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Jul
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estalinismo de la caña de azúcar

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El Che, siguiendo el ejemplo de Lenin y Musolini, enseña a los trabajadores cubanos a trabajar voluntariamente, en este caso en el corte de caña de azucar.

 

Estudio sobre cómo funciona: la imposición del trabajo asalariado, las empresas, las ganancias, la acumulación de capital, la privación de la propiedad de los medios de vida y producción por parte del proletariado y su consiguiente sometimiento a la burguesía estatal cubana. 

 

Capitalismo de Estado y desarrollo en Cuba

Tanto las naciones como los individuos no pueden escapar a los imperativos de la acumulación de capital sin abolir el capital.

– Grandizo Munis, “Por un segundo manifiesto comunista” 1

La narrativa oficial sobre la naturaleza de los cambios en la economía y la sociedad en general introducidos por el gobierno cubano después de la llamada “revolución” de 1959 sostiene que la reforma agraria y la posterior estatificación de la economía, es decir, la transferencia de propiedad de los medios de producción de los capitalistas privados al estado – pusieron a Cuba en el camino del socialismo. Este fue el punto de vista propuesto por el agrónomo francés Rene Dumont, quien se desempeñó como asesor del gobierno “socialista” recién acuñado en asuntos relacionados con el desarrollo económico. Desde entonces, otros académicos de izquierda han estudiado seriamente la economía cubana. Entre los que lo hacen desde una perspectiva crítica, Samuel Farber se destaca como el más riguroso y consistente intelectualmente. Aunque no está exento de problemas,barbudossobre la dictadura de Batista patrocinada por la CIA proporciona una rara ventana al funcionamiento interno del sistema estalinista en su instancia cubana. Farber suscribe la posición estándar del “colectivista burocrático”, argumentando que, si bien Cuba no alcanza el punto de referencia para el socialismo debido a la ausencia de un control significativo sobre la producción y la distribución por parte de las masas trabajadoras, tampoco puede considerarse capitalista, ya que la nacionalización de los medios de producción supuestamente excluyen la competencia entre empresas. En cambio, dice, lo que existe en Cuba es un tipo cualitativamente nuevo de sociedad de clases basada en el gobierno autocrático de una burocracia parasitaria insertada en el aparato estatal,2

Aunque sus conclusiones son radicalmente diferentes, los defensores de las teorías “socialistas” y “ni socialistas ni capitalistas” (en adelante, ni-ni) sobre Cuba y otras sociedades estatificadas coinciden, no obstante, en la opinión de que la nacionalización de las empresas privadas constituye una parcialidad, o tal vez incluso al por mayor, la negación del capitalismo y sus leyes de movimiento. Esta concepción, cuya desafortunada genealogía se remonta a las ideas “socialistas de Estado” de Ferdinand Lassalle y sus seguidores en la Primera Internacional, no tiene base alguna en la teoría del socialismo elaborada por Marx y Engels. Para estos últimos, los monopolios estatales no significaron la negación de las relaciones de producción capitalistas sino su acentuación. 3De hecho, insistieron en que la transición hacia el socialismo implicaría necesariamente un progresivo debilitamiento o “extinción” de la maquinaria estatal. El resto de este ensayo intentará un análisis crítico de las teorías antes mencionadas empleando un enfoque metodológicamente marxista y directo en su compromiso con la autoemancipación de los trabajadores. Argumentará, además, que la Cuba “socialista” es realmente una sociedad basada en el trabajo asalariado y la acumulación de capital. Las características definitorias de esta sociedad, a la que asignaremos la denominación de “capitalismo de estado”, son la hiperconcentración del capital y el ejercicio colectivo del control de facto sobre los medios de producción por parte de una burguesía estatal.

Como ocurre con muchos de los líderes de la Nueva Izquierda, no está del todo claro qué entendía Dumont por “socialismo”. Si la revisión mensualmultitud con la que se asoció es cualquier indicación, entonces estamos seguros al suponer que el estado juega un papel central en su concepción. Sin embargo, dado que no dejó atrás ni siquiera un breve esbozo o definición operativa, nos queda descifrar sus puntos de vista a partir de unos pocos comentarios dispersos en su relato de la transformación de la economía cubana a lo largo de las líneas soviéticas. Por ejemplo, contrasta la “planificación socialista” con “la mano invisible de la ganancia”, que asigna el capital según el lugar donde la tasa de ganancia sea más alta. Por el contrario, dice, una economía socialista sustituirá la voluntad del planificador central por la anárquica “ley del mercado”, aunque no especifica en ninguna parte qué implica el funcionamiento de tal ley o cómo se manifiesta concretamente en la producción social. 4En cambio, Dumont regala a sus lectores una anécdota tras una tediosa anécdota de él reprochando a los gerentes de empresas y contables estatales por hacer planes de una manera completamente ad hoc y establecer objetivos de producción basados ​​en cifras erróneas, o incluso inventadas. Todo esto, nos explica, impide que una economía planificada funcione sin problemas. 5Lamentablemente, su investigación sobre el fracaso de la planificación en Cuba comenzó y terminó allí. Farber muestra una comprensión superior de la verdadera profundidad del problema, identificando la ineficiencia, las fallas mecánicas y el desperdicio en el sistema como una consecuencia lógica de la organización jerárquica de la producción. Sostiene correctamente que la falta de realimentación genuina, indispensable para la planificación económica bajo cualquier sistema, y ​​la productividad mediocre (a pesar del exceso crónico de personal) resultan de incentivos materiales inadecuados o inexistentes y de la separación transparente de los productores de los instrumentos de trabajo. 6

Esta explicación puede parecer contradictoria a primera vista. Después de todo, los trabajadores de los países capitalistas convencionales también están desposeídos de cualquier medio de producción. Sin embargo, los gerentes de empresa bajo los dos sistemas tienen un conjunto diferente de herramientas a su disposición para disciplinar a sus trabajadores. En particular, mientras que los trabajadores en los países capitalistas convencionales pueden verse obligados, bajo pena de desempleo, a mantener un cierto nivel de productividad, sus contrapartes en Cuba están generalmente protegidos del desempleo de larga duración por una disposición en la constitución del país que establece el empleo como un derecho fundamental. de ciudadanía. 7Como resultado, los gerentes de empresas a menudo se ven obligados a tolerar un cierto grado de ociosidad, e incluso ausentismo, de sus trabajadores como un costo de transacción para cumplir con las cuotas de producción que les imponen los más altos en la cadena de mando burocrática. De ahí que, en la medida en que la planificación económica exista en Cuba, siempre ha funcionado mal y de manera inconsistente. En realidad, las revisiones de las cuotas de producción final ocurren con tanta frecuencia y están tan extendidas en las diversas industrias y empresas que efectivamente no existe tal cosa como “el plan”. El empleo garantizado es citado a menudo por quienes defienden una perspectiva “socialista” o “ni-ni” como prueba hermética de la inexistencia de un mercado laboral en Cuba. Por supuesto, Algunos incluso han argumentado que dado que los trabajadores en estos países supuestamente no disfrutan de la doble libertad identificada por Marx, es decir, la “libertad” para vender su fuerza de trabajo a un empleador y la “libertad” de cualquier medio de producción, no hay incluso una clase trabajadora propiamente dicha. Tal interpretación no puede conciliarse con los hechos. En primer lugar, se puede rescindir el empleo de un trabajador en Cuba después de repetidos delitos menores o como castigo por participar en actividades disidentes.8 Aunque esto es poco común debido a su inconveniente, ya que una infracción de esa magnitud aparece en el historial laboral, lo que limita las posibilidades laborales futuras. 9 Es bien sabido, además, que la tasa de rotación laboral anual en países capitalistas de estado como Cuba es comparativamente más alta que la de los países capitalistas convencionales. 10 Esto sugiere que, de hecho, la fuerza de trabajo se puede comprar y vender en Cuba.

La sabiduría convencional de la izquierda dicta que la planificación estatal interfiere con las fuerzas inconscientes del mercado que gobiernan la producción bajo el capitalismo. El primogenitor intelectual de esta idea es el estalinkeynesiano Paul Sweezy. Aunque su conceptualización no fue original, Sweezy fue sin duda uno de los primeros en sistematizar este sacrilegio contra el marxismo y presentarlo ante una audiencia de autodenominados radicales e intelectuales en el mundo de habla inglesa. Su teoría proporciona gran parte del marco conceptual que mantiene unidas las interpretaciones “socialistas” y ni-ni, por lo que tendremos que examinar sus supuestos básicos. Según Sweezy, todo lo que se necesita para acabar con la “ley del valor”, es decir,11 El funcionamiento de la sociedad capitalista actual muestra que esto es una completa y absoluta falsedad. La ley del valor coexiste hoy en día con la planificación estatal en forma de industrialización por sustitución de importaciones, incentivos a la inversión y subsidios a empresas privadas, gestión de los servicios públicos e industrias importantes por parte del estado, planificación directiva (ver: dirigismo francés) y control sobre el flujo de capital-dinero a través de la banca centralizada. Los estados “desarrollistas” del tercer mundo han empleado muchas de estas estrategias para obtener una ventaja frente a sus rivales en el mercado mundial al fomentar las industrias nativas hasta que sean capaces de competir globalmente. 12El propósito de la planificación estatal es el mismo en todas partes: se trata de introducir un grado de regularidad y uniformidad en la economía, donde de otra manera no existe, para facilitar el cumplimiento de ciertos objetivos y mitigar las crisis cíclicas. Por ejemplo, la necesidad de restaurar tasas de ganancia anémicas en los países capitalistas convencionales dio lugar a un arreglo institucional conocido como la “economía mixta” por el cual el Estado, empleando una combinación de “palos” y “zanahorias” económicas, estímulos fiscales, e incluso intervención económica directa, orienta la inversión de capital y la producción hacia los fines deseados. En Estados Unidos, el país del capitalismo del laissez-faire por excelencia, el gasto público como porcentaje del PIB desde 1970 ha crecido hasta un 43%, mientras que esa cifra nunca ha caído por debajo del 34% en ese mismo período, lo que indica que en un momento dado el Estado controla entre un tercio y dos quintos del economía. 13 A pesar de que el gobierno de los EE. UU. No les dice a las empresas cuánto de qué producir, está efectivamente involucrado en una forma de planificación, en la que ciertas formas de producción reciben preferencia sobre otras, al redistribuir el dinero de los sectores más rentables de la economía para aquellos que lo necesitan a través de impuestos y financiamiento del déficit (es decir, impuestos diferidos). Así, vemos que, en lugar de destrozar los mercados, la planificación estatal se ha vuelto indispensable para su conservación.

Como entidad social, el capital tiene una existencia doble: una existencia fenoménica como un conjunto de unidades económicas independientes y una existencia esencial como capital social total, o la suma de capitales en sus interrelaciones dinámicas. El capital social total se manifiesta exclusivamente a través de sus fragmentos individuales. Sin embargo, estos fragmentos solo son independientes entre sí y el capital social total en un sentido relativo, ya que su existencia implica ambos. 14Imaginemos que el capital es un circuito electrónico, mientras que los fragmentos individuales son los nodos. Los nodos son una parte integral del circuito: no hay circuito sin ellos y viceversa. Cada nodo es parte y, por lo tanto, depende de todo el circuito. Ahora bien, los nodos individuales pueden estar más o menos espaciados – o, en el caso del capital, puede estar más o menos concentrado – pero no pueden existir fuera del circuito, fuera de la totalidad. La aplicación del mismo concepto al trabajo asalariado proporciona importantes conocimientos. Los trabajadores en una sociedad capitalista son “libres” con respecto a los capitales individuales a los que venden su fuerza de trabajo, mientras que están apegados al capital social total como accesorios. Por supuesto,15 La cesión de los medios de producción a una sola entidad – referida anteriormente como la “hiperconcentración” de capital – no ha extinguido la competencia dentro de Cuba. Simplemente ha cambiado la forma jurídico-legal de la propiedad privada de propiedad individual (privada) a propiedad estatal. Los medios de producción son propiedad de clase de la burguesía estatal y no propiedad de los trabajadores. Para explicar esto en términos de nuestra metáfora del circuito electrónico: la nacionalización de las empresas en Cuba ha acercado los nodos individuales del circuito, es decir, los fragmentos del capital social total, mientras que el circuito como tal permanece intacto. Los detractores de la teoría del capitalismo de Estado y algunos defensores, como los Cliffites, tratan a Cuba y otras economías estatificadas como una sola unidad productiva. dieciséisLa tesis de la “fábrica gigante” es seductora en gran parte porque hace más manejable el análisis de estas sociedades al condensar muchos fenómenos complejos en un solo objeto de estudio. Esto supone un monolitismo funcional en el que los elementos constitutivos de la totalidad social se comportan como partes de un todo armonioso e indiferenciado. Un examen más exhaustivo de nuestra parte mostrará que esta suposición es completamente injustificada.

La competencia existe mientras la producción social total esté funcionalmente fragmentada en una pluralidad de empresas recíprocamente autónomas y competidoras. Se necesitan dos criterios para demostrar la relativa separación organizativa de las empresas, y solo puede ser relativa. El primero es la presencia de un mercado de fuerza de trabajo. El segundo es el intercambio de productos entre empresas en forma de dinero-mercancía. 17Se estableció anteriormente que las empresas en Cuba son empleadores independientes de mano de obra. Pero también compiten entre sí en el sentido marxista, es decir, se enfrentan entre sí como compradores y vendedores de mercancías. Sabemos que esto es así porque sus productos se intercambian por dinero en lugar de apropiarse directamente y distribuirse físicamente. Un informe elaborado por la CEPAL (la Comisión Económica para América Latina y el Caribe – una subdivisión regional de la ONU) sobre el estado de la economía de Cuba durante el Período Especial, antes de las reformas de mercado de finales de los noventa, encontró que,

las empresas del sector tradicional venden a precios regulados, frecuentemente reciben un trato preferencial fiscal y arancelario, y adquieren gran parte de sus insumos con subsidios, para cubrir los déficits que surgen de la venta a precios subsidiados.

El informe continúa: “el productor de bienes transables opera en los mercados internacionales o nacionales y no tiene la obligación de comprar insumos en el mercado nacional”. 18En otras palabras, las empresas cubanas producen bienes que luego venden en los mercados nacionales y / o extranjeros; compran insumos de materias primas, así como bienes intermedios o semiacabados entre sí y de empresas extranjeras; y finalmente, sus transacciones, ya sean escriturales o en efectivo, son transacciones de intercambio en las que el dinero funciona como una medida de valor y un medio de circulación. Se puede argumentar que estas transacciones son meras formalidades porque el Estado posee todos los medios de producción. Otra forma en que se puede replantear esta tesis es que, si bien el proceso que acabamos de describir tiene la forma de intercambio de mercancías, su contenido es diferente, porque el marco legal de la propiedad estatificada impide que las empresas cubanas se comporten de manera autónoma. Sin embargo, esto plantea la pregunta de por qué los productos del trabajo humano tendrían que intercambiarse, o parecer que se intercambian, por dinero en primer lugar. La respuesta, por supuesto, es que el gobierno depende de la rentabilidad de la economía en su conjunto, por lo que obliga a las empresas a ser responsables de sus propias finanzas, lo que las convierte en unidades independientes con intereses económicos en competencia. Los partidarios de las teorías “socialistas” y ni-ni también niegan que exista competencia dentro de Cuba porque el Estado permite que sigan operando empresas no rentables. Si bien es un lugar común que los estados apoyen a las empresas nativas, incluso a industrias enteras, absorbiendo sus pérdidas, nada en este arreglo es incompatible con la existencia de competencia e intercambio de mercancías. La versión idealizada del capitalismo como un mercado puramente libre con una mínima interferencia del gobierno, que esta gente usa como estándar de comparación, no existe en ninguna parte más que en los libros de texto. También va en contra de la experiencia del capitalismo durante el último siglo y medio, que está repleto de ejemplos del estado manipulando el funcionamiento “normal” de los mercados. De hecho, lo más inusual de la variedad de capitalismo que se ha establecido en Cuba es que las pérdidas y las ganancias finalmente revierten al Estado, donde el saldo se redistribuye entre las diferentes ramas. En el proceso, muchos sectores y empresas no viables se mantienen a flote artificialmente. Sin embargo, los planificadores centrales solo pueden tolerar la insolvencia hasta cierto punto. No tienen libertad para distribuir el dinero como elijan, al menos no para siempre. ya que esto reduciría la cantidad total de dinero disponible para la formación de capital y socavaría la competitividad de Cuba en el mercado mundial. Lo mismo ocurre con los precios de los productos básicos en Cuba, ya que estos deben reflejar los precios mundiales de los productos básicos o, de lo contrario, perderán el dinero del Estado cubano si se desvían demasiado o durante demasiado tiempo. En resumen, los mismos mecanismos que movilizan trabajo y capital de acuerdo con las exigencias de valorización en los países capitalistas convencionales también hacen su aparición bajo el capitalismo de Estado, aunque de forma muy distorsionada. En lugar de eliminar estos mecanismos por completo, la competencia obliga al estado a introducir los suyos propios para intentar hacer conscientemente (y con menos eficiencia) lo que el mercado hace inconscientemente. Lo mismo ocurre con los precios de los productos básicos en Cuba, ya que estos deben reflejar los precios mundiales de los productos básicos o, de lo contrario, perderán el dinero del Estado cubano si se desvían demasiado o durante demasiado tiempo. En resumen, los mismos mecanismos que movilizan trabajo y capital de acuerdo con las exigencias de valorización en los países capitalistas convencionales también hacen su aparición bajo el capitalismo de Estado, aunque de forma muy distorsionada. En lugar de eliminar estos mecanismos por completo, la competencia obliga al estado a introducir los suyos propios para intentar hacer conscientemente (y con menos eficiencia) lo que el mercado hace inconscientemente. Lo mismo ocurre con los precios de los productos básicos en Cuba, ya que estos deben reflejar los precios mundiales de los productos básicos o, de lo contrario, perderán el dinero del Estado cubano si se desvían demasiado o durante demasiado tiempo. En resumen, los mismos mecanismos que movilizan trabajo y capital de acuerdo con las exigencias de valorización en los países capitalistas convencionales también hacen su aparición bajo el capitalismo de Estado, aunque de forma muy distorsionada. En lugar de eliminar estos mecanismos por completo, la competencia obliga al estado a introducir los suyos propios para intentar hacer conscientemente (y con menos eficiencia) lo que el mercado hace inconscientemente. los mismos mecanismos que movilizan el trabajo y el capital según las exigencias de la valorización en los países capitalistas convencionales también hacen su aparición bajo el capitalismo de Estado, aunque de forma muy distorsionada. En lugar de eliminar estos mecanismos por completo, la competencia obliga al Estado a introducir los suyos propios para intentar hacer conscientemente (y con menos eficiencia) lo que el mercado hace inconscientemente. los mismos mecanismos que movilizan el trabajo y el capital según las exigencias de la valorización en los países capitalistas convencionales también hacen su aparición bajo el capitalismo de Estado, aunque de forma muy distorsionada. En lugar de eliminar estos mecanismos por completo, la competencia obliga al Estado a introducir los suyos propios para intentar hacer conscientemente (y con menos eficiencia) lo que el mercado hace inconscientemente.19

La acumulación de capital, o reproducción ampliada de los medios físicos de producción, es el único objetivo de la producción en el capitalismo. Esto se debe a que, como explicó Marx,

el desarrollo de la producción capitalista obliga constantemente a seguir aumentando la cantidad de capital dispuesto en una determinada empresa industrial … obliga [al capitalista] a seguir ampliando constantemente su capital, para preservarlo, pero extenderlo no puede excepto mediante acumulación progresiva. 20

En El capital , Marx planteó la fórmula de la reproducción capitalista de la siguiente manera: c + v + s , donde c representa el capital constante o el stock de capital físico, v es el capital variable o los salarios y s es la plusvalía o la ganancia. 21 La masa de plusvalía se puede dividir en dos partes, una destinada al consumo capitalista y otra destinada a la acumulación. Nos referiremos a estos como k (fondo de consumo capitalista) y a (fondo de acumulación) respectivamente, de manera que la masa de plusvalía S = k +a . Bajo el capitalismo, el crecimiento de c depende directamente de la cantidad de a , y v no aumenta excepto en la medida en que es necesario emplear fuerza de trabajo adicional para poner en movimiento una masa de capital ampliada, c . Por el contrario, en una sociedad socialista, el crecimiento de c sería depende por completo de las necesidades de v , los requisitos de reproducción físicas de la población, mientras que S y sus componentes k y una estaría disponible a quien les necesita en la forma de productos adicionales listo para consumir. 22En Cuba, como en todos los demás países capitalistas de estado, cualquier aumento en el fondo de trabajo que sostiene a toda la clase trabajadora, v , depende directamente de la expansión de c , la masa de los medios de producción y el fondo de acumulación, un , que alimenta su crecimiento. 23 La nacionalización de las industrias no suprime el capital ni su acumulación. Más bien, acelera lo que ya son tendencias innatas del proceso de acumulación de capital: 1) la concentración de capital, lo que Marx llamó “expropiación de muchos capitalistas por unos pocos”; y 2) la “socialización” de la producción, o la tendencia de las diversas ramas de la industria a depender unas de otras. 24Ambos sirven para aumentar la productividad del trabajo, es decir, la tasa a la que se extrae la plusvalía de la clase trabajadora, aumentando la composición orgánica del capital (relación de c a v). La nacionalización de industrias logra esto concentrando el capital en empresas más grandes y eficientes debido a las economías de escala, que reducen el costo de producción por unidad a medida que se expande la producción industrial. Por otro lado, la socialización de la producción armoniza las diferentes ramas de la industria, minimizando los “cuellos de botella” o desequilibrios en la producción a lo largo de cada “eslabón” de la cadena productiva. En resumen, el objetivo de la producción en Cuba sigue siendo la acumulación de capital a partir de las ganancias. El monopolio legal que ejerce el Estado cubano sobre los instrumentos de trabajo no ha cambiado la organización social de la producción porque “el derecho nunca puede estar por encima de la estructura económica de la sociedad”. 25

Los líderes del gobierno que llegó al poder en 1959 se mostraron optimistas, al menos desde el principio, de que Cuba podría liberarse de su dependencia del azúcar y diversificar su economía. Dieron la vuelta a Marx, argumentando que era necesario que la construcción del socialismo desarrollara la base económica de Cuba, es decir, acumular capital a un ritmo acelerado sometiendo a los trabajadores a una explotación intensificada. El bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba creó una escasez de bienes de consumo básicos y repuestos para la maquinaria existente, la mayoría de los cuales provenían de Estados Unidos. Como no había una fuente alternativa de repuestos, el nuevo gobierno se dirigió a la otra gran potencia imperialista, la Unión Soviética, en busca de ayuda económica, que proporcionó de inmediato. Los soviéticos enviaron máquinas a Cuba, pero la industrialización pronto tropezó con algunos problemas de carácter técnico: la “tecnología intermedia” producida en la URSS y sus estados amortiguadores era muy torpe e ineficiente, además de incompatible con gran parte del equipamiento existente en la isla. Con el tiempo, Cuba tendría que importar máquinas más nuevas de Europa occidental o Japón. Sin embargo, estos solo se podían comprar con dólares, y la forma más rápida y confiable de obtener dólares era exportando azúcar. Además, a pesar de recibir una ayuda significativa de los soviéticos, Cuba todavía tenía que pagar la enorme factura de importación que había acumulado. Esto también lo podía hacer vendiendo azúcar. Con el tiempo, Cuba tendría que importar máquinas más nuevas de Europa occidental o Japón. Sin embargo, estos solo se podían comprar con dólares, y la forma más rápida y confiable de obtener dólares era exportando azúcar. Además, a pesar de recibir una ayuda significativa de los soviéticos, Cuba todavía tenía que pagar la enorme factura de importación que había acumulado. Esto, también, sólo podía hacerlo vendiendo azúcar. Con el tiempo, Cuba tendría que importar máquinas más nuevas de Europa occidental o Japón. Sin embargo, estos solo se podían comprar con dólares, y la forma más rápida y confiable de obtener dólares era exportando azúcar. Además, a pesar de recibir una ayuda significativa de los soviéticos, Cuba todavía tenía que pagar la enorme factura de importación que había acumulado. Esto, también, sólo podía hacerlo vendiendo azúcar.26 El mismo proceso que había llevado al Estado cubano a “duplicar”, por así decirlo, la producción de azúcar como su principal fuente de ingresos en años anteriores culminó hacia fines de la década de 1960 con la campaña para cosechar diez millones de toneladas de azúcar. . Los soviéticos proporcionan Cuba con un mercado garantizado para toda su producción de azúcar, así como Estados Unidos había hecho hasta 1960, año en que el bloqueo económico entró en vigor, bajo los términos del Tratado de Reciprocidad de 1902. 27Debido a que Cuba es una economía de exportación única, siempre ha dependido de un patrocinador imperialista con una economía mucho más grande para absorber su producción. Estados Unidos había cumplido ese papel antes de 1960, y ahora lo haría la Unión Soviética. En ambos casos, el precio político pagado por Cuba fue oneroso. Estados Unidos había exigido una base naval en territorio cubano soberano y el derecho a intervenir militarmente para defender sus intereses comerciales, mientras que los soviéticos exigían que Cuba actuara como su representante en los conflictos armados en todo el mundo. En 1966, Cuba negoció un lucrativo acuerdo comercial con la Unión Soviética para vender cinco millones de toneladas de azúcar a precios superiores al mercado en los años 1968-1969, pero la producción total no alcanzó la marca, con un promedio de solo 3,7 millones de toneladas cada año. Sin inmutarse por este fracaso y decididos como siempre a transformar a Cuba en una potencia industrial, los nuevos gobernantes pusieron sus miras en un objetivo aún más ambicioso, concebido como una panacea para los problemas económicos del país: Cuba desafiaría las leyes de la naturaleza y la economía triplicando su producción en el espacio de un solo año, con diez cosecha de azúcar de un millón de toneladas. Los soviéticos comprarían los cinco millones de toneladas acordados al precio estipulado por su acuerdo comercial con Cuba, y otros dos millones se venderían en el mercado mundial al precio promedio vigente, mientras que los tres millones restantes se venderían a los consumidores. y empresas en los mercados nacionales. El estado cubano, ayudado en gran parte por el Partido y sus apéndices sindicales, lanzó una campaña de estilo militar movilizando a todo el país para asegurar el objetivo de producción. Sus esfuerzos finalmente resultaron infructuosos, y la desorganización que la campaña provocó en los demás sectores de la economía han tenido efectos duraderos de los que, se puede argumentar, Cuba aún no se ha recuperado. Al final, todos los planes para industrializar Cuba a una velocidad vertiginosa, como hizo Stalin con Rusia en los dos primeros planes quinquenales, se vieron frustrados por las realidades económicas del período posterior al golpe de 1959. Cuba dejó de ser una plantación de azúcar de Estados Unidos para convertirse en una de los soviéticos.28

Las reformas agrarias han sido promocionadas como una pieza central del proyecto “socialista” en Cuba. Sin embargo, en realidad sirvieron como una forma de acumulación primitiva capitalista, transformando al campesinado en una clase de jornaleros agrícolas. Los paralelos entre este proceso y la llamada “acumulación primitiva socialista” en la Rusia de Stalin, que iba a conducir a la parodia de la “producción socialista de mercancías”, son dignos de mención. Las granjas estatales creadas en Cuba al fusionar las parcelas segmentarias de los campesinos pobres y medianos, o al dividir las grandes propiedades, operan como granjas comerciales. Aquellos que se afanan en estas glorificadas empresas capitalistas, cínicamente bautizadas como “granjas del pueblo” , reciben su paquete de “salario” como una fracción minúscula del rendimiento total de la cosecha, v, que apenas es suficiente para mantenerlos con vida, mientras que el Estado vende los productos excedentes, s , en los mercados internos con fines de lucro. 29 La estructura de gestión de arriba hacia abajo de estas empresas, arraigada en la propiedad estatal, y la consiguiente falta de control sobre la distribución de la producción es reconocida por el Estado cubano como un importante desincentivo para la productividad, pero no podía ser de otra manera. 30Cualquier medida de auténtico control sobre la economía ejercida por los propios productores amenaza no solo la tasa de acumulación de capital sino también la integridad funcional del sistema político cubano, que se basa en un militarismo omnipresente y, por tanto, no puede tolerarse. Los agricultores privados se incorporan al nexo de producción de valor como pequeños propietarios con derechos de usufructo (en lugar de propiedad) sobre la tierra. En la práctica, sin embargo, no disponen libremente del producto de su trabajo, sino que deben venderlo al estado a través de sus centros de distribución ( Centros de Acopio ) a precios fijos, realizando lo que equivale a trabajo a destajo. 31Por insólito que parezca, su situación tipifica la del trabajador cubano: sometido a una explotación despiadada, que no conoce límites, ni siquiera los de la fisiología humana; completamente inmovilizado y privado de toda autonomía por una maquinaria estatal omnipresente; supervisados ​​en todo momento por la policía, los CDR ( Comités de Defensa de la Revolución), y en el lugar de trabajo por los sindicatos, que también cumplen una función organizativa dentro del capitalismo cubano; sin derecho a organizarse o expresarse; a merced de los caprichos de la burguesía estatal; En ningún otro país la clase trabajadora está tan dominada como en Cuba, algo que el gobierno cubano promueve sin ambigüedades como un importante argumento de venta para sus posibles socios en empresas conjuntas. Un estudio de Brookings Institution, un think-tank capitalista, señaló que aunque, “[l] a Confederación de Trabajadores de Cuba y las células del Partido Comunista están integradas dentro de las empresas… estas organizaciones generalmente se alinean con los objetivos de producción de la empresa y su estado asociado agencias ”, y por lo tanto,“ [la administración] no necesita preocuparse por huelgas militantes o paros laborales ”. 32La naturaleza profundamente reaccionaria de los sindicatos se deriva del papel que desempeñan dentro del capitalismo como reguladores de la compra y venta de fuerza de trabajo. Están interesados ​​en mantener el sistema de trabajo asalariado porque de él depende su existencia. Esto les ha permitido integrarse al Estado capitalista como sus órganos auxiliares, proceso que alcanza su máxima expresión en países de capitalismo de Estado como Cuba. 33 Pero a diferencia de otros países capitalistas, los sindicatos cubanos ni siquiera pretenden representar a los trabajadores o negociar con los empleadores en su nombre. Son órganos estatales encargados de imponer disciplina laboral y aumentar la productividad. 34

Todas las medidas tomadas por el gobierno cubano desde 1959, y citadas con aprobación por la burguesía estatal y sus partidarios, tanto internos como externos, como evidencia concreta de su carácter “revolucionario” y “obrero”, fueron completamente egoístas y se implementaron. para apuntalar el capitalismo en la isla. Quizás el mejor ejemplo, sin embargo, y el que mejor ilustra este punto, es la exitosa campaña del estado cubano para erradicar el analfabetismo en el campo. Este es uno de los legados perdurables del capitalismo de Estado cubano y algo a lo que el gobierno ha recurrido una y otra vez para justificar su propia existencia desde un punto de vista moral. Cuba, dicen, era un país atrasado con una economía subdesarrollada, atrapada en una relación parasitaria con su vecino del norte, ¡la revolución le ha dado su independencia y la ha convertido en la envidia de toda América Latina! Lo que esta gente no ve, o no quiere ver, es que todos los logros de la supuesta “revolución” fueron medidas categóricamente capitalistas. Su propósito nunca fue mejorar las condiciones de vida del trabajador cubano, sino ampliar la capital cubana, logrando una mayor tasa de explotación (razón des a v ) a través de una mejor utilización de la tecnología existente. Después de que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba empeoraran y Cuba se alineara con la Unión Soviética, el país experimentó una hemorragia de los mismos trabajadores calificados que necesitaría para industrializar la economía. Los envíos de maquinaria y materias primas de la Unión Soviética, que eran bastante generosos, se acumulaban literalmente en los muelles, ya que Cuba no tenía personal para operarlos ni edificios para almacenarlos. 35Para industrializarse y mantenerse a la altura de sus competidores, Cuba tendría que convertir a su población rural analfabeta en una fuerza de trabajo capaz de generar plusvalía para el Estado. Aunque el intento de industrializar Cuba tropezó con barreras infranqueables, una mano de obra altamente calificada quedó como subproducto de este proceso abortado. En los últimos años, las exportaciones de capital humano se han convertido en la principal fuente de ingresos del país, reemplazando la producción de azúcar, que colapsó después de la caída de la Unión Soviética debido a la pérdida de un mercado garantizado, con el turismo y las remesas del exterior en el segundo y tercer lugar respectivamente. Brasil, por ejemplo, paga al estado cubano 4.000 dólares al mes por cada médico enviado en una “misión internacionalista”. Sin embargo, estos médicos solo ganan un promedio de $ 400 por mes en salarios. 36El gobierno se apropia de la diferencia como plusvalía para pagar el gasto militar y el consumo de lujo de la clase dominante o se reinvierte en empresas rentables, muchas de ellas en asociación con capitalistas extranjeros. Incluso el sistema de salud “socialista” del país, considerado por muchos como su mayor logro, atiende las necesidades acumulativas del capital cubano. Desde el punto de vista del capital, un sistema de salud estatal es preferible a un sistema privado o de múltiples pagos, como el que existe en los Estados Unidos, porque permite que toda la clase capitalista junte dinero para el costo de reproducir la fuerza laboral. , que también incluye atención médica, en lugar de tener que asumir ese costo individualmente. Además, dado que permite a los trabajadores ver a los médicos con mayor frecuencia y, además, les da acceso a la atención preventiva,37 En definitiva, se trata de moldear al trabajador según las exigencias de la reproducción ampliada y minimizar el coste de sus necesidades para producir más plusvalía.

La economía capitalista, ya sea privada o estatal, exige un crecimiento económico sin fin, que, sin embargo, solo se puede obtener mediante un aumento de la tasa de explotación o una reducción del consumo de la clase trabajadora. La burguesía estatal en Cuba ha probado ambas estrategias, con resultados desastrosos para los trabajadores, que han visto su nivel de vida absolutamente devastado durante las últimas seis décadas. Disidentes de derecha y activistas de izquierda, tanto en la isla como en el exterior, han planteado una serie de soluciones, algunas más dignas de discusión que otras, pero todas adolecen del mismo defecto: no cuestionan en modo alguno el material bases de la sociedad capitalista. El consenso general de la derecha es que el aparato de mando debe desmantelarse en favor de un sistema de libre mercado y subastar la propiedad estatal a empresas o particulares. Sin embargo, hay mucho menos acuerdo sobre qué tan rápido proceder con la desnacionalización (las experiencias de Rusia y los países del antiguo bloque soviético, se supone, han servido como advertencias contra los peligros de la “privatización imprudente”) y qué programas sociales en última instancia, se salvará del tajo. Las propuestas de la izquierda son mucho más variadas, desde la “autogestión” al estilo yugoslavo, en la que las empresas operadas por los trabajadores compiten dentro de una economía de mercado bastante desregulada, hasta un capitalismo de estado “democratizado”. han servido como historias de advertencia contra los peligros de la “privatización imprudente”) y qué programas sociales finalmente se salvarán del tajo. Las propuestas de la izquierda son mucho más variadas, desde la “autogestión” al estilo yugoslavo, en la que las empresas operadas por los trabajadores compiten dentro de una economía de mercado bastante desregulada, hasta un capitalismo de estado “democratizado”. han servido como historias de advertencia contra los peligros de la “privatización imprudente”) y qué programas sociales finalmente se salvarán del tajo. Las propuestas de la izquierda son mucho más variadas, desde la “autogestión” al estilo yugoslavo, en la que las empresas operadas por los trabajadores compiten dentro de una economía de mercado bastante desregulada, hasta un capitalismo de estado “democratizado”.38 De hecho, una de las críticas más frecuentes al castristastalinismo desde la izquierda es que excluye injustamente a todos menos a un puñado de personas de la toma de decisiones. En otras palabras, es autoritario y antidemocrático. Sin embargo, esto simplemente confunde los síntomas con la enfermedad. El carácter rígidamente jerárquico de la economía cubana es un efecto secundario de la propiedad estatal. Su transformación en propiedad privada individual o la descentralización por medios legalistas no alteraría en lo más mínimo su contenido. Todo lo que cambiaría es la forma institucional particulardel capitalismo. En realidad, todas las soluciones propuestas equivalen a poco más que modificaciones superficiales del sistema actual, mientras que sus pilares esenciales, el trabajo asalariado y la acumulación de capital, permanecen firmes. Es revelador que todos los factores citados como motivos para perseguir tales cambios – por ejemplo, mejorar la calidad de la retroalimentación, eliminar el desperdicio, aumentar la productividad, racionalizar las empresas, etc. – derivan del imperativo estructural de ampliar el capital nacional. En el fondo, el dualismo izquierda-derecha no representa más que alternativas en competencia para gestionar el capitalismo. La clase trabajadora debe rechazar este paradigma en su totalidad, poniendo la abolición inmediata del trabajo asalariado y el intercambio de mercancías en la agenda, primero a escala nacional, luego a escala internacional. Esto requiere que los explotados en Cuba y todos los demás países se organicen como clase para derrocar al Estado capitalista, acabar con esta maquinaria represiva de una vez por todas, y simultáneamente establecer su propia estructura de poder basada en los consejos obreros: comités de democracia democrática. delegados electos y revocables instantáneamente. Estos órganos serán los encargados de expropiar capital, realizar la planificación económica y velar por la extensión del sector “socializado” – o estrictamente productor de valor de uso – de la economía a todas las actividades productivas. Estas son las tareas que tenemos por delante, y en Cuba, como en todas partes, solo la clase obrera puede llevarlas a cabo. La supresión del sistema capitalista, cualquiera que sea su disfraz,

ES
Notas

1 Grandizo Munis, “Pro Segundo Manifiesto Comunista”, en Teoría y Práctica de la Lucha de Clases , 13.
2 Samuel Farber, Cuba Since the Revolution of 1959 (Chicago: Haymarket, 2011), 18-19.
3 Frederick Engels, Socialism: Scientific and Utopian (Nueva York: Cosimo Inc., 2008), 67.
4 Rene Dumont, Cuba: Socialism and Development (Nueva York: Grove Press, 1970), 110.
5 Ibid. , 111-113.
6 Farber, op. cit. , 55-56.
7 Constitución de la República de Cuba . Capítulo VII – Derechos, Deberes y Garantías Fundamentales, artículo 45.
8 Codigo de Trabajo de Cuba . Capítulo VI – Disciplina Laboral, sección III, artículos 158-159.
9 Ibíd. , Capítulo II – Contrato de Trabajo, sección XII, artículo 61.
10 Nancy A. Quiñones Chang, “La inserción de Cuba en la economía internacional desde 1990”, en Cuban Economists on the Cuban Economy , (Gainesville: University Press of Florida, 2013) , 91.
11 Paul Sweezy, The Theory of Capitalist Development (Nueva York: Monthly Review Press, 1942), 52-54.
12 Ha-Joon Chang, Bad Samaritans: The Myth of Free Trade and the Secret History of Capitalism (Nueva York: Bloomsbury Press, 2008), 14-15.
13 OCDE,Gasto del gobierno general: total,% del PIB, 1970-2014 .
14 Karl Marx, Capital vol. 2 (Londres: Penguin Classics, 1990), 427.
15 Paresh Chattopadhyay, El concepto marxiano de capital y la experiencia soviética (Westport: Praeger Publishers, 1994), 18-20.
16 Peter Binns y Mike Gonzales, “Cuba, Castro and Socialism”, en International Socialism , primavera de 1980.
17 Chattopadhyay, op. cit. , 54-55.
18 CEPAL, La Economía Cubana: Reformas Estructurales y Desempeño en los Noventa , 2ª ed. (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2000), 205-206.
19Adam Buick y John Crump, State Capitalism: The Wages System under New Management (Nueva York: St. Martin’s Press, 1986), 80-93.
20 Karl Marx, Capital vol. 1 (Londres: Penguin Classics, 1990), 739.
21 Para ser claros, plusvalía y beneficio no son sinónimos. Sin embargo, la plusvalía es la fuente de beneficios y, para nuestros propósitos, cumplen el mismo papel. Por tanto, podemos hablar de ellos indistintamente.
22 Grandizo Munis, “Partido-Estado, Stalinismo, Revolución”, en Revolución y Contrarrevolución en Rusia , 78-80.
23 Esto solo pretende ser ilustrativo, ya que la ley del valor no operará bajo el socialismo y el valor de cambio no existirá en absoluto.
24Marx, ibid. , 929-930.
25 Karl Marx, Crítica del programa de Gotha (Rockville: Wildside Press, 2008), 26.
26 Richard Gott, Cuba: A New History (New Haven: Yale University Press, 2005), 186-188.
27 Comisión Arancelaria de los Estados Unidos, Los efectos del Tratado de Reciprocidad de Cuba de 1902 (Washington: Imprenta del Gobierno de los Estados Unidos, 1929), 66-67.
28 Gott, op. cit. , 240-243.
29 Estos fueron rebautizados como Unidades Básicas de Producción Cooperativa(Unidades Básicas de Producción Cooperativa) luego de una reestructuración de los activos de capital productivo dentro del sector agrícola en 1993. Sin embargo, su organización interna y forma básica de operación se mantuvo sin cambios.
30 Dumont, op. cit. , 51-52.
31 Ibíd. , 80-85.
32 Richard E. Feinberg, La nueva economía cubana: ¿Qué roles tiene la inversión extranjera? (Washington DC: Brookings Institution, 2012), 58.
33 Grandizo Munis, “Los Sindicatos Contra la Revolución”, en Internacionalismo, Sindicatos, Organización de Clase , 85-86.
34 Farber, op. cit. , 138-139.
35 Dumont,op. cit. , 77.
36 Martin Carnoy, “La exportación más grande de Cuba son los maestros, los médicos, no la revolución”,  Reuters , 24 de diciembre de 2014.
37 Para un análisis más profundo del sistema de salud de los Estados Unidos, consulte el artículo de Red Hughs “Capital’s Health Dilema ” en el primer número de Intransigence .
38 Pedro Campos Santos, “Cuba Necesita un Socialismo Participativo y Democrático. Propuestas Programáticas ”, Cubaencuentro , 24 de agosto de 2

Este trabajo fue publicado originalmente en inglés en la revista Intransigence número 2 (julio de 2018) ( https://intransigence.org/2018/07/09/sugarcane-stalinism/ ). Traducción al español  por Cubanuestra.


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