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Es mucho mejor comprar bien que comprar más. Pero muchas personas compran compulsivamente cosas que no necesitan y que jamás usarán: videos que no verán, libros que no leerán, ropa que no usarán y hasta alimentos que no consumirán.

La publicidad se ha apoderado de nuestros recursos a través de los diferentes medios de comunicación. La lista de anuncios televisivos de productos mágicos es tan inmensa y variada, que muchas personas no resisten la tentación de tomar el teléfono y pedir cosas que ni siquiera habían pensado comprar.

Vivimos en una sociedad de consumo que nació para vivir endeudada. La gente utiliza las tarjetas de crédito con gran facilidad porque al no tener que desembolsar dinero en efectivo, les parece muy fácil adquirir cualquier cosa, lo cual les produce gran deleite.

El dinero plástico -lejos de ser un medio para reemplazar al papel moneda y que utilizábamos comprar lo necesario-, se ha convertido en una pesada carga que se lleva todos los ingresos y hunde a los compradores en un pantano repleto de deudas.

Muchas personas, al margen de sus ingresos, no puede vivir si no utilizan sus tarjetas de crédito sin control, pagando altos intereses. Este fenómeno los puede llevar a la ruina, pero prefieren comprar sin pensar en el problema.

Y es que a la hora de comprar, gran cantidad de personas se endeudan sin pensar que son otros y no ellos, quienes eligen lo que deben comprar, sin percatarse de que están siendo inducidas por todos los medios posibles a través de una publicidad que, en definitiva, es la que señala en forma constante y reiterativa, hasta convencer a las personas lo que quiere que consuman.
Los medios de comunicación, especialmente los visuales: revistas, periódicos y sobre todo, televisión, son una gran vitrina que crea necesidades ficticias, ofreciéndonos falsas ilusiones que la gente, ingenuamente, cree que los hará sentirse satisfechos. Pero ciertamente, lo único que realmente llena nuestras vidas y nos brinda sosiego y tranquilidad, no se puede comprar porque no tiene precio: la salud, el aire que respiramos, el afecto desinteresado y una conciencia limpia que nos permita conciliar un sueño tranquilo y reparador.

José M. Burgos S.

burgos01@bellsouth.net


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