Archive for the 'Sin categoría' Category

25
Sep
21

Sigmund Freud


“Advierto que, Facebook me imputa que mis comentarios infringen sus Normas comunitarias, restringiendo mis publicaciones, no obstante publicar, el suscripto, consideraciones sobre reales situaciones”.
Estoy como observador consciente, que la sociedad que conocí no existe más; solo agonizando. En esta observación considero a toda la población humana, como pacientes alterados de una patología mental y psicológica irreversible en el desarrollo del proceso que registro en mis notas, mientras lo permitan.
Sigmund Freud, murió el 23 de septiembre de 1939, agotado por un cáncer de laringe y por un cuadro séptico agudo. Se aproximó a su final con extraordinaria lucidez y con un dejo de amarga burla hacia el nazismo, que lo había perseguido, lo había convertido en un enemigo mortal del Reich y lo había condenado al exilio.En La interpretación de los sueños Freud llega a afirmar que la idea de “localidad psíquica” no es en absoluto superponible al concepto de “lugar anatómico”, sino que, más bien, puede acercarse a la noción de <<punto ideal>> en referencia a un aparato óptico: “nos representamos, pues, el aparato anímico como un instrumento compuesto a cuyos elementos damos el nombre de instancias, o, para mayor plasticidad, de sistemas. Hecho esto, manifestamos nuestra sospecha de que tales sistemas presentan una orientación especial constante entre sí, de un modo semejante a los diversos sistemas de lentes del telescopio, los cuales se hallan situados unos detrás de otros” (1900, O.C., p. 672). Por tanto, si de lo que hablamos es de instancias y/o sistemas, y no de compartimentos estancos anatómicos; si lo que aseguramos es que existe un orden establecido de sucesión funcional, aunque en determinadas ocasiones pueda quedar modificado; y si lo que postulamos es la existencia de una sucesión de sistemas mnémicos caracterizados por distintas leyes de asociación, estaremos cada vez más cerca, de introducir la categoría estructural incluso en esta primera representación del aparato anímico.La civilización es una absoluta estupidez con barbijo y alcohol en gel.Pues, en nuestros orígenes los lideres de la horda primitiva adaptaban su instinto de placer sobre sus integrantes y, hoy, el liderazgo de la horda planetaria satisface su sádico placer, mediante el falso discurso de lo denominado coronavirus, sobre nosotros, con una eficiente destrucción económica social total, confinamiento, terror total, destrucción educativa, etc.
Osvaldo BuscayaPsicoanalítico (Freud)
24/9/2021
Buenos AiresArgentina
24
Sep
21

¿Debe la guerra hacerse «humana»?

  • war protest

ETIQUETAS Guerra y política exterior

09/23/2021David Gordon

Humane: How the United States Abandoned Peace and Reinvented War
por Samuel Moyn
Farrar, Straus and Giroux, 400 pp.

Samuel Moyn es un distinguido historiador intelectual que enseña tanto historia como derecho en Yale. Sus anteriores libros fueron escritos para un público académico, pero en Humane tiene un mensaje urgente que desea transmitir al público en general. En los últimos años ha habido un movimiento para hacer la guerra más humana, especialmente minimizando las muertes o lesiones de los no combatientes. Moyn cree que este movimiento supone un peligro:

A estas alturas de la guerra humana, sus defensores y el público deberían reevaluar si han perdido el rumbo al ayudar a afianzar la violencia continua, que en cambio podrían luchar por acabar. Si la búsqueda de una guerra más humana podría minimizar algún día no sólo las muertes y los daños colaterales, sino incluso las muertes y lesiones de los combatientes, la amenaza inminente de algo mucho más inquietante también es real. ¿Y si el objetivo elemental de la guerra interminable no es la muerte de los soldados enemigos, sino el control potencialmente no violento de otros pueblos? ¿Sería eso tolerable? (p. 324)

Si uno se opone a la guerra, la guerra humana, en la medida en que pueda existir tal cosa, no es suficiente. Eso era totalmente evidente para el principal crítico de la guerra de finales del siglo XIX y principios del XX, el conde León Tolstoi. Al igual que los opositores a la esclavitud trataban de abolirla en lugar de mejorar las condiciones de servidumbre, los opositores a la guerra deberían tratar de acabar con ella, no de humanizarla. No fue casualidad que Tolstoi estableciera esta analogía, ya que había recibido la influencia del pacifista y abolicionista americano Adin Ballou. «El fundador de la Universidad de Cornell, Andrew Dickson White, un visitante de larga distancia de la finca de Tolstoi, se sorprendió cuando Tolstoi insistió en la conversación que Ballou era el ‘más grande de todos los escritores americanos’» (p. 34. Muchos lectores de mises.org habrán leído el gran estudio de White, Fiat Money Inflation in France).

Las opiniones de Tolstoi sobre la guerra tenían mucha importancia, ya que era una celebridad internacional, ampliamente considerado como el novelista más importante del mundo. Entre sus seguidores se encontraban Mahatma Gandhi y William Jennings Bryan, que visitaron a Tolstoi en su finca de Rusia. Sin embargo, a menudo sus opiniones sobre diversos temas resultaron extrañas y extremas, como su declaración de que Shakespeare era un «escritor insignificante e inartístico».

El movimiento contra la guerra tuvo, por supuesto, otros líderes además de Tolstoi. «Uno de los principales ideólogos de la paz eterna en la segunda mitad del siglo XIX fue el inglés William [sic] Cobden, que insistió en que el libre comercio podría unificar algún día a la humanidad allí donde el cristianismo había fracasado gráficamente» (p. 21. El nombre de pila de Cobden no era William, sino Richard; tal vez Moyn cometió un desliz porque estaba pensando en William Cobbett).

Como ya he mencionado, el movimiento antibélico de la época quería poner fin a la guerra, no hacerla más humana, y de hecho Tolstoi estuvo a veces tentado de ir más allá. En Guerra y paz, el príncipe Andrei sugiere que los soldados en la batalla deberían actuar de la forma más despiadada posible, por ejemplo, matando a los prisioneros enemigos sin más. Aumentar el horror de la guerra podría hacer más probable que la gente la terminara. Este punto de vista no se limitaba a los personajes de ficción; el propio Tolstoi era de esta opinión, aunque posteriormente la retiró, y el gran teórico militar prusiano Carl von Clausewitz hablaba en términos similares. Moyn enumera una serie de ejemplos, pero habría que añadir también uno: el general William Sherman, que justificaba sus tácticas de destrucción gratuita con este mismo argumento. Afortunadamente, este punto de vista no prevaleció en el movimiento pacifista, y éste incluyó de hecho esfuerzos para mejorar las condiciones de los soldados heridos, de los cuales los más notables fueron las actividades de la Cruz Roja, fundada en Ginebra en la década de 1860. Pero el foco principal del movimiento antibélico estaba en otra parte. La condesa Bertha von Suttner, una de las líderes del movimiento principal, que había persuadido a Alfred Nobel para que otorgara un premio a la paz, estaba justificadamente enfadada porque el destinatario del primer premio de la paz fuera Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja pero no un defensor de la abolición de la guerra.

Moyn no menciona uno de los más interesantes desde el punto de vista teórico, un plan del filósofo Josiah Royce para poner fin a la guerra a través de agencias de seguros, una propuesta que prefiguró algunas sugerencias posteriores de los libertarios para la protección a través de dichas agencias. (Como me temo que es demasiado evidente, soy propenso a tratar de pillar a los autores en errores y omisiones; pero al hacerlo, soy especialmente injusto con Moyn, cuya erudición para este libro es prodigiosa).

Moyn ve con muy buenos ojos los intentos de poner fin a la guerra mediante el derecho internacional, aplicado por un organismo internacional capaz de utilizar la fuerza armada para obligar a aceptar sus decisiones. A este respecto, dedica mucha atención a la obra de Quincy Wright, una destacada autoridad en derecho internacional que estaba a favor de dicha organización. (En su relato de la juventud de Wright, Moyn señala que Carl Sandburg era amigo de la familia y que Quincy y su padre imprimieron ediciones de los poemas de Sandburg en la imprenta familiar. También hay que señalar que se les unió en esta actividad el hermano de Quincy, Sewall, que se convertiría en uno de los principales teóricos de la biología evolutiva del siglo XX).

No creo que éste sea un esquema eficaz para acabar con la guerra; las «acciones policiales» del organismo internacional no dejan de ser guerras por darles otro nombre. En su favor, Moyn cita una opinión discrepante de John Bassett Moore, la principal autoridad americana de finales del siglo XIX y principios del XX en materia de derecho internacional. Moore «consideraba que no era buena idea que su país renunciara a su derecho de nacimiento a cambio del potaje de una guerra interminable para evitar que otros países lucharan entre sí (p. 77). Moyn también cita un artículo de Edwin Borchard, el mayor discípulo de Moore, sobre la ilegalidad del acuerdo de bases por destructores de Franklin Roosevelt con Gran Bretaña (p. 347, nota a la p.122).

Moyn también ve con simpatía el infructuoso intento de juzgar al káiser Guillermo II por su conducta criminal en el lanzamiento de la Primera Guerra Mundial. Una vez más, me encuentro en desacuerdo con Moyn. ¿Es un tribunal de jueces del bando vencedor de una guerra un órgano adecuado para decidir las responsabilidades por el estallido de una guerra? ¿Son Alemania y su kaiser los principales culpables de la Primera Guerra Mundial? No lo creo, y aunque no puedo discutir la cuestión aquí, el punto es muy discutido. Moyn también alaba el tribunal de Nuremberg posterior a la Segunda Guerra Mundial, señalando que la principal acusación contra los dirigentes alemanes fue por iniciar la guerra, no por los crímenes contra la humanidad cometidos durante el conflicto. Hay que preguntarse de nuevo si la «justicia del vencedor» es deseable, tanto más cuanto que los soviéticos, que juzgan a Alemania, habían invadido, al igual que este país, Polonia cuando comenzó la guerra.

Moyn cubre un gran número de temas, y yo sólo tengo espacio para cubrir uno más. Hoy en día, los críticos de la política exterior americana suelen señalar la guerra de Vietnam como el principal ejemplo de conducta horrenda de Estados Unidos en tiempos de guerra. Los que vivimos en esa época nunca olvidaremos los «recuentos de cadáveres», la masacre de My Lai, el napalm y el agente naranja, y los bombardeos de saturación tanto en Vietnam como en Camboya. Moyn dice que, por muy mala que fuera, la guerra de Corea fue peor. «Corea fue la guerra más brutal del siglo XX, medida por la intensidad de la violencia y las muertes civiles per cápita. En tres años, murieron cuatro millones de personas, y la mitad de ellas eran civiles, una proporción de la población más alta que en cualquier guerra moderna, incluyendo la Segunda Guerra Mundial y el conflicto de Vietnam» (p. 135).

Aunque una serie de tratados han intentado regular la conducta militar durante la guerra, los esfuerzos serios por aplicar tales medidas son un hecho bastante reciente. El notorio programa de asesinatos con aviones no tripulados, en el que las bajas civiles son escasas, al menos en comparación con las incursiones militares anteriores, es un caso paradigmático del esfuerzo por «humanizar» la guerra. Es precisamente esto lo que despierta las sospechas de Moyn. Teme que la expansión de estos esfuerzos, junto con los programas de vigilancia global, sometan al mundo al control hegemónico de una o unas pocas superpotencias dominantes. Al advertir de este peligro, Moyn ha prestado un gran servicio a la paz.Author:

20
Sep
21

Lasitud o conciencia -revisión de un texto de octubre de 2019- — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

El cansancio que se aferra al estado de normalidad, abatiéndonos y postrándonos como seres incapaces casi de movilidad, se gesta en el transcurso de una cotidianidad anodina que nubla el qué y el porqué de la existencia. No se requiere magnos sucesos que nos noqueen; al contrario, lo que nos carcome es la insulsez de […]

Lasitud o conciencia -revisión de un texto de octubre de 2019- — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

15
Sep
21

“LA FILOSOFÍA EN EL MUNDO DEL 2021” en torno a las aportaciones de la filosofía para las problemáticas de la sociedad de nuestros días. — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

Ana de Lacalle Fernández TÍTULO DE LA PONENCIA: ¿Qué deberíamos exigirle hoy a la Filosofía? Considero pertinente antes de profundizar en el núcleo de la ponencia, trazar, a grandes rasgos, los elementos relevantes de las sociedades contemporáneas, a fin de contextualizar la coyuntura en la que voy a desarrollar mi reflexión. De entrada, clarificar que […]

“LA FILOSOFÍA EN EL MUNDO DEL 2021” en torno a las aportaciones de la filosofía para las problemáticas de la sociedad de nuestros días. — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO
14
Sep
21

La inutilidad de la inocencia en Cioran — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

Artículo publicado anteriormente en 2018 “No hay forma más dolorosa de sentir la irreversibilidad del tiempo que a través del remordimiento. Lo irreparable no es otra cosa que la interpretación moral de esa irreversibilidad. El mal nos desvela la sustancia demoníaca del tiempo; el bien, el potencial de eternidad del devenir. El mal es abandono; […]

La inutilidad de la inocencia en Cioran — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO
13
Sep
21

Este mes filosofamos con Victoria Camps, Jean-Luc Nancy, Mariana Castillo…

Pensamientos y pensadorespara entender el mundo y entendernos a nosotros mismosdosier La dudaLa duda, motor del conocimiento«Aprender a dudar implica distanciarse de lo dado y poner en cuestión los tópicos y prejuicios, cuestionarse lo que se ofrece como incuestionable», dice la filósofa Victoria Camps. Vivimos tiempos urgentes que exigen inmediatez en las respuestas y rotundidad en segundos. Las redes sociales son inclementes y no hay espacio para la reflexión pausada, ni para la ponderación necesaria o el pensamiento dubitativo. Opinar con rapidez sin esperar a tener datos, sin analizar la información de forma crítica, sin argumentar de manera reflexiva es lo que dictan estos tiempos. Pareciera que la duda no tiene cabida o está proscrita. En nuestro dosier de este mes recorremos los momentos clave de la duda, base de la filosofía, en la historia.Sigue leyendo>>banner suscripción Ayuda1¡Descúbrelos todos!thumb Jean-Luc NancyPensamiento de NancyMurió recientemente. En su obra filosófica reflexiona sobre la extinción del sentido, el cuerpo, la comunidad, la alteridad…LEER +thumb Mariana CastilloEntrevista Mariana Castillo«Asumo la filosofía desde una perspectiva práctica —dice la filósofa argentina—, para pensar los problemas que nos afectan hoy».LEER +thumb Maestros de la sospechaMarx, Nietzsche y FreudLos «maestros de la sospecha» han proyectado una larga sombra que aún está patente en el pensamiento contemporáneo.LEER +Escucha los mejores podcasts de filosofíaFilConceptosthumb FilconceptosConceptos clave de filosofía explicados de forma claraEscucha >>Dosieresthumb podcast dosierLos grandes temas que más interesan al ser humanoEscucha >>Conversacionesthumb Conversaciones conImaginamos diálogos con personajes de la historiaEscucha >>Descubre nuestros #LibrosRecomendados
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13
Sep
21

América Latina: la academia amenazada — Havana Times en Español

en tiempos (pos)democráticos Por Armando Chaguaceda HAVANA TIMES – La libertad académica se entiende como el derecho irrestricto del personal académico a la libertad de enseñanza, opinión y discusión, en la realización de sus investigaciones y en la difusión de estas. Abarca, también, el derecho a opinar libremente sobre la institución o sistema en que…

América Latina: la academia amenazada — Havana Times en Español
13
Sep
21

¿Victoria o derrota? -la estupidez humana- — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

A raíz de la conmemoración de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en varios enclaves de EE. UU., y en especial a las Torres Gemelas por la matanza que allí se produjo, se han barajado en diversos medios los términos de victoria, derrota, … A mi juicio la valoración de esos acontecimientos, la […]

¿Victoria o derrota? -la estupidez humana- — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO
08
Sep
21

López Obrador, vulgar apóstol del Destino Manifiesto (1/5)

Sin Compromisos

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, se jacta de ser nacionalista y de conducirse de manera soberana frente a los Estados Unidos de América. La realidad indica lo contrario. El presente artículo y los cuatro siguientes estudiarán las convicciones religiosas y políticas de AMLO. Luego de leer esta serie, usted, lo dimensionará tal cual es

Por Jorge Santa Cruz

Imagen ilustrativa: Juan Calvino. (Especial)

La guerra multifacética de Inglaterra contra la España católica que conquistó a buena parte del continente americano tuvo motivos políticos, militares y comerciales, pero —sobre todo— de índole religiosa. La corona británica había hecho suya la predestinación luterana y, en especial, la calvinista, porque se ajustaba perfectamente a sus planes expansionistas. Resultaba inevitable, pues, el enfrentamiento contra el imperio español que llevaba la fe católica a sus posesiones en ultramar.

Calvino había definido la predestinación en 1536, con las siguientes palabras:

Definición. Llamamos predestinación…

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04
Sep
21

El ascenso del fascismo económico en Estados Unidos

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Thomas J. DiLorenzo

Cuando la gente escucha la palabra “fascismo”, naturalmente piensa en su desagradable racismo y antisemitismo tal como lo practicaban los regímenes totalitarios de Mussolini y Hitler. Pero también había un componente de política económica del fascismo, conocido en Europa durante las décadas de 1920 y 1930 como “corporativismo”, que era un ingrediente esencial del totalitarismo económico practicado por Mussolini y Hitler. El llamado corporativismo fue adoptado en Italia y Alemania durante la década de 1930 y fue presentado como un “modelo” por bastantes intelectuales y políticos en los Estados Unidos y Europa. De hecho, una versión del fascismo económico fue adoptada en los Estados Unidos en la década de 1930 y sobrevive hasta nuestros días. En los Estados Unidos estas políticas no se llamaron “fascismo” sino “capitalismo planificado”. La palabra fascismo puede que ya no sea políticamente aceptable,pero su sinónimo “política industrial” es tan popular como siempre.

El mundo libre coquetea con el fascismo

Pocos estadounidenses saben o pueden recordar cómo tantos estadounidenses y europeos vieron el fascismo económico como la ola del futuro durante la década de 1930. El embajador estadounidense en Italia, Richard Washburn Child, quedó tan impresionado con el “corporativismo” que escribió en el prefacio de la autobiografía de Mussolini de 1928 que “se puede pronosticar astutamente que ningún hombre exhibirá dimensiones de grandeza permanente iguales a Mussolini. . . . El Duce es ahora la figura más grande de esta esfera y época. 1 ”Winston Churchill escribió en 1927 que“ si hubiera sido italiano, estoy seguro de que habría estado completamente contigo ”y“ ponte la camisa negra fascista. 2 “Todavía en 1940, Churchill todavía describía a Mussolini como” un gran hombre “.

El congresista estadounidense Sol Bloom, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, dijo en 1926 que Mussolini “será una gran cosa no solo para Italia sino para todos nosotros si tiene éxito. Es su inspiración, su determinación, su constante esfuerzo lo que literalmente ha rejuvenecido a Italia. . ” 3

Uno de los fascistas estadounidenses más francos fue el economista Lawrence Dennis. En su libro de 1936, The Coming American Fascism, Dennis declaró que los defensores del “americanismo del siglo XVIII” seguramente se convertirían en “el hazmerreír de sus propios compatriotas” y que la adopción del fascismo económico intensificaría el “espíritu nacional”, y dijo: detrás de “las empresas de bienestar público y control social”. El gran obstáculo para el desarrollo del fascismo económico, se lamentó Dennis, fueron “las normas liberales de la ley o las garantías constitucionales de los derechos privados”.

Ciertos intelectuales británicos fueron quizás los más enamorados de todos por el fascismo. George Bernard Shaw anunció en 1927 que sus compañeros “socialistas deberían estar encantados de encontrar por fin un socialista [Mussolini] que hable y piense como lo hacen los gobernantes responsables”. 4  Ayudó a formar la Unión Británica de Fascistas cuyo “Esquema del Estado Corporativo”, según el fundador de la organización, Sir Oswald Mosley, estaba “en el modelo italiano”. Durante su visita a Inglaterra, el autor estadounidense Ezra Pound declaró que Mussolini estaba “continuando la tarea de Thomas Jefferson”. 5

Por lo tanto, es importante reconocer que, como sistema económico, el fascismo fue ampliamente aceptado en las décadas de 1920 y 1930. Las malas acciones de los fascistas individuales fueron condenadas más tarde, pero la práctica del fascismo económico nunca lo fue. A día de hoy, los históricamente desinformados continúan repitiendo la vieja consigna de que, a pesar de todas sus fallas, Mussolini al menos “hizo que los trenes corrieran a tiempo”, insinuando que sus políticas industriales intervencionistas fueron un éxito.

El sistema “corporativista” italiano

El llamado “corporativismo” practicado por Mussolini y reverenciado por tantos intelectuales y políticos tenía varios elementos clave:

El estado se antepone al individuo. El Webster’s New Collegiate Dictionary define el fascismo como “una filosofía política, un movimiento o un régimen que exalta a la nación y, a menudo, corre por encima del individuo y que representa un gobierno centralizado y autocrático”.

Esto contrasta radicalmente con la idea liberal clásica de que los individuos tienen derechos naturales que preexisten al gobierno; que el gobierno obtiene sus “poderes justos” sólo a través del consentimiento de los gobernados; y que la función principal del gobierno es proteger las vidas, libertades y propiedades de sus ciudadanos, no engrandecer al estado.

Mussolini vio estas ideas liberales (en el sentido europeo de la palabra “liberal”) como la antítesis del fascismo: “La concepción fascista de la vida”, escribió Mussolini, “enfatiza la importancia del Estado y acepta al individuo sólo en la medida en que sus intereses coinciden con los del Estado. Se opone al liberalismo clásico [que] negó al Estado en nombre del individuo; El fascismo reafirma los derechos del Estado como expresión de la esencia real del individuo “. 6

Mussolini pensó que era antinatural que un gobierno protegiera los derechos individuales: “La máxima de que la sociedad existe solo para el bienestar y la libertad de los individuos que la componen no parece estar en conformidad con los planes de la naturaleza”. 7 “Si el liberalismo clásico significa individualismo”, continuó Mussolini, “el fascismo significa gobierno”.

La esencia del fascismo, por lo tanto, es que el gobierno debe ser el amo, no el sirviente, del pueblo. Piensa sobre esto. ¿Alguien en Estados Unidos realmente cree que esto no es lo que tenemos ahora? ¿Son los agentes del Servicio de Impuestos Internos realmente nuestros “sirvientes”? ¿Es el “servicio nacional” obligatorio para los jóvenes, que ahora existe en numerosos estados y es parte de un programa financiado con fondos federales, no un ejemplo clásico de coerción de individuos para servir al estado? ¿No es toda la idea detrás de la regulación masiva y la reglamentación de la industria y la sociedad estadounidenses la noción de que los individuos deberían ser obligados a comportarse de la manera definida por una pequeña élite gubernamental? Cuando el principal reformador del sistema de salud de la nación declaró recientemente que la cirugía de bypass cardíaco en un hombre de 92 años era “un desperdicio de recursos”, ¿no era ese el epítome del ideal fascista, que el estado,no los individuos, ¿deberían decidir de quién es la vida que vale la pena y de quién es un “desperdicio”?

La Constitución de los Estados Unidos fue redactada por personas que creían en la filosofía liberal clásica de los derechos individuales y buscaban proteger esos derechos de la usurpación gubernamental. Pero dado que la filosofía fascista / colectivista ha sido tan influyente, las reformas políticas durante el último medio siglo prácticamente han abolido muchos de estos derechos simplemente ignorando muchas de las disposiciones de la Constitución que fueron diseñadas para protegerlos. Como ha observado el erudito legal Richard Epstein: “[E] l dominio eminente. . . y cláusulas paralelas en la Constitución rinden. . . Sospecho de muchas de las reformas e instituciones anunciadas del siglo XX: zonificación, control de rentas, leyes de compensación para trabajadores, pagos de transferencias, impuestos progresivos ”. 8 Es importante señalar que la mayoría de estas reformas se adoptaron inicialmente durante los años 30, cuando la filosofía fascista / colectivista estaba en su apogeo.

“Armonía” industrial planificada. Otra piedra angular del corporativismo italiano fue la idea de que las intervenciones del gobierno en la economía no deberían realizarse sobre una base ad hoc, sino que deberían ser “coordinadas” por algún tipo de junta de planificación central. La intervención del gobierno en Italia fue “demasiado diversa, variada, contrastante. Ha sido desorganizado. . . intervención, caso por caso, según surja la necesidad ”, se quejó Mussolini en 1935. 9 El fascismo corregiría esto dirigiendo la economía hacia“ ciertos objetivos fijos ”e“ introduciría orden en el campo económico ”. 10 La planificación corporativista, según el asesor de Mussolini, Fausto Pitigliani, daría a la intervención del gobierno en la economía italiana una cierta “unidad de objetivos”, según la definieron los planificadores del gobierno. 11

Estos sentimientos exactos fueron expresados ​​por Robert Reich (actualmente el Secretario de Trabajo de los EE. UU.) E Ira Magaziner (actualmente la reforma de salud del gobierno federal “Czar”) en su libro Minding America’s Business. 12  Para contrarrestar el “mercado desordenado”, una política industrial intervencionista “debe esforzarse por integrar la gama completa de políticas gubernamentales específicas — adquisiciones, investigación y desarrollo, comercio, antimonopolio, créditos fiscales y subsidios— en una estrategia coherente. . . . ” 13

Las intervenciones de política industrial actuales, lamentaron Reich y Magaziner, son “el producto de decisiones fragmentadas y descoordinadas tomadas por agencias ejecutivas [diferentes], el Congreso y agencias reguladoras independientes. . . . No existe una estrategia integrada para utilizar estos programas para mejorar el. . . Economía de Estados Unidos “. 14

En su libro de 1989, La guerra silenciosa, Magaziner reiteró este tema al abogar por un grupo coordinador como el Consejo de Seguridad nacional para que adopte una visión industrial nacional estratégica ”. 15 ] De hecho, la Casa Blanca ha establecido un “Consejo Nacional de Seguridad Económica”. Todos los demás defensores de una “política industrial” intervencionista han presentado un argumento similar de “unidad de objetivo”, como lo describió por primera vez Pitigliani hace más de medio siglo.

Asociaciones gobierno-empresas. Una tercera característica definitoria del fascismo económico es que la propiedad privada y la propiedad empresarial están permitidas, pero en realidad están controladas por el gobierno a través de una “asociación” empresa-gobierno. Sin embargo, como Ayn ​​Rand a menudo señaló, en una asociación de este tipo, el gobierno siempre es el “socio” principal o dominante.

En la Italia de Mussolini, el gobierno agrupaba las empresas en “sindicatos” legalmente reconocidos, como la “Confederación Nacional Fascista de Comercio”, la “Confederación Nacional Fascista de Crédito y Seguros”, etc. Todas estas “confederaciones fascistas” fueron “coordinadas” por una red de agencias gubernamentales de planificación llamadas “corporaciones”, una para cada industria. Un gran “Consejo Nacional de Corporaciones” sirvió como supervisor nacional de las “corporaciones” individuales y tenía el poder de “emitir regulaciones de carácter obligatorio”. dieciséis

El propósito de este arreglo regulatorio bizantino era que el gobierno pudiera “asegurar la colaboración. . . entre las distintas categorías de productores en cada comercio o rama de actividad productiva en particular ”. 17 La “colaboración” orquestada por el gobierno era necesaria porque “el principio de la iniciativa privada” solo podía ser útil “al servicio del interés nacional” según la definición de los burócratas del gobierno. 18

Esta idea de “colaboración” ordenada y dominada por el gobierno también está en el centro de todos los esquemas de política industrial intervencionista. Una política industrial exitosa, escriben Reich y Magaziner, “requeriría una cuidadosa coordinación entre los sectores público y privado”. 19 “El gobierno y el sector privado deben trabajar en conjunto”. 20 “El éxito económico ahora depende en gran medida de la coordinación, la colaboración y la elección estratégica cuidadosa”, guiada por el gobierno. 21

La AFL-CIO se ha hecho eco de este tema, abogando por una “Junta Nacional de Reindustrialización tripartita, que incluya representantes del trabajo, las empresas y el gobierno” que supuestamente “planificarían” la economía. [ 22 El Centro de Política Nacional con sede en Washington, DC también ha publicó un informe escrito por empresarios de Lazard Freres, du Pont, Burroughs, Chrysler, Electronic Data Systems y otras corporaciones que promueven una política supuestamente “nueva” basada en la “cooperación del gobierno con las empresas y los trabajadores”. 23Otro informe, de la organización “Rebuild America”, escrito en colaboración en 1986 por Robert Reich y los economistas Robert Solow, Lester Thurow, Laura Tyson, Paul Krugman, Pat Choate y Lawrence Chimerine insta a “más trabajo en equipo” a través de “asociaciones público-privadas entre el gobierno, las empresas y la academia “. 24 Este informe pide “metas y objetivos nacionales” establecidos por planificadores gubernamentales que diseñarán una “estrategia integral de inversión” que solo permitirá que se lleve a cabo la inversión “productiva”, según la define el gobierno.

Mercantilismo y proteccionismo. Siempre que los políticos empiecen a hablar de “colaboración” con las empresas, es hora de aferrarse a su billetera. A pesar de la retórica fascista sobre la “colaboración nacional” y el trabajo por los intereses nacionales, más que privados, la verdad es que las prácticas mercantilistas y proteccionistas plagaron el sistema. El crítico social italiano Gaetano Salvemini escribió en 1936 que, bajo el corporativismo, “es el Estado, es decir, el contribuyente, quien se ha hecho responsable ante la empresa privada. En la Italia fascista, el estado paga los errores de la empresa privada “. 25 Mientras los negocios fueran buenos, escribió Salvemini, “las ganancias se quedaron en manos de la iniciativa privada”. 26Pero cuando llegó la depresión, “el gobierno agregó la pérdida a la carga del contribuyente. La ganancia es privada e individual. La pérdida es pública y social ”. 27

El estado corporativo italiano, editorializó The Economist el 27 de julio de 1935, “sólo equivale al establecimiento de una nueva y costosa burocracia de la que aquellos industriales que pueden gastar la cantidad necesaria, pueden obtener casi todo lo que quieran y poner en práctica lo peor tipo de prácticas monopolísticas a expensas del pequeño que es exprimido en el proceso “. El corporativismo, en otras palabras, era un sistema masivo de bienestar corporativo. “Tres cuartas partes del sistema económico italiano”, se jactó Mussolini en 1934, “había sido subvencionado por el gobierno”. 28

Si esto le suena familiar, es porque es exactamente el resultado de los subsidios agrícolas, el banco de exportación e importación, préstamos garantizados a prestatarios comerciales “preferidos”, proteccionismo, el rescate de Chrysler, franquicias de monopolio y una miríada de otras formas de bienestar corporativo pagadas. directa o indirectamente por el contribuyente estadounidense.

Otro resultado de la estrecha “colaboración” entre las empresas y el gobierno en Italia fue “un continuo intercambio de personal entre el. . . servicio civil y empresa privada “. 29 Debido a esta “puerta giratoria” entre las empresas y el gobierno, Mussolini había “creado un estado dentro del estado para servir intereses privados que no siempre están en armonía con los intereses generales de la nación”. 30

La “puerta giratoria” de Mussolini se abrió de par en par:

El signor Caiano, uno de los asesores de mayor confianza de Mussolini, fue oficial de la Royal Navy antes y durante la guerra; cuando terminó la guerra, se unió a la Orlando Shipbuilding Company; en octubre de 1922 ingresó en el gabinete de Mussolini y los subsidios para la construcción naval y la marina mercante pasaron al control de su departamento. El general Cavallero, al final de la guerra, dejó el ejército y entró en la Compañía de Caucho Pirelli. . . ; en 1925 se convirtió en subsecretario del Ministerio de Guerra; en 1930 dejó el Ministerio de Guerra y entró al servicio de la empresa de armamento Ansaldo. Entre los directores de los grandes. . . Las empresas italianas, los generales retirados y los generales en servicio activo se volvieron muy numerosos después del advenimiento del fascismo. 31

Estas prácticas son ahora tan comunes en los Estados Unidos, especialmente en las industrias de defensa, que apenas necesitan más comentarios.

Desde una perspectiva económica, el fascismo significó (y significa) una política industrial intervencionista, mercantilismo, proteccionismo y una ideología que subordina al individuo al estado. “No preguntes qué puede hacer el Estado por ti, sino qué puedes hacer tú por el Estado” es una descripción adecuada de la filosofía económica del fascismo.

Toda la idea detrás del colectivismo en general y del fascismo en particular es subordinar a los ciudadanos al estado y colocar el poder sobre la asignación de recursos en manos de una pequeña élite. Como dijo elocuentemente el economista fascista estadounidense Lawrence Dennis, el fascismo “no acepta los dogmas liberales en cuanto a la soberanía del consumidor o comerciante en el libre mercado. . . .

Y mucho menos considera que la libertad de mercado y la oportunidad de obtener beneficios competitivos son derechos del individuo “. Tales decisiones deben ser tomadas por una “clase dominante” a la que denominó “la élite”. 32

Fascismo económico alemán

El fascismo económico en Alemania siguió un “camino prácticamente idéntico”. Uno de los padres intelectuales del fascismo alemán fue Paul Lensch, quien declaró en su libro Tres años de revolución mundial que “el socialismo debe presentar una oposición consciente y decidida al individualismo”. 33 La filosofía del fascismo alemán se expresó en el lema Gemeinnutz geht vor Eigennutz, que significa “el bien común antecede al bien privado”. “El ario no es el más grande en sus cualidades mentales”, afirmó Hitler en Mein Kampf, pero en su forma más noble “subordina voluntariamente su propio ego a la comunidad y, si la hora lo exige, incluso lo sacrifica”. 34 El individuo “no tiene derechos, sino deberes”. 35

Armados con esta filosofía, los nacionalsocialistas de Alemania aplicaron políticas económicas muy similares a las de Italia: “asociaciones” ordenadas por el gobierno entre empresas, gobiernos y sindicatos organizadas por un sistema de “cámaras económicas” regionales, todas supervisadas por un Ministerio Federal de Economía.

En 1925 se adoptó un “Programa del Partido” de 25 puntos con una serie de “demandas” de política económica, todas precedidas por la declaración general de que “las actividades del individuo no deben chocar con los intereses del conjunto. . . pero debe ser por el bien general “. 36 Esta filosofía alimentó un asalto regulatorio al sector privado. “Exigimos una guerra despiadada contra todos aquellos cuyas actividades son perjudiciales para el interés común”, advirtieron los nazis. 37¿Y quiénes son estos contra los que se va a librar la “guerra”? “Criminales comunes”, como “usureros”, es decir, banqueros y otros “especuladores”, es decir, hombres de negocios ordinarios en general. Entre las otras políticas que exigieron los nazis estaban la abolición de los intereses; un sistema de seguridad social operado por el gobierno; la capacidad del gobierno para confiscar tierras sin compensación (¿regulación de humedales?); un monopolio gubernamental en educación; y un asalto general al espíritu empresarial del sector privado que fue denunciado como el “espíritu materialista judío”. 38 Una vez erradicado este “espíritu”, “El Partido. . . está convencido de que nuestra nación puede lograr la salud permanente desde dentro solo en el principio: el interés común antes que el interés propio ”. 39

Conclusiones

Prácticamente todas las políticas económicas específicas defendidas por los fascistas italianos y alemanes de la década de 1930 también se han adoptado en los Estados Unidos de alguna forma y se siguen adoptando hasta el día de hoy. Hace sesenta años, quienes adoptaron estas políticas intervencionistas en Italia y Alemania lo hicieron porque querían destruir la libertad económica, la libre empresa y el individualismo. Solo si estas instituciones fueran abolidas podrían esperar lograr el tipo de estado totalitario que tenían en mente.

Muchos políticos estadounidenses que han abogado por un control gubernamental más o menos total sobre la actividad económica han sido más tortuosos en su enfoque. Han defendido y adoptado muchas de las mismas políticas, pero siempre han reconocido que los ataques directos a la propiedad privada, la libre empresa, el autogobierno y la libertad individual no son políticamente aceptables para la mayoría del electorado estadounidense. Por lo tanto, han promulgado una gran cantidad de políticas fiscales, regulatorias y de transferencia de ingresos que logran los fines del fascismo económico, pero que están cubiertas de una retórica engañosa sobre su supuesto deseo de sólo “salvar” el capitalismo.

Los políticos estadounidenses han seguido durante mucho tiempo el ejemplo a este respecto de Franklin D. Roosevelt, quien vendió su Administración de Recuperación Nacional (que finalmente fue declarada inconstitucional) con el argumento de que “las restricciones gubernamentales de ahora en adelante deben aceptarse no para obstaculizar el individualismo sino para protegerlo”. 40 En un ejemplo clásico del doble discurso orwelliano, Roosevelt argumentó que el individualismo debe ser destruido para protegerlo.

Ahora que el socialismo se ha derrumbado y no sobrevive en ningún otro lugar excepto en Cuba, China, Vietnam y en los campus universitarios estadounidenses, la mayor amenaza para la libertad económica y la libertad individual reside en el nuevo fascismo económico. Si bien los ex países comunistas están tratando de privatizar tantas industrias como sea posible lo más rápido que pueden, todavía están plagados de controles gubernamentales, dejándolos con economías esencialmente fascistas: la propiedad privada y la empresa privada están permitidas, pero están fuertemente controladas y reguladas por Gobierno.

Mientras la mayor parte del resto del mundo lucha por privatizar la industria y fomentar la libre empresa, en los Estados Unidos estamos debatiendo seriamente si deberíamos adoptar o no el fascismo económico de la década de 1930 como el principio organizativo de todo nuestro sistema de atención médica, que comprende 14 por ciento del PNB. También estamos contemplando “asociaciones” entre empresas y gobiernos en las industrias del automóvil, aerolíneas y comunicaciones, entre otras, y estamos adoptando políticas comerciales administradas por el gobierno, también en el espíritu de los esquemas corporativistas europeos de la década de 1930.

El estado y sus apologistas académicos son tan hábiles para generar propaganda en apoyo de tales esquemas que los estadounidenses en su mayoría desconocen la terrible amenaza que representan para el futuro de la libertad. El camino hacia la servidumbre está plagado de señales de tráfico que apuntan hacia “la superautopista de la información”, “seguridad sanitaria”, “servicio nacional”, “comercio gestionado” y “política industrial”.

Publicado originalmente en The Freeman, junio de 1994

  • 1. Benito Mussolini, My Autobiography (Nueva York: Charles Scribner’s Sons, 1928).
  • 2.Citado en John T. Flynn, As We Go Marching (Nueva York: Doubleday, 1944), pág. 70.
  • 3. Ibídem.
  • 4.Citado en Richard Griffiths, Compañeros viajeros de la derecha: entusiastas británicos de la Alemania nazi, 1933-39 (Londres: Trinity Press, 1980), p. 259.
  • 5.Alastair Hamilton, The Appeal of Fascism: A Study of Intellectuals and Fascism, 1919-1945 (Nueva York: Macmillan, 1971), p. 288.
  • 6.Benito Mussolini, Fascism: Doctrine and Institutions (Roma: Adrita Press, 1935), p. 10.
  • 7. Ibídem.
  • 8. Richard Epstein, Tomas (Cambridge, Mass .: Harvard University Press, 1985), px
  • 9.Mussolini, Fascism, pág. 68.
  • 10. Ibídem.
  • 11.Ibíd., Pág. 122.
  • 12. Ira C. Magaziner y Robert B. Reich, Minding America’s Business (Nueva York: Vintage Books, 1982).
  • 13.Ibíd., Pág. 343.
  • 14.Ibíd., Pág. 370.
  • 15.Ira C. Magaziner, Silent War (Nueva York: Random House, 1989), pág. 306.
  • dieciséis.Fausto Pitigliani, The Italian Corporative State (Nueva York: Macmillan, 1934), p. 98.
  • 17.Ibíd., Pág. 93.
  • 18.Ibíd., Pág. 95.
  • 19.Magaziner y Reich, Minding America’s Business, pág. 379.
  • 20.Ibíd., Pág. 378.
  • 21. Ibídem.
  • 22.Lane Kirkland, “An Alternative to Reaganomics”, USA Today, mayo de 1987, p. 20.
  • 23.Centro de Política Nacional, Restauración de la Competitividad Estadounidense (Washington, DC: Centro de Política Nacional, 1984), pág. 7.
  • 24.Rebuild America, An Investment Economics for the Year 2000 (Washington, DC: Rebuild America, 1986), pág. 31.
  • 25.Pitigliani, El Estado Corporativo Italiano, p. 93.
  • 26. Ibídem.
  • 27. Ibídem.
  • 28.Gaetano Salvemini, Under the Axe of Fascism (Nueva York: Viking Press, 1936), p. 380.
  • 29.S. Belluzzo, Liberta, 21 de septiembre de 1933, citado en Salvemini, Under the Axe of Fascism, p. 385.
  • 30.Salvemini, Bajo el hacha del fascismo, pág. 380.
  • 31.lbid., pág. 385.
     
  • 32.Lawrence Dennis, The Coming American Fascism (Nueva York: Harper, 1936), p. 180.
  • 33.Adolph Hitler, Mein Kampf (Boston: Houghton Mifflin, 1943), pág. 297.
  • 34. Ibídem.
  • 35.Ibíd., Pág. 126.
  • 36.Norman H. Baynes, The Speeches of Adolph Hitler (Nueva York: Howard Fertig, 1969), p. 104.
  • 37.Ibíd., Pág. 105.
  • 38.Ibíd., Pág. 104.
  • 39. Ibídem.
  • 40.Citado en Samuel Rosenman, ed., The Public Papers and Addresses of Franklin D. Roosevelt (Nueva York: Random House, 1938-50), p. 750.

Autor: Thomas DiLorenzo es un ex profesor de economía en la Universidad Loyola de Maryland y miembro de la facultad senior del Instituto Mises. Es el autor de The Real Lincoln ; Cómo el capitalismo salvó a América ; Lincoln desenmascarado ; La maldición de Hamilton ; Crimen organizado: la pura verdad sobre el gobierno ; y El problema del socialismo .Póngase en contacto con Thomas J. DiLorenzo

Fuente: mises.org




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