancia que abarcan lo religioso, político, social, mediático, etc., con el propósito, doblegar al hombre de raza no blanca y someterlos a los designios de intereses mezquinos.

Prensa Alternativa y Comunitaria EL NEGRERO




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